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La imaginación de los programadores era insuficiente

Blog 2013.014

Hoy me ha interesado

… el comentario de Richard Sennet, en su último (y recomendable) libro, acerca de su experiencia (negativa) usando Google Wave en un proyecto de discusión sobre fenómenos de emigración en el Reino Unido.

He colgado en mi tablero algunas de las observaciones de Sennet, que no precisan demasiado comentario.

Destacaría sólo, para retomar el tema en próximas entradas, sus conclusiones sobre la falta de imaginación de los programadores de Wave y sobre la dificultad de realizar intercambios sociales completos con instrumentos diseñados por ingenieros. La primera apunta a la necesidad de pasar de la formación en STEM (Science, Technology, Engineering and Math) al promoción de competencias en STEAM (con el añadido de las  Artes). La segunda, a la oportunidad de desarrollar talento de social hackers, que sepan desarrollar y utilizar las tecnologías a partir de una aproximación sensata a los objetivos sociales.

Hasta la próxima.

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Sobre inteligencia y tecnología

marinaHoy me ha interesado

… volver sobre el asunto de la inteligencia y las TIC que abordaba en una entrada reciente.

El asunto de la inteligencia es escurridizo. Los expertos explican que hay varios tipos de inteligencia, más o menos independientes entre sí. También que cada persona es inteligente a su manera. Según cuenta Ken Robinson, la inteligencia de cada uno es tan particular como sus  huellas digitales (las huellas analógicas de sus dedos,  para ser preciso).

La pregunta apropiada no es pues “¿Qué tan inteligente es una persona (o una máquina)?“, sino “¿De qué modo es inteligente esa persona (o quizá esa máquina)?“.

Para mí, lo característico de la inteligencia (humana) es la capacidad de sorprender. De crear. De no repetirse. Al hilo de ello, he recuperado mi vieja copia de la “Teoría de la inteligencia creadora” de José Antonio Marina. De entre lo subrayado hace años entresaco:

La característica esencial de la inteligencia humana es la invención y promulgación de fines.” (pág, 17)
Lo que caracteriza a la mirada inteligente es que dirige su actividad mediante proyectos.” (pág. 34)

No se me ocurre preguntar a mi iPhone (un teléfono supuestamente inteligente) por sus proyectos. No esperaría respuesta. Imagino que tampoco se inventará objetivos.

Con todo, la yuxtaposición de una persona, que en principio podemos suponer inteligente, con un ‘smartphone’ puede producir resultados sorprendentes. Por ejemplo, según un informe reciente (.pdf)  el usuario típico (norteamericano) de un ‘smartphone’ consulta Facebook 14 veces al día. ¿Calificaríamos este comportamiento como inteligente?

Creo que no. Me tienta, sin embargo, especular con que quizá el propiciar ese comportamiento fuera uno de los fines perseguidos por la maquinaria industrial que pone smartphones y Facebook en manos de los usuarios. No sabría cómo verificarlo. Pero, aplicando la cita de Marina y tomando en cuenta la cantidad de gente inteligente que trabaja para Apple, Google, Facebook y similares, tampoco me resulta inverosímil.

Casualmente, o quizá no, ya incluso antes de Internet, Langdon Winner observó que “La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Tema este último para una próxima entrada.

Saludos cordiales.

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A favor de la ‘Slow Tech’

Foto: Gary Taxali en el New York Times

Hoy me ha interesado

… una visión del frenesí tecnológico desde una óptica newyorkina (o quizá, más propiamente del New Yorker).

Transcribo (con negrillas añadidas) el que me parece el párrafo clave, que aparece después de comentar, presentándolos como polos de una realidad contrastada:

“My unprovable hypothesis is that obsessive upgrading and chronic stagnation are intimately related, in the same way that erotic fantasies are related to sexual repression. The fetish that surrounds Google Glass [… grows ever more hysterical as the economic status of the majority of Americans remains flat. When things don’t work in the realm of stuff, people turn to the realm of bits”.

En un artículo en la misma línea en el New York Times, el tecno-realista (algunos dirán que tecno-escéptico) E. Morozov ofrece una interpretación complementaria, parafraseando el conocido refrán “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos“:
Given Silicon Valley’s digital hammers, all problems start looking like nails, and all solutions like apps“.

Intuyo que en Silicon Valley no estarán de acuerdo. Pero su fundamentalismo tecnológico empieza a verse cuestionado incluso desde los Estados Unidos. Un articulista de Forbes avisaba hace poco de que “the Silicon Valley hype machine is unbelievable, and you really have to be careful about what you read“. En la misma línea, pero esta vez en clave europea, PressEurope se refería hace poco a la “ideología californiana” que, con argumentos (débiles) como los que esgrime Kevin Kelly, intenta deslumbrarnos con imágenes futuristas para ocultar una ideología neoliberalista subyacente.

Nada nuevo en el fondo; la historia se repite. Porque la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se  han impregnado e impregnan de ideología y política.

Creo que nos convendría prestar menos atención a Silicon Valley (también a los ilustrados-TIC que les hacen de voceros) y más a otras alternativas. Porque su ideología y su política no generan, ni siquiera localmente, las condiciones idóneas para vivir. O prestarle, en todo caso, una atención lenta, como la que propugna Delayed Gratification, la revista de ‘periodismo lento‘ que acabo de recibir (en papel, por supuesto) y que me dispongo a saborear,  durante estos días de asueto.

Que los disfrutéis con salud.

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Estos ‘geeks’ tendrán que mejorar sus argumentos

Estos días ha tenido una cierta repercusión el video que acompaño, en el que diversos personajes, incluyendo Bill Gates, Mark Zurkerberg y Jack Dorsey postulan la conveniencia de enseñar a los peques a programar desde su más tierna edad.

No me convence. Y eso que en tiempos programé mucho, y a gusto. Y que ahora mismo estoy probando algunos de los cursos de CodeAcademy. Por eso, porque creo que es conveniente ayudar a que a la sociedad de hoy y del mañana aproveche de modo óptimo el potencial de las TIC, ese alegato, viniendo de quien viene, incluso me decepciona.

Porque sus argumentos no son lo bastante sólidos:

  1. Porque la propuesta de aumentar el número de horas de informática en las escuelas conlleva la de reducir horas de otras materias. ¿Cuáles? Si la respuesta apuntara a las Humanidades, tendríamos un buen tema para debatir a fondo.
  2. Como no podemos pensar la sociedad de mañana sin dosis ingentes de software, conviene enseñar a todo el mundo a entender el alcance, el potencial y las limitaciones, de los ordenadores. De acuerdo. Pero de eso a enseñar a todo el mundo a programar hay un mundo. Una cosa es enseñar a conducir y a hacer un uso racional del automóvil; otra, muy distinta, enseñar a reparar o a diseñar coches.
  3. Porque es un sofisma sostener que aprender a programar enseña a pensar. Enseña, ciertamente, un tipo de pensamiento. Lineal. Determinista. Justamente el que sirve para programar ordenadores. Justamente el que no sirve para orientarse o abordar cuestiones transcendentes en un entorno en que muchos problemas son sistémicos y muy influenciados por ‘animal spirits‘ que no se ajustan a lo determinista y racional.

Me ha sorprendido además el tono, poco racional, no sé si místico o infantil, de argumentos que aparecen en el video. Por ejemplo (min. 4:50).

  • The programmers of tomorrow are the wizards of the future. You’d look like you have magic powers compared to everybody else“.
  • It’s the closest thing we have to a superpower“.

¿Encontraríamos eso aceptable si se tratara de otra disciplina? No creo.

Aventuro na hipótesis. Si la industria TIC no consigue encontrar programadores preparados, es porque no tiene suficientes argumentos como para interesar a la gente a que aprenda. Tendrá que mejorar su discurso.

Saludos cordiales.

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¿Aplaudimos algo que va mal?

“No podemos seguir viviendo así […] Sin embargo, parecemos incapaces de imaginar alternativas”.
(
Tony Judt,  “Algo va mal“).

Income2Hoy me ha interesado … reflexionar sobre la gráfica adjunta, incluida en el libro de Brynholfsson que he acabado de leer y que intento digerir. Los datos muestran que en los EEUU, un país que (demasiado) a menudo tomamos como referencia:

  • Ha tenido lugar durante las últimas décadas un crecimiento continuado del PIB por cápita, lo que denota un aumento también continuado de la productividad.
  • A pesar de ello, la mediana de ingresos de los hogares ha crecido mucho menos que el PIB, y de hecho lleva prácticamente estancada unos quince años.

Su diagnóstico es claro. La riqueza generada por economía de lo digital y de la economía con lo digital se reparte muy desigualmente. El PIB medio ha crecido, porque lo ha hecho desproporcionadamente la riqueza de unos (muy) pocos. La mediana de ingresos de los hogares se estanca, porque esa riqueza generada no llega a la mayoría de los hogares.

En palabras de los autores:

  • It may seem paradoxical that faster progress can hurt wages and jobs for millions of people, but we argue that’s what’s been happening“.
  • Even as overall wealth increases, there can be, and usually will be, winners and losers. And the losers are not necessarily some small segment of the labor force […] In principle, they can be a majority or even 90% or more of the population“.

Los remedios propuestos por los autores me parecen menos convincentes que su diagnóstico, que me sugiere dos reflexiones que dejo apuntadas:

  • En el plano individual. El atractivo deslumbrante, incluso adictivo, de la oferta de servicios digitales, ¿nos está cegando acerca de sus efectos colectivos? ¿Se está permitiendo, incluso aplaudiendo, que se reproduzca, como sugieren algunos autores, el fenómeno de los ‘robber barons‘ de principios del siglo XX? ¿No se podrían plantear alternativas?
  • En el plano colectivo. ¿Es razonable, como hacen tantos ilustrados-TIC, promover sin cuestionarlas las ideas, las políTIC@s, los servicios, las prácTIC@s y las formas de pensamiento que emanan de Silicon Valley como paradigmas de modernidad y progreso? En particular, tenemos un problema grave de desempleo, pero sabemos que las nuevas empresas de Internet crean pocos empleos. ¿No convendría buscar (también) otros referentes?

Pienso que podemos imaginar, promover y crear alternativas. Será cuestión de ponerse a ello.

Saludos cordiales.

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Burbujas conectadas

Leo en el especial de The Economist sobre la cuestión inmobiliaria:

The irony is that property’s appeal is founded on its supposed solidity. It is no coincidence that the housing bubble started in the aftermath of the dotcom bust. Out went fantasy business plans; in came a real asset with a proven record“.

No es la primera vez que leo este tipo de diagnóstico. Por ejemplo, en su más que interesante “Crisis Economics“, Nouriel Roubini escribe en la misma línea:

With interests rates at historic lows after the Fed aggresively countered the fallout of the tech bust, a housing bubble began to inflate” (pág. 31).

Michael Mandel, en su tiempo uno de los adalides de la nueva economía, utilizó una metáfora esclarecedora: “Si la tecnología es el motor de la nueva economía, las finanzas son la gasolina”. En la medida justa, la gasolina hace funcionar un motor. Desbordada, lo incendia.

Ahora, cuando el inmobiliario ha pinchado, podemos preguntarnos cuál será el siguiente incendio que provoquen los financieros. A poco que les ayuden los ilustrados-TIC, bien podría ser en el área de ‘lo social‘.

¿Cuál os parece que será el nuevo objetivo-burbuja de los financieros?

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¿En qué se parecen y diferencian Google y Facebook? (2)

En la entrada anterior señalaba dos diferencias (importantes) entre Facebook y Google:

  • El modo en que consiguen atraer usuarios. Google por medio del buscador y otros programas; Facebook, actuando como intermediario de relaciones entre personas.
  • El tiempo que los usuarios pasan en una y otra plataforma, mucho mayor en el Facebook que en Google.

Sostengo, sin embargo, que Facebook y Google tienen en común es mucho más que aquello que les diferencia.

De entrada, ambas empresas operan en un mercado bilateral (two-sided market’), conectando usuarios y anunciantes. Los usuarios de Facebook y de Google (y los de las que basan su modelo de negocio en los ingresos de publicidad) no son clientes: son audiencia. Nada nuevo: lo mismo pasa con la televisión en abierto. No deja de sorprender, sin embargo, que los ilustrados-TIC se esfuercen regularmente en destacar que Internet no es ni debe ser como la televisión, cuando estas dos empresas, las más populares en Internet, comparten con la televisión una de las bases de su modelo de negocio.

De hecho, si hay una diferencia clave entre Facebook, Google y similares y las cadenas de televisión, es precisamente la que se acostumbra a intentar mantener en segundo plano. Todas ellas, las empresas de Internet y las cadenas, compiten por la atención de su audiencia. Pero la televisión lo hace sin capturar información de los usuarios. Por contra, es precisamente esa información, la que recogen registrando y procesando datos de la actividad virtual de sus usuarios, que la entregan gratuitamente, lo que constituye la materia prima de Google y de Facebook.

Es posible extender de varias formas este análisis de similitudes. Apuntaré sólo una. En su último libro, Gilles Lipovetsky analiza una sociedad desorientada, en la que distingue cuatro características centrales: el hiper-capitalismo, la hiper-tecnologización, el hiper-consumismo y el hiper-individualismo. Creo que es posible argumentar que esas cuatro características sociales ayudan a explicar el éxito de Facebook y de Google. Y que, al mismo tiempo, el éxito de estas empresas ayuda a consolidar ese estado social que Lipovetsky nos explica.

¿Os parece un argumentación verosímil?

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