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Algo más que un juego de palabras

Coinciden en mi conciencia dos piezas sobre ‘mendigos’:

  • Una pieza (“Mendigos“) en la última página de El País, acerca de que algunos Ayuntamientos españoles aplican una medida para acabar con la mendicidad, que consiste en imponer una multa de varios cientos de euros a quienes la practican.
  • La viñeta de The New Yorker que copio a continuación.

Crowdfunding beggarsComo todas las buenas viñetas, ésta del New Yorker es acerada y abierta a más de una lectura. Su punto de partida es obvio: el crowdfunding está de moda. Y, lo que es poco habitual en estos tiempos tan dados a la crítica destructiva, no recuerdo haber escuchado ninguna en su contra.

Con todo, puedo imaginar comentarios de tono muy diverso a esta viñeta:

  • Ilusos” – dijo el de la cartera, que pasaba por ahí. “Os podéis cambiar el nombre, pero seguís siendo unos pringaos“.
  • Buena idea” – dijo el otro de la gorra. “Pero mejor pongamos un cartel, porque si pasa un guardia igual nos pone una multa por mendigos“.
  • Otros que no se enteran” –  escribió un ilustrado-TIC en su blog – “¿Cómo haríamos entender a estos inmigrantes digitales que no están en Internet, no existen? Si hubieran pasado por mi MBA …”.
  • El crowdfunding sólo es guay si se hace en Internet” – comentó otro – “La mendicidad en la esquina es otra cosa, desagradable además. No nos confundamos”.
  • Por una módica cuota” – escribió en otro blog un aspirante a community manager – “les consigo followers y les cuelgo en Goteo“.
  • Muy buena la viñeta” – escribió un fan de Morozov – “El crowdfunding es un ejemplo del solucionismo que impulsa el nuevo espíritu del nuevo capitalismo que impulsa el Internet para Todo. Una herramienta para que la gente busque soluciones particulares a las contradicciones del sistema, pero sin cuestionar el sistema.”

Un ejemplo perverso de re-framing à la Lakoff, diría yo.

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Sabotean este intento de solucionismo

Hoy me ha interesado …

… cómo la por algunos idolatrada ‘wisdom of the crowd‘ ha saboteado un piloto del más puro solucionismo (que E. Morozov tanto critica en su último, irritante pero también necesario libro).

El video (vale la pena echarle un vistazo, de verdad) publicita una app de Durex (SOS Durex) que utiliza la geolocalización para hacer llegar preservativos de urgencia a parejas con calentón. (‘Yes, there is also an app for that‘). Si me lo hubiera contado mi cuñado, que es un cachondo, hubiera creído que me tomaba el pelo. Pero parece que va en serio. Con web y todo.

Pero hay más. Quizá para que nadie pensara que Durex no ha pillado lo del 2.0, la empresa organizó un concurso (un poco más abajo, en la misma página web) en Facebook para recoger votos acerca de en qué ciudad hacer disponible el servicio. La ganadora, según descubro por cortesía de ABC News, es la ciudad turca de Batman. Que, aparte de demandar a Warner Bros por apropiación indebida de nombre, un enclave de cultura religiosa y conservadora, al parecer poco afín a la marca de preservativos.

La conclusión de ABC News es que resulta poco aconsejable plantear cuestiones demasiado abiertas si se desea recurrir a la ‘wisdom of the crowd‘. A las masas, en otras palabras, mejor no dejarles demasiados grados de libertad.

Parece obvio. Pero no lo debía ser tanto si Durex y su agencia creativa no pudieron prever que había riesgo de que las crowds les tomaran el pelo. Tampoco es la primera vez que algo así sucede. Recuerdo, por ejemplo, la sorpresa que se llevó Obama una vez que se ofreció a responder en abierto a las preguntas de la crowd. Más recientemente, el alud de información poco fiable proporcionado por la crowd fue más un estorbo que una ayuda en la investigación del atentado con bombas en la maratón de Boston.

Tiempos éstos, los de nuestra sociedad líquida, en que escasean las verdades absolutas. Aunque no la gente que prefiere creer en ellas.

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Ambición aumentada, realidad disminuida

Blog 2013.010Hoy me ha interesado

… revisar la colección de artículos sobre Google Glass que he ido almacenando durante las últimas semanas. Un producto que constituye un buen ejemplo, creo, de la ideología del solucionismo a la que Morozov dedica su último libro (interesante, aunque le sobran por lo menos 100 páginas).

Me han interesado mucho más las reseñas que reflexionan sobre el qué y el por qué del gadget de Google (la del propio Morozov en el New York Times y ésta del New Yorker) que las (muchas) disquisiciones sobre su futuro éxito o fracaso (adjunto una relación al final).

Mi modesta contribución al asunto consiste en enlazar el anuncio de Google con la afirmación de su ex-CEO, en Barcelona hace 10 años, de que los móviles son convierten en cyborgs del buen género. Me alarmó, porque lo decía satisfecho. Seguro que ésto de las gafas también le encantará.

Ambición aumentada (la de Google) para cyborgs adictos a una realidad disminuida (filtrada por Glass). Personalizada a medida, eso sí, de cada uno. Gafas para manejarse en una realidad líquida que exige soluciones biográficas a las contradicciones del sistema (Bauman). Tal vez para ser mejor manejados por quienes no tienen interés en que fijemos la vista en precisamente esas contradicciones.

Más referencias:

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A favor de la ‘Slow Tech’

Foto: Gary Taxali en el New York Times

Hoy me ha interesado

… una visión del frenesí tecnológico desde una óptica newyorkina (o quizá, más propiamente del New Yorker).

Transcribo (con negrillas añadidas) el que me parece el párrafo clave, que aparece después de comentar, presentándolos como polos de una realidad contrastada:

“My unprovable hypothesis is that obsessive upgrading and chronic stagnation are intimately related, in the same way that erotic fantasies are related to sexual repression. The fetish that surrounds Google Glass [… grows ever more hysterical as the economic status of the majority of Americans remains flat. When things don’t work in the realm of stuff, people turn to the realm of bits”.

En un artículo en la misma línea en el New York Times, el tecno-realista (algunos dirán que tecno-escéptico) E. Morozov ofrece una interpretación complementaria, parafraseando el conocido refrán “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos“:
Given Silicon Valley’s digital hammers, all problems start looking like nails, and all solutions like apps“.

Intuyo que en Silicon Valley no estarán de acuerdo. Pero su fundamentalismo tecnológico empieza a verse cuestionado incluso desde los Estados Unidos. Un articulista de Forbes avisaba hace poco de que “the Silicon Valley hype machine is unbelievable, and you really have to be careful about what you read“. En la misma línea, pero esta vez en clave europea, PressEurope se refería hace poco a la “ideología californiana” que, con argumentos (débiles) como los que esgrime Kevin Kelly, intenta deslumbrarnos con imágenes futuristas para ocultar una ideología neoliberalista subyacente.

Nada nuevo en el fondo; la historia se repite. Porque la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se  han impregnado e impregnan de ideología y política.

Creo que nos convendría prestar menos atención a Silicon Valley (también a los ilustrados-TIC que les hacen de voceros) y más a otras alternativas. Porque su ideología y su política no generan, ni siquiera localmente, las condiciones idóneas para vivir. O prestarle, en todo caso, una atención lenta, como la que propugna Delayed Gratification, la revista de ‘periodismo lento‘ que acabo de recibir (en papel, por supuesto) y que me dispongo a saborear,  durante estos días de asueto.

Que los disfrutéis con salud.

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Dos apuntes sobre el poder, hoy

Me han interesado hoy dos reflexiones sobre el poder, publicadas en la misma edición de La Vanguardia (que, llamadme antiguo, sigo leyendo en papel).

En La Contra, Evgeny Morozov, acerca de las grandes empresas de la red:

Estamos privatizando nuestra intimidad: se la estamos regalando a empresas privadas dirigidas por una junta de accionistas con intereses muy privados. Ya tienen más información que cualquier gobierno. Por ahora se conforman por convertirla en dinero, pero un día pueden transformarla en poder. Y estamos a su merced“.

En las páginas de Salud, el Premio Nobel James Watson se despacha así sobre la orientación de la investigación sobre el cáncer (no hay enlace en abierto, pero sí éste al despacho de Reuters):
Watson calcula que bastarían entre 500 y 1.000 millones de dólares para identificar los puntos vulnerables por los que se podrían atacar las células cancerosas. Pero advierte que “el mayor obstáculo que nos impedirá superar gran parte del cáncer metastásico en la próxima década no será la falta de conocimientos, sino la incapacidad creciente del mundo de orientar su poder económico de manera inteligente en direcciones que beneficien más a la sociedad humana”.
Es probable que ni Watson ni Morozov tengan toda la razón. Pero me sorprendería que carecieran de ella por completo. Andemos avisados, por si acaso.
Saludos cordiales.

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enero 11, 2013 · 8:48 am

DialécTIC@s políTIC@s

Tengo desde hace unos días en mi lista de To-Do’s comentar el artículo “A favor de Internet” publicado en El País por el filósofo Jesús Mosterín. Porque, aunque es sin duda bien intencionado, contiene algunas afirmaciones (no todas) que creo merecen discutirse. Empezando por la que encabeza el artículo:

Lo más revolucionario que le ha pasado a la cultura humana en los últimos tiempos ha sido el desarrollo de Internet“.

¿Estaríais de acuerdo? Sigue leyendo

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