Archivo mensual: mayo 2008

De ideologías y proyectos

Durante la semana pasada he detectado en la prensa una acumulación, creo que no fortuita, de noticias conexas sobre ideologías y proyectos de futuro en diversos ámbitos. He recogido retales en el tablero virtual de la figura (al final del ‘post’ están los enlaces a los artículos originales).

Aparecen varias cuestiones entrelazadas: El impacto de los ‘fallos de mercado’ más recientes (en el mundo financiero, en la distribución y los precios de los alimentos, …), la cuestión de la globalización como trasfondo, la conciencia de que muchos Gobiernos no han querido, sabido o podido influir al respecto, la desafección de un número creciente de ciudadanos hacia la política y las políticas.

En el fondo, un choque entre ideologías: entre la que, dando crédito a los éxitos pasados del mercado, sostiene que las turbulencias son inevitables (la sociedad líquida, una vez más) pero se superarán. El contrapunto, por otra parte, de los críticos con la ideología del mercado, pero que no acaban tampoco de construir un relato alternativo capaz de contrarrestar la desafección.

Es en este entorno, contaminado inevitablemente por ideologías y políticas, en el que se ha de impulsar y construir «nuestra» sociedad de la información. No sólo con tecnologías, nos guste o no.

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Referencias:

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Rozando el texto (la información, el conocimiento)

Ando todo el día dando vueltas a las implicaciones de mi ‘post anterior‘: sólo se lee en promedio menos de un 20% del texto de una página web, o de un blog, y en todo caso menos de 200 palabras.

(Foto de Luis Magán, publicada en Babelia)

¿Qué nos perdemos (o se pierde) con esta superficialidad? Si las cosas son así, y no dudo que lo sean, ¿podemos continuar diciendo que la explosión de blogs y contenidos en Internet nos llevan a la sociedad de la información? ¿A la del conocimiento?

El gato de la figura anda rodeado de libros, pero apenas roza la superficie.

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En la red se lee poco

Brincando de blog en blog llego a la noticia de un estudio que sostiene que:

  • Los lectores leen en la red sólo el 20% de lo que tienen en pantalla.
  • Su atención decae muy rápidamente después de las primeras 200 palabras.

Constato que la mayor parte de mis entradas superan las 400 0 500 palabras. Hago pues el propósito de enmendarme y escribir más corto.

Aunque no será fácil. La noticia a la que me refería al principio es tiene 1.068 palabras!!! (Y así y todo, lo he leído).

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El Mundo de Vinton G. Cerf

El Mundo publicaba esta fin de semana una entrevista con Vinton Cerf, uno de los padres del protocolo TCP/IP de Internet.

He hecho el ejercicio de intentar leerla con los ojos y la mente de alguien que no estuviera especialmente cercano al mundo de la tecnología; de alguien que quizá estuviera reflexionando sobre si más tecnología equivale o no automáticamente a progreso; o a veces sí y a veces no.

Y lo cierto es que hay material para pensar. Escojo fragmentos de la entrevista:

«En unos años todo estará conectado a la Red, desde la ropa hasta los electrodomésticos. Y ésto proporcionará un mejor conocimiento del mundo […] Será una forma de potenciar la inteligencia».

«Estamos desarrollando una nueva relación con las máquinas, con la tecnología […] Y todo ésto nos lleva a deducir que empieza a desarrollarse una nueva relación entre los hombres y de un modo distinto a como las telecomunicaciones nos han permitido hasta ahora. Estoy seguro de que éso humanizará nuestra forma de relacionarnos».

Hummmm!!! Con el debido respeto al personaje, me da un poco de miedo el lenguaje que utiliza. Conectarlo todo aumentará el volumen de datos, y también el conocimiento del mundo que sea reducible a datos, que no todo lo es. Hasta aquí más o menos de acuerdo. Pero, ¿estará el Sr. Cerf insinuando que nuestra forma de relacionarnos, antes de Internet, no era suficientemente humana?

Sigamos:

«Lo bueno es que todo está conectado, pero lo malo es eso mismo. Algunos de los problemas que plantean las posibles amenazas que se alojan en la Red las podemos solventar técnicamente creando barreras, pero es cierto que no podemos garantizar una seguridad total respecto al terrorismo o al fraude […] Eso implicará establecer un nuevo cauce global para el Derecho, que también debe asumir los retos que plantea Internet […] Eso plantea un desafío muy interesante, pues se trata de coordinar la tecnología, el Derecho y la ética».

Incluso si estamos de acuerdo, no deja de ser una forma unilateral de plantearlo. Porque lo que se infiere es que el Derecho y la ética se han de coordinar con el avance de la tecnología. Pero la posibilidad opuesta, que el ritmo de desarrollo de la tecnología se acompase a aquél con el que evolucionen el Derecho y la ética, éso ni se plantea.

Llegamos al final, en el que se repite este planteamiento determinista, unidireccional:

«Internet avanza a una velocidad enorme y no espera. La tecnología está penetrando de una forma muy directa e imparable en la sociedad. Y cuando la sociedad abusa de la tecnología surgen los problemas».

Una expresión que, al impersonar la tecnología, incurre en una trampa demasiado habitual. Porque ni Internet ni la tecnología avanzan por su cuenta, sino al ritmo con que las impulsan los investigadores, los inversores, los empresarios, e incluso algunos colectivos de usuarios. Lo que se está diciendo, por tanto, es que algunos empujan a una velocidad enorme, y no están dispuestos a esperar. Y que los problemas surgen cuando la sociedad (o sea, alguna porción del resto de la sociedad), no se comporta.

Para completar esta dosis de lectura políticamente incorrecta, terminaré recordando que Vinton Cerf trabaja hoy para Google. Una empresa con una estrategia bifurcada: gana su dinero colocando publicidad, mientras atrae audiencia (que no clientes) con su buscador y otros ‘gadgets’ virtuales, que regala. Lo cual obliga a escucharles con cautela: porque nunca puede descartarse que las ‘causas’ de Google respondan más a los intereses de sus clientes (los anunciantes) que a los de sus usuarios (nosotros, la audiencia).

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YO sé quién soy – dijo él

A propósito de una reflexión anterior sobre el YO Digital, me ha llamado la atención el anuncio de un premio cultural cuya convocatoria está apoyada por la imagen que aquí reproduzco. Picado de curiosidad por conocer el contexto de la cita de Don Quijote, la he encontrado en una página Web del Ministerio de Educación.

Don Quijote anda maltrecho y magullado después de un poco venturoso lance, y

«Viendo, pues, que, en efecto, no podía menearse, acordó de acogerse a su ordinario remedio, que era pensar en algún paso de sus libros, y trájole su locura a la memoria aquel de Valdovinos y del marqués de Mantua, cuando Carloto le dejó herido en la montiña, historia sabida de los niños, no ignorada de los mozos, celebrada y aun creída de los viejos, y, con todo esto, no más verdadera que los milagros de Mahoma. Esta, pues, le pareció a él que le venía de molde para el paso en que se hallaba …»

En tanto el caballero recitaba, atribuyéndoselos, los versos de uno de los protagonistas de esa historia, pasó por allí un labrador vecino que, recogiéndole, le acompaña hasta su casa. Como Don Quijote continuara recitando su fantasía, «el labrador se iba dando al diablo de oír tanta máquina de necedades«, le interpela:

«—Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

—Yo sé quién soy —respondió don Quijote—, y sé que puedo ser, no solo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron se aventajarán las mías. «

De lo que yo, ignorante de mí, deduzco que Don Quijote no sabía realmente quién era.

Todo lo cual viene a cuento de la intuición de que preocuparse del Yo Digital es mucho más fácil que seguir la recomendación socrática del «Conócete a ti mismo». E incluso, en ocasiones, una forma políticamente aceptable de evadir la cuestión.

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Mi YO no es digital (ni lo será nunca)

Transcribo del blog de un ilustre entre los «ilustrados-TIC» a propósito de la cuestión de la propiedad y el control de nuestra «huella digital«, el rastro de datos que dejamos cuando interaccionamos con la Red:

«aquello que le ocurre a nuestros datos, nos ocurre a nosotros mismos […] Las empresas, por supuesto, están encantadas de recolectar, comprar y vender nuestra información más íntima. Pero los efectos a largo plazo de algo así en nuestra sociedad son tóxicos: estamos entregando el control de nosotros mismos«. (negrillas añadidas) (referencia original)

Al leerlo, me sorprendió la identificación entre «nuestros datos» y «nosotros mismos«. Porque lo que más considero como «Yo mismo» no me parece reducible a datos. Porque creo que ni siquiera mi ADN (datos) agota la descripción de «Yo mismo«.

No es el único ejemplo de mezcla, hecha quizá algo a la ligera, entre el lenguaje de lo espiritual y de lo material. Existe incluso un blog autodenominado Yo Digital, del cual reproduzco a continuación algunos fragmentos:

  1. «Lo que no está en la red no existe«. Preocupante, si fuera estrictamente cierto, para el 75% de la Humanidad que no se conecta a Internet. Pienso más bien que se trata de un abuso de lenguaje, que oculta la querencia hacia afirmar «sólo diré que es real lo que esté en Internet, y escogeré ignorar el resto«. Peligro.
  2. «Ya todos tenemos un Yo Digital y no somos conscientes; o al menos todo lo conscientes que deberíamos […] No somos conscientes de que nuestro Yo Digital es nuestra proyección del alma, si existe, del siglo XX«.

De ahí a apuntar que sólo es real lo que existe en Twitter hay un paso relativamente corto. Preocupante, por tanto. Sobre todo cuando una buena porción de los «ilustrados-TIC» tienen una cierta querencia, cuando no una adicción, por ese tipo de herramientas de «presencia enriquecida instantánea» (!!!)

A lo mejor resulta que ésto de la Red me pilla ya algo mayor. Pero siempre había entendido que:

  • Hay un gran valor en la recomendación socrática de «Conócete a ti mismo«.
  • Que el «yo mismo» al que hace referencia esa recomendación es algo que está más allá de mi apariencia física, de mis posesiones físicas, incluso de la mayor parte de mi quehacer diario, de mi profesión. El YO y sus ropajes son cosas distintas.
  • La misma conclusión se aplica, incluso con mayor razón, a los «ropajes digitales».

Quizá nos hará falta formular con un cierto rigor las bases de un Humanismo de lo Digital. Antes de que algunos «ilustrados-TIC» lo deformen sin rigor.

Nota: Una referencia interesante y accesible para profundizar en la relevancia de estos abusos de lenguaje es el libro «Acerca de Internet», de H. L. Dreyfus, publicado por la Editorial UOC.

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Ingenieros, vocaciones, progreso

El Periódico de Cataluña publicaba hace unos días un artículo sobre la escasez de ingenieros. Uno más en un goteo de publicaciones similares que está teniendo lugar últimamente:

«El desplome de las matriculaciones de alumnos en un 23% desde el 2003 en España ha convertido a los ingenieros en profesionales codiciados por las compañías […] Los sueldos iniciales de unos 1.500 euros al mes, junto con la fama de ser una carrera dura, han reducido el interés por estos estudios, en los que en el curso anterior ingresaron 12.700 jóvenes. Las ramas que han sufrido mayores caídas son las de telecomunicaciones (-37,7%) e informática (-34,5%). Entre el 2000 y el 2007, el número de alumnos que demandaron ingenierías como primera opción de estudios ha caído el 32% en Catalunya. De los más de 9.000 estudiantes que eligieron una de estas disciplinas como primera opción en el 2000, se pasó a 6.300 en el 2007«.

El hecho de que los salarios de los ingenieros en España estén por debajo de la media comunitaria es seguramente un dato relevante, pero no lo bastante explicativo (¿por qué lo están?). Porque la falta de vocaciones de ingeniería no es exclusiva de Cataluña, ni de España, sino que parece estarse extendiendo a una buena parte de los países desarrollados. Hace también pocos días, el New York Times se hacía eco de una situación parecida … en Japón:

«Fue la excelencia en ingeniería lo que levantó a este país desde la derrota en la guerra has convertirse en una superpotencia. Pero, según los educadores, ejecutivos y los mismos jóvenes japoneses, los jóvenes se comportan cada vez más como los norteamericanos: escogiendo trabajos mejor pagados, como las finanzas o la medicina; o carreras más creativas, como las artes«.

Los ingenieros (con el apoyo de los financieros) construyeron literalmente la sociedad industrial. Arropados por un estado de opinión que consideraba como deseable, incluso admirable, maximizar la producción de bienes materiales y la creación de riqueza a base de explotar al máximo las posibilidades de la ciencia y de la tecnología (y también los recursos naturales).

Este estado de opinión parece estarse deshaciendo en la sociedad líquida, cuando los que fueron pilares de la sociedad industrial están siendo cuestionados uno tras otro: energía cara y escasa, preocupación por el medio ambiente, precios de los alimentos al alza, debilidades manifiestas del sistema financiero, preocupación por la viabilidad de extrapolar a los países emergentes el estilo de vida de los nuestros, …

Me atrevería a aventurar que, en sentido amplio, lo que está en el fondo sucediendo es un cambio de naturaleza espiritual (psicológica, si se prefiere). Aunque parezca una perogrullada, los jóvenes no se interesan por la ingeniería porque la sociedad no consigue interesarles en la ingeniería, porque los valores dominantes son otros. Según el NYT:

«El mayor problema de Japón puede ser la actitud de riqueza. Algunos jóvenes japoneses, productos de una sociedad rica, no ven el motvo para trabajar sobre planes y números cuando pueden de otros modos ganar dinero, tener más contacto con otras gentes o divertirse más».

Lo que apunta a déficits de motivación, déficits de proyecto. ¿Qué ‘causas‘ de la sociedad de la información o de la sociedad líquida tendrían el mismo atractivo que el que guiaba hacia la ingeniería a los jóvenes de hace unas décadas? ¿Cuáles serán las profesiones y los profesionales de la sociedad del conocimiento? ¿Qué nuevos marcos mentales tendrían que desarrollarse y ponerse en juego?

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La noción de progreso es opinable

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía y Premio Nacional de ensayo, publicaba un artículo sobre «Populismo y Progreso» en El País del sábado 17 de mayo. Su mensaje central, reflejado en el subtítulo, es que

«La forma más letal de populismo, y la más letal para la democracia, predica que el progreso consiste siempre en la destrucción del espacio público. Inmediatez, popularidad y rentabilidad son sus deidades«.

Su razonamiento incluye, entre otros elementos, una crítica de la «democracia electrónica«. Que yo entiendo que es más bien una crítica de la ligereza o superficialidad con que se extrapola a perspectivas de una nueva democracia la posibilidad de participación electrónica en según qué cosas (digamos, por ejemplo, el Twitter).

Reproduzco unos párrafos para que cada cual saque sus propias conclusiones:

«No faltan cronistas de las tendencias sociales, novelistas encargados de ponerle letra a la música de la aldea global o intelectuales dedicados a pronosticar las inminentes subversiones de la deidad idolatrada que proclamen con desenvoltura el advenimiento de una democracia cibernética inventora de una esfera pública de dimensiones planetarias que, por ser capaz de prescindir del Estado (sólido pesado e inerte donde los haya), de los partidos políticos y hasta de las personas y las cosas (demasiado inclinadas ambas a la estabilidad y la decadencia), se transforma a una envidiable velocidad instantánea al mismo ritmo que la «sociedad», dejando atrás en la carrera a todos los que la persiguen por medios anticuados tales como gobiernos, parlamentos, tribunales de justicia, organizaciones académicas o periódicos impresos.

¿Se darán cuenta todos estos heraldos de la «sociedad» de lo que sucedería si tuviera éxito su pretensión de dar caza a esa presa tras la cual galopan? ¿Se imaginan lo que sería un poder ejecutivo conectado online a los estados de opinión de sus votantes potenciales; un poder legislativo moldeado obedientemente según las bataholas de turno y las volubles demandas de su caprichosa clientela; un aparato judicial en permanente y perfecta sintonía con los vaivenes de la alarma social inducida; una universidad que sustituyese la transmisión del saber y la investigación científica por las labores propias de una empresa de trabajo temporal; unos medios de comunicación en los cuales la información y la línea editorial se suprimiesen en beneficio del carnoso cebo de las bajas pasiones o una Administración que cambiase sus enormes y costosas estructuras políticas (incluidas las de protección social) por un foro web, una línea 906 y una red de SMS como encarnación de la nueva opinión pública mundial?»

No es la primera vez que cito, parafraseando a Peter Drucker, mi convicción de que la sociedad del futuro, como las anteriores, no vendrá determinada por las tecnologías, ni siquiera las tecnologías de la información, sino por cómo se aborden los nuevos problemas, cómo se utilicen nuevas teorías y cómo se conformen nuevas ideologías e instituciones.

Vistas como están las cosas, incluyendo el (excesivo) predicamento de algunos «ilustrados-TIC«, no puedo dejar de pensar que el Profesor Pardo tiene un punto de razón en sus recelos.

En cualquier caso, estando de acuerdo o no con él, vale la pena tomar nota que los mensajes de «más TIC es automáticamente progreso» no convencen del todo a quienes, como es el caso que nos ocupa, tienen más sensibilidad por la filosofía que por la tecnología. Porque ambas nos harán falta.

Se constata, una vez más, la necesidad de trabajar en los ‘marcos mentales‘ adecuados.

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Desorientados, no sólo en éso

Artículo de Soledad Gallego-Díaz en El País, con el recuadro que reproduzco.

Escribe sobre política de inmigración y sobre terrorismo, apuntando que:

«Cada día es más sombría la sensación de que no tenemos ni idea de dónde están nuestros auténticos problemas. Nuestra desorientación es monumental, permanentemente preocupados y distraídos con engaños y señuelos, y sin tener un minuto para recapacitar sobre los imparables cambios que se están produciendo en las estructuras básicas de las sociedades desarrolladas, o sobre las formas en que esos cambios nos van a afectar y, quizás, sobre las maneras en las que podríamos influir o, incluso, beneficiarnos en conjunto«.

Bien escrito, sin duda. Y oportuno, será eso de la sociedad líquida, no sólo a los asuntos que menciona en la columna. También aplicables, diría yo, a discernir las claves del desarrollo de «nuestra» sociedad de la información, de «nuestra» economía del conocimiento, las claves de un mayor «impacto social» de las TIC.

Aunque la periodista no las mencione, las consecuencias de la expansión y la adopción de las TIC son sin duda uno de «los imparables cambios» que se producen en las estructura de las sociedades modernas, incluida la nuestra. Sin embargo, aunque los informes internacionales, uno tras otro, indican que el aprovechamiento del potencial de las TIC no es nada sobresaliente en nuestro país, son más los que nos distraen con «engaños y señuelos» que los que nos orientan. Para obviar, o quizá ocultar, los auténticos problemas.

Veremos qué se escribe sobre estas cuestiones en el Día Mundial de Internet, que está a punto de celebrarse. Según y cómo, me estimulará a desbrozar ésto de los «engaños y señuelos» en más detalle en este espacio. A ver.

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Relatores, instrumentos, mensajes

Nos dicen que nuestro futuro está en lo que llaman la «sociedad de la información«, o del conocimiento, o la sociedad red. Que tienen como un ingrediente fundamental el uso intensivo de Internet y de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC). Unas tecnologías que se suponen claves del progreso.

Aunque no sea ésta la cuestión que quería plantear hoy, podría discutirse si algunos de los usos más habituales de Internet (p.e. la descarga de música y videos, los correos banales, etc. ) son en realidad una distracción o un elemento de progreso. En cualquier caso, lo cierto es que casi la mitad de los ciudadanos no se conecta a Internet, fundamentalmente porque no les interesa.

¿Cómo movilizarlos? (Dando por supuesto que, si el progreso está ahí, habría que intentar movilizarlos). ¿A quién pedir opinión sobre cómo hacerlo?

Muy a grandes rasgos, sucede que:

  • Las POLIticAS de nuestros POLIticOS no tienen las TIC en primera línea de sus prioridades. Aunque España figura en una (no demasiado brillante) posición 33 en el último ranking del Global Tecnology Report del World Economic Forum, se nos califica en el puesto 89 en cuanto al éxito de las Administraciones en la promoción de las tecnologías. Un indicador indicativo.
  • En el otro extremo, es también evidente que los más apasionados usuarios de las TIC, los que propagan las misTICa de las tecnologías, incluyendo a los ilustrados-TIC tampoco son un ejemplo que arrastre multitudes; que sea capaz de convencer a los que no están ya previamente convencidos. Porque sus apologías de las TIC son muchas veces las de soluciones en busca de problemas.

Entre estos dos grupos debe de haber gente prácTICa y pragmáTICa en sus usos de las tecnologías. Pero son menos visibles, porque no ejercen de evangelistas de las tecnologías. Son colectivos con una identidad de proyecto bien definida, y utlilizan las TIC como herramientas para sus proyectos. Aparecen en el radar de los sociólogos, pero casi nunca sabemos ponerles nombre y apellidos. Deberíamos, pienso, conocerles mejor.

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