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Internet y el futuro de la prensa: ¿Por quién apostar?

Tratando de las dificultades de la prensa tradicional para adaptarse a la emergencia de Internet, el chairman de un comité del Senado de los EEUU abría así su intervención en una sesión reciente:

«Durante los últimos seis meses, la tirada de los diarios ha caído un 7%. Durante el último año, las compañías de ‘media´han recortado 41.000 puestos de trabajo […] Podemos dar por hecho que el modelo que noticias que nos ha servido tan bien en el pasado está en crisis. El futuro del periodismo es digital».

Ante este nuevo ejemplo del fenómeno de ‘destrucción creativa‘ los habituales ‘ilustrados-TIC‘, siempre dispuestos a apuntarse primero al lado destructivo, se precipitan a augurar el final de la prensa:

«Es domingo, ¿has salido ya a comprar el periódico? Si lo has hecho ya o estabas pensando hacerlo, que sepas que formas parte de una especie en extinción […] Los lectores no quieren ya noticias filtradas por una línea editorial determinada, con una agenda política establecida y una participación prácticamente nula».

blog_090810Como las alternativas propuestas por Google y similares me resultan también sospechosas, me parece positivo que haya gente dispuesta a jugarse los cuartos contra ‘ilustrados-TIC‘ y apóstoles del ‘free’ en Internet. Dejo apuntadas en mi tablero dos noticias:

Sospecho que, como en muchas otras cuestiones relacionadas con lo digital, el futuro no es una cuestión de «O» (‘o’ esto ‘o’ lo otro), sino de «Y» (o así lo espero, porque lo último que quisiera es que me forzaran a imprimirme mi periódico en mi impresora).

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Ser más inteligentes … incluso que la crisis … y sus causantes

blog_090331bUn muy interesante y oportuno artículo del filósofo Daniel Innerarity en El País. Copio el principio, para no olvidarlo, en mi pizarra.

blog_090331Se refiere explícitamente a la crisis financiera, pero su reflexión podría ampliarse a muchos otros efectos colaterales del trinomio «Información, Tecnología y Sociedad» (como la gobernanza democrática, los esquemas de propiedad intelectual, por citar sólo dos ejemplos).

Innerarity argumenta, a mi entender correctamente, que «la innovación financiera está siempre al menos un paso por delante de la reglamentación». Y lo estará siempre, porque los innovadores financieros son y serán como mínimo tan inteligentes como los reglamentadores.

Tiene sentido pedir a la innovación financiera que se autolimite. Pero ello requeriría un cambio en la moralidad de lo financiero: volver a poner la economía y las finanzas al servicio de la sociedad y no al revés. Podemos pedir lo imposible, pero sin confiar que se consiga mañana.

Sin confiar, sobre todo, en que el mismo sistema y los mismos administradores del sistema que han generado los problemas tengan la intención de resolverlos de verdad. Sin confiar tampoco en que fueran capaces de hacerlo, en el supuesto de que se lo plantearan.

Entiendo que lo que Innerarity está haciendo es apelar a la inteligencia colectiva y a la organización pragmática de esa inteligencia. Pedir éso está en la esfera del ‘Humanismo.com‘. Conseguirlo exigirá algo más que filosofía; algo que provisionalmente denominaría como ‘ingeniería social‘. Entendida como la disciplina que ayude a conseguir que suceda aquello que se considera deseable que suceda. Algo a lo que con toda seguridad puede contribuir un uso inteligente de las TIC.

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Problemas, teorías, ideologías, instituciones

blog_090301bPersistiendo en mi empeño por entender la situación económica, encuentro un artículo en la sección Negocios de El País, bajo el titular que reproduzco, que empieza considerando que:

«El estallido hace un año y medio de la crisis crediticia puso sobre la mesa cuestiones que de tan poco debatidas en los últimos años están ya casi olvidadas […] La más repetida es ésta: ¿se ha topado el sistema con sus propios límites? […] ¿Se ha topado el sistema con un límite a la generación de riqueza, o sólo con una limitación a la tasa acelerada en que venía creándola?».

Interesante. Porque parece que la magnitud de la crisis justificaría una revisión crítica de algunos fundamentos del sistema:

«Son sempiternas preguntas que en otros tiempos dieron lugar a encendidos debates. Quizá estén a punto de volver; las preguntas y los debates […] Ya en el siglo XIX dieron origen a disputas escolásticas virulentísimas entre las diversas corrientes de la economía política […] Al final se trata, una vez más, de cómo buscar el equilibrio entre producción, consumo, ahorro, inversión, costes laborales, población».

He repasado en mi biblioteca la crítica de Karl Polanyi, un clásico de la economía política, a la creencia ‘a priori‘ en la existencia de que los mercados son capaces de autorregularse, considerando el exceso de fe en esta creencia como origen último de muchas tensiones sociales y políticas. Una crítica fundamental que emerge también en la opinión de algunos expertos comtemporáneos.

El articulista de El País parece coincidir en esta apreciación:

«La infelicidad que provoca la situación actual hubiera sido en otro tiempo el semillero de grandes teorizaciones. Que esta vez se están haciendo esperar«.

Peter Drucker escribió que lo que definirá a la sociedad del futuro no son las nuevas tecnologías, sino nuevos problemas, teorías, ideologías e instituciones. ¿De cuántas de estas novedades precisará la economía de la sociedad del conocimiento? ¿Cuánto habremos de esperar?

P.S. Cualquier ayuda para orientarme en estas cuestiones será bienvenida.

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Diferentes visiones de la complejidad

david-jou-081204David Jou, Catedrático de Física de la Materia Condensada en la UAB, compañero de estudios en mi época de físico y poeta de cierto renombre en lengua catalana, aparece entrevistado en La Contra de La Vanguardia afirmando que:

«Es más complicado nuestro cerebro que todo el cosmos. En nuestro cerebro hay unos 100.000 millones de neuronas y en el universo conocemos 100.000 millones de galaxias, pero interaccionan de una sola manera; en cambio, las neuronas lo hacen de miles de maneras«.

Lo me suscita el recuerdo de un artículo de Kevin Kelly, fundador en su momento de la influyente revista Wired, en el que propone como hipótesis que:

«La adición rápidamente creciente de todos los artefactos computacionales conectados ‘online’ en el mundo, conexiones inalámbricas incluidas, forma un superorganismo de computación con sus propios comportamientos emergentes«.

kevin_kellyEl conjunto de ordenadores conectados sería el primer nivel de este superorganismo, que según Kevin Kelly evolucionaría progresivamente hacia estadios siguientes, que incluyen: (2) Un superorganismo autónomo; (3) Un superorganismo autónomo inteligente; (4) Un superorganismo autónomo consciente. Su valoración es que se estaría actualmente evolucionando en el estadio (3).

Una reflexión arriesgada, porque la definición de los términos ‘inteligencia‘ o ‘conciencia‘ es debatible y debatida. Y también porque, suponiendo que las hipótesis de Mr. Kelly fueran acertadas, no tenemos un ‘marco mental‘ apropiado para valorar esa forma de realidad emergente.

No deja de ser curioso, en cualquier caso, que la palabra ‘Internet‘ no aparezca en «Reescribiendo el Génesis«, el último libro de David Jou. Que avisa en su entrevista que la materia viva creada en esa historia inicial del universo que describe la nueva cosmología, «tardó 4.000 millones de años en llegar a ser inteligente«. Lo que puede significar que esa evolución que según Mr. Kelly se está iniciando podría tardar un tiempo en consolidarse.  O no.

No tengo una conclusión ni me atrevería a pedirla. Me quedo con la idea de que quizá convendría desarrollar un Humanismo.com que nos ayudara a pensar sobre estas realidades emergentes, y eventualmente a actuar conscientemente sobre ellas.

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¿Y si tratáramos el exceso de información como polución?

La contrapartida del defecto de atención al que me refería en mi entrada anterior es el aumento exponencial de la cantidad de información disponible en formato digital. Según un informe de IDC, la dimensión del universo digital en 2007 se estimaba en 281 exabytes (281.000 millones de gigabytes o 281.000.000 millones de megabytes). La previsión para 2011 es que alcance los 1.800 exabytes, con un crecimiento anual acumulado del orden del 60%.

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Hay varios argumentos para considerar desproporcionada esta explosión de datos digitales. De entrada, parece que el volumen de información crece más rápidamente que la capacidad para almacenarla. Se prevé en consecuencia que en 2011 casi la mitad del universo digital no tenga un soporte permanente.

Convertir los exabytes a unidades humanas proporciona otra indicación de la desmesura. La información almacenada en 2008 equivaldría aproximadamente a 450.000 millones de DVDs o 9.000.000 millones de libros.

¿Qué hacer al respecto? La respuesta, como de costumbre, depende del ‘marco mental‘ desde el que se aborde la cuestión. Los investigadores de las TIC y del ciberespacio ven este desbordamiento como un reto para diseñar y construir herramientas tecnológicas que permitan gestionarlo, ordenarlo y hacer búsquedas eficaces. Proponen por tanto, aplicar más tecnologías para solventar problemas generados por las propias tecnologías.

Pero, ¿es obligado dar esta explosión de información por buena e inevitable? Se me ocurre, incluso como ejercicio mental, que quizá tendría sentido valorar ‘marcos mentales‘ alternativos, como los que de hecho se ensayan en otros contextos.

  • Un cáncer, por ejemplo, se ha de erradicar porque es un crecimiento descontrolado de células que escapan al control del sistema inmune.
  • Los enfoques sostenibles para abordar los problemas derivados de la contaminación atmósferica o del exceso de residuos se orientan a conseguir producir menos CO2 y menos basura.

Me excuso por lo radical de las analogías, que pueden o no ser las más adecuadas para la cuestión que nos ocupa. Pero a mí me hacen pensar sobre cómo pensamos acerca de las TIC y la sociedad, y por éso las expongo.

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¿Exceso de información, defecto de conocimiento?

Uno de los suplementos de fin de semana de La Vanguardia (disponible on-line) se inquieta porque:

«La era de la información puede convertirse en la era del naufragio del conocimiento. A no ser que aprendamos a navegar en ese océano, y rápido, porque la marea sigue subiendo«.

Una cuestión planteada desde hace tiempo. Pero no resuelta del todo, porque es mucho más difícil definir y medir el conocimiento que la información. Y porque, en cualquier caso, es más evidente la capacidad de los ordenadores para ayudarnos con la información que con el conocimiento.

Por si alguien duda de esa última afirmación, dejo en el aire una pregunta:

¿Nos ayudan Internet y las TIC a conocernos a nosotros mismos?

Yo pienso que no, pero quizá tampoco tendríamos que exigirles tanto. Sin embargo, me preocupa que, en mi experiencia personal, Internet y las TIC nos proporcionan múltiples tentaciones para evitar el esfuerzo de conocernos a nosotros mismos. De hecho, muchas mas tentaciones para dispersar nuestra atención que para concentrarla.

Lo cual no es una descalificación ni un juicio de valor. Simplemente, se trata de herramientas que nos hacen más fáciles algunas cosas (las más prácticas e inmediatas) y otras más difíciles. Así es la vida.

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Marcos mentales (5): El conocimiento en la política

La edición del Viernes 29/2/2008 de El País tiene dos piezas independientes y complementarias.

De una parte, Enrique Vila-Matas desarrolla, debajo del titular «¿Qué hacer?«, un argumento sobre la decreciente o nula influencia de los intelectuales en la política:

«Personas de gran exigencia intelectual y potentísima inteligencia son hoy plenamente conscientes de que su destino en la vida -explicar lo que han entendido y que los otros no comprenden o no quieren ver- no sirve para nada porque a los otros ni les incumbe ni lo comprenden ni lo quieren saber«.

En otra sección del mismo diario, el titular «Políticos al borde del suspenso» encabeza un reportaje a dos páginas sobre la (falta de) formación de nuestros políticos. Con cuestiones como:

«Una sociedad en continuo movimiento plantea retos cada vez mayores derivados de cuestiones como el vertiginoso avance de las tecnologías, el mundo virtual, los avances científicos o el incremento de las migraciones. Todo ello hace que el ejercicio de la política requiera tener una visión cada vez más global de la sociedad. Con independencia del nivel de preparación inicial que tengan, ¿están los políticos adecuadamente formados para liderar esta sociedad?«

plato.jpgSegún la articulista, la respuesta de los expertos es un rotundo NO.

Poniendo juntas las dos piezas, la conclusión de primer nivel sería:

  • El conocimiento sirve poco para influir en política
  • A los políticos parece no importarles mucho el conocimiento, posiblemente porque consideran que les serviría de poco.

Lo cual, en plena transición hacia la sociedad de la información y el conocimiento no deja de ser una flagrante paradoja.

Para acabar con propuestas en positivo.

¿Por qué no pedir que, al igual que se hace en muchas empresas, los políticos con cargo público publiquen en su página web un perfil personal de conocimiento: Formación inicial, Formación continuada, Capacidades para la función que desempeñan, Habilidades, etc.?

En la misma tónica, ¿por qué no someter a unos cuantos líderes políticos a una «evaluación de 360 grados«, darles los resultados, enviarlos a sus jefes (o sea, a nosotros) y enviarles un «coach» para que les asesore sobre un plan de mejora (esa última parte, confidencial y en privado).

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