Archivo mensual: octubre 2007

Hace falta un liderazgo. ¿Dónde lo buscamos?

Continúo con la cuestión, iniciada en un ‘post‘ anterior, sobre la «ideología» subyacente a (algunas de) las propuestas sobre infraestructuras.

En lo comentado hasta ahora, mi discurso se ha centrado en argumentar que, supuesto que haya un consenso sobre la necesidad de renovar las infraestructuras de comunicaciones, es un consenso retringido a círculos muy limitados. Que no abarca ni mucho menos a todos los que habrían de estar implicados en la renovación de las infraestructuras.

A este respecto, en los últimos ‘post’ hacía referencia a la cuestión de las infraestructuras que están más allá de las redes de los operadores, en el interior de los edificios, de las urbanizaciones o de los polígonos, dentro de casa de los usuarios.

Ese consenso sería conveniente, pero no se producirá de modo espontáneo. Seguramente por ello el «ilustrado-TIC» al que nos venimos refiriendo reclamaba:

un liderazgo político que sin distorsionar el marco de competencia establezca como prioridad la implantación de nuevas redes.

cmt-cable.jpg

Una manifiestación ideológica, por cuanto da por sobreentendidos, sin nombrarlas, dos juicios de valor:

  • Que es la clase política (y no, por ejemplo, la iniciativa privada) quien ha de ser responsable de liderar la generación del consenso y los programas de actuación que de ello se deriven.
  • Que un participación activa de la clase política «garantiza» el éxito del empeño.

La primera de estas cuestiones nos llevaría a la cuestión de cuál es el grado óptimo de intervención pública, en este caso en las telecomunicaciones. Un asunto espinoso. De todos modos, no evitaré mencionar que el caos de estos días en los ferrocarriles de cercanías y las obras del AVE puede ser un motivo de reflexión. No sólo por el modo en que se acabó tomando la decisión de que el AVE atraviese Barcelona, sino porque el conjunto de la obra es de iniciativa pública. Lo que no ha evitado los resultados ni la falta de consenso sobre objetivos, trazados y prioridades que estos días observamos.

Sobre lo segundo, consciente del riesgo de ser muy políticamente incorrecto, creo que es necesario traer a colación la historia del apoyo público al despliegue del cable en Cataluña durante los años 90. He escrito (ver aquí) más extensamente sobre esta cuestión, por lo que no me extenderé aquí. Sólo para señalar que, a pesar del apoyo institucional de las administraciones catalanas al despliegue del cable, que fue incluso el motivo formal de la constitución de Localret, la tasa de cobertura de la red de cable en Cataluña es de las más bajas de España (como se muestra en la figura adjunta, extraída de un documento reciente de la CMT).

Mejor, por hoy, dejarlo aquí sin más comentario.

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Implicar a los constructores sería deseable, … y posible

Si, como apuntaba en mi ‘post anterior’, las redes acaban de telecomunicaciones en el salón de casa, renovar las redes supone también renovar la construcción.

Si de verdad hubiera un consenso en torno a:

  • La necesidad de renovar las redes incorporando fibra óptica enla terminación de usuario en lugar del hilo de cobre actual.
  • El grado de influencia directa de la calidad de las infraestructuras de telecomunicaciones en cuestiones como la competitividad de un territorio o la calidad de vida de sus habitantes

uno pensaría, quizá ingenuamente, que los constructores y promotores inmobiliarios se habrían enterado. Y que en el anuncio de promoción de una vivienda nueva, o renovada, se citarían entre sus atractivos alguno como:

  • Edificio (o urbanización) precableado para acceso a Internet a alta velocidad (hasta 100 Mbs).

Por lo que yo he podido ver, todavía no.
korea_premises.jpg

Aunque sería posible. Por lo menos lo fue en Korea, en donde entre los factores de éxito que contribuyeron al éxito de la banda ancha en ese país, el Gobierno coreano cita un «programa de certificación de redes internas», que califica a los edificios según el grado de adecuación de su infraestructura a la banda ancha (Ver, por ejemplo, el muy interesante especial de Localret sobre ese país).

Hubiera sido ejemplar que algo parecido hubiera ocurrido más cerca de casa. Aunque hubiera sido sólo en alguna promoción de prestigio. En el distrito 22@ de Barcelona, por ejemplo.

En cualquier caso, ahí queda la idea para cuando se intente de verdad conseguir un consenso sobre la importancia de renovar las redes de banda ancha  y las estrategias para hacerlo.

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Renovar las redes acaba en el salón de casa

Continuación de los dos ‘post’ anteriores sobre la temática del consenso (o no) sobre la necesidad de renovación de las redes de telecomunicaciones.

Supongamos que aceptamos como un punto de partida aceptable la conclusión de la última entrega:

Hay un consenso entre los expertos (de telecomunicaciones) en la necesidad de renovar la(s) red(es) de telecomunicaciones fijas.

Supongamos también que aceptamos que la renovación más drástica habría de tener lugar en los accesos de usuario a la red, los cables que conectan los domicilios de los usuarios con las centrales de los operadores. Esos cables, que en su mayoría son hoy hilos de cobre, se sustituirían por fibras ópticas. El objetivo sería hacer posible la oferta de servicios de un ancho de banda mucho mayor que los que hoy se ofrecen. En vez de los 3 megas o los «hasta 20 megas» se podrían contratar 100 megas reales, o más.

Orillemos por un momento la cuestión de si existe (o no) consenso sobre el precio a que se ofrecerían estas conexiones a 100 megas; una cuestión nada trivial dado que las inversiones para sustituir los hilos de cobre se cifran en miles de millones de euros. Orillemos también de momento la cuestión de si hay (o no) argumentos convincentes sobre cuáles son los servicios que se podrían ofrecer sobre una conexión a 100 megas y sobre el público al que atraerían. Orillemos también la cuestión de ponderar si hay una correspondencia social, política y económicamente aceptable entre las inversiones que se barajan y su rendimiento económico y social.

Porque hay cuestiones mucho más sencillas que están todavía por responder. Como la siguiente.

Si los operadores cambian a fibra óptica las líneas que van desde las centrales a las puertas de los edificios y/o de los domicilios, ¿quién se hará responsable de cambiar también a fibra óptica el cableado interior de éstos?

En buena lógica, tendrían que ser los propietarios o inquilinos de los inmuebles. Porque hemos venido a aceptar durante los últimos años que las redes de los operadores (también las redes eléctricas, las de agua y las de gas) acaban en la entrada de nuestras casas.

Pero,

¿No sería muy aventurado sostener que el consenso que pueda existir entre los ‘telecos’ sobre la necesidad de la renovación de las redes se extiende también a los propietarios de edificios, a los constructores, a los promotores?

Me temo que sí sería aventurado.

Para acabar, y para que no queden dudas. Mi opinión es qué sí es en efecto necesario renovar las redes de telecomunicaciones fijas. Pero también que no hay ni mucho menos, más allá de la comunidad más afín a los ‘telecos’, un consenso suficientemente amplio sobre la prioridad, los plazos, el alcance y la forma de llevar a cabo esa renovación.

Cómo conseguir ese consenso, ésa es otra cuestión.

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¿Hay consenso sobre la necesidad de renovar «la» red de telecomunicaciones fijas?

Primera entrega en el intento de desbrozar la cuestión de la ideología de las infraestructuras enunciada en un ‘post’ anterior. Empezaré analizando  la pregunta del titular.

Propongo una primera definición (para no expertos) de esa necesidad, genérica e incompleta, pero quizá suficiente por el momento:

La(s) red(es) de comunicaciones fijas (la red telefónica convencional y las redes de cable) son hoy por hoy la principal infraestructura para conectarse a Internet.

Los internautas (cada internauta) utilizan cada vez un ancho de banda mayor (más megas, en la jerga comercial).

Hay un límite (digamos de entre 10 y 25 megas) en el ancho de banda que puede sostener el hilo de cobre de la red telefónica. (El límite es mayor en el hilo coaxial en el que terminan las redes de cable).

Por tanto, es necesario renovar la red (por lo menos la red telefónica), cambiando los hilos de cobre por fibra óptica. Un cambio que, dicho sea de paso, requiere una inversión valorada en miles de millones de euros.

Supongamos que todo ésto suena razonable hasta aquí.

¿Cuál es el grado de «consenso» que existe al respecto?

Non tan grande, me temo. De entrada, la mitad de la población no se conecta regularmente a Internet, según parece porque no le interesa lo suficiente. Parece pues razonable concluir que no participan (todavía) del consenso en cuestión.

Otro dato en el mismo sentido. Sólo aproximadamente un tercio de los hogares españoles han contratado una conexión de banda ancha, cuando más del 90% podría hacerlo. Idéntica conclusión.

Aún más. Según parece, una muy pequeña proporción (menor del 10%) de los internautas utiliza la mayor parte de la capacidad de la red (más del 80%). Por tanto, el «consenso» actual incluiría como mucho al 5% de la población (el 10% del 50%).

Propondría pues reformar la frase de partida en la línea de:

Un colectivo del orden 5% de la población podría estar de acuerdo en la necesidad de que se inviertan varios miles de millones de euros en renovar la red telefónica fija.

Me temo que incluso esa aseveración sería optimista. Porque no todos los internautas que componen ese 5% pueden tener formada una opinión al respecto de la cuestión planteada.Y porque algunos de ellos podrían tener otras prioridades (p.e. el acceso a la vivienda) en cuanto al destino de esas inversiones.

Admitiré que no he sido muy riguroso en el razonamiento. Pero supongo que la idea está clara.

Ah! Es posible que todo mi razonamiento sea irrelevante, si es que lo que se pretendía decir es que:

Hay un consenso entre los expertos en la necesidad de renovar la(s) red(es) de telecomunicaciones fijas.

Quizá, o quizá no. Porque quizá los propietarios de la red de cable dirían que la suya no lo necesita tanto. En cualquier caso, puestos a defender una inversión de miles de millones, la opinión de un (pequeño) colectivo de expertos, especialmente si resultara que lo lideraran los profesionales a los que contrataría quien invirtiera esa cantidad, no es exactamente lo mismo que un consenso social.

Para acabar y que no queden dudas. Mi opinión es qué sí es en efecto necesario renovar las redes de telecomunicaciones fijas. Pero también que no hay ni mucho menos un consenso sobre la prioridad, los plazos, el alcance y la forma de llevar a cabo esa renovación.

Suficiente por hoy. Continuará.

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Ideología de las infraestructuras (1)

De vuelta a la cuestión planteada en el ‘post’ anterior, sobre la ideología subyacente a determinadas aseveraciones sobre las infraestructuras de telecomunicaciones, que se presentan como objetivas o neutrales, pero que no lo son (Como tampoco es objetivo este espacio, ni lo pretende).

Desde un punto de vista puramente formal, la aseveración que nos ocupa podría descomponerse para su análisis en fragmentos como los siguientes (hemos puesto en cursivas las que consideramos palabras clave, y en formato indentado las cuestiones en las que proponemos profundizar en entregas sucesivas):

(1) Entendiendo que hay consenso

¿En qué ámbitos? ¿Entre qué colectivos?

(2) en la necesidad de renovar la red de telecomunicaciones fijas

¿Cuál es la red a la que se hace referencia? Hay más de una red de telecomunicaciones fijas.

¿Cuál es la necesidad de renovar? ¿Con qué criterios? ¿Con qué objetivos?

Una red tiene varios componentes (acceso, troncal, infraestructura física, electrónica, sistemas de gestión, etc.). ¿Cuál o cualés son los elementos a renovar?

(3) creemos que hay que corregir el proceso de liberalización

¿Cuál es la valoración desde la que se deduce la conveniencia de corregir? ¿Con qué objetivos?

(4) para garantizar esta renovación […]

¿Cómo se argumenta que corregir la liberalización garantice la renovación de la(s) red(es)?

¿No se han renovado la(s) red(es) incluso dentro del marco de liberalización actual?

(5) El debate (Ver (1)) se centra en determinar cuáles son las decisiones que hay que tomar para conseguir este objetivo […]

¿Qué objetivo? Si es el de renovación, ¿con qué criterios? ¿en qué plazos?

(6) Disponer o no de infraestructuras avanzadas

Avanzadas, ¿con respecto a qué?

(7) sitúa al territorio en posiciones diferentes en el entorno de competencia entre regiones en que nos movemos,

¿Hay datos empíricos que justifiquen esa aseveración? ¿Al respecto de qué infraestructuras?

(8) del mismo modo que sucede con otras infraestructuras.

Las situaciones y los argumentarios en boga al respecto de las infraestructuras de transporte en Cataluña, ¿pueden trasladarse «del mismo modo» a las de telecomunicaciones? ¿Tienen las mismas connotaciones?

(9) Hace falta pues un liderazgo político

¿Por qué político? ¿Sólo político? ¿Por qué no empresarial?

(10) que sin distorsionar el marco de competencia

¿Qué marco de competencia? ¿El actual? ¿El establecido por el proceso de liberalización que se propone revisar (3))?

(11) establezca como prioridad la implantación de

¿Prioridad frente a qué? ¿Frente a otras medidas para el impulso de la economía?¿De la sociedad de la información?

(12)  nuevas redes.

¿Renovar la red (2) para implantar nuevaS redes? ¿O sólo una nueva red? ¿Qué elementos de red?

Mucha tela que cortar. Seguirá en una próxima entrega.

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Un (nuevo) marco mental para las infraestructuras

El último número de la revista del Colegio de Ingenieros de Telecomunicación de Cataluña incluye una entrevista a un disintiguido miembro de la profesión, en la que éste hace una serie de manifestaciones que pienso no deberían pasar desapercibidas. Ni aceptarse sin ser como mínimo debatidas. Cito literalmente:

Entendiendo que hay consenso en la necesidad de renovar la red de telecomunicaciones fijas, creemos que hay que corregir el proceso de liberalización para garantizar esta renovación […] El debate se centra en determinar cuáles son las decisiones que hay que tomar para conseguir este objetivo […] Disponer o no de infraestructuras avanzadas sitúa al territorio en posiciones diferentes en el entorno de competencia entre regiones en que nos movemos, del mismo modo que sucede con otras infraestructuras. Hace falta pues un liderazgo político que sin distorsionar el marco de competencia establezca como prioridad la implantación de nuevas redes.

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Lo que me parece más destacable y potencialmente peligroso de estas opiniones es que se presentan como indiscutibles aseveraciones que son inequívocamente de carácter ideológico, entendiendo ideología en el sentido que le daba Louis Dumont,

«Llamo ideología al conjunto de ideas y valores comunes en una sociedad»

«Los elementos de base de una ideología permanecen casi siempre implícitos»

Como en todos los sistemas de razonamiento, si las premisas de partida, en este caso la ideología subyacente, resultan no ser adecuadas, las consecuencias que de ellas se deriven no serán válidas. La dificultad es que debatir o rebatir las conclusiones exige desvelar, debatir y rebatir primero los presupuestos ideológicos, algo que es precisamente lo que en muchos casos se pretende evitar. Y que nunca es tarea fácil porque, como enseñan los manuales de negociación, los verdaderos principios son innegociables.

Cuando, además, las manifestaciones ideológicas se utilizan, como en esta ocasión, para reclamar una actuación política en una determinada dirección (excluyendo otras), el peligro, y por tanto la urgencia del debate de fondo, es mayor.

Intentaré, por tanto, desbrozar en ‘post’ sucesivos más a fondo esta cuestión. Stay tuned.

P.S. Recuerdo, de mis años de estudiante en MIT, haber escuchado en directo a Noam Chomsky comentar lo sesgado del debate aparemente sanguinario entre ‘halcones’ (que defendían usar armas nucleares en Vietnam) y ‘palomas’ (que sostenían que el napalm era suficiente). Un debate que no ponía en tela de juicio la cuestión de fondo, que era el derecho (o no) de EEUU de intervenir en Vietnam. Sé que es un ejemplo extremo, pero espero que sirva para explicar mejor mis intenciones.

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¿Qué I+D+i queremos (o/y necesitamos)?

Hace no muchas fechas la Generalitat presentó el proyecto de elaboración del Pacto Nacional para la Investigación y la Innovación. Según la (escueta) nota que difundió la noticia, el primer paso parece ser que la constitución de un comité de expertos (sin más detalles conocidos) que elaborará el informe de bases del Pacto.

Como parece esperable que transcurra un cierto lapso de tiempo hasta que el Pacto se materialice, y sin pretender suplantar el trabajo de los expertos, propongo que compartamos algunas reflexiones.

Como imagino que el Comité del Pacto no interaccionará demasiado con el recién creado International Advisory Board (ver ‘post anterior‘), dado que reportan a consejerías diferentes, empezaría por reproducir el comentario de uno de los expertos de éste último, que pienso que también se aplica a la investigación y la innovación:

Lo más importante para Cataluña es que decida qué quiere ser […] A menos que Cataluña decida en qué quiere destacar, nunca llegará muy lejos.

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Porque también hay direcciones y encrucijadas en lo referente a orientar la innovación y la investigación. Un informe reciente de una consultora (no académica) distinguía cuatro roles diferenciados en las redes globales de innovación, con la advertencia de que casi ningún país desarrollado podía aspirar a desarrollar más de uno:

  • Los inventores son fuertes académicamente e invierten mucho en I+D.
  • Los transformadores destacan en actividades de producción e invierten en TIC.
  • Los financiadores invierten en innovación, y se distinguen por tener fondos para invertir
  • Los brokers relacionan a innovadores con innovadores e invierten en las consecuencias de la innovación.

¿Cuál elegirán para Cataluña? ¿Cuál eligiríamos para Cataluña? ¿Cuál eligiría Cataluña?

El informe en cuestión tiene más recomendaciones jugosas:

El defecto mayor en muchos programas de innovación es que consideran las naciones como sistemas cerrados, como si las naciones tuvieran que reunir todas las capacidades de innovación. Esto no sólo no es posible, sino que ni siquiera es deseable.

Hay que escoger, por tanto. Pero estoy seguro de que ésto ya lo tienen presente tanto los expertos que elaboran las bases del pacto como los políticos que dirigen el pacto y eventualmente lo negociarán. Tranquilos, pues.

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Una imagen de futuro (que incorpore las TIC)

En ocasión de la creación por parte de la Generalitat de un International Advisory Board que tiene como objetivo «ayudar a pensar Cataluña desde el mundo y el mundo desde Cataluña«, uno de los expertos convocados manifestaba que:

«Lo más importante para Cataluña es que decida qué quiere ser. ¿Un centro de turismo? ¿Un polo de negocios? ¿Un puntual de biomedicina? A menos que Cataluña decida en qué quiere destacar, nunca llegará muy lejos. Sólo entonces podrá trabajar para construir su marca en el mundo».

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Me pregunto:

  • ¿Cuál habría sido la reacción si estas manifestaciones, en lugar de provenir de un profesor de la Wharton School, se hubieran formulado durante el debate de política general en el Parlament de Cataluña por un representante de uno de los partidos del Govern? ¿O de la oposición?
  • ¿Podríamos considerar que la afirmación del experto podría referirse igualmente a «qué quiere ser Cataluña como sociedad de la información«.

Algunas reservas:

  • Ninguno de los expertos nacionales o internacionales que se incorporan al IAB está encuadrado en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), ni parece tener entre sus especialidades la cuestión de las TIC como herramienta de progreso económico. ¿Tratarán o no esa faceta del futuro de Cataluña?
  • Los representantes del mundo empresarial español en el IAB trabajan en el sector financiero o en lo que se denomina la «economía tradicional«. Confiamos en que eso no sea óbice para que se aborde a fondo la cuestión del futuro de Cataluña como «economía del conocimiento«?

De todos modos, y para que no haya dudas, quede claro que la creación del IAB me parece una magnífica iniciativa. Siempre, claro está, que sea sólo una entre otras «ayudas para pensar Cataluña«. Es decir, que se complemente con todas las iniciativas adicionales que harán falta, que hacen falta, para completar el objetivo de definir mejor el «mapa mental» de la Cataluña del futuro. En general. Y también traducido a la cuestión de las TIC y la sociedad de la información.

Amén.

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Metamorfosis del trabajo (y sociedad de la información)

andre-gorz.jpgLa prensa de estos días ha traído noticia del fallecimiento de André Gorz, un sociólogo que hizo muchas y valiosas contribuciones al análisis del rol del trabajo y del cambio del rol del trabajo en las sociedades modernas.Uno de mis favoritos entre sus libros («Metamorfosis del trabajo«) empieza recordando que

Lo que nosotros llamamos ‘trabajo’ es una invención de la modernidad.

O sea, una invención que puede ser reinventada en un cambio de época. Que, de hecho, tendrá probablemente que ser reinventada si la modernidad estuviera en crisis. Y lo está. Que necesitará ser reinventada a medida que avance lo que llamamos «sociedad de la información».

Si traigo a Gorz a colación, aparte de por honrar su memoria y por respeto a su obra, es por su envite a superar el concepto de trabajo heredado de la sociedad industrial, el mismo subyacente a la ética weberiana que comentaba en mi ‘post’ anterior.

La sociedad de ‘trabajo’ está caduca: el trabajo no puede servir ya de fundamento para la integración social.

Aparte de añadir que Gorz era un pensador alineado sin reservas con lo que se denominaba «la izquierda», que cada cual saque sus propias conclusiones.

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La Etica XYZ y el Espíritu de ABCD

Dos comentarios breves sobre el reciente discurso del President de la Generalitat sobre la orientación de política general en el Parlament de Cataluña.

Ni la producción ni la utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (las TIC) aparecen citadas, en los 27 folios en los que se repasa presente y futuro de la acción del Govern. (Una excepción notable es en las dotaciones para las escuelas públicas, aunque queda la duda de si los sistemas y los contenidos pedagógicos evolucionan al mismo ritmo que las dotaciones tecnológicas). Sí se hace, en cambio, referencia a la electricidad, a la biotecnología y, desde luego, a las infraestructuras de transporte físico.

Un dato no por esperado menos significativo. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

En la misma tónica de referencia directa o indirecta a la cuestión de las tecnologías y la sociedad de la información, me ha parecido especialmente interesante la última parte del discurso, desarrollada bajo el epígrafe «Una idea de la Catalunya futura».

Entre varios otros atributos de esa idea, me ha llamado la atención la mención del President al ideal de:

La Catalunya del treball, de l’esforç i del mèrit. Coherents amb la nostra millor tradició que ha fet del treball el principal vehicle d’integració social.

la-base.jpg

Una línea argumental con resonancias de la obra clásica de Max Weber «La ética protestante y el espíritu del capitalismo«.

Podría ser de un interés no sólo académico indagar sobre los mecanismos o mapas mentales que hagan que esta herencia protestante y capitalista aparezca precisamente en el discurso del President. Ahí queda el reto.

Lo que yo quería resaltar es el contraste con otro manifiesto ético, «La ética hacker y el espíritu de la sociedad de la información«, del filósofo finlandés Pekka Himanen. La lista de valores de la ética hacker, la encabezan conceptos como la pasión y la creatividad; además, por supuesto, de la adopción de la praxis de la red.

Quizá la ética del hacker es demasiado finlandesa. Aunque, por otra parte, no falten quienes aboguen (sin demasiado rigor, creo yo) por que Cataluña aspire a convertirse en la Finlandia del Mediterráneo.

Pienso que en los tiempos que corren la ética protestante puede estar algo passé. Admitiré también que la ética hacker pueda resultar algo radical en nuestras coordenadas. Pero entonces,

¿Cómo rellenaríamos los huecos del título de este ‘post’ para construir una Cataluña referente en la sociedad de la información y el conocimiento?

P.S. La foto, que tiene la vaga pretensión de ser alegórica, es del empedrado del barrio antiguo de Zurich. Una buena base, seguramente, pero sin ninguna orientación de futuro.

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