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Smart Citizens? No es éso, no es éso.

No smart citizen 2Hoy me ha interesado

… esta muestra de deformación del lenguaje por parte de algún apasionado de la tecnología. Promociona con la marca smart citizen un artefacto, no un ciudadano. Sugiriendo también que su smart citizen kit convierte a un ciudadano en ‘smart‘; no me convence. Como tampoco que la plataforma que publicita sea un instrumento para que los ciudadanos produzcan la ciudad. Como si la ciudad fuera un producto. Creo que conceptos divergentes acerca del ideal ciudad, de ciudadano, de ‘smart’ y probablemente de inteligencia.

Como anécdota, lo más probable es que ésta sea irrelevante. El riesgo, sin embargo, es que algunos ilustrados-TIC, y luego algún político poco reflexivo, adopte el lenguaje y a través de él el mensaje que subyace, deformando así la que debería ser la figura del ciudadano inteligente.

Ya está sucediendo con el concepto de ‘smart city‘. El primer equívoco, como comentaba en una entrada anterior, es confundir smart con inteligente,  degradando el concepto humanista de inteligencia. El segundo es calificar como ‘smart’ una ciudad automatizada, incrustada de artefactos, en vez de poner el énfasis en una ciudad que albergue comportamientos inteligentes por parte de ciudadanos y organizaciones, con independencia de que estén más o menos apoyados por una infraestructura tecnológica. Sabemos bien que dotar a alguien de un smartphone no le convierte en el acto en inteligente. Que tampoco garantiza que adopte comportamientos más inteligentes. Algo análogo, imagino, podría decirse del ciudadano de una ciudad ‘smart’.

Georges Lakoff incitaba a los demócratas, en otro contexto, a conocer nuestros valores y enmarcar el debate. En lo referente a las  smart cities, es posible que la industria TIC se haya adelantado en enmarcar la cuestión, soslayando un debate real sobre los valores de una ciudad inteligente. Quizá sea tarde para poner las cosas en su sitio. No deberíamos dejar que sucediera lo mismo al respecto del smart citizen ni del ciudadano inteligente.

Porque perderíamos las posibilidades que todavía nos quedan de debatir y decidir cómo es la ciudad en la que escogemos vivir.

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Sobre inteligencia y tecnología

marinaHoy me ha interesado

… volver sobre el asunto de la inteligencia y las TIC que abordaba en una entrada reciente.

El asunto de la inteligencia es escurridizo. Los expertos explican que hay varios tipos de inteligencia, más o menos independientes entre sí. También que cada persona es inteligente a su manera. Según cuenta Ken Robinson, la inteligencia de cada uno es tan particular como sus  huellas digitales (las huellas analógicas de sus dedos,  para ser preciso).

La pregunta apropiada no es pues “¿Qué tan inteligente es una persona (o una máquina)?“, sino “¿De qué modo es inteligente esa persona (o quizá esa máquina)?“.

Para mí, lo característico de la inteligencia (humana) es la capacidad de sorprender. De crear. De no repetirse. Al hilo de ello, he recuperado mi vieja copia de la “Teoría de la inteligencia creadora” de José Antonio Marina. De entre lo subrayado hace años entresaco:

La característica esencial de la inteligencia humana es la invención y promulgación de fines.” (pág, 17)
Lo que caracteriza a la mirada inteligente es que dirige su actividad mediante proyectos.” (pág. 34)

No se me ocurre preguntar a mi iPhone (un teléfono supuestamente inteligente) por sus proyectos. No esperaría respuesta. Imagino que tampoco se inventará objetivos.

Con todo, la yuxtaposición de una persona, que en principio podemos suponer inteligente, con un ‘smartphone’ puede producir resultados sorprendentes. Por ejemplo, según un informe reciente (.pdf)  el usuario típico (norteamericano) de un ‘smartphone’ consulta Facebook 14 veces al día. ¿Calificaríamos este comportamiento como inteligente?

Creo que no. Me tienta, sin embargo, especular con que quizá el propiciar ese comportamiento fuera uno de los fines perseguidos por la maquinaria industrial que pone smartphones y Facebook en manos de los usuarios. No sabría cómo verificarlo. Pero, aplicando la cita de Marina y tomando en cuenta la cantidad de gente inteligente que trabaja para Apple, Google, Facebook y similares, tampoco me resulta inverosímil.

Casualmente, o quizá no, ya incluso antes de Internet, Langdon Winner observó que “La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Tema este último para una próxima entrada.

Saludos cordiales.

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SMART no es lo mismo que inteligente

SMARTHoy me ha interesado

reflexionar acerca de la traducción de ‘smart’ por ‘inteligente‘, habitual en la prensa tecnológica y entre los ilustrados-TIC.

Constato, para empezar, que en las versiones online de los diccionarios de Oxford y Collins (supongo que no sólo en esos dos), ‘smart‘ no es sinónimo de inteligente. Como adjetivo, es equivalente a (Oxford)

(of a person) clean, tidy, and well dressed:you look very smart
(of clothes) attractively neat and stylish:a smart blue skirt
(of an object) bright and fresh in appearance:a smart green van
(of a place) fashionable and upmarket:a smart restaurant

Me encaja. Cuando para una fiesta o una reunión indican que el ‘dress code‘ es ‘smart casual‘ no están pidiendo que lleves ropa informal e inteligente.

En la misma línea, estaría de acuerdo en que un ‘smartphone‘ es un teléfono con todas las cualidades que el Oxford atribuye al calificativo ‘smart‘. Pero que no es inteligente, porque sólo es capaz de hacer aquello para lo que está programado. No tiene la capacidad de sorprender. Es útil, por supuesto, pero aburrido.

Aún más en la misma línea, me atrevería a aventurar que ninguno de los ‘smart watches‘ que según parece preparan (por lo menos) Apple, Google y Samsung será inteligente. De hecho, si los pronósticos sobre su apariencia son acertados, creo que serán incluso menos ‘smart’ (en el sentido Oxford) que los IWC o Longines que atesoro.

En el fondo, lo que me preocupa de este asunto es que a fuerza de atribuir inteligencia a lo que como mucho es sólo ‘smart’ se esté socavando la esencia de la propia inteligencia. Más preocupante aún me resulta la intuición, apuntada por autores como Jaron Lanier o Fred Turner, de que la promoción de este equívoco no sea casual, sino la manifestación de una estrategia (nada casual ni desinteresada) de presentar a las (capacidades de las) personas como obsoletas para que así los ordenadores parezcan más avanzados.

Porque, como comentaba en una entrada anterior,  la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se impregnan de ideología. En concreto, resulta cada vez más evidente que los ciberlibertarios que más proclaman las virtudes liberadoras de la tecnología están más próximos a la ideología del neocapitalismo asocial que a lo que en un tiempo fueron posiciones de izquierda.

Cito de una obra reciente:

A pesar de la retórica revolucionaria y transformacional que rodea el desarrollo de las infraestructuras de información en red, en la práctica es tan probable que refuercen como que desestabilicen el orden instituciones existente”.

Será cuestión de andarse con cuidado.

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