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Democracia à la Uber

150416 Blog
Según publica el Washington Post, los legisladores de Kansas debatieron (y finalmente aprobaron) una reglamentación sobre Uber, a la que la empresa se oponía.
Como reacción y medida de presión, Uber puso en marcha una campaña, respaldada por una aplicación informática, que tuvo como resultado un alud de emails dirigidos simultáneamente a 165 representantes políticos del Estado.
  • El mensaje de Uber: El legislativo del Estado de Kansas aprueba “una ley que destruirá miles de puestos de trabajo en Kansas al imposibilitar que Uber continue operando aquí.”
  • La interpretación del WPKansas  no es un gran mercado para Uber. Ello lo cualifica como un escenario de pruebas ideal para probar hasta qué punto las tácticas de juego duro pueden tener influencia en los legisladores y sus políticas.
 
  • Mi diagnóstico: Uber, al igual que otros adalides (no todos) de la innovación disruptiva y/o exponencial, apuesta a que podrá desbordar por la banda a legisladores y reguladores para imponer como ‘naturales’ o ‘signo de los tiempos’ los estados de situación que beneficien a sus negocios. Usando además la potencia de sus plataformas como para promover la ‘democracia directa’ como alternativa a la inercia, la lentitud y/o la corrupción de la democracia representativa.  

No es el único ejemplo. Habrá que estar atentos. Pero no sólo eso. Vuelvo a la cita de Pascal:
 “A falta de objetos verdaderos, se apegan a los falsos”.
Demasiado fácil, por otra parte, criticar sólo a Uber. Porque tiene la voluntad, el dinero y el apoyo para persistir. De lo que se trata, y eso es más difícil, es de hacer crecer las opciones verdaderas.
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Hablemos de langostas

Hablemos de langostasHoy me ha interesado …

… leer los siempre sorprendentes ensayos de David Foster Wallace, esta vez en “Hablemos de Langostas“.

El ensayo que da título al libro es divertido, típico del estilo del autor y recomendable, pero no el que he quisiera comentar aquí. El que me ha llamado la atención es uno dedicado a comentar (a destrozar, más bien) una biografía de la tenista Tracy Austin, la mujer más joven en ganar, a sus 17 años, el Open de EEUU.

Foster Wallace la admiraba como deportista. Pero explica haber quedado muy decepcionado por la superficialidad de la persona reflejada en su biografía (más allá de la evidente falta de talento del ‘negro’ que la escribió). Le sorprende el contraste entre la capacidad mental que requiere resistir la presión de jugar bien al tenis al máximo nivel (el autor relata haber sido de joven un aceptable jugador) y la falta de sustancia del resto de su vida.

Transcribo parte del párrafo con el que cierra el ensayo:

“Este es, para mí, el verdadero misterio: la cuestión de si una persona así es idiota o mística o ambas cosas o ninguna […] También, al empezar a abordar las diferencias de comunicabilidad entre pensar y hacer y entre hacer y ser, pueden dar la clave de por qué las autobiografías de deportistas de élite resultan al mismo tiempo tan seductoras y tan decepcionantes para los que las leemos. Como suele suceder con la verdad, hay una cruel paradoja de por medio. Es posible que los espectadores, que no gozamos de un don divino para el deporte, seamos los únicos capaces de ver, articular y animar la experiencia de este don que nos está negado. Y que aquellos que reciben y ejecutan el don de la genialidad atlética deban ser por fuerza ciegos y mudos acerca del mismo: y no porque la ceguera y el mutismo sean el precio que pagar por el don, sino porque son su esencia”.

¿Que cambia si reemplazamos atletismo por tecnología? En estos días en que leo y reflexiono sobre los efectos colaterales de las innovaciones disruptivas de Internet, fantaseo también sobre qué escribiría Foster Wallace al respecto de los geeks que las originan y promueven. Si, como sugiere que sucedía en el caso de Tracy Austin, su ceguera y/o mutismo sobre cuestiones no tecnológicas, y en especial las relativas a la filosofía, el humanismo y las cuestiones sociales, son también la esencia de su innegable talento tecnológico. No me extrañaría.

Recuerdo una sensación similar después de leer biografías como las de Bill GatesRichard Feynman o Steve Jobs. Los admiro por los resultados de su trabajo; pero no serían, particularmente para mí, referentes como personas. Intuyo que es probable que lo mismo suceda cuando aparezcan biografías sensatas de los grandes innovadores de Internet. Ojalá me equivoque.

Recuerdo, entre tanto, algunas citas de mi estimado Langdon Winner:

“La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines”.

“Apenas se introduce una nueva invención, alguien se ocupa de proclamarla la salvación de la sociedad libre”.

“Es característico de las sociedades basadas en grandes y complejos sistemas tecnológicos que las razones morales que no sean de necesidad práctica aparezcan muy obsoletas, idealistas e irrelevantes”.

“Se busca en vano entre los promotores y agitadores del campo de los ordenadores las cualidades de conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado”.

Continuará. Inevitablemente.

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Haciendo política desde la tecnología

Blog 2013.011Hoy me ha interesado …

… un frase en el blog de Enrique Dans (subrayada en el tablero), en el contexto de una reflexión acerca de la información que empresas como Google, Facebook y similares acumulan sobre sus usuarios.

La preocupación acerca de la propiedad y los usos de esos datos puede o no ser un síntoma de paranoia. Dans piensa que sí y yo que no, pero admito la discrepancia. Pero hacer, como hace Dans, una valoración distinta en función de si es una empresa o un gobierno quien tiene los datos es síntoma de que se aplican a esta cuestión criterios ideológicos. Que afectan en este caso a un asunto de políTIC@ (política relacionadas con las TIC).

Un reflejo de que, como señaló hace tiempo Langdon Winner, hay tecnologías y  artefactos que son inherentemente políticos (.pdf). Sujetos, por tanto, a diferencias políticas. Intentar imponer criterios de pensamiento único a estos asuntos tecnológicos, como hacen tan a menudo los ilustrados-TIC, es tan malsano y peligroso como hacerlo en asuntos políticos. Por contra, discrepar y polemizar limpiamente, tanto en política como en políTIC@, me parece saludable y necesario.

Dicho ésto, no puedo menos que discrepar con Enrique Dans acerca de este asunto. Firmemente, aunque sin acritud. La cuestión de la propiedad y uso de los datos personales, sea por parte de empresas privadas o de organismos públicos, es una cuestión política y debe resolverse democráticamente en los ámbitos donde se han de resolver las cuestiones políticas. Sus implicaciones van mucho más allá de la libertad de ser usuario o no de determinadas empresas (que recogen datos nuestros de todos modos).  Pienso en particular que se debería considerar que  las políticas de Open Data que se promueven (con buen sentido) para las administraciones públicas serían también aplicables a estas empresas privadas. Aún a riesgo de que se les hundiera el modelo de negocio. Porque, como ya sabemos o deberíamos saber, supeditar la política, incluso la políTIC@ a la economía y a los negocios es un mal asunto para el 99% de nosotros.

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¿Aplaudimos algo que va mal?

“No podemos seguir viviendo así […] Sin embargo, parecemos incapaces de imaginar alternativas”.
(
Tony Judt,  “Algo va mal“).

Income2Hoy me ha interesado … reflexionar sobre la gráfica adjunta, incluida en el libro de Brynholfsson que he acabado de leer y que intento digerir. Los datos muestran que en los EEUU, un país que (demasiado) a menudo tomamos como referencia:

  • Ha tenido lugar durante las últimas décadas un crecimiento continuado del PIB por cápita, lo que denota un aumento también continuado de la productividad.
  • A pesar de ello, la mediana de ingresos de los hogares ha crecido mucho menos que el PIB, y de hecho lleva prácticamente estancada unos quince años.

Su diagnóstico es claro. La riqueza generada por economía de lo digital y de la economía con lo digital se reparte muy desigualmente. El PIB medio ha crecido, porque lo ha hecho desproporcionadamente la riqueza de unos (muy) pocos. La mediana de ingresos de los hogares se estanca, porque esa riqueza generada no llega a la mayoría de los hogares.

En palabras de los autores:

  • It may seem paradoxical that faster progress can hurt wages and jobs for millions of people, but we argue that’s what’s been happening“.
  • Even as overall wealth increases, there can be, and usually will be, winners and losers. And the losers are not necessarily some small segment of the labor force […] In principle, they can be a majority or even 90% or more of the population“.

Los remedios propuestos por los autores me parecen menos convincentes que su diagnóstico, que me sugiere dos reflexiones que dejo apuntadas:

  • En el plano individual. El atractivo deslumbrante, incluso adictivo, de la oferta de servicios digitales, ¿nos está cegando acerca de sus efectos colectivos? ¿Se está permitiendo, incluso aplaudiendo, que se reproduzca, como sugieren algunos autores, el fenómeno de los ‘robber barons‘ de principios del siglo XX? ¿No se podrían plantear alternativas?
  • En el plano colectivo. ¿Es razonable, como hacen tantos ilustrados-TIC, promover sin cuestionarlas las ideas, las políTIC@s, los servicios, las prácTIC@s y las formas de pensamiento que emanan de Silicon Valley como paradigmas de modernidad y progreso? En particular, tenemos un problema grave de desempleo, pero sabemos que las nuevas empresas de Internet crean pocos empleos. ¿No convendría buscar (también) otros referentes?

Pienso que podemos imaginar, promover y crear alternativas. Será cuestión de ponerse a ello.

Saludos cordiales.

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Un país dis-TICo

En una entrada anterior me sorprendía que la propuestas que el comité de ‘sabios’ presentó al President de la Generalitat sobre la reactivación económica no incluyera, ni siquiera de pasada, las TIC, las tecnologías de la información y la comunicación.

Les diagnosticaba Dis-TICia, una dificultad para comprender las TIC (por analogía a la dis-lexia).

Desafortunadamente, su dis-TICia no es una anomalía cuando se la compara con el conjunto del país. Acaba de aparecer la edición anual del ranking de uso de las TIC que edita anualmente el World Economic Forum. Dos comentarios sobre la posición de España:

En negativo. Se constata un año más que aumenta el retraso de España en cuanto al uso de las TIC. Ocupa la posición 37 en el ranking (.pdf), descendiendo tres respecto al año anterior.

En positivo. No sólo hay amplias posibilidades de mejora (las lleva habiendo desde hace años). Fue en tiempos de crisis cuando países como Estados Unidos, Finlandia o Corea encontraron en las TIC el instrumento para renovarse y crecer.

¿No sería razonable proponer que hagamos ahora algo parecido en España? 

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DialécTIC@: La tecnología no hace la revolución

Wael Ghonim

Wael Ghonim, ejecutivo de Google e imagen del cambio en Egipto

Ya a raíz del inicio (y más a raíz del éxito) del cambio político en Egipto, a Malcolm Gladwell, autor de un polémico artículo en el New Yorker sobre Twitter y las revoluciones (“Why the revolution will not be tweeted“), le están poniendo a caldo los apóstoles de los medios sociales. Gladwell, con todo, sigue en sus trece:

Surely the least interesting fact […] is that some of the protesters may (or may not) have at one point or another employed some of the tools of the new media to communicate with one another. Please. People protested and brought down governments before Facebook was invented. They did it before the Internet came along“.

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Otra DialécTIC@: Internet y libertad

Me recuerdan que hoy hace 25 años que se publicó una ciberlibertaria “Declaración de Independencia del Ciberespacio“. Creo que es evidente que sus proclamas no han tenido resultado todavía. Especialmente la última:

We will create a civilization of the Mind in Cyberspace

Pero, más que el detalle de su contenido, me interesa hoy resaltar la conveniencia de profundizar en la ideología que subyace a este tipo de manifiestos (como el quizá más conocido “Cyberspace and the American Dream: A Magna Carta for the Knowledge Age). Sigue leyendo

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