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El arquetipo de sociedad descrito por Zygmunt Bauman

La Ley de Murphy y la Tecnología

navaja suiza

Hoy me ha interesado

… el artículo “Matones de WhatsApp” (acceso para suscriptores) publicado en La Vanguardia. Porque, en un tono no habitual en el tratamiento de las TIC por la prensa generalista, empieza con una frase plena de sentido:

La tecnología no nos hace mejores ni peores, pero ayuda a que los buenos y los malos instintos se expandan con más eficacia.

Una verdad que va más allá del suceso al que se refiere el artículo. Las tecnologías no son siempre neutras, pero incluso cuando lo son se  contaminan inevitablemente con los valores de quienes las adoptan, más que con los de quienes las inventan. Pienso en particular en hechos como la existencia de la ‘internet oscura‘, la revelación de la vigilancia de gobiernos de uno y otro color sobre la comunicaciones por Internet y el modo en que algún ilustre ilustrado-TIC pone el grito en el cielo al respecto.

Ocurre que no sólo es inevitable que si algo puede ir mal vaya mal algún día. Es peor. El mal existe, y es más que la ausencia de bien. Si hay oportunidad de utilizar algo (un medio, una herramienta, una tecnología) para hacer daño, alguien habrá indefectiblemente que aproveche esa oportunidad.

Mi admirado Langdon Winner, al que traigo repetidamente a este espacio, ya avisó en su momento de que:

“La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Imaginar lo contrario, que las TIC serían la excepción que escapara a la Ley de Murphy, es como mínimo inocente, y probablemente irresponsable, cuando no tendencioso. No debería sorprender a nadie, y menos a un supuesto experto, que esté emergiendo:

Una red demencial para un mundo disfuncional, en el que las herramientas de comunicación que deberían mejorar el mundo y conectarnos a todos se convierten en algo siniestro, que amenaza nuestra privacidad y nuestros derechos más fundamentales.

No sólo vivimos en un mundo disfuncional (el asunto de la privacidad no es ni de lejos el más disfuncional); hay usos de las TIC que contribuyen a ello. Tengamos presente, por ejemplo, la contribución de un uso irresponsable de ordenadores, algoritmos y redes a la virulencia de la crisis financiera actual. Lo que sucede es, citando otra vez a Langdon Winner,

“Se busca en vano entre los promotores y agitadores del campo de los ordenadores las cualidades de conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado.”

Proclamar que “las herramientas de comunicación deberían mejorar el mundo” es conceptualmente erróneo, además de ilusorio. Porque no son las herramientas, sino las personas y los grupos de personas los que cambian el mundo. No todos, sin embargo, dan la talla.

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Reid Hoffman: Nadie te rescatará si fallas

Blog 130131

La afirmación de Reid Hoffman, el fundador de LinkedIn, que extraigo de su todavía reciente “The Start-up of You“, sonará a unos como una oportunidad, y a otros como una sentencia. Seguramente tiene razón, porque Zygmunt Bauman ha construido sobre la misma idea su discurso acerca de la sociedad líquida (la cita es de “El arte de la vida“). Pero uno escribe sobre el éxito de la ética de Silicon Valley mientras el otro escribe de la disolución de estructuras sólidas que, nos gusten ahora más o menos, conferían a mucha gente un sentimiento de seguridad.

Hay un contraste enorme entre sus puntos de vista, ambos inteligentes y bien explicados. El contraste es incluso aparente en la pose de los personajes; confiado y feliz uno, pensativo y como ausente el otro, envuelto en el humo de una pipa que a lo mejor hoy no le permiten encender en su despacho de la Universidad.

Leo a ambos, sopesando en la trastienda la tendencia a la polarización entre el 1% que se adapta y triunfa y el mucho (tal vez 25%) que no sabe o puede adaptarse y apenas sobrevive. Pensando también en la mayoría restante, que aspira a formar parte del estrato superior a la vez que teme acabar deslizándose hacia el otro. Porque, hoy por hoy, como dice Hoffman, “nadie, ni tu empleador, ni el gobierno, te rescatará si fallas“.

Pero es una trampa. Porque debe haber, de hecho hay, alternativas sensatas a la ética despiadada de Silicon Valley, que Hoffman implícitamente suscribe. Sólo hay que mirar, con entusiasmo y espíritu positivo, hacia otras partes.

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Fantasías fantásTIC@s

Durante los últimos 15 o más años, se nos han presentado las TIC casi como un instrumento de salvación. Ya en su momento, los futurólogos del ciberespacio (de la red, diríamos hoy), proclamaban un futuro idílico:

Cyberspace is the land of knowledge, and the exploration of that land can be a civilization’s truest, highest calling. The opportunity is now before us to empower every person to pursue that calling in his or her own way“.

El contacto con la realidad ha ido desgastando el atractivo de la metáfora de internet como LA tierra del conocimiento. Los datos apuntan más bien a  una gigantesca fuente de entretenimiento.

No sólo eso. En un reportaje acerca del spam y otras plagas del ciberespacio, alguien habitualmente tan mesurado como los redactores de The Economist se descuelgan con otra metáfora:

Public behaviour still treats the internet like a village, in which new faces are welcome and anti-social behaviour a rarity. A better analogy would be a railway station in a big city, where hustlers gather to prey on the credulity of new arrivals. Wise behaviour in such places is to walk fast, avoid eye contact and be brusque with strangers. Try that online“.

Más como una estación de tren o como un aeropuerto que como una ciudad. Usted, y nadie más, es responsable de custodiar su equipaje. Los sociólogos diagnostican que en la sociedad líquida actual, con Internet pero no conformada sólo por Internet, se obliga a los individuos a encontrar soluciones particulares a las contradicciones del sistema. Igual que cuando tu compañía aérea favorita te deja tirado en un aeropuerto y no hay nadie en el mostrador de atención al público.

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