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Un titular deshumanizado

EngelbartLos medios se han hecho eco estos días del fallecimiento de Douglas Engelbart, un visionario de los usos y el impacto del ordenador, conocido sobre todo como el inventor del ratón.

Me ha interesado al respecto el contraste entre las necrológicas de The New York Times y la de El País.

El Times describe su trabajo como dedicado a perseguir “el potencial de la tecnología para expandir la inteligencia humana“.

Según el El País, sin embargo, su pasión era “lograr que máquinas y humanos se amaran“. En la edición impresa (no en la digital), el redactor de El País va más allá, y sostiene que “dedicó toda su vida a humanizar los ordenadores“.

Sin tener más información sobre el personaje, estoy casi seguro de que el redactor de El País se ha dejado llevar por un arrebato de su imaginación. Porque, por lo menos en mi opinión:

  • Es impensable que los ordenadores lleguen a amar a las personas. Y enfermizo que las personas amen a los ordenadores. A menos, claro está, que degrademos el significado del amor.
  • Cualquier intento de humanizar a los ordenadores me parece un disparate. O, como mucho, un intento de computerizar a los humanos.

Me temo que se puede aplicar a este redactor de El País lo que escribía Jaron Lanier. Hay gente que se empeña en hacer que los humanos parezcan obsoletos, o inferiores, para que los ordenadores parezcan más avanzados.

Lamentable. Peligroso. Porque, además, no es un caso aislado.

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El diseñador que lo des-diseñe y lo vuelva a diseñar …

Tech Chaos

Fuente Imagen: New York Times

Hoy me ha interesado

… la quasi-coincidencia de varios artículos, en revistas nada sospechosas de ludismo, que sugieren la conveniencia de re-pensar cómo son y cómo utilizamos nuestras comunicaciones electrónicas.

En el New York Times:

  • People constantly complain that their e-mail in-boxes are unmanageable”.
  • “Something may have been lost as we adopted these new communication tools: the ability to concentrate”.
  • “Nobody can think anymore because they’re constantly interrupted”.

Una de sus conclusiones:

We’re only beginning to understand the workplace impact of new communication tools. The use of such technology in the office is less rational than we would like to think“.

En los blogs de la Harvard Business Review proponen una reflexión sobre las consecuencias de priorizar la comodidad sobre privacidad a la hora de escoger los instrumentos de comunicación que utilizamos.

Our longing for convenience means we’ve created a matrix that can and will be used against us“.

El autor propone siete criterios deseables de los servicios electrónicos que facilitarían a los usuarios tomar el control de su privacidad. Me parecen razonables. Sin embargo, me temo que no los cumple ninguno de los servicios que utilizo habitualmente.

¿Podría cambiar? Supongo que sí, con un cierto esfuerzo. Sustituir mis cuentas en Google o Yahoo! por las de un proveedor privado. Utilizar DuckDuckGo en lugar de Google. Borrarme de Facebook y negarme a interactuar con páginas que me piden ‘Likes’ o sólo admiten comentarios con las herramientas de Facebook. Etcétera.

¿Lo haré? Quizá mañana. Como es previsible que mañana diga lo mismo, probablemente nunca.

Vuelvo a uno de mis mantras de estos días. La tecnología genera posibilidades. El diseño genera soluciones. Creo que lo que los artículos citados sugieren es que si el email o los buscadores se hubieran diseñado desde una perspectiva de beneficio social agregado, no serían como hoy son.

La realidad, sin embargo, es quizá sea tarde para rediseñarlos. Langdon Winner, que aparece a menudo por este espacio, avisó hace tiempo:

“En el terreno técnico repetidamente nos involucramos en diversos contratos sociales, las condiciones de los cuales se revelan sólo después de haberlos firmado”.
“Es un error serio construir un sistema sociotécnico detrás de otro con la fe ciega de que cada uno resultará ser políticamente benigno”.

Los del PRISM han puesto ésto último de actualidad. Hay tema para más días.

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A favor de la ‘Slow Tech’

Foto: Gary Taxali en el New York Times

Hoy me ha interesado

… una visión del frenesí tecnológico desde una óptica newyorkina (o quizá, más propiamente del New Yorker).

Transcribo (con negrillas añadidas) el que me parece el párrafo clave, que aparece después de comentar, presentándolos como polos de una realidad contrastada:

“My unprovable hypothesis is that obsessive upgrading and chronic stagnation are intimately related, in the same way that erotic fantasies are related to sexual repression. The fetish that surrounds Google Glass [… grows ever more hysterical as the economic status of the majority of Americans remains flat. When things don’t work in the realm of stuff, people turn to the realm of bits”.

En un artículo en la misma línea en el New York Times, el tecno-realista (algunos dirán que tecno-escéptico) E. Morozov ofrece una interpretación complementaria, parafraseando el conocido refrán “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos“:
Given Silicon Valley’s digital hammers, all problems start looking like nails, and all solutions like apps“.

Intuyo que en Silicon Valley no estarán de acuerdo. Pero su fundamentalismo tecnológico empieza a verse cuestionado incluso desde los Estados Unidos. Un articulista de Forbes avisaba hace poco de que “the Silicon Valley hype machine is unbelievable, and you really have to be careful about what you read“. En la misma línea, pero esta vez en clave europea, PressEurope se refería hace poco a la “ideología californiana” que, con argumentos (débiles) como los que esgrime Kevin Kelly, intenta deslumbrarnos con imágenes futuristas para ocultar una ideología neoliberalista subyacente.

Nada nuevo en el fondo; la historia se repite. Porque la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se  han impregnado e impregnan de ideología y política.

Creo que nos convendría prestar menos atención a Silicon Valley (también a los ilustrados-TIC que les hacen de voceros) y más a otras alternativas. Porque su ideología y su política no generan, ni siquiera localmente, las condiciones idóneas para vivir. O prestarle, en todo caso, una atención lenta, como la que propugna Delayed Gratification, la revista de ‘periodismo lento‘ que acabo de recibir (en papel, por supuesto) y que me dispongo a saborear,  durante estos días de asueto.

Que los disfrutéis con salud.

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