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Cuando ingeniería y sociedad mezclan mal

Ingeniería socialHoy me ha interesado

… recordar, en la tónica de mi última entrada sobre la imaginación de los programadores, lo mal que pueden llegar a mezclarse ‘ingeniería y ‘sociedad‘.

La entrada acerca de ‘social engineering‘ en la Wikipedia es una buena muestra:

Social engineering may refer to:

Ninguna de las dos acepciones, como el lector podrá fácilmente comprobar, tiene connotaciones positivas. Si aceptamos que la Wikipedia recoge el saber popular (la famosa wisdom of the crowds), estamos avisados.

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Sobre inteligencia y tecnología

marinaHoy me ha interesado

… volver sobre el asunto de la inteligencia y las TIC que abordaba en una entrada reciente.

El asunto de la inteligencia es escurridizo. Los expertos explican que hay varios tipos de inteligencia, más o menos independientes entre sí. También que cada persona es inteligente a su manera. Según cuenta Ken Robinson, la inteligencia de cada uno es tan particular como sus  huellas digitales (las huellas analógicas de sus dedos,  para ser preciso).

La pregunta apropiada no es pues “¿Qué tan inteligente es una persona (o una máquina)?“, sino “¿De qué modo es inteligente esa persona (o quizá esa máquina)?“.

Para mí, lo característico de la inteligencia (humana) es la capacidad de sorprender. De crear. De no repetirse. Al hilo de ello, he recuperado mi vieja copia de la “Teoría de la inteligencia creadora” de José Antonio Marina. De entre lo subrayado hace años entresaco:

La característica esencial de la inteligencia humana es la invención y promulgación de fines.” (pág, 17)
Lo que caracteriza a la mirada inteligente es que dirige su actividad mediante proyectos.” (pág. 34)

No se me ocurre preguntar a mi iPhone (un teléfono supuestamente inteligente) por sus proyectos. No esperaría respuesta. Imagino que tampoco se inventará objetivos.

Con todo, la yuxtaposición de una persona, que en principio podemos suponer inteligente, con un ‘smartphone’ puede producir resultados sorprendentes. Por ejemplo, según un informe reciente (.pdf)  el usuario típico (norteamericano) de un ‘smartphone’ consulta Facebook 14 veces al día. ¿Calificaríamos este comportamiento como inteligente?

Creo que no. Me tienta, sin embargo, especular con que quizá el propiciar ese comportamiento fuera uno de los fines perseguidos por la maquinaria industrial que pone smartphones y Facebook en manos de los usuarios. No sabría cómo verificarlo. Pero, aplicando la cita de Marina y tomando en cuenta la cantidad de gente inteligente que trabaja para Apple, Google, Facebook y similares, tampoco me resulta inverosímil.

Casualmente, o quizá no, ya incluso antes de Internet, Langdon Winner observó que “La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Tema este último para una próxima entrada.

Saludos cordiales.

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Viendo a la banca de inversión acechar a las redes sociales …

Cuando todavía es reciente la inversión de Goldman Sachs en Facebook, se anuncia que JP Morgan estudia una inversión del 10% en Twitter, que valoraría la empresa en unos 4.500 millones de dólares.

Nada que objetar. Son las reglas del capitalismo de élite. No sólo legales, sino socialmente aceptadas. Los bancos de inversión salen de caza en busca de buenas oportunidades y las revenden por un precio a cazadores menos expertos.

Así y todo, no me resisto a dos consideraciones.

Primera. No olvidar que la ambición, por no llamarla codicia, de los bancos de inversión y de sus clientes han generado más de una crisis, inflando hasta más allá de lo razonable una burbuja de expectativas, recogiendo comisiones y beneficios mientras ésta crecía y dejando para otros el recoger los pedazos una vez estallaba. Hay quien sostiene que la burbuja inmobiliaria se formó para dar salida a capital inversor que había quedado sin destino tras el pinchazo de la burbuja de las punto-com, siempre con los bancos de inversión haciendo de intermediarios. Así pues, no deberíamos descartar, por simple higiene mental, que los profesionales del burbujeo se hayan puesto de nuevo en acción.

  • En los 90 explotaron la fantasía de que todos los negocios serían punto.com.
  • En la pasada década, la fantasía fue que los precios de las casas no podrían bajar nunca.
  • Ahora, con la colaboración (desinteresada o no) del algunos ilustrados-TIC, se tejen fantasías similares en torno a las redes sociales.

Segunda. Sin negar a ninguna empresa ni empresario el derecho aliarse con los bancos de inversión, sí creo que debería prohibirse a quien lo haga que etiquete su actividad con el calificativo de social. Porque la lógica de los bancos de inversión no es priorizar las necesidades sociales, sino el retorno a corto plazo. También por si acaso tenía razón John Cassidy al  subtitular como “Gran parte de lo que hacen los banqueros de inversión no tiene valor social un reciente artículo en The New Yorker. Parece provocador, pero lo es menos que su recomendable libro.

Ellos están al acecho. Nosotros deberíamos también estarlo.

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Internet no es la salvación de nada

El discurso de Alex de la Iglesia (versión video, versión texto) en la ceremonia de entrega de los Goya tenía su morbo y parece haber satisfecho a muchos.

No puedo opinar mucho sobre el contenido, porque no entiendo apenas nada de la industria del cine. Me aplico el ‘zapatero a tus zapatos‘. Pero no resisto el impulso a comentar una frase, precisamente una de las que más resonancia ha tenido:

NO TENEMOS MIEDO a internet, porque internet es, precisamente, la SALVACION de nuestro cine“.

Esta personalización de internet es poco rigurosa:

  • Nadie tiene que tener miedo a internet. Ni a ninguna cosa. No son las cosas las que dan miedo, sino quienes las manejan. O algunos de los que las manejan.
  • Del mismo modo, nadie debería esperar que internet sea la salvación de nada de ni de nadie. Lo serán en todo caso personas, o grupos de personas, las que usen internet para salvar algo o a alguien.

Los cineastas, no Internet, serán la salvación del cine. Los revolucionarios, no Internet, son los que hacen y harán las revoluciones.

Unos y otros son, además, minoría. La mayoría de los usuarios de Internet tenemos tan poco de cineastas como de revolucionarios.  Yo el primero, debo admitir.

Photo credit: http://www.flickr.com/photos/gregorio/40253322/sizes/m/in/photostream/

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¿Se olvidan de Twitter y Facebook?

Las noticias sobre el rol de Twitter y Facebook en los alzamientos de estos días en África han resonado estos días en los círculos tecnófilos tanto o más que el contenido mismo de las revueltas. Inmerecidamente, creo.

No falta, sin embargo, quien destaca que son las personas, no Twitter ni Facebook, las claves de la revolución.

Carrier pigeons, Gutenberg, telegraph, radio, TV, Facebook and Twitter never started a revolution. People did“.

O quien, matizando más el asunto, apunta a que Twitter ha sido más importante para radiar la revolución al exterior que para organizarla dentro del país.

People on-the-ground had the best social media: word of mouth“.

Más cerca de casa, la viñeta de hoy en El País del siempre perceptivo El Roto no incluye ni a Twitter ni Facebook en su instantánea de la revolución.

¿Se equivoca el Roto? En caso contrario, ¿qué metáfora sería la apropiada para incluir el rol de los Social Media en la viñeta?

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Internet, la manzana de la tentación y la pasta de dientes

Copio de un artículo reciente de The Economist sobre el futuro de los periódicos:

“La decisión de los diarios de poner gratis su contenido online se ve cada vez más como el equivalente en los negocios a la decisión de Eva de morder una manzana”.

Tiene sentido. Hace quince años, cuando Internet empezaba a emerger como herramienta de uso cotidiano, Internet necesitaba el contenido de los periódicos más que éstos a Internet. Los periódicos se equivocaron al apuntarse a Internet antes de tiempo.

Pero rebobinar esta decisión es tan difícil como volver a meter la pasta de dientes en el tubo una vez está fuera. Una vez los clientes se acostumbran (o mal acostumbran) a no pagar por algo, dar marcha atrás es muy difícil. El diario en papel pierde lectores e ingresos en publicidad, que no se compensan con lo que generan las versiones electrónicas.

Sobre este asunto, ciberlibertarios e ilustrados-TIC celebran que Internet demuestre su poder de destrucción creativa en los periódicos, a los que consideran representantes “del mundo del árbol muerto en el que se imprimen las noticias de ayer“.

Para la Federal Trade Commission, encargada de proteger los intereses de los consumidores en los EEUU, la cosa no es tan sencilla. Traduzco fragmentos de la intervención inicial (.pdf) de su Presidente en unas jornadas recientes sobre el futuro del periodismo en la era Internet:

“El periodismo – en su sentido tradicional – tiene problemas. Nuevas formas de competencia y de publicidad distorsionan el modelo de negocio que ha sostenido el periodismo durante más de 150 años […] La competencia que Internet hace posible está en el centro de estos cambios […] La cuestión que queda abierta es si los cambios representan una “destrucción creativa” o simplemente una “destrucción”.

Comparto esta preocupación. Ser progresista no consiste sólo en criticar lo antiguo, sino en construir lo nuevo. No tengo la impresión de que los ciberlibertarios más vocingleros estén por la labor.

Finalmente, recomiendo a los interesados seriamente en esta cuestión la lectura de la intervención de Rupert Murdoch (.pdf) en esa Jornada.

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Sociedad de la infoxicación

Según un informe reciente de la Universidad de California, San Diego, durante el año 2008 el norteamericano medio estuvo directamente expuesto cada día al equivalente a 34 gigabytes de contenidos y de 100.000 palabras de información. (Cifras resultantes de sumar todos sus canales habituales de información, incluyendo la televisión, la radio, la Web, los SMS y los videojuegos).

Una cantidad de información desorbitada. Tan desorbitada que incluso desvirtúa el concepto intuitivo de información. Porque ese americano medio es incapaz, lo seríamos todos, de absorber toda esa información, de darle significado. Y, ¿para qué queremos una información a la que no podamos adscribir ningún significado?

El informe proporciona también datos sobre cómo los norteamericanos distribuyen el tiempo que dedican a recibir información (11,8 horas diarias) y sobre el consumo de bytes, del que los juegos de ordenador representan (sorpresa!!!) el mayor componente. Incluyo los gráficos porque creo que presentan una imagen interesante de eso que se ha dado en denominar la Sociedad de la Información.

Un nombre que persiste aunque se trate de más información de la que podemos digerir. Supongo que no se la denominará como sociedad de la infoxicación por los mismos motivos que seguimos hablando de la sociedad industrial y no de la sociedad de la polución, por ejemplo.

Creo que valdría la pena reflexionar sobre los motivos de este sobreexceso de información, pero imagino que se trata de una tendencia imparable, por lo que es más práctico considerarlo como un dato que como un problema. En esta línea, recomiendo escuchar con atención el video en que Clay Shirky apunta a que el verdadero problema no es el exceso de información, sino el déficit de elementos tecnológicos, psicológicos, sociales e institucionales para filtrarla. Un ejemplo interesante del poder de los ‘marcos mentales‘.

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¿Murdoch 1 : Google 0?

¿Se siente Google amenazado por el anuncio de Rupert Murdoch de impedir al buscador indexar los contenidos de News Corporation?

Tal vez no. Tav vez sea sólo una casualidad que Google anunciara hace pocos días un nuevo servicio (First Click Free) orientado, según me ha parecido entender, a apaciguar a los editores de diarios que, como ha hecho Rupert Murdoch, consideran la posibilidad de impedir que Google indexe los contenidos por los editores cobran o pretenden cobrar.

La propuesta de Google consiste en indexar los contenidos de pago, pero mostrando sólo la primera página al usuario que llegue a uno de esos contenidos a través de Google. Si el usuario quiere acceder al resto, o utiliza más de cinco veces al día ese mecanismo, se le mostrará entonces el formulario de suscripción o de pago del contenido.

Imagino que se trata sólo de un movimiento de entre los muchos que veremos en la partida de ajedrez que parece configurarse entre Google y algunos medios de comunicación. Unos dirán que lo que cuenta es el resultado final. Otros, entre los que me incluyo, que podría ser una partida fascinante. De momento, si yo hiciera de juez, el resultado provisional sería el de la pizarra. El juego continúa.

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No hay que perderse este debate

Asistimos una vez más, al respecto de la evolución de Internet y la Sociedad de la Información, a una confrontación enconada entre un Gobierno torpe y un grupo de agitadores ciberlibertarios, dispuestos a armar ruido en general, y más si se trata de hacerlo contra los poderes establecidos.

El campo de juego está delimitado por:

  • La (burda) maniobra de incluir de tapadillo en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf) una modificación de las Leyes de Sociedad de la Información y de la Propiedad Intelectual (pág. 95 del documento).
  • La esperable reacción airada (y también oportunista) de un Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, redactado por una cuarentena de personas que se arrogan el derecho de hablar nada menos que en nombre de los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet (énfasis añadido).

Empezaré, por si acaso, declarándome explícitamente biconceptual con todas las consecuencias, que quizá tendré tiempo de comentar en próximas entradas.

Danton, Robespierre, la Revolución Francesa y la guillotina

Pero estaría bien que esta escaramuza marcara el principio de un debate que valdrá la pena no perderse. No sólo por la trascendencia del asunto en sí, sino por lo que los términos del debate indiquen sobre el entorno. Citaré una vez más a Manuel Castells:

“Si la batalla fundamental acerca de la definicíón de las normas en la sociedad y la aplicación de esas normas en la vida diaria gira alrededor de conformar la mente humana, la comunicación es clave en esta batalla […] El proceso de comunicación opera de acuerdo con la estructura, la cultura, la organización y la tecnología de comunicación en una sociedad dada”. (Communication Power, pág. 4).

¿Qué nos dirá este debate sobre nuestras estructuras, organizaciones y culturas?

Lo iremos viendo.

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Literatura y teléfono móvil

Copio de una reseña de Robert Saladrigas en La Vanguardia sobre el libro “Fama” de Daniel Kehlmann:

“… el móvil, icono del progreso tecnológico concebido para hacer más cómoda – y controlada- la vida del ciudadano, cuyo uso masivo ha modificado para bien y para mal los hábitos sociales sin haber conseguido – como cabía confiar que ocurriera – aumentar sus expectativas de ser más felices”.

Me queda claro que el crítico considera que el móvil ha contribuido a transformar la sociedad, pero que no necesariamente nos hace más felices.

No me queda tan claro, del modo en que está redactada la frase, si éso era precisamente lo que cabía esperar de la introducción de este artefacto.

O si se trata de justamente lo contrario: que nunca ha sido sensato esperar que un artefacto nos haga más felices.

En fin … Este un precisamente uno de los atractivos de la literatura: el lector es un partícipe activo de la obra, que puede recrearse en cada lectura.

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