Objetos de deseo

Ha sido noticia estos días en algunos foros que Playboy ha inaugurado una versión de su página web especial para los usuarios del iPhone.

Me hago de eco de ella no por la novedad en sí, sino por el comentario de un prominente “ilustrado-TIC“, que la calificaba de curiosa, ya que apuntaba a la redefinición de “la imagen del iPhone como objeto de deseo” .

Me sorprendió más el comentario que la noticia, porque el iPhone ha sido desde el primer momento un “objeto de deseo“.

Más aún. Una característica de la sociedad actual es el aumento, y hasta el fomento, yo diría, de patrones de actuación compulsivos. Manifiestos, aunque no exclusivamente, en el ámbito de consumo en general. Incluyendo el de muchos artefactos tecnológicos (comentado en un ‘post reciente‘).

Hasta donde yo entiendo, el consumo de material erótico y/o pornográfico tiene también un fuerte componente compulsivo. De ahí , me imagino, la iniciativa de Playboy.

Que por otra parte confirma un patrón ya establecido hace décadas. Leí hace mucho, de un articulista de Financial Times del que no he conseguido encontrar la fuente, que una excelente indicación para predecir si una tecnología de consumo tendría éxito era observar la reacción ante la misma de la industria del sexo. Una constante que se observa en la historia de un buen número de artefactos: La imprenta, la máquina fotográfica, el cine, el video, el CD-ROM, el DVD, Internet … y ahora el iPhone. Nada imprevisto, pues.

Ahora bien, si se concede validez a este patrón, las tecnologías de la información aparecen también como ‘tecnologías de la compulsión‘. No sólo éso, pero también. Y la sociedad de la información, también como sociedad de la compulsión, y no sólo del conocimiento. Una terminología que probablemente no haga furor; las palabras importan, y éstas no se consideraran como políticamente correctas.

Me quedaré pues con sólo una conclusión, que se ha ido consolidando mientras escribía estas líneas. Tal vez la característica más distintiva de los ‘ilustrados-TIC‘ es que, envueltos en la bandera de las tecnologías, la modernidad y el progreso, acaban siendo más abanderados de la compulsión que de la reflexión o el conocimiento.

Como muestra ilustrativa, sugiero al lector interesado que lea este ‘post’ y el hilo de comentarios. Y que saque sus propias conclusiones.

¿Comentarios? ¿Sugerencias?

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