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¿Hacia una desigualdad exponencial?

Me desconcierta la repercusión positiva que tiene entre españoles el hecho de que la Singularity University celebre un evento en Sevilla. Porque creo que hay argumentos suficientes para adoptar una postura prudentemente escéptica, si no directamente crítica, ante las propuestas de esta Universidad de Silicon Valley.

Según se muestra en su Web, la misión de esta peculiar Universidad es:

To educate, inspire and empower leaders to apply exponential technologies to address humanity’s grand challenges.”

Uno de los argumentos que repiten (hasta la saturación) es que la Humanidad tiene por delante una época de abundancia prácticamente ilimitada (exponencial 😟), como resultado de desarrollos tecnológicos emergentes (también exponenciales 😟) .

Pero, incluso sin profundizar demasiado, hay dos cuestiones importantes que evitan abordar en sus proclamas:

  • Cómo generar abundancia de trabajos de calidad. Porque muchas de estas tecnologías exponenciales tienen un componente de automatización que más bien tiende a reducir o precarizar los trabajos.
  • Cómo repartir los beneficios de esa abundancia material, cuando está sobre la mesa que la desigualdad lleva años creciendo y que el aumento de la desigualdad frena el crecimiento económico.

Lo que la gente de la Singularity oculta cuidadosamente(‘the winner takes it all‘) es que su ideología neoliberal propicia el aumento de la desigualdad. Como de hecho se ejemplifica en el propio Silicon Valley. Para muestra, extractos de un artículo reciente en Technology Review:

“Technology is the main driver of the recent increases in inequality. It’s the biggest factor.”

“Silicon Valley is a look at the future we’re creating, and it’s really disturbing. Many of those made rich by the recent technology boom don’t seem to care about the mess they’re creating.”

Me atravo a sugerir que la ausencia de un sistema de gobernanza adecuado a los nuevos tiempos es uno de los más grandes retos de la humanidad. Un reto que la Singularity U. no incluye entre los que propone abordar. Porque, me temo, saben que sus propuestas (“We don’t have to wait for governments to get around our problems.“) contribuyen a aumentar (exponencialmente 😟 ) el problema, más que a reducirlo. Tienen razón cuando sostienen que “Putting the breaks on technology just won’t work.” Porque la tecnología no tiene ningún efecto. Porque donde en todo caso hay que poner los frenos, o el control, o la gobernanza, no es en la tecnología, sino en cómo la gente la desarrolla, la difunde, la adopta. Para que no reproduzcan aquí lo peor de Silicon Valley.

 

 

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The System is Failing, Hack the System

El Roto 29_01_2014

El Roto, en El País de 29/01/2014. Si fueran sólo los de mediana edad …

Sigo dando vueltas a la tesis de The Economist que comentaba en mi última entrada: A corto, y quizá también a medio plazo, la extensión de los usos de las TIC destruye puestos de trabajo y refuerza la concentración de capital.

(Lo predijo Manuel Castells en su momento. El paradigma informacional desplaza al industrial porque resulta más eficiente en la acumulación de dinero y de poder).

Entretanto seguimos oyendo día sí y día también propuestas para seguir impulsando el avance de las TIC. Sin contrapesos, sin al parecer preocuparse demasiado de sus efectos a corto plazo. Recuerdo todavía, por ejemplo, el panegírico que un autor, olvidable a mi juicio, escribía hace unos años en un libro de un cierto éxito:

“Estamos haciendo un viaje nocturno. Hemos dejado atrás la ciudad analógica y avanzamos veloces en el automóvil de la tecnología por el amanecer digital, camino de su luminosa y prometedora mañana.

Pues va a ser que no. El argumento de que el desarrollo tecnológico ha sido y seguirá siendo una herramienta de generación de abundancia es convincente. Pero en la apología de la abundancia que hace en un reciente libro el fundador de la Singularity University, la abundancia de trabajos no aparece por ningún lado. Tampoco aparece la más mínima disposición al intento de gestionar de algún modo los daños colaterales que ya se están haciendo visbles. Sobre esta cuestión, The Economist escribía hace ya unos años que:

Technological progress, just like trade, creates losers as well as winners. The Industrial Revolution involved hugely painful economic and social dislocations—though nearly everybody would now agree that the gains in human welfare were worth the cost.

Se me antoja que la debilidad principal, quizá la única, de la argumentación que The Economist lleva una década manteniendo es no cuestionar el sistema que genera los daños colaterales. Un sistema basado en el predominio de una ideología económica que justifica ese impulso sin matices al desarrollo tecnológico, atribuyendo la responsabilidad (y por tanto los daños colaterales) a la mano invisible del ‘mercado’.

Ante el dictat de una innovación disruptiva y una destrucción creativa que no dan valor a lo que destruyen o disruptan habría que considerar una postura radical, como la propone The Guardian:

The system is failing, hack the system. Social entrepreneurs aren’t going far enough to create systemic change. What we need are social entrepreneurs who hack the hell out of the current system, destroy it and create new systems […] Neoliberals and Marxists both believe in “creative destruction”, so let’s get to it.”

Lo que se trata pues es de poner juego ‘social hackers‘ tan capaces y ambiciosos como los ‘hackers’ tecnológicos que por el momento dominan la escena.

¿Alguien se apunta? ¿Sugerencias?

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Que Bauman y The Economist coincidan no es coincidencia

Economist 140118

From: The Economist, 18/01/2014

Dos recientes artículos de The Economist (1 y 2) sobre el impacto futuro de las Tecnologías de la Información (las TIC) en el empleo y lo salarios merecen ser leídos y debatidos, como mínimo por los que nos interesamos por las interacciones entre tecnología y sociedad.

Porque el panorama que pinta The Economist, cuyas posiciones son habitualmente comedidas, es para preocuparse. Sus conclusiones incluyen algunas como las siguientes.

La primera, ya conocida, es la perspectiva de la desaparición de muchos de los trabajos actuales:

Technical change is increasingly taking the form of capital that effectively substitutes for labour […] One recent study by academics at Oxford University suggests that 47% of today’s jobs could be automated in the next two decades.

Esta ola de innovación disruptiva genera a corto plazo desigualdades también disruptivas:

America may be pioneering a hyper-unequal economic model in which a top 1% of capital-owners and “supermanagers” grab a growing share of national income and accumulate an increasing concentration of national wealth […] For workers the dislocating effects of technology may make themselves evident faster than its benefits. Even if new jobs and wonderful products emerge, in the short term income gaps will widen, causing huge social dislocation and perhaps even changing politics.

Tomando como referencia el precedente de la Revolución Industrial (el único que tenemos acerca del impacto social de un cambio drástico de la base tecnológica), y apoyándose también en las opiniones de varios académicos poco sospechosos de alarmismo, los efectos de esta disrupción, de hecho iniciada ya en los 80, podrían plausiblemente prolongarse una o dos décadas más.

La conclusión final es que:

Society may find itself sorely tested if, as seems possible, growth and innovation deliver handsome gains to the skilled, while the rest cling to dwindling employment opportunities at stagnant wages.

The Economist acaba recordando que, como explicaba muy bien en la misma revista Peter Drucker hace más de 10 años, la época de las revoluciones industriales fue un época de innovación tecnológica, pero todavía mucho más de innovación social e institucional. Sería pues el momento de la innovación en políticas que vayan más allá de facilitar (a ciegas, diría yo) el discurso hiper-tecnológico.

Adaptation to past waves of progress rested on political and policy responses […] Today’s governments would do well to start making the changes needed before their people get angry.”

Ahí es donde Bauman, cuya ideología no es precisamente afín a la de The Economist, coincide al concluir su último libro que:

Parece que necesitamos que se produzcan catástrofes para reconocer y admitir que podían producirse. Es un pensamiento escalofriante, quizá el que más. ¿Podemos refutarlo? Nunca lo sabremos si no lo intentamos: una y otra vez, y cada vez con más fuerza“.

El problema, en absoluto menor, es que no esté nada claro dónde vale la pena apuntarse para empezar. Para generar ideas, discursos y planes alternativos a los de gente como la Singularity University o mis muy apreciados ilustrados-TIC.

¿Sugerencias?

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Cantos de sirenas … tecnológicas

SirenasHoy me ha interesado …

… la comparación que Jaron Larnier hace en su último libro entre los grandes actores globales de Internet y las sirenas.

En la mitología griega, las sirenas distraían con su canto a los marineros, de modo que sus naves perdían el rumbo y acababan por estrellarse contra las rocas. De ahí la metáfora del canto de sirena como una tentación, ya descrita por Homero:

“Nadie ha pasado con su negro bajel sin que oyera la suave voz que fluye de nuestra boca, sino que se van todos después de recrearse con ella, sabiendo más que antes, pues sabemos cuantas fatigas padecieron en la vasta Troya argivos y teucros, por la voluntad de los dioses, y conocemos también todo cuánto ocurre en la fértil tierra”.

La analogía es tentadora. La “la suave voz que fluye” es la que actores como Google o Facebook proclaman como su misión (“organizar la información del mundo y hacerla universalmente accesible y útil“, “hacer que el mundo sea más abierto y conectado“). Su oferta nominal son servicios gratuitos que facilitan que acabaremos “sabiendo más que antes”, pues ellos conocen “todo cuando ocurre en la fértil tierra”. 

Lo que completaría la analogía con las sirenas es que la misión real de esas empresas no es ayudar a sus usuarios, sino explotarlos. Los números cantan: el margen bruto de Google y de Facebook es del 72%. Lo que obtienen de nosotros es mucho más de lo que nos ofrecen.

Además, apunta con cada vez más fuerza la noción de que estas empresas actúan como agentes económicos extractivos. Imponen de hecho un no-diseño social en el que acaparan los beneficios, pero externalizan los costes sociales asociados a los mismos. Costes que incluirían:

  • El desacoplamiento entre crecimiento económico y empleo (Leer en Technology Review)
  • El desacoplamiento entre la generación de riqueza y la renta de las familias (comentado aquí)
  • La pérdida de privacidad, incluyendo su papel clave en asuntos como el PRISM.

Temas éstos a explorar en próximas entradas.

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¿Aplaudimos algo que va mal?

“No podemos seguir viviendo así […] Sin embargo, parecemos incapaces de imaginar alternativas”.
(
Tony Judt,  “Algo va mal“).

Income2Hoy me ha interesado … reflexionar sobre la gráfica adjunta, incluida en el libro de Brynholfsson que he acabado de leer y que intento digerir. Los datos muestran que en los EEUU, un país que (demasiado) a menudo tomamos como referencia:

  • Ha tenido lugar durante las últimas décadas un crecimiento continuado del PIB por cápita, lo que denota un aumento también continuado de la productividad.
  • A pesar de ello, la mediana de ingresos de los hogares ha crecido mucho menos que el PIB, y de hecho lleva prácticamente estancada unos quince años.

Su diagnóstico es claro. La riqueza generada por economía de lo digital y de la economía con lo digital se reparte muy desigualmente. El PIB medio ha crecido, porque lo ha hecho desproporcionadamente la riqueza de unos (muy) pocos. La mediana de ingresos de los hogares se estanca, porque esa riqueza generada no llega a la mayoría de los hogares.

En palabras de los autores:

  • It may seem paradoxical that faster progress can hurt wages and jobs for millions of people, but we argue that’s what’s been happening“.
  • Even as overall wealth increases, there can be, and usually will be, winners and losers. And the losers are not necessarily some small segment of the labor force […] In principle, they can be a majority or even 90% or more of the population“.

Los remedios propuestos por los autores me parecen menos convincentes que su diagnóstico, que me sugiere dos reflexiones que dejo apuntadas:

  • En el plano individual. El atractivo deslumbrante, incluso adictivo, de la oferta de servicios digitales, ¿nos está cegando acerca de sus efectos colectivos? ¿Se está permitiendo, incluso aplaudiendo, que se reproduzca, como sugieren algunos autores, el fenómeno de los ‘robber barons‘ de principios del siglo XX? ¿No se podrían plantear alternativas?
  • En el plano colectivo. ¿Es razonable, como hacen tantos ilustrados-TIC, promover sin cuestionarlas las ideas, las políTIC@s, los servicios, las prácTIC@s y las formas de pensamiento que emanan de Silicon Valley como paradigmas de modernidad y progreso? En particular, tenemos un problema grave de desempleo, pero sabemos que las nuevas empresas de Internet crean pocos empleos. ¿No convendría buscar (también) otros referentes?

Pienso que podemos imaginar, promover y crear alternativas. Será cuestión de ponerse a ello.

Saludos cordiales.

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