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El sistema no sólo es permeable: tiene goteras

Me parece estimulante responder con un ejemplo concreto a la cuestión (“¿Es permeable el sistema para dejarse ser hackeado?“) que Igor Calzada al hilo de mi última entrada.

call to innovation

La imagen corresponde a la web de la nueva edición “Call to Innovation“, un concurso de ideas promovido por la Singularity University de Silicon Valley y respaldado por dos fundaciones españolas. El reto:

“Cómo resolverías alguno de los grandes problemas de España y mejorarías la vida de 10 millones de españoles a través de la tecnología?”

Ya dejé una vez por escrito mi opinión sobre los concursos de ideas en Internet, y no voy a repetirme. En demasiadas ocasiones (ésta es una de ellas) dan la impresión de que su principal objetivo, más que el objeto del reto, es reforzar la imagen de su promotor.

Pero el mismo hecho de que el concurso se publicite, más aún teniendo el respaldo de las respetables fundaciones españolas que lo patrocinan, apunta a que el sistema es permeable. En parte porque, desde dentro mismo del sistema, hay muchos que saben que tiene goteras (los grandes problemas a los que se refiere el reto). Algunos de ellos (no todos) están incluso dispuestos a admitirlo. Hay incluso quienes se dan cuenta de que las soluciones no saldrán de dentro del status-quo (porque cuando se pregunta al status-quo por el origen de un problema, siempre miran a otra parte). Quizá podríamos empezar explorando oportunidades con ésos últimos.

Tenemos por tanto tres opciones:

  1. Pasar olímpicamente del concurso. (“Total, seguro no servirá para nada”, como en esta genial viñeta de El Roto).
  2. Dedicarnos a criticarlo. (“Es sólo propaganda de la Singularity”, “Ni siquiera saben escribir en castellano. Los problemas se resolverán en todo caso ‘por medio’ o ‘con ayuda’ de la tecnología, pero no ‘a través’ de la tecnología”,  y varios etcéteras más posibles.)
  3. Aprovechar la ocasión para presentar una propuesta que inicie una conversación creativa y constructiva.

Hace días que doy vueltas a la tercera y tengo algunas ideas (preliminares, eso sí) al respecto.

¿Alguien quiere hacer equipo? ¿Alguien me admite en el suyo?

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The System is Failing, Hack the System

El Roto 29_01_2014

El Roto, en El País de 29/01/2014. Si fueran sólo los de mediana edad …

Sigo dando vueltas a la tesis de The Economist que comentaba en mi última entrada: A corto, y quizá también a medio plazo, la extensión de los usos de las TIC destruye puestos de trabajo y refuerza la concentración de capital.

(Lo predijo Manuel Castells en su momento. El paradigma informacional desplaza al industrial porque resulta más eficiente en la acumulación de dinero y de poder).

Entretanto seguimos oyendo día sí y día también propuestas para seguir impulsando el avance de las TIC. Sin contrapesos, sin al parecer preocuparse demasiado de sus efectos a corto plazo. Recuerdo todavía, por ejemplo, el panegírico que un autor, olvidable a mi juicio, escribía hace unos años en un libro de un cierto éxito:

“Estamos haciendo un viaje nocturno. Hemos dejado atrás la ciudad analógica y avanzamos veloces en el automóvil de la tecnología por el amanecer digital, camino de su luminosa y prometedora mañana.

Pues va a ser que no. El argumento de que el desarrollo tecnológico ha sido y seguirá siendo una herramienta de generación de abundancia es convincente. Pero en la apología de la abundancia que hace en un reciente libro el fundador de la Singularity University, la abundancia de trabajos no aparece por ningún lado. Tampoco aparece la más mínima disposición al intento de gestionar de algún modo los daños colaterales que ya se están haciendo visbles. Sobre esta cuestión, The Economist escribía hace ya unos años que:

Technological progress, just like trade, creates losers as well as winners. The Industrial Revolution involved hugely painful economic and social dislocations—though nearly everybody would now agree that the gains in human welfare were worth the cost.

Se me antoja que la debilidad principal, quizá la única, de la argumentación que The Economist lleva una década manteniendo es no cuestionar el sistema que genera los daños colaterales. Un sistema basado en el predominio de una ideología económica que justifica ese impulso sin matices al desarrollo tecnológico, atribuyendo la responsabilidad (y por tanto los daños colaterales) a la mano invisible del ‘mercado’.

Ante el dictat de una innovación disruptiva y una destrucción creativa que no dan valor a lo que destruyen o disruptan habría que considerar una postura radical, como la propone The Guardian:

The system is failing, hack the system. Social entrepreneurs aren’t going far enough to create systemic change. What we need are social entrepreneurs who hack the hell out of the current system, destroy it and create new systems […] Neoliberals and Marxists both believe in “creative destruction”, so let’s get to it.”

Lo que se trata pues es de poner juego ‘social hackers‘ tan capaces y ambiciosos como los ‘hackers’ tecnológicos que por el momento dominan la escena.

¿Alguien se apunta? ¿Sugerencias?

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¿Vemos sólo lo que nos interesa ver?

kelly manifesto.024En el mismo artículo en Wired que comentaba en una entrada anterior, Kevin Kelly, el primer editor jefe de la revista, propone un manifesto (virtual) de los ‘geeks‘ a los que había entrevistado, todos ellos creadores en la red.

Lo reproduzco en la figura, añadiendo algunas anotaciones acerca de dudas que me surgen:

  • ¿Podemos decir que el uso de la red nos hace más profundos? ¿Lo hace, por ejemplo, el tiempo creciente que tantos pasan en Facebook? Mi intuición es que las reflexiones críticas de tecno-escépticos como Nicholas Carr o Jaron Lanier tienen (como mínimo) un punto.
  • ¿Seguro que Internet nos hace mejores? Más informados, seguro que sí. Que nos facilita la vida, también. Pero, ¿nos hace mejores? Me gustaría objetivar esta comparación. ¿Alguien me ayuda?
  • En la misma línea de lo anterior, ¿estamos seguros que Internet hace que el mundo sea mejor? La última década ha sido la década de las TIC, pero también (para muchos) la peor después de la Segunda Guerra Mundial. La actual no está siendo mejor: crisis financiera, paro juvenil, dificultad en la recuperación del empleo, aumento de la desigualdad entre el 1% y el resto. Por no hablar de los ciberdelitos o de las amenazas contra la privacidad. Sería injusto atribuir exclusivamente estas tribulaciones a efectos colaterales de la extensión del uso de las TIC. Pero igualmente injusto ignorarlos.
  • Por último, Kelly argumenta que el mundo sería mucho mejor si no hubiera ‘undue ownership‘ de la red. Sin embargo, todo apunta a que el poder en la red se está concentrando entre unos pocos actores que acaparan la mayor parte de los beneficios y centrifugan los daños colaterales. Algo que la actividad de los ‘geeks’ entrevistados más bien tiende a favorecer que a contrarrestar.

Confieso que no me gusta nada Kevin Kelly. Su “What Technology Wants” me parece un panfleto a la vez inteligente y deplorable, con una carga ideológica más que discutible, y por tanto peligroso. Copio a continuación, sin comentarios, algunos extractos:

A Shakespeare sonnet and a Bach fugue, then, are in the same category as Google’s search engine and the iPod: They are something useful produced by a mind.”

We can’t demand that technology obey us any more than we can demand that life obey us“.

A world without technology had enough to sustain survival but not enough to transcend it.

Podría continuar, pero no hace falta. Creo que el mismo Kelly apunta (quizá sin darse cuenta, quizá pensando que nos daremos cuenta) a la trampa en sus argumentos al comentar que:

I think there is evidence that on average and over time, the new solutions outweigh the new problems.

Porque es cada vez más evidente, sobre todo en lo que toca a Internet, que las medias (averages) no son representativas, porque las distribuciones sociales (de la riqueza, del número de seguidores en Twitter, de enlaces en la red, de …) son cada vez más asimétricas. De momento, unos pocos ganan muchos, pero la mayoría mucho menos, sin que la media sea un buen indicador. Alguien argumentará que tal vez la asimetría se corrija con el tiempo. Tal vez, pero la teoría económica (.pdf) apunta a que no será así sin un cambio social o una intervención política radical.

Lo preocupante, a mi juicio, es que la ‘ideología Kelly‘, por llamarla de algún modo, tiene medios de difusión (como Wired) muy potentes y una cohorte de voceros (los ‘ilustrados-TIC‘) que la propagan irreflexiva o interesadamente. Mientras que los que no estamos tan de acuerdo no sabemos, queremos o podemos contrarrestarlos como creo que la causa merecería. De momento.

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Cantos de sirenas … tecnológicas

SirenasHoy me ha interesado …

… la comparación que Jaron Larnier hace en su último libro entre los grandes actores globales de Internet y las sirenas.

En la mitología griega, las sirenas distraían con su canto a los marineros, de modo que sus naves perdían el rumbo y acababan por estrellarse contra las rocas. De ahí la metáfora del canto de sirena como una tentación, ya descrita por Homero:

“Nadie ha pasado con su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca, sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que antes, pues sabemos cuantas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuánto ocurre en la fértil tierra”.

La analogía es tentadora. La “la suave voz que fluye” es la que actores como Google o Facebook proclaman como su misión (“organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil“, “hacer que el mundo sea más abierto y conectado“). Su oferta nominal son servicios gratuitos que facilitan que acabaremos “sabiendo más que antes”, pues ellos conocen “todo cuando ocurre en la fértil tierra”. 

Lo que completaría la analogía con las sirenas es que la misión real de esas empresas no es ayudar a sus usuarios, sino explotarlos. Los números cantan: el margen bruto de Google y de Facebook es del 72%. Lo que obtienen de nosotros es mucho más de lo que nos ofrecen.

Además, apunta con cada vez más fuerza la noción de que estas empresas actúan como agentes económicos extractivos. Imponen de hecho un no-diseño social en el que acaparan los beneficios, pero externalizan los costes sociales asociados a los mismos. Costes que incluirían:

  • El desacoplamiento entre crecimiento económico y empleo (Leer en Technology Review)
  • El desacoplamiento entre la generación de riqueza y la renta de las familias (comentado aquí)
  • La pérdida de privacidad, incluyendo su papel clave en asuntos como el PRISM.

Temas éstos a explorar en próximas entradas.

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A estos tecnólogos les ‘manca finezza’

brújulaHoy me ha interesado

esta muestra muestra de ‘manca finezza‘ en la promoción del ‘big data‘ en un artículo en La Vanguardia de ayer.

Transcribo literalmente del primer párrafo:

“La gestión inteligente y a gran velocidad de ingentes volúmenes de información constituye el factor fundamental de competitividad”.

¿El factor fundamental? El factor fundamental de competitividad de una organización son las personas. También, cada vez más, la capacidad de esas personas para decidir qué tecnologías utilizar y cómo aprovechar del mejor modo posible las tecnologías disponibles. Lo contrario es caer en lo que Jaron Lanier califica como ‘maoísmo digital‘.

A estas alturas, deberíamos saber de sobra que la relación entre tecnología y competitividad no es tan lineal como les gusta presentar a los vendedores de tecnologías y a los ‘ilustrados-TIC‘ que les hacen de altavoz. Si lo fuera, sería difícil de entender que en los rankings internacionales de competitividad, como el del World Economic Forum,  España figure detrás de 37 países, incluyendo Islandia, Chile o Estonia, que dudo tengan un acceso privilegiado a tecnologías de las que carecemos.

No se trata para nada de un discurso nuevo. Para los ‘ilustrados-TIC‘ siempre hay, desde hace décadas, siempre es la siguiente tecnología la que representa el factor fundamental de competitividad. No tienen razón. No se la demos. Menos aún en este caso concreto, cuando el discurso lineal de estos tecnólogos obvia, posiblemente porque las ignora, las implicaciones de una mirada amplia sobre el ‘big data’, como, y es sólo un ejemplo, las que apunta dana boyd en “Six provocations for Big Data“.

La tecnología genera posibilidades. Muchas. Posiblemente demasiadas. Los factores fundamentales de competitividad están en escoger cuáles nos convienen, acertar en cómo adaptarlas o adoptarlas, conceptualizar cómo integrarlas en nuestros modelos de negocio o de sostenibilidad, liderar el proceso de extenderlas. Lo dicho: Manca finezza.

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Smart Citizens? No es éso, no es éso.

No smart citizen 2Hoy me ha interesado

… esta muestra de deformación del lenguaje por parte de algún apasionado de la tecnología. Promociona con la marca smart citizen un artefacto, no un ciudadano. Sugiriendo también que su smart citizen kit convierte a un ciudadano en ‘smart‘; no me convence. Como tampoco que la plataforma que publicita sea un instrumento para que los ciudadanos produzcan la ciudad. Como si la ciudad fuera un producto. Creo que conceptos divergentes acerca del ideal ciudad, de ciudadano, de ‘smart’ y probablemente de inteligencia.

Como anécdota, lo más probable es que ésta sea irrelevante. El riesgo, sin embargo, es que algunos ilustrados-TIC, y luego algún político poco reflexivo, adopte el lenguaje y a través de él el mensaje que subyace, deformando así la que debería ser la figura del ciudadano inteligente.

Ya está sucediendo con el concepto de ‘smart city‘. El primer equívoco, como comentaba en una entrada anterior, es confundir smart con inteligente,  degradando el concepto humanista de inteligencia. El segundo es calificar como ‘smart’ una ciudad automatizada, incrustada de artefactos, en vez de poner el énfasis en una ciudad que albergue comportamientos inteligentes por parte de ciudadanos y organizaciones, con independencia de que estén más o menos apoyados por una infraestructura tecnológica. Sabemos bien que dotar a alguien de un smartphone no le convierte en el acto en inteligente. Que tampoco garantiza que adopte comportamientos más inteligentes. Algo análogo, imagino, podría decirse del ciudadano de una ciudad ‘smart’.

Georges Lakoff incitaba a los demócratas, en otro contexto, a conocer nuestros valores y enmarcar el debate. En lo referente a las  smart cities, es posible que la industria TIC se haya adelantado en enmarcar la cuestión, soslayando un debate real sobre los valores de una ciudad inteligente. Quizá sea tarde para poner las cosas en su sitio. No deberíamos dejar que sucediera lo mismo al respecto del smart citizen ni del ciudadano inteligente.

Porque perderíamos las posibilidades que todavía nos quedan de debatir y decidir cómo es la ciudad en la que escogemos vivir.

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Nuevas publicaciones dialéTIC@s

lanierEntro, me viene casi de paso de vuelta a casa, por La Central del Raval. Una tentación difícil de resistir para quien, como yo, no encuentra en los libros electrónicos el encanto del papel.

Me sorprende encontrar dentro un expositor dedicado exclusivamente a visiones distópicas de la sociedad tecnológica. Algunas de autores clásicos, como Mumford, Ellul. Pero también otras más recientes. No me atrae “Demencia Digit@l” (un título demasiado obvio), pero sí “Who owns the future?“, el último de Jaron Lanier. El anterior, “You are not a gadget“, tan denostado por los ilustrados-TIC, sigue siendo interesante y actual.

Leo en la contraportada:

In the past, a revolution in production, such as the Industrial Revolution, generally increased the wealth and freedom of the people. The digital revoution we are living through is different. Instead of leaving a greater number of us in excellent financial health, the effect of digital technologies is to concentrate wealth, reduce growth and challenge the livelihoods of an ever-increasing number of people. As the protections of the middle class dissapear, washed away by crisis in capitalism …”.

Imagino que apunta al aumento de la disparidad entre el crecimiento del PIB per capita y el estancamiento de la renta media de las familias durante las últimas décadas. Lo compro. Ya en casa, encuentro la recomendación de Brian Arthur, autor de un también imprescindible “The Nature of Technology“, que tengo leído y anotado:

This book is rare. It looks at technology with an insider’s knowledge, wisdom, and deep caring about human beings. It’s badly needed.

Estoy acabando de leer en paralelo el último de Morozov (inteligente, pero algo pesado).  Se me acumula el trabajo. Vale, no es un trabajo por el que me paguen (por ahora). Pero siento que me acerco a mi elemento.

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