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Deberíamos dejar de hablar de la sociedad de la información

Los comentarios sobre adquisición del Huffington Post por AOL me han llevado a recordar que hace ya bastantes años que Manuel Castells, paradójicamente considerado como uno de los expertos mundiales en la materia, escribió que

«Deberíamos abandonar el concepto de ‘Sociedad de la Información‘ por inespecífico y engañoso«.

Durante un tiempo se intentó paliar esta cuestión con referencias al concepto de «Sociedad de la Información y el Conocimiento«. Políticamente correcto, pero no menos inespecífico ni engañoso.

Porque la reciente y aún actual crisis financiera, por poner sólo un ejemplo, ha demostrado claramente cómo un sector intensivo en datos digitales en el uso de las tecnologías puede acabar reconociendo que no tiene suficiente información para valorar los riesgos que ha adquirido, y menos aún conocimiento para administrar esos riesgos de forma razonable.

Ahora, un periodista crítico de la fusión entre el HuffPost y AOL se explaya escribiendo que:

«The media-saturated environment in which we live has been called ‘the information age’ when, in fact, it’s the data age. Information is data arranged in an intelligible order. Journalism is information collected and analyzed in ways people actually can use. Though AOL and the Huffington Post claim to have staked their future on giving visitors to their sites online journalism, what they actually provide is ‘content’, which is what journalism becomes when it’s adulterated into a mere commodity«.

He de pensar si tiene o no razón sobre este caso en concreto. Pero la próxima vez que oiga hablar de la importancia de ‘los contenidos’ recordaré esta lapidaria frase final.

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Think!

Rótulos "THINK" de IBM. Pinchar para acceder.

Llegan noticias del éxito en Francia de «Indignez-vous!«, un panfleto escrito por un resistente de 93 años  que incita a sus lectores a «no claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercados financieros que amenaza la paz y la democracia«. «Ya es hora – proclama – de que la preocupación por la ética, por la justicia, por el equilibro duradero prevalezcan«.

Hace pocos días en Túnez, hoy en Egipto, seguramente en los próximos días en otros países de África, hay también gente que se muestra indignada. Aquí en casa, no hace tanto que hizo fortuna el epíteto del ‘català emprenyat‘ (el catalán cabreado). Que cada cual añada a la lista los ejemplos que más a mano tenga.

Tendemos instintivamente a simpatizar con los indignados: no faltan motivos. Simplemente indignarse no es, sin embargo, suficiente; desahogarse en un arrebato de indignación es reconfortante, pero inútil si se queda en éso, en un desahogo. Pero no es fácil dar con el siguiente paso.

Sin pretender aquí sentenciar sobre el asunto, traigo a colación una cita de «First as a Tragedy, then as a Farce«, una obra reciente de Slavoj ZiZek, un filósofo que muy poco tiene de conformista:

«Immanuel Kant countered the conservative motto ‘Don’t think, obey!‘, not with the injuction ‘Don’t obey, think!’ but rather ‘Obey, but think!‘ […] We must resist the populist temptation to act out of anger and thus wound themselves. Instead of such an impotent acting-out, we should control our fury and transform it into an icy determination to think – to think things through in a really radical way».

No hace mucho, el filósofo Emilio Lledó publicaba en Babelia un imprescindible artículo sobre el mismo tema: «Pensar hoy«. Esta semana lo comentaremos en clase con mis alumnos.

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Intelectual, Intelecto, Google

elegia-para-un-americanoEn «Elegía para un americano«, la última novela de Siri Hustvedt, el protagonista escribe sobre su padre (pág. 231):

«La suya era una enfermedad tipica del intelectual: la infatigable voluntad de dominar una materia. Una dolencia crónica incurable que aqueja a quienes ambicionan dar un sentido lógico al mundo».

Me he sentido identificado, aunque sólo sea porque llevo varias semanas intentando aprender algo más de economía. Para entender cómo han llevado y dejado llevar la situación hasta donde hoy está. Me ha hecho pensar que quizá los intelectuales o aspirantes a serlo somos demasiado ambiciosos; quizá sobrevaloramos nuestras capacidades.

Algo que ciertamente no le ocurre a Google, cuya misión corporativa es nada menos que:

«[…] to organize the world’s information and make it universally accessible and useful».

blog_090228Confieso tener sentimientos ambivalentes respecto a Google. Quizá porque, aunque se tomen en serio su misión corporativa, su negocio es colocar publicidad; y no soy devoto de la publicidad. También soy ambivalente respecto de la ambición de Larry Page, uno de los co-fundadores de Google, de construir un buscador perfecto.

«The perfect search engine would understand exactly what you mean and give back exactly what you want».

Porque, de una parte, ese buscador me sería de gran ayuda para entender la economía. Al mismo tiempo, no puedo evitar compartir el recelo de Nicholas Carr de que tal vez la potencia de Google nos esté impulsando a utilizar menos la inteligencia. En fin; continuaré leyendo a la esposa de Paul Auster.

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No siempre la red es transparente

Un repaso a la pila de lectura pendiente me lleva a un artículo de The Economist sobre la «securitisation«, el palabro del argot financiero para nombrar una actividad que, según Wikipedia, consiste en:

«Un proceso de financiación estructurada en el que se adquieren activos, deudas o instrumentos financieros, se clasifican en lotes y se ofrecen como garantías para inversiones de terceras partes. Implica la venta de instrumentos financieros respaldados por el flujo de caja o el valor de los activos subyacentes. La securitización se aplica típicamente a activos que son poco líquidos (i.e. que no se pueden vender fácilmente)«.

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Este proceso, aplicado con imprudencia y/o dolo a la paquetes de hipotecas de alto riesgo ha acabado por causar la crisis de los mercados financieros y de deuda que es de plena actividad estos días.

Según The Economist,  han coincidido cuatro debilidades serias en el fenómeno de las ‘subprime‘:

  1. Un mecanismo financiero que ha permitido que los que concedieron las hipotecas  descargaran el riesgo de impago a inversores que no eran conscientes de ese riesgo. Pagan, por tanto, justos por pecadores.
  2. Una comprensión insuficiente de algunos de los instrumentos financieros empleados.
  3. Diseño defectuoso de algunos de los instrumentos, que ha resultado en que incluso los tramos que se suponían de bajo riesgo hayan perdido una parte sustancial de su valor muy rápidamente.
  4. Una valoración errónea y/o dolosa por parte de las agencias de calificación de riesgos a las que se suponía capaces de generar un dictamen imparcial sobre las cualidades de esos instrumentos financieros.

Actividades todas ellas que muy probablemente fueron desempeñadas por profesionales del conocimiento, utilizando herramientas TIC sofisticadas y comunicándose por redes de banda ancha conectadas a Internet.

Lo cual no obsta para que los resultados hayan sido extremadamente dañinos no sólo para los inversores de riesgo, sino también para muchos inocentes.

Tengámoslo en cuenta. Sobre todo para escuchar con precaución, si no con escepticismo, a los ilustrados-TIC que, con este fenómeno en marcha, son capaces de escribir que:

«Los territorios ya son redes, y los ciudadanos nodos que se socializan en la red, y con sus conversaciones digitales han convertido los mercados en algo transparente y global. Hay un nuevo modelo social en ciernes, ya visible en la red, que nos va a impactar de manera real«.

No podemos confiar a esos «ilustrados-TIC» los modelos mentales del futuro de «nuestra» sociedad de la información. Por si acaso, entre otras cosas, el «modelo social» que acabasen por facilitar (quizá inconscientemente) fuera el de los especuladores que juegan en la red. Por si el «impacto real» del que nos hablan resultara ser el caos financiero que se atisba.

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¿Se acuerdan del conocimiento y la tecnología?

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El suplemento Dinero de La Vanguardia del pasado Domingo, 2 de Marzo, contiene varios apuntes coincidentes sobre lo que podría o debería ser la política económica en España, apuntando todos ellos a un déficit de productividad.

Para empezar, el catedrático de Política Económica Eduard Berenguer apunta que:

«La desaceleración prevista para este año no es más que el producto del agotamiento del modelo de crecimiento para la economía española […] vinculado en exceso al crecimiento del sector inmobiliario y a la utilización intensiva de mano de obra poco cualificada. […] Bajo la mirada benigna de los bancos centrales ante la evidente inflación de activos […] el sector privado se ha comportado de la misma manera que antes lo hacía el sector público, incrementando la inversión y el gasto con un recurso permanente al endeudamiento«.

La solución pasaría por:

«Sustituir un modelo de inflación de activos y recurso permanente al endeudamiento crecimiento de la demanda agregada sobre la base del crecimiento de los salarios vinculados a mejoras de la productividad […] Necesitamos ser más competitivos y ser capaces de generar nuevas actividades con un mayor valor añadido».

No lo cito porque sea novedad, sino por la coincidencia de que, pocas páginas más allá, el también economista Alfredo Pastor diagnostica, en la misma línea, que:
«El gran objetivo de la política económica […] se resume en ayudar a mejorar la productividad de nuestra economía, sobre todo teniendo en cuenta que ésta ha experimentado un crecimiento negativo, en promedio, durante la última década».
Por si hiciera falta remachar el clavo, en una entrevista con el Premio Nobel de Economía Robert Solow éste nos recuerda a todos que:
Pase lo que pase con la globalización, el nivel de vida de un país jamás caerá por debajo de su productividad. Es sólo una cuestión de qué parte de la economía da mejores resultados.

Cabría añadir, porque pocas veces se recuerda, que el fenómeno se da también en sentido contrario. A medio plazo, el nivel de vida de un país no puede crecer por encima de la productividad. (Y el nuestro lo ha hecho, luego habrá una corrección).

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Marcos mentales (5): El conocimiento en la política

La edición del Viernes 29/2/2008 de El País tiene dos piezas independientes y complementarias.

De una parte, Enrique Vila-Matas desarrolla, debajo del titular «¿Qué hacer?«, un argumento sobre la decreciente o nula influencia de los intelectuales en la política:

«Personas de gran exigencia intelectual y potentísima inteligencia son hoy plenamente conscientes de que su destino en la vida -explicar lo que han entendido y que los otros no comprenden o no quieren ver- no sirve para nada porque a los otros ni les incumbe ni lo comprenden ni lo quieren saber«.

En otra sección del mismo diario, el titular «Políticos al borde del suspenso» encabeza un reportaje a dos páginas sobre la (falta de) formación de nuestros políticos. Con cuestiones como:

«Una sociedad en continuo movimiento plantea retos cada vez mayores derivados de cuestiones como el vertiginoso avance de las tecnologías, el mundo virtual, los avances científicos o el incremento de las migraciones. Todo ello hace que el ejercicio de la política requiera tener una visión cada vez más global de la sociedad. Con independencia del nivel de preparación inicial que tengan, ¿están los políticos adecuadamente formados para liderar esta sociedad?«

plato.jpgSegún la articulista, la respuesta de los expertos es un rotundo NO.

Poniendo juntas las dos piezas, la conclusión de primer nivel sería:

  • El conocimiento sirve poco para influir en política
  • A los políticos parece no importarles mucho el conocimiento, posiblemente porque consideran que les serviría de poco.

Lo cual, en plena transición hacia la sociedad de la información y el conocimiento no deja de ser una flagrante paradoja.

Para acabar con propuestas en positivo.

¿Por qué no pedir que, al igual que se hace en muchas empresas, los políticos con cargo público publiquen en su página web un perfil personal de conocimiento: Formación inicial, Formación continuada, Capacidades para la función que desempeñan, Habilidades, etc.?

En la misma tónica, ¿por qué no someter a unos cuantos líderes políticos a una «evaluación de 360 grados«, darles los resultados, enviarlos a sus jefes (o sea, a nosotros) y enviarles un «coach» para que les asesore sobre un plan de mejora (esa última parte, confidencial y en privado).

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Multitasking y Concentración en la sociedad líquida

Parece ser que no soy el único que anda preocupado, como he expresado en ‘post anteriores‘, por la exaltación del «multitasking» como virtud. Quizá porque, cada cual tiene sus manías, la virtud de la ‘concentración’ me parece de una cualidad superior a la habilidad de hacer varias cosas al mismo tiempo.

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Por eso menciono (aunque sea de hace ya una semana) un artículo publicado en La Vanguardia, curiosamente en la sección de Economía, en el que, citando un estudio de Piers Steel, de la Universidad de Calgary) se concluye que:

«Los individuos, las empresas, la sociedad en general, pagan diariamente una elevada y costosa factura por la falta de concentración.»

Una de las consecuencias que se destacan de esa falta de concentración es lo que los sajones denominan como ‘procrastination’ (una palabra que me encanta), cuya traducción oficial es «dilación«, aunque me gusta más la de «arrastrar los pies«; lo contrario de «no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy«.

Según el profesor Steel,

«En el trabajo, los problemas debidos a la dilación y a la falta de autocontrol parecen estar creciendo a medida que los trabajos son cada vez más desestructurados, o como mínimo auto-estructurados. La ausencia de una dirección impuesta significa que el trabajador competente debe crear orden a partir del caos inminente – debe autogestionarse o auto-regularse. A medida que la estructura continúa decreciendo, la oportunidad de la dilación aumenta en paralelo».

(Una frase con resonancias a la obligación de ‘buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema‘ que nos impone la sociedad líquida).

Una situación que el autor asocia, en parte, a los efectos de los ‘gadgets’ tecnológicos que nos rodean:

«La virulencia de las tentaciones de distracción, un habilitador de la dilación, parecen también estar aumentando […] Los avances tecnológicos aceleran los mecanismos de de satistacción de muchas de nuestras necesidades. Desafortunadamente, estos mecanismos tienden a favorecer experiencias ‘substandard’ que satisfacen sólo débilmente esas necesidades. Debido a la presión temporal, las acciones más satisfactorias se posponen en favor de otras menos profundas pero más inmediatas».

Una conclusión que me hace pensar en la que el Presidente del BBVA apuntaba como su definición favorita de Internet:

«Un espacio en el que están contenidas todas las posibilidades».

Incluyendo, nos guste o no, la de dispersarnos. En fin; el profesor de Calgary concluye que:

«La concentración es un valor en alza».

Intentaré, por tanto, mantener la mía. Por lo que éste no será, espero, la última entrega sobre el ‘multitasking’ y las TIC.

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La ‘gamer generation’ en la empresa: Uff!

He tenido una pesadilla durante la siesta. Me había dormido pensando en la propuesta de Infonomía sobre la relevancia de la Gamer Generation. Una idea desarrollada en un libro reciente de la Harvard Business School Press. Como es de los que Amazon deja explorar online le he podido echar una ojeada. En la contraportada habla de una ‘gamer generation‘ dotada de atributos como:

  • Una habilidad asombrosa para la multitarea.
  • Solucionar problemas de forma creativa
  • Gente comprometida, orientada al equipo
  • Juegan para ganar, pero están acostumbrados también a perder.

Me ha venido a la cabeza la imagen de una sala repleta de cubículos ocupados por gamers. Como los asistentes al Campus Party, pero con algunos años más y ropa formal. Pero igualmente absortos en sus multi-pantallas, intentando solucionar de creativamente la forma de conseguir un bonus espectacular. Tan espectacular como los premios de los videojuegos, pero en euros, o miles de euros. Empeñados en ganar y hacer ganar al equipo, porque el premio aumenta si el equipo gana.

De pronto, un aparatoso

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aparece, primero en una pantalla, poco a poco contagiándose a las contiguas y luego al panel gigante que preside la sala. Suena una sirena estruendosa y me despierto.

Gracias a Dios, sólo era un sueño. De vuelta a la realidad, tomo el diario por la sección de Economía y, hélas, aparecen las declaraciones del ‘broker’ de Société Générale, que llegó a tener en danza apuestas (o inversiones) por 50.000 millones de Euros.

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De golpe, me lo imagino como uno de los ‘gamers‘ del sueño, y no sé si preocuparme o sentirme aliviado.

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La sociedad desinformada de la información

Estimulado por un comentario a un ‘post’ anterior sobre la ‘sociedad líquida’ y el espíritu de la Web 2.0, he buceado en la obra de Scott Lash, un autor que reflexiona sobre las bases de una aproximación crítica a la sociedad de la información.

venetian-mask.jpgLo que más me ha atraído en esta mi primera lectura ha sido lo que Georges Lakoff, el gurú de los marcos mentales (frames) califica como biconceptualismo. La situación que se produce cuando, dados dos «marcos mentales» que se presentan como opuestos, nos sentimos en parte identificados con ambos, pero del todo con ninguno.

En su «Crítica de la información», Scott Lash aborda el análisis de una «sociedad desinformada de la información«:

¿Qué hay en juego en la sociedad de la información Los tipos de información son dos. El primero está inscrito en una problemática de racionalidad e inteligencia. En una problemática de conocimiento: de producción con uso intensivo del conocimiento, máquinas cada vez más inteligentes y bienes y servicios ricos en información. Este primer tipo tiene que ver con la vigencia de una sociedad de uso intensivo del conocimiento y no del trabajo.

[…] El fundamento del segundo tipo de información no es tanto científico-material como literario. […] Si el primero tiene que ver con la sociedad global de la información, el segundo está relacionado con la cultura (global) de la información.

Una cultura en la que

El valor de la información es efímero. es inmediato. No tiene ni pasado ni futuro: ningún lugar para la reflexión y el argumento razonado.

Dos caras inseparables de la misma realidad. Un poco como en la Mecánica Cuántica, en donde un electrón es a la vez, inseparablemente, una partícula y una onda.

wave521.jpgEsa dualidad se manifiesta en el Internet de hoy. Quienes más ganaron con la revolución informacional de Internet de la década de los 90 fueron muy posiblemente las grandes organizaciones de la globalización, actuando  en la economía de los productos físicos (electrónica y ordenadores, por ejemplo, pero también Zara) o en los productos inmateriales (como los servicios financieros). Pero los iconos que entretanto ocupan el primer plano son los de la cultura de la información: los MySpace, Facebook, Flickr, YouTube, Twitter y otros. Rupert Murdoch comprando MySpace y el Wall St. Journal. Las dos culturas de las que habla Lash mezcladas y revueltas sobre un mismo soporte tecnológico.

Según como se mire, Google encarna ambos conceptos en una única empresa. De una parte, el buscador vive, por su propio concepto, en la cultura de la información desordenada. De otra parte, Google explota un conocimiento obtenido con altas doses de racionalidad para vender publicidad a las empresas, muchas de ellas de consumo efímero. Una estrategia bifurcada. Una dualidad sin la que no puede entenderse a Google.

Supongo que hay pocas recetas para vivir en medio de esa dualidad. Como escoger a qué partido votar. Como apostar por la sociedad de la información, a pesar de que se explote el efecto de la desinformación y el exceso de información basura. Como estar en contra de la sociedad de consumo y utilizar un Google que ayuda a quienes empujan la sociedad de consumo. Aunque no sólo a ellos.

Como la contradicción de escribir reflexiones, que se pretenden racionales, en un blog, un instrumento que tanto se presta a la visceralidad y a la falta de reflexión.

Una vez más, no tenemos más remedio que andar buscando soluciones biográficas a las contradicciones del sistema.

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Un poco de autobombo

libro_sinf.gifPara todo hay una primera vez. Y algunas de las primeras veces causan una impresión especial.

Mi «última primera vez» ha sido vagabundear por una de mis librerías favoritas y ver en los anaqueles un libro … co-escrito por mí!!! (junto con Jordi Buira).

Un primer vaciado de ideas sobre lo que es (y no es) la sociedad de la información.

Dirigido a no especialistas. Porque si muchos se quejan de que lo de la sociedad de la información no se entiende, como mínimo una parte de la responsabilidad será de los que no lo hemos sabido explicar bien. Este es un intento de mejora. El primero, esperamos, de una serie.

Confío en que os interese y en que lo disfrutéis. Me interesará conocer reacciones y comentarios, en mi email o en cualquier espacio de este blog.

Gracias. (Y perdón por el autobombo)

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