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Relegan a las personas para que las máquinas luzcan mejor

150427 BlogEste artículo de la Singularity University (“The Coming Problem of Our iPhones Being More Intelligent Than Us“) me ha hecho recordar la cita que encabeza esta entrada, extraída de uno de los libros de Jaron Lanier .

Me solivianta (más aún al ver el artículo reproducido en The Washington Post). Porque hace la trampa (estoy seguro que consciente) de concentrarse en un cierto tipo de inteligencia; la de los ordenadores.

Como nos recuerda Ken Robinson, hay tipos muy distintos de inteligencia. Algunos de ellos, como la inteligencia existencial (la capacidad de abordar cuestiones como el sentido de la vida) o la inteligencia interpersonal (la capacidad de entender a otras personas e interaccionar con ellas) me parecen difícilmente digitalizables. Y, por consiguiente fuera del alcance del iPhone o de cualquier otro ordenador.

Algo que no creo que el representante de la Singularity U. ignore. No le subestimemos. De hecho, se delata en una frase de su propio artículo:

Within seven years the smartphones in our pockets will be as computationally intelligent as we are.

Para luego enmendarse, quizá buscando un titular, eliminando el adjetivo ‘computacional’ en la siguiente frase.

These devices will continue to advance, exponentially, until they exceed the combined intelligence of the human race.

Ken Robinson, poco sospechoso de tecnofobia, avisa de que:

La idea popular de inteligencia se ha vuelto peligrosamente estrecha mientras otras capacidades intelectuales se ignoran o infravaloran.

Ken Robinson”

Jaron Lanier sugiere (convincentemente) que este estrechamiento de la idea de inteligencia no es espontáneo. Hay quien se aplica a ello, los de la Singularity entre ellos. El articulista de la Singularity U. acaba planteando la cuestión siguiente:

“These advances in technology are a near certainty.  The question is whether humanity will rise to the occasion and use them in a beneficial way.”

Es, de nuevo, un planteamiento sesgado. Porque sabemos todos, lo saben también los que priorizan el desarrollo tecnológico por encima de todo, que hay una minoría dispuesta a acaparar una parte desproporcionada de la riqueza y poder que estos desarrollos generen. Y otra minoría dispuesta a utilizar toda su inteligencia explotándolos hacer el mal.

Pienso, por ello, que hay que contrarrestar la lógica perversa de los tecnófilos singularistas y exponencialistas.Quizá con preguntas como:

¿Por qué un esfuerzo comparable al que se invierte en construir y perfeccionar máquinas pseudo-inteligentes no se dedica a ayudar a más personas a saber comportarse inteligentemente?

Creo que valdría la pena pensar sobre ello. Como primera pista, sugeriría “Follow the money“. ¿Quién gana cuando los comportamientos no inteligentes proliferan (en la economía, en la politica, en el consumo, en las relaciones, en el enfoque de nuestra propia individualidad, …)?

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Un titular deshumanizado

EngelbartLos medios se han hecho eco estos días del fallecimiento de Douglas Engelbart, un visionario de los usos y el impacto del ordenador, conocido sobre todo como el inventor del ratón.

Me ha interesado al respecto el contraste entre las necrológicas de The New York Times y la de El País.

El Times describe su trabajo como dedicado a perseguir “el potencial de la tecnología para expandir la inteligencia humana“.

Según el El País, sin embargo, su pasión era “lograr que máquinas y humanos se amaran“. En la edición impresa (no en la digital), el redactor de El País va más allá, y sostiene que “dedicó toda su vida a humanizar los ordenadores“.

Sin tener más información sobre el personaje, estoy casi seguro de que el redactor de El País se ha dejado llevar por un arrebato de su imaginación. Porque, por lo menos en mi opinión:

  • Es impensable que los ordenadores lleguen a amar a las personas. Y enfermizo que las personas amen a los ordenadores. A menos, claro está, que degrademos el significado del amor.
  • Cualquier intento de humanizar a los ordenadores me parece un disparate. O, como mucho, un intento de computerizar a los humanos.

Me temo que se puede aplicar a este redactor de El País lo que escribía Jaron Lanier. Hay gente que se empeña en hacer que los humanos parezcan obsoletos, o inferiores, para que los ordenadores parezcan más avanzados.

Lamentable. Peligroso. Porque, además, no es un caso aislado.

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¿Vemos sólo lo que nos interesa ver?

kelly manifesto.024En el mismo artículo en Wired que comentaba en una entrada anterior, Kevin Kelly, el primer editor jefe de la revista, propone un manifesto (virtual) de los ‘geeks‘ a los que había entrevistado, todos ellos creadores en la red.

Lo reproduzco en la figura, añadiendo algunas anotaciones acerca de dudas que me surgen:

  • ¿Podemos decir que el uso de la red nos hace más profundos? ¿Lo hace, por ejemplo, el tiempo creciente que tantos pasan en Facebook? Mi intuición es que las reflexiones críticas de tecno-escépticos como Nicholas Carr o Jaron Lanier tienen (como mínimo) un punto.
  • ¿Seguro que Internet nos hace mejores? Más informados, seguro que sí. Que nos facilita la vida, también. Pero, ¿nos hace mejores? Me gustaría objetivar esta comparación. ¿Alguien me ayuda?
  • En la misma línea de lo anterior, ¿estamos seguros que Internet hace que el mundo sea mejor? La última década ha sido la década de las TIC, pero también (para muchos) la peor después de la Segunda Guerra Mundial. La actual no está siendo mejor: crisis financiera, paro juvenil, dificultad en la recuperación del empleo, aumento de la desigualdad entre el 1% y el resto. Por no hablar de los ciberdelitos o de las amenazas contra la privacidad. Sería injusto atribuir exclusivamente estas tribulaciones a efectos colaterales de la extensión del uso de las TIC. Pero igualmente injusto ignorarlos.
  • Por último, Kelly argumenta que el mundo sería mucho mejor si no hubiera ‘undue ownership‘ de la red. Sin embargo, todo apunta a que el poder en la red se está concentrando entre unos pocos actores que acaparan la mayor parte de los beneficios y centrifugan los daños colaterales. Algo que la actividad de los ‘geeks’ entrevistados más bien tiende a favorecer que a contrarrestar.

Confieso que no me gusta nada Kevin Kelly. Su “What Technology Wants” me parece un panfleto a la vez inteligente y deplorable, con una carga ideológica más que discutible, y por tanto peligroso. Copio a continuación, sin comentarios, algunos extractos:

A Shakespeare sonnet and a Bach fugue, then, are in the same category as Google’s search engine and the iPod: They are something useful produced by a mind.”

We can’t demand that technology obey us any more than we can demand that life obey us“.

A world without technology had enough to sustain survival but not enough to transcend it.

Podría continuar, pero no hace falta. Creo que el mismo Kelly apunta (quizá sin darse cuenta, quizá pensando que nos daremos cuenta) a la trampa en sus argumentos al comentar que:

I think there is evidence that on average and over time, the new solutions outweigh the new problems.

Porque es cada vez más evidente, sobre todo en lo que toca a Internet, que las medias (averages) no son representativas, porque las distribuciones sociales (de la riqueza, del número de seguidores en Twitter, de enlaces en la red, de …) son cada vez más asimétricas. De momento, unos pocos ganan muchos, pero la mayoría mucho menos, sin que la media sea un buen indicador. Alguien argumentará que tal vez la asimetría se corrija con el tiempo. Tal vez, pero la teoría económica (.pdf) apunta a que no será así sin un cambio social o una intervención política radical.

Lo preocupante, a mi juicio, es que la ‘ideología Kelly‘, por llamarla de algún modo, tiene medios de difusión (como Wired) muy potentes y una cohorte de voceros (los ‘ilustrados-TIC‘) que la propagan irreflexiva o interesadamente. Mientras que los que no estamos tan de acuerdo no sabemos, queremos o podemos contrarrestarlos como creo que la causa merecería. De momento.

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Cantos de sirenas … tecnológicas

SirenasHoy me ha interesado …

… la comparación que Jaron Larnier hace en su último libro entre los grandes actores globales de Internet y las sirenas.

En la mitología griega, las sirenas distraían con su canto a los marineros, de modo que sus naves perdían el rumbo y acababan por estrellarse contra las rocas. De ahí la metáfora del canto de sirena como una tentación, ya descrita por Homero:

“Nadie ha pasado con su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca, sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que antes, pues sabemos cuantas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuánto ocurre en la fértil tierra”.

La analogía es tentadora. La “la suave voz que fluye” es la que actores como Google o Facebook proclaman como su misión (“organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil“, “hacer que el mundo sea más abierto y conectado“). Su oferta nominal son servicios gratuitos que facilitan que acabaremos “sabiendo más que antes”, pues ellos conocen “todo cuando ocurre en la fértil tierra”. 

Lo que completaría la analogía con las sirenas es que la misión real de esas empresas no es ayudar a sus usuarios, sino explotarlos. Los números cantan: el margen bruto de Google y de Facebook es del 72%. Lo que obtienen de nosotros es mucho más de lo que nos ofrecen.

Además, apunta con cada vez más fuerza la noción de que estas empresas actúan como agentes económicos extractivos. Imponen de hecho un no-diseño social en el que acaparan los beneficios, pero externalizan los costes sociales asociados a los mismos. Costes que incluirían:

  • El desacoplamiento entre crecimiento económico y empleo (Leer en Technology Review)
  • El desacoplamiento entre la generación de riqueza y la renta de las familias (comentado aquí)
  • La pérdida de privacidad, incluyendo su papel clave en asuntos como el PRISM.

Temas éstos a explorar en próximas entradas.

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Nuevas publicaciones dialéTIC@s

lanierEntro, me viene casi de paso de vuelta a casa, por La Central del Raval. Una tentación difícil de resistir para quien, como yo, no encuentra en los libros electrónicos el encanto del papel.

Me sorprende encontrar dentro un expositor dedicado exclusivamente a visiones distópicas de la sociedad tecnológica. Algunas de autores clásicos, como Mumford, Ellul. Pero también otras más recientes. No me atrae “Demencia Digit@l” (un título demasiado obvio), pero sí “Who owns the future?“, el último de Jaron Lanier. El anterior, “You are not a gadget“, tan denostado por los ilustrados-TIC, sigue siendo interesante y actual.

Leo en la contraportada:

In the past, a revolution in production, such as the Industrial Revolution, generally increased the wealth and freedom of the people. The digital revoution we are living through is different. Instead of leaving a greater number of us in excellent financial health, the effect of digital technologies is to concentrate wealth, reduce growth and challenge the livelihoods of an ever-increasing number of people. As the protections of the middle class dissapear, washed away by crisis in capitalism …”.

Imagino que apunta al aumento de la disparidad entre el crecimiento del PIB per capita y el estancamiento de la renta media de las familias durante las últimas décadas. Lo compro. Ya en casa, encuentro la recomendación de Brian Arthur, autor de un también imprescindible “The Nature of Technology“, que tengo leído y anotado:

This book is rare. It looks at technology with an insider’s knowledge, wisdom, and deep caring about human beings. It’s badly needed.

Estoy acabando de leer en paralelo el último de Morozov (inteligente, pero algo pesado).  Se me acumula el trabajo. Vale, no es un trabajo por el que me paguen (por ahora). Pero siento que me acerco a mi elemento.

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SMART no es lo mismo que inteligente

SMARTHoy me ha interesado

reflexionar acerca de la traducción de ‘smart’ por ‘inteligente‘, habitual en la prensa tecnológica y entre los ilustrados-TIC.

Constato, para empezar, que en las versiones online de los diccionarios de Oxford y Collins (supongo que no sólo en esos dos), ‘smart‘ no es sinónimo de inteligente. Como adjetivo, es equivalente a (Oxford)

(of a person) clean, tidy, and well dressed:you look very smart
(of clothes) attractively neat and stylish:a smart blue skirt
(of an object) bright and fresh in appearance:a smart green van
(of a place) fashionable and upmarket:a smart restaurant

Me encaja. Cuando para una fiesta o una reunión indican que el ‘dress code‘ es ‘smart casual‘ no están pidiendo que lleves ropa informal e inteligente.

En la misma línea, estaría de acuerdo en que un ‘smartphone‘ es un teléfono con todas las cualidades que el Oxford atribuye al calificativo ‘smart‘. Pero que no es inteligente, porque sólo es capaz de hacer aquello para lo que está programado. No tiene la capacidad de sorprender. Es útil, por supuesto, pero aburrido.

Aún más en la misma línea, me atrevería a aventurar que ninguno de los ‘smart watches‘ que según parece preparan (por lo menos) Apple, Google y Samsung será inteligente. De hecho, si los pronósticos sobre su apariencia son acertados, creo que serán incluso menos ‘smart’ (en el sentido Oxford) que los IWC o Longines que atesoro.

En el fondo, lo que me preocupa de este asunto es que a fuerza de atribuir inteligencia a lo que como mucho es sólo ‘smart’ se esté socavando la esencia de la propia inteligencia. Más preocupante aún me resulta la intuición, apuntada por autores como Jaron Lanier o Fred Turner, de que la promoción de este equívoco no sea casual, sino la manifestación de una estrategia (nada casual ni desinteresada) de presentar a las (capacidades de las) personas como obsoletas para que así los ordenadores parezcan más avanzados.

Porque, como comentaba en una entrada anterior,  la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se impregnan de ideología. En concreto, resulta cada vez más evidente que los ciberlibertarios que más proclaman las virtudes liberadoras de la tecnología están más próximos a la ideología del neocapitalismo asocial que a lo que en un tiempo fueron posiciones de izquierda.

Cito de una obra reciente:

A pesar de la retórica revolucionaria y transformacional que rodea el desarrollo de las infraestructuras de información en red, en la práctica es tan probable que refuercen como que desestabilicen el orden instituciones existente”.

Será cuestión de andarse con cuidado.

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DialécTIC@s sobre la inteligencia

Enseñar un trimestre al año, sobre “Información, Tecnología y Sociedad“, es para mí un ejercicio estimulante. En el que aprendo tanto como mis alumnos (aunque espero que no más que ellos). En la última clase, dando una mirada sociológica a la historia de Internet, comentamos algunos de los ‘marcos mentales‘ de Google, según se describen en su web y en un artículo todavía reciente de Nicholas Carr.

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