Mitos persistentes y marcos mentales

Hace no muchos días el Washington Post publicaba un titular anunciando que “La persistencia de los mitos puede alterar los enfoques de políticas públicas“.

El dato incial era el siguiente. Un organismo oficial nortemericano publicó un folleto informativo con el objetivo de clarificar algunas informaciones sobre la vacuna de la gripe. Por ejemplo, cualificaba como errónea la percepción de que sólo las personas de edad necesitan la vacuna. Ratificaba en cambio como verdaderas otras aseveraciones comunes.

La sorpresa es que tres días después de haber leído el folleto, un 40% de los sujetos con los que se hizo el experimento recordaban como verdaderas las informaciones que en él se habían descrito como falsas. Además, identificaban al mismo folleto como fuente de la que habían obtenido la información.

Según los psicólogos sociales responsables del experimento, éste confirma en primer lugar que el modo en que las personas absorben información usa “marcos mentales” y asociaciones inconscientes que operan con una cierta independencia de los detalles de la información que han recibido. En otras palabras, que el “envoltorio” de la información puede tener implicaciones cognitivas más importantes que la información propiamente dicha.

En segundo lugar, el experimento muestra que los intentos de contrarrestar información “mala” con información “buena” tienen en muchas ocasiones el efecto contrario. Los mitos y preconcepciones se refuerzan al nombrarlos, aunque la intención fuera la de nombrarlos para rebatirlos.

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Ambos efectos son, como sería de esperar, más acusados cuando los sujetos tienen ya preconcepciones establecidas sobre la temática objeto de la información o cuando no tienen especial interés en profundizar en la materia.

Por último, el experimento parece confirmar que la repetición de una mentira acaba llevando a que sea percibida como una verdad. Incluso si es la misma fuente quien repite la información errónea, porque muchos de los sujetos la reciben igual que si procediera de una variedad de fuentes.

¿Por qué me ha interesado la noticia? Por dos motivos relacionados. El primero, porque refuerza mi convicción de que vale la pena profundizar en la cuestión de los “marcos mentales“, sobre los que ya he escrito en alguna otra ocasión.

Pero, fundamentalmente, porque pienso que hay una serie de mitos y preconcepciones, repetidas una y otra vez, que dificultan el avance de “nuestra” sociedad de la información. En parte, sólo en parte, porque contaminan las políticas públicas en esta materia.

Debería probablemente poner ejemplos. Pero, si me aplico la conclusión del informe, debería abstenerme. Menudo dilema!!!

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