Según los últimos datos de Point Topic, hay casi 430 millones de líneas de banda ancha en el mundo (muchas, pero muchas menos que el número de internautas). Aunque para muchos las cifras puedan representar una novedad, me parece interesante registrar que:
a) El ADSL continúa siendo todavía la tecnología dominante (Gráfico 1) y sigue creciendo.
Gráfico 1. (FFTx = Accesos de Fibra óptica)
b) Los paises asiáticos (con China a la cabeza) son los que demuestran más apetito por la fibra (Gráfico 2).
Gráfico 2
A la vista de las cifras, se diría que la apuesta asiática por la fibra tiene que tener motivos específicos de las circunstancias de esos países. ¿Cuáles? Tengo mi opinión, pero deben haber por ahí otras más autorizadas. Que serán aquí siempre bienvenidas.
En cuanto al acceso a Internet, la fibra es uno de los futuros (el móvil es otro). Pero el ADSL es el presente.
Vale la pena recordar que en la segunda mitad de los años 90 los EEUU pasaron a liderar el panorama de Internet basándose en las infraestructuras de banda estrecha. Y que hoy, en los programas de recupración económica de Obama, el despliegue de accesos de fibra óptica hasta los domicilios no es una prioridad. Sí figura en el programa a extensión de la cobertura de la banda ancha a zonas rurales. Porque la cobertura de la banda ancha en EEUU es inferior a la que hay en España, lo que no impide que el uso de la banda ancha sea allí más intenso.
En fin. A largo plazo, como dicen, todos muertos. Mientras no sea a corto plazo …
Ofrézcase a una muestra de público la posibilidad de elegir entre comprar una trufa Lindt de chocolate de la mejor calidad por 15 céntimos o un M&M por un céntimo (o no comprar ninguna). Alrededor de dos tercios de los compradores escogen la trufa.
Repítase el experimento en idénticas condiciones, pero ofreciendo la trufa a 14 céntimos y el M&M … GRATIS!!! Alrededor de dos tercios de los compradores escogen ahora lo gratis.
La conclusión del investigador es que la palabra GRATIS tiene un atractivo enorme, tan enorme como para desviarnos de escoger la mejor oferta para pillar otra que es peor, pero gratis. Un ejemplo entre los muchos de comportamiento irracional que manejan los ‘behavioral economists‘.
Me quedo con la idea de pensar si esta misma conclusión puede (o no) aplicarse a los argumentos (tal vez sofismas) con los que algunos ‘ilustrados-TIC‘ (tal vez Sofistas 2.0) hacen apología de la cultura ‘free’ en Internet.
“Tal como lo veían los sofistas, escribir, comunicar, puede convertirse en un oficio que esté al alcance de todos“.
Luis cuenta también que “Platón tenía miedo al poder que tenían los sofistas de cambiar la mente de quien los escuchara y acabara convencido”, postulando que “sólo se puede y debe comunicar lo verdadero”.
Creo que resulta evidente que Platón perdió la partida hace tiempo, mucho antes de que nos llegara la fiebre de la Web 2.0. Pero me parece igualmente evidente que el fenómeno 2.0 está dando cancha amplia a muchos más sofismas y sofistas.
Un efecto colateral, uno más, de la tecnología. También un motivo más para tomar en cuenta la recomendación de Langdon Winner:
“La tarea importante no es estudiar los efectos e impactos del cambio técnico, sino evaluar las infraestructuras materiales y sociales creadas por tecnologías específicas en las actividades de nuestra vida [...] Ante una propuesta de un nuevo sistema tecnológico, los ciudadanos y sus representantes tendrían que examinar el contrato social implícito en la construcción del sistema en una forma determinada”.
Mucho me temo que la apuesta por la sociedad de la información lleva también implícito en el contrato el crecimiento de la sociedad de la ignorancia y también de la sociedad de sofismas y sofistas.
¿Os apetece compartir sofismas populares sobre la sociedad de la información? Pongo éste a debate.
Cito de un discurso reciente de Barak Obama (minuto 2.00 del video adjunto):
“We know that progress depends not only on changing laws but also changing hearts. And that real, transformative change never begins in Washington“.
(Sabemos que el progreso depende no sólo de cambiar las leyes, sino de cambiar los corazones. Y que el cambio real, el cambio que transforma, nunca empieza en Washington)”.
Aunque el contexto no tenía nada que ver con la economía, creo que es igualmente aplicable a los diagnósticos de la crisis y a las recetas para salir de ella. En particular, como apuntaba en la entrada anterior, para no echar a Reagan la culpa de la crisis.
La reflexión de Obama abre, de todos modos, un frente interesante: ¿cómo catalizar (en lo económico, pero no sólo en lo económico) ese cambio de actitudes, de corazones, al que hace referencia? Internet, las redes sociales, el uso inteligente de YouTube y Twitter ayudarán. Pero hace falta algo más. En las capitales (la suya, la nuestra) y fuera de ellas.
¿Comentarios? ¿Sugerencias?
ANÉCDOTA: Justo después de la frase que cito arriba, interrumpe a Obama el timbre de un móvil. Vale la pena seguir su reacción.
He colgado en mi tablero retales de escritos de economistas publicados en el El País del pasado domingo. Con opiniones disonantes sobre el por qué de la cosa.
“Los principales causantes del caos en el que nos encontramos fueron Reagan y su círculo de asesores, hombres que olvidaron las lecciones de la última gran crisis financiera de Estados Unidos, y condenaron al resto de nosotros a repetirla”.
Me rebelo contra el diagnóstico de esa supuesta ‘condena’, que me parece más bien una ideológica salida por la tangente. Como si un adulto de 60 años echara la culpa de sus desgracias a algo que hicieron sus padres, o sus abuelos.
No estoy solo en mi discrepancia. También en El País, el Consejero Delegado de Barclays Bank (uno de los pocos bancos ingleses que ha escogido no acogerse a las ayudas del Gobierno británico), interviene así:
Pregunta. El Nobel Paul Krugman asegura que los problemas en el Reino Unido están relacionados con los últimos años de desregulación y fundamentalismo de libre mercado, que inauguró Margaret Thatcher y ha rematado el laborismo. ¿Está de acuerdo?
Respuesta. En absoluto. Creo que lo que hemos visto en el Reino Unido es un ejemplo extremo de una economía financiera impulsada por el endeudamiento, alejándose cada vez más de la economía real.
“cambiar las formas de pensar cómo funciona la economía. Una teoría macroeconómica que se basa en la idea de expectativas racionales y mercados eficientes no es capaz de explicar la realidad. Necesitamos una teoría que reconozca la importancia que tiene la desconfianza, el fraude, la corrupción, la desigualdad, la percepción de justicia y de falta de ética en el funcionamiento de la economía“.
Tengo la misma sensación que un aficionado a Mozart escuchando a Schönberg.
Una curiosidad. Rebotada de link en link me llega la noticia de que, poco después del anuncio de la muerte de Michael jackson, alguien vio la pantalla de Google que reproduzco:
“The perfect search engine would understand exactly what you mean and give back exactly what you want”.
En este caso, seguro que (casi) ninguno de los que buscaban noticias sobre la muerte de Michael Jackson estaban interesados en ese escritor inglés que falleció en 2007.
Resulta también interesante entender el origen del error. Según parece, Google se apoya en entradas de Wikipedia para intentar conseguir mayor precisión en los resultados de las búsquedas. En el caso que nos ocupa, como es lógico, la página de Wikipedia correspondiente al cantante no contenía aún nada relacionado con su muerte.
Así y todo, como los ordenadores de Google habían detectado un aumento brusco del número de búsquedas referidas a Michael Jackson, podrían haber deducido que algo nuevo estaba pasando, y que difícilmente podía referirse al escritor británico. Una persona medianamente inteligente lo hubiera detectado. Google no es todavía inteligente; no en este sentido, como mínimo.
He acabado de leer el libro de Paul Krugman, Premio Nobel de Economía (al que apunta la imagen de la portada). Me ha dejado con más preguntas que respuestas. Copio textualmente su último párrafo:
“Hay quien dice que nuestros problemas económicos son estructurales y no tienen solución a corto plazo, pero yo creo que los únicos obstáculos estructurales importantes para la prosperidad del mundo son las doctrinas obsoletas que pueblan la cabeza de los hombres“.
Seguramente. Pero, ¿cuáles son en concreto esas doctrinas?
La confusión aumenta al leer en The Economist que el Profesor Krugman opina que la mayor parte de los avances de la macroeconomía durante los últimos 30 años “han sido en el mejor de los casos inútiles y en el peor de los casos perjudiciales“. Si es cierto (Wikipedia dixit) que Krugman se doctoró en 1977, hace poco más de 30 años, ¿se aplicaría su diagnóstico a sus propios trabajos?
Mis notas de lectura de la obra de Krugman incluyen frases como : “Las consecuencias del estallido de la burbuja inmobiliaria has sido peores de lo que todo el mundo imaginaba”; “La globalización financiera ha acabado siendo más peligrosa de lo que nos figurábamos”.
Aviados andamos. Lo peor, parafraseando una máxima famosa, es que se acabara concluyendo que la mitad de las doctrinas económicas están equivocadas, aunque nadie se ponga de acuerdo sobre cuál es cada mitad. Dismal science, indeed.
Algunos comentarios, que agradezco, a mi entrada anterior sobre Twitter me impulsan a ampliar la exposición de mi punto de vista.
The Economist, una publicación por la que tengo un enorme respeto, pronosticó en una portada de 2005 el fin del negocio de las telecos (”How the Internet Killed the Phone Business“).
En ese momento, cuando la telefonía móvil era ya un negocio consolidado, el titular, con la imagen de esos postes telefónicos caídos, parecía un poco sensacionalista. En el interior, sin embargo, la sustancia del artículo se centraba en el potencial disruptivo de la telefonía sobre IP (VoIP), y en particular de Skype, entonces una empresa emergente.
Unos años después, los hechos hablan por sí mismos.
Las operadoras telefónicas siguen ganando dinero, incluso con las líneas fijas, porque se han vuelto más eficientes, porque han rentabilizado su oferta de banda ancha, y porque han integrado en sus redes adoptado la tecnología de VoIP.
Skype es un servicio enormemente popular y rentable, aunque de tamaño menor comparado con el de las operadoras. Algo que sospecho que sus creadores ya vaticinaban cuando vendieron Skype a eBay por mucho más de lo que ahora vale.
Mi apuesta en la entrada anterior es que el futuro de Twitter será similar al de Skype. La mantengo.
Quizá por coincidencia con el uso de Twitter por la oposición en Irán, o quizá no, la revista TIME dedicó una portada reciente a Twitter, presentándolo como una herramienta que cambia o cambiará nuestras vidas. Un titular apropiadamente jaleado desde la comunidad de los ‘ciberlibertarios‘ e ‘ilustrados-TIC‘. Para algunos, el acceso a Twitter es incluso cuestión de Estado.
No oculto que me irrita el sensacionalismo en general, y quizá más el de algunos ciber_utopistas cuya ideología e intenciones quedan muchas veces convenientemente oscuras. En este caso, me limitaré a dos consideraciones breves:
El ‘track record‘ de la revista TIME como oráculo tecnológico no es precisamente brillante. He recuperado de mi colección una de las portadas que dedicaron (en 1993!) a las ciberautopistas, que todavía no tenemos. Hay más ejemplos.
Me he molestado en poner en un gráfico, por eso del impacto visual, algunos datos sobre tecnologías y habitantes en el mundo. Para que Twitter saliera en el mapa habría que agrandar la figura a varias pantallas.
Puestos a destacar cuestiones que son o debieran ser cuestiones de Estado, las hay mucho más relevantes que Twitter.
Una cuestión final. Twitter no tiene ingresos, por el momento, por lo que puede o no acabar siendo una empresa viable. Puestos a hacer futurología, digamos que a cinco años vista, se me ocurren varios escenarios:
Twitter sobrevive como empresa y como marca.
Twitter es absorbida por otra empresa de Internet, y los servicios à la Twitter se convierten en una ‘commodity’.
Los medios (p.e. en El País, New York Times , Forbes) han explicado abundantemente estos días cómo la oposición al régimen en Irán utiliza los ’social media’ (como Twitter, Facebook y similares) para coordinar y difundir sus acciones de protesta.
Una vívida demostración, sin duda, del potencial de transformación social de las tecnologías. Confirmando lo que los estudiosos de los fenómenos de innovación detectaron hace mucho: los usuarios encuentran muy a menudo usos de las tecnologías que no habían sido previstos por sus creadores. Seguro que los amos de Twitter no tenían en mente que su invento se utilizara como instrumento de agitación política.
Con todo, yo sería prudente antes de extrapolar sobre este fenómeno. Recupero una observación que Howard Rheingold hizo años atrás, cuando percibió el potencial de los SMS pero aún no podía imaginar la aparición de Twitter:
“Cuando un nuevo medio de comunicación reduce el coste de solucionar dilemas de acción colectiva se hace posible que más gente ponga recursos en común“.
Valorar el futuro impacto social de Twitter (y otras herramienta de ’social media’) exige poner el foco, no en la herramienta, sino en los ‘dilemas de acción colectiva‘ relevantes, las comunidades que los así los consideran y los mecanismos (explícitos e implícitos) de funcionamiento de esas comunidades. Una cuestión bien tratada en el libro de Rheingold (parcialmente accesible online), y antes de él por otros sociólogos.
Twitter (y herramientas similares de colaboración) serán útiles, sin duda alguna, para innovadores sociales y comunidades con causa. Pero, cuando esta causa está ausente o es débil (pienso que así es en bastantes casos de twitterismo), se convierten en amplificadores de frivolidad.
Me quedo con las ganas de intentar esbozar una taxonomía de los espíritus que se asientan en Twitter. Será otro día.