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Nuevas publicaciones dialéTIC@s

lanierEntro, me viene casi de paso de vuelta a casa, por La Central del Raval. Una tentación difícil de resistir para quien, como yo, no encuentra en los libros electrónicos el encanto del papel.

Me sorprende encontrar dentro un expositor dedicado exclusivamente a visiones distópicas de la sociedad tecnológica. Algunas de autores clásicos, como Mumford, Ellul. Pero también otras más recientes. No me atrae “Demencia Digit@l” (un título demasiado obvio), pero sí “Who owns the future?“, el último de Jaron Lanier. El anterior, “You are not a gadget“, tan denostado por los ilustrados-TIC, sigue siendo interesante y actual.

Leo en la contraportada:

In the past, a revolution in production, such as the Industrial Revolution, generally increased the wealth and freedom of the people. The digital revoution we are living through is different. Instead of leaving a greater number of us in excellent financial health, the effect of digital technologies is to concentrate wealth, reduce growth and challenge the livelihoods of an ever-increasing number of people. As the protections of the middle class dissapear, washed away by crisis in capitalism …”.

Imagino que apunta al aumento de la disparidad entre el crecimiento del PIB per capita y el estancamiento de la renta media de las familias durante las últimas décadas. Lo compro. Ya en casa, encuentro la recomendación de Brian Arthur, autor de un también imprescindible “The Nature of Technology“, que tengo leído y anotado:

This book is rare. It looks at technology with an insider’s knowledge, wisdom, and deep caring about human beings. It’s badly needed.

Estoy acabando de leer en paralelo el último de Morozov (inteligente, pero algo pesado).  Se me acumula el trabajo. Vale, no es un trabajo por el que me paguen (por ahora). Pero siento que me acerco a mi elemento.

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A favor de la ‘Slow Tech’

Foto: Gary Taxali en el New York Times

Hoy me ha interesado

… una visión del frenesí tecnológico desde una óptica newyorkina (o quizá, más propiamente del New Yorker).

Transcribo (con negrillas añadidas) el que me parece el párrafo clave, que aparece después de comentar, presentándolos como polos de una realidad contrastada:

“My unprovable hypothesis is that obsessive upgrading and chronic stagnation are intimately related, in the same way that erotic fantasies are related to sexual repression. The fetish that surrounds Google Glass [… grows ever more hysterical as the economic status of the majority of Americans remains flat. When things don’t work in the realm of stuff, people turn to the realm of bits”.

En un artículo en la misma línea en el New York Times, el tecno-realista (algunos dirán que tecno-escéptico) E. Morozov ofrece una interpretación complementaria, parafraseando el conocido refrán “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos“:
Given Silicon Valley’s digital hammers, all problems start looking like nails, and all solutions like apps“.

Intuyo que en Silicon Valley no estarán de acuerdo. Pero su fundamentalismo tecnológico empieza a verse cuestionado incluso desde los Estados Unidos. Un articulista de Forbes avisaba hace poco de que “the Silicon Valley hype machine is unbelievable, and you really have to be careful about what you read“. En la misma línea, pero esta vez en clave europea, PressEurope se refería hace poco a la “ideología californiana” que, con argumentos (débiles) como los que esgrime Kevin Kelly, intenta deslumbrarnos con imágenes futuristas para ocultar una ideología neoliberalista subyacente.

Nada nuevo en el fondo; la historia se repite. Porque la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se  han impregnado e impregnan de ideología y política.

Creo que nos convendría prestar menos atención a Silicon Valley (también a los ilustrados-TIC que les hacen de voceros) y más a otras alternativas. Porque su ideología y su política no generan, ni siquiera localmente, las condiciones idóneas para vivir. O prestarle, en todo caso, una atención lenta, como la que propugna Delayed Gratification, la revista de ‘periodismo lento‘ que acabo de recibir (en papel, por supuesto) y que me dispongo a saborear,  durante estos días de asueto.

Que los disfrutéis con salud.

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