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Uso y abuso del calificativo tecnológico

Goldman Sachs

Más sobre la relación (¿concubinato?) entre TIC y finanzas que apuntaba en una entrada anterior.

Me ha llamado la atención este titular de un artículo en Business Insider.

Según parece:

  • El banco de negocios Goldman Sachs tiene en nómina unos 9.000 programadores e ingenieros TIC (más que Facebook, más que el conjunto de empleados de Twitter).
  • Los CEOs e inversores de capital riesgo en Nueva York se quejan de que los mejores tecnólogos acaban por irse a trabajar a Wall Street.

El sector de los servicios financieros globales, del cual Goldman Sachs es una empresa destacada, tiene una cierta mala imagen. Muchos les consideran (consideramos) como responsables (co-responsables) de la crisis del 2007, de la cual aún arrastramos las consecuencias.

¿Es posible que las empresas del sector financiero pretendan vestirse como empresas de alta tecnología para tener mejor imagen?

Al fin y al cabo, Google o Facebook se presentan como empresas de tecnología, cuando de hecho son del sector de marketing y publicidad. ¿Tendrían la misma aura como empresas de ese sector?

(Zara, por contra, aunque tiene un sustrato tecnológico evidente, se ubica y es ubicada claramente en el sector de la moda de consumo.)

Si una empresa que se identificara como de marketing y publicidad nos pidiera la información que cada día entregamos (más o menos inconscientemente) a esas ‘empresas tecnológicas’, ¿se la daríamos tan alegremente?

No quiero parecer paranoico. Pero me parece cada vez más evidente que hay quien utiliza la magia (indudable) de la tecnología y el progreso (tecnológico)  como cortina de humo para encubrir otros proyectos, objetivos y designios.

 

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Robots invaden los ‘social media’

Para bloguear con los pies small

Hoy me ha interesado

… la intuición de que los ‘social media‘ están en riesgo de pasar a ser pronto un territorio ocupado por robots anónimos.

Un flash suscitado inicialmente por dos lecturas complementarias.

  • Un artículo en The New York Times según el cual se pueden comprar (y vender) usuarios de Twitter a razón de 18 dólares por mil usuarios. Son falsos, naturalmente, pero se les programa para que parezcan humanoides. Al parecer con bastante éxito, porque los fabricantes dicen facturar un millón de dólares por semana.

(INCISO: Según esta valoración, mis 500 seguidores en Twitter valdrían 9 dólares. Quiero dejar constancia, por si acaso, de que los valoro en mucho más. Un ejemplo adicional, por si hacía mfalta, de que la economía de mercado no agota, ni tendría que agotar, la realidad social).

«It’s scary to think that one day, you may read an article in a magazine or newspaper or online that had no human intervention. No humanity, no personalized style and more. That future is here. Today. It’s already happening«.

Inquietante, en efecto. Porque se suponía que el gran atractivo de los ‘social media’ era facilitarían una nueva plataforma de comunicación entre humanos, no entre humanoides. Pero aún más porque estoy convencido de que a mucha gente no sólo no le importará la invasión de los robots: ni siquiera se dará cuenta. Una consecuencia de que el modo en que evolucionan muchos medios sociales favorece modos de comportamientos  reflejo, impulsivo, inconsciente, compulsivo, semiautomático de los usuarios. Predeciblemente irracional. Con técnicas que, como bien conocen los expertos, son programables. Y como pueden serlo, lo serán.

Hace no mucho, un conocido bloguero apuntaba en la misma dirección, quizá sin pretenderlo, al sentenciar que “no se bloguea con la cabeza, se bloguea con los pies“. Si tiene razón, los blogs serán pronto territorio robot, porque las máquinas sustituirán antes lo que hacemos con los pies que lo que podemos (o podríamos) hacer usando la cabeza. Espero, cuanto menos, que esto sea cierto en mi caso.

Este asunto me ha llevado a sacar del baúl de los recuerdos unos pies que caminan cuando se les da cuerda. Avanzan sin cabeza, por supuesto, ni falta que les hace. Los he puesto al lado de mi ratón y mi teclado, por si acaso producen algo que me sorprenda.

Saludos cordiales.

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Un mercado de cosas en las que creer

Vagabundeando por la blogosfera llego hasta una entrevista promocional con un gurú del marketing, que ‘vende’ su nuevo libro (titulado ‘Tribus’). Según parece, le inspiró la frase de la figura (publicada en The Gapingvoid hace años). Traduzco un fragmento de la entrevista:

«No puedes beber más agua embotellada de la que bebes. Ni comprar más vino. Ni más té. No puedes llevar más de un par de zapatos en cada momento. No te pueden dan dos masajes a la vez …

Si es así, ¿qué crece? ¿qué venden los marketinianos que escale?

Te lo diré. Creencia. Pertenencia. Relevancia. Marcar la diferencia».

Me inquieta; y me asusta que un ilustre ilustrado-TIC lo recomiende. Porque, si lo entiendo bien, la idea que subyace es: ‘Como la sociedad líquida obliga a los individuos a buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema, como éso es difícil y mucha gente se siente perdida, aprovechemos su vulnerabilidad para venderles algo, lo que sea‘.

Leo también que el entrevistador sostiene que:

«La gente no sólo se está volviendo más exigente como consumidores, sino también como entidades espirituales. El ‘branding’ es un ejercicio espiritual».

Lo cual me parece una completa y total perversión de lo que yo entiendo y respeto como espiritual. Y también una perversión deleznable del lenguaje.

Leo finalmente que el entrevistado sostiene en su blog que:

«En un momento u otro, la web se concreta en choques con cosas con las que podrías estar en desacuerdo. Esta es mi parte favorita. Ahí es donde aprendes».

Sobre este asunto, es lo único en lo que coincido con el entrevistador, el entrevistado y quien me ha llevado hasta ellos.

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