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¿Hay soluciones biográficas a las contradicciones del sistema?

Un artículo en el Washington Post explica historias de profesionales en paro a los que les cuesta asumir su situación. Ante su entorno social, e incluso ante su familia. En algunas localidades se han organizado grupos de soporte, como ‘Parados Anónimos‘ para ayudarles a salir de esa situación. Richard Sennett describe estas situaciones en su muy recomendable “La corrosión del carácter“.

Hace unos días, un artículo en El País promocionaba a un consultor de recursos humanos que esgrimía como eslógan: “Cualquiera puede crear su propia profesión“. Potencialmente cierto, pero también engañoso. Porque, como bien apunta el subtítulo del libro de Sennet (‘Las consecuencias personales del trabajo en el nuevo capitalismo’), someterse a la disciplina de trabajar en una gran organización durante 15 o 20 años más bien anula que estimula las habilidades creativas necesarias para conocerse a uno mismo, visionar un nuevo proyecto y desarrollarlo.  Por lo menos desde mi experiencia.

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Se admiten sugerencias

Por último, en una entrevista en  La Contra de La Vanguardia, el sociólogo Robert Castel escribe, más bien en la línea del Washington Post: “La gente en paro está degradada, no puede conducir su vida con un mínimo de independencia“. (El consultor de El País diría probablemente que sí que podrían, siempre que le contraten).

Zigmunt Bauman ha descrito la dificultad inherente a la obligación de  ‘encontrar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema”. Quizá la respuesta de Robert Castel es que “Debemos inventar nuevas formas de intervención”, que tendrían que trascender lo individual, para “construir una sociedad verdaderamente humana en la que exista un mínimo de solidaridad y justicia“.

Será cuestión de ponerse a ello. Dejo en mi pizarra apuntes para reflexionar.

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Me han pre-jubilado

La empresa en la que llevaba trece años trabajando me ha prejubilado. Comprometiéndose a abonarme durante un tiempo una cierta cantidad de dinero sin exigirme a cambio que trabaje; y dejándome además una casi total libertad de ocuparme en lo que más me  apetezca.

Según me escribe un colega inglés, al personal al que se aplican estas medidas se le califica allí como ‘redundant‘ . Que sugiere una interpretación del estilo: ‘No sólo podremos espabilarnos sin su colaboración, sino que incluso nos sobrará un dinero, del cual le transferiremos una parte‘.

sennettA los de mi generación se nos educó, o se intentó educarnos, para sobrevivir en una sociedad de productores. En la que a una persona se le considera adecuada en la medida en que la que produce o es capaz de producir algo que se considera útil, necesario o conveniente. Me dijeron, al comunicarme la noticia, que no debería tomármelo como algo personal; que se trata de una política de empresa que se aplica a (casi todos) los empleados que superan una cierta edad. Así y todo, sentirse ‘redundant‘ no resulta precisamente halagador: Richard Sennett ha escrito espléndidamente sobre la experiencia.

blog_090105También Rafael Argullol se despachaba no hace mucho en El País en contra de la práctica de prejubilar por razón de edad. Suscribo en buena medida sus reflexiones. Pero encuentro que algo les falta.

Mi empresa puede considerarme ‘redundant‘, pero yo no me considero inútil (todavía). Me enfrenta, eso sí, la a responsabilidad de decidir por mí mismo cómo ser lo más útil posible y en qué sentido. Una responsabilidad que la disciplina de una gran empresa hace a menudo fácil eludir. Y que tiene dos caras. De una parte, la dificultad de ‘encontrar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema‘ (Bauman dixit). De otra, la inspiración de estas palabras, que se atribuyen a Goethe:

“Concerning all acts of initiative (and creation) there is one elementary truth, the ignorance of which kills countless ideas and splendid plans: that the moment one definitely commits oneself, then providence moves too ..

Whatever you can do, or dream you can, begin it. Boldness has genius, power, and magic in it”.

A ello me pongo. Entre los intereses que mantengo está el de la reflexión sobre las cuestiones de “Información, Tecnología y Sociedad” que inspiran este blog y que pretendo continuar durante 2009. Desde que lo empecé nunca me ha hecho falta añadir a mi identidad la de la empresa en la que trabajaba. Así y todo, no tratándose de un secreto para nadie, entendería como lógico que algunos lectores aplicaran un cierto filtro  a lo que leyeran; yo mismo me sentía obligado a imponerme una cierta dosis de autocensura. Ya no.

Confío en que nos mantengamos en contacto. Feliz 2009!!!

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