Archivo mensual: marzo 2015

Un desequilibrio exponencial

Estos días está de moda el discurso de Silicon Valley sobre las promesas del impacto de las tecnologías exponenciales.

Un discurso sugestivo, pero no necesariamente creíble. La realidad tiene una cierta querencia en contradecir las previsiones de los expertos. También, en un sentido u en otro, de los expertos en tecnología.

No entraré en el juego de hacer predicciones sobre las predicciones de los exponencialistas. Pero no me resisto a compartir una primera reflexión (habrá más) sobre las propiedades exponenciales.

Un ejemplo de desequilibrio exponencial

150330 Cuerda

Un ejercicio elemental de Mecánica

 

 

Pregunta:

Una cuerda de longitud L se coloca a caballo y en perfecto reposo (como en la figura) sobre una pared vertical.

Si x(0) es el desequilibrio inicial (diferencia inicial entre la longitud de la cuerda a uno y otro lado de la pared), ¿cuánto tiempo tarda la cuerda en pasar por completo a un lado de la pared?

 

 

La respuesta es que la variación del desequilibrio con el tiempo es exponencial, pero la apariencia de esta exponencial puede resultar sorprendente. La gráfica muestra la evolución del desequilibrio para el caso de una cuerda larga (L = 10 metros) y varios grados de desequilibrio inicial (desde 1 metro hasta 1 milímetro).

150330 Gráfica

Dos observaciones:

  • Si la cuerda está casi en equilibrio inicialmente, el movimiento es apenas observable durante un tiempo. Dicho de otro modo: Un crecimiento exponencial puede ser imperceptible al principio, pero resulta casi imparable a partir de un cierto momento.
  • El movimiento deja de ser exponencial cuando toda la cuerda pasa a estar a un lado de la pared. Es lo que tienen las exponenciales: tendencia a durar sólo durante un tiempo limitado. Porque, una vez explotan, acaban por salirse de madre.

Más sobre esta segunda propiedad en una próxima entrada.

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¿Hacia una desigualdad exponencial?

Me desconcierta la repercusión positiva que tiene entre españoles el hecho de que la Singularity University celebre un evento en Sevilla. Porque creo que hay argumentos suficientes para adoptar una postura prudentemente escéptica, si no directamente crítica, ante las propuestas de esta Universidad de Silicon Valley.

Según se muestra en su Web, la misión de esta peculiar Universidad es:

To educate, inspire and empower leaders to apply exponential technologies to address humanity’s grand challenges.”

Uno de los argumentos que repiten (hasta la saturación) es que la Humanidad tiene por delante una época de abundancia prácticamente ilimitada (exponencial 😟), como resultado de desarrollos tecnológicos emergentes (también exponenciales 😟) .

Pero, incluso sin profundizar demasiado, hay dos cuestiones importantes que evitan abordar en sus proclamas:

  • Cómo generar abundancia de trabajos de calidad. Porque muchas de estas tecnologías exponenciales tienen un componente de automatización que más bien tiende a reducir o precarizar los trabajos.
  • Cómo repartir los beneficios de esa abundancia material, cuando está sobre la mesa que la desigualdad lleva años creciendo y que el aumento de la desigualdad frena el crecimiento económico.

Lo que la gente de la Singularity oculta cuidadosamente(‘the winner takes it all‘) es que su ideología neoliberal propicia el aumento de la desigualdad. Como de hecho se ejemplifica en el propio Silicon Valley. Para muestra, extractos de un artículo reciente en Technology Review:

“Technology is the main driver of the recent increases in inequality. It’s the biggest factor.”

“Silicon Valley is a look at the future we’re creating, and it’s really disturbing. Many of those made rich by the recent technology boom don’t seem to care about the mess they’re creating.”

Me atravo a sugerir que la ausencia de un sistema de gobernanza adecuado a los nuevos tiempos es uno de los más grandes retos de la humanidad. Un reto que la Singularity U. no incluye entre los que propone abordar. Porque, me temo, saben que sus propuestas (“We don’t have to wait for governments to get around our problems.“) contribuyen a aumentar (exponencialmente 😟 ) el problema, más que a reducirlo. Tienen razón cuando sostienen que “Putting the breaks on technology just won’t work.” Porque la tecnología no tiene ningún efecto. Porque donde en todo caso hay que poner los frenos, o el control, o la gobernanza, no es en la tecnología, sino en cómo la gente la desarrolla, la difunde, la adopta. Para que no reproduzcan aquí lo peor de Silicon Valley.

 

 

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Estas imágenes valen más que mil palabras

150324 BlogLos viñetistas ahorran palabras. Podemos también, como en esta ocasión, dejar que nos las ahorren.

Pero si alguien prefiere las palabras:

¿Qué titulo pondríais a estas viñetas, conjuntamente o por separado?

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Cuando despertaron del sueño digital

Me gusta esta viñeta de El Roto.

Supongo que también podría haber escrito:

  • El libro también seguía ahí.
  • La pila de blocs de notas también seguía ahí.
  • Los álbumes de fotos en que imprimimos las fotos digitales que se borraron sin haber hecho backup aún seguían ahí.
  • Etc.

Entrevistan a Roberto Casati en El País Domingo de 22.03.2015:

No porque exista la comida rápida hay que ingerirla cada día. Con la tecnología pasa lo mismo: que exista no significa que haya que utilizarla permanentemente.

Pues eso.

Por no hablar, todavía, de una línea de relato adicional. La que empezaría por “Cuando despertaron de la anestesia digital … se encontraron con …“. Efectos colaterales sobrevenidos. Casati escribe:

“Detrás de esos objetos magníficos se enconde una tentativa permanente de recolección de datos a escala masiva. Yo propongo que los objetos tecnológicos vengan acompañados de un prospecto parecido al de los medicamentos, donde se nos expliquen los peligros que corremos al utilizarlos …”.

Una opinión minoritaria por el momento. Pero no nueva ni insensata. Recuerdo de nuevo la cita de Langdon Winner:

“En el terreno técnico repetidamente nos involucramos en diversos contratos sociales, las condiciones de los cuales se revelan sólo después de haberlos firmado.”

Estoy acabando de leer “The Utopia of Rules: On Technology, Stupidity, and the Secret Joys of Bureaucracy“. Food for further thought.

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La Internet of Things no cambia nada

Se publica un informe de Accenture con el sugestivo título “The Growth Game-Changer:How the Industrial Internet of Things can drive progress and prosperity“.

En las primeras páginas se incluye esta cita de un representante del Banco Mundial:

“The Internet of Things can be a game-changer for the world’s economies—accelerating productivity, overcoming infrastructure gaps and driving innovation.”

Discrepo. Sostengo, por contra,  que la tecnología no tiene ningún impacto. Es la gente que financia, desarrolla, adopta o adapta una tecnología quien genera impacto.

De hecho, en el mismo informe de Accenture se afirma que:

The lessons of history tell us that achieving economic diffusion comes down to how well a country can weave innovations into its economic and social fabric.

Para concluir que el impacto de la IoT depende de factores ‘soft‘ que incluyen, entre otros:

  • Buena gobernanza
  • Disposición a asumir el cambio organizativo y la capacidad de responder a los impactos en el capital humano.

O sea, que lo que me chirría del informe de Accenture es el título. Que, aunque engañoso, sirve como gancho. Lamentablemente.

Porque, al igual que otras tecnologías en el pasado inmediato o no, la IoT no cambia nada. Lo que sí hay es quien se prepara para utilizarla como herramienta para cambiar cosas. Hace años ya que Manuel Castells avisaba, ahora sabemos que con razón, de que el paradigma informacional se imponía porque es más eficiente en la acumulación de dinero y poder. No está de más, por si acaso, ver la emergencia de la IoT desde la misma óptica.

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Me encantaría ver esta innovación ‘wireless’

5De una colección de viñetas antiguas de The New Yorker.

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Liderazgo(s), o falta de

Liderazgos490 millones de entradas en Google sobre ‘leadership‘. Casi 40 millones, menos pero aún muchas sobre ‘liderazgo‘. Un concepto importante, pero no fácil de definir. De ahí que hayan tantas acepciones (ver la Wikipedia para una introducción). Aparte de la confusión, más habitual de lo deseable del liderazgo con la autoridad o el poder. Del líder con el director o el jefe.

De vuelta al Google, lo que me parece más interesante es que el número de referencias a ‘lack of leadership’, a la falta de liderazgo sean tan numerosas. Algo en sintonía con la opinión de mucha de la gente a mi alrededor. En particular, ahora que se entrecruzan varias campañas y precampañas electorales, la percepción es que hay más gente con ganas de mandar que con dotes de liderazgo.

En fin. Acabo con una cita de W. Bennis, que me parece un autor sensato sobre estas cuestiones:

Hasta cierto punto, el liderazgo es como la belleza: es difícil de definir, pero lo reconoces en cuanto lo ves.

Y también, por supuesto, cuando no lo ves.

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Otra verdad importante en la que creo, que en realidad son dos

En la línea de la entrada anterior, y de otra aún más anterior, otra verdad importante en la que creo:

Never doubt that a small group of thoughtful, committed citizens can change the world; indeed, it’s the only thing that ever has.” (Margaret Mead)
Hay dos claves, en mi opinión, en esta frase:
  • Conseguir un compromiso real y efectivo de ese grupo de ciudadanos, incluso si es pequeño. Sabemos demasiado bien lo fácil que un aparente compromiso inicial se diluya muy pronto en el tiempo. Lo sabemos incluso cuando ese compromiso es con nosotros mismos (aprender idiomas, hacer ejercicio, ponernos a dieta, leer a Proust, …).
  • Que los ciudadanos del pequeño grupo asuman ese compromiso de modo “thougthful” (‘done or made after careful thinking’, según el Webster). Lo que lleva a excluir casi automáticamente a los demasiado indignados. Porque a todos nos cuesta mucho pensar cuidadosamente cuando nos domina la indignación. O de hecho, cualquier otro sentimiento, incluyendo el entusiasmo.

El equilibrio duradero es el que sale del equilibrio justo entre “thinking, feeling y willing”; entre el pensamiento, el sentimiento y la voluntad. Un equilibrio no siempre fácil.

La  parte final del enunciado de Margaret Mead contiene la que considero una segunda verdad. Que puede enunciarse en positivo o en negativo:

  • Los grandes cambios se inician desde un grupo pequeño.
  • Es muy difícil que un grupo grande (y menos aún una asamblea) asuma un compromiso suficiente y sostenido en el tiempo.
  • No parece sensato, menos aún en los tiempos que corren, esperar que sean los gobiernos (locales, autonómicos, estatales, supraestatales, galácticos) quienes cambien el mundo (para mejor).

Dicho ésto, como sucede con tantas verdades, de lo que se trata es de aplicarse el cuento. Lo que implica, en particular, dejar la tecla (o el video) y pasar a la acción.

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Una verdad importante acerca de la que poca gente estará de acuerdo conmigo

En una entrada anterior me hacía eco de la recomendación de una ‘mentalidad contraria‘ de Peter Thiel: Trabajar sobre algo importante que uno cree, pero acerca de lo cual mucha gente estará en desacuerdo.

Cuál es la verdad importante acerca de la que poca gente está de acuerdo contigo?

He hecho una primera lista de unas cuantas de esas mis ‘verdades contrarias’. No todas, por cierto, relacionadas con posibles negocios.

Se pueden contar en positivo (cosas que me parecen importantes, en las que yo creo pero la mayoría no) . O en negativo (cosas sobre las que nos dicen que son verdades importantes, en las que mucha gente cree, pero yo no).

Escojo una de la segunda lista: Uno de los mensajes de la “Singularity University” (cuyo boletín recibo a diario y leo; conviene estar informado de la propaganda de tus contrarios):

Scientific and technological progress is humanity’s greatest collective project.

Es una frase que admite una doble lectura:

  • El progreso científico y tecnológico es hoy por hoy el mayor proyecto colectivo de la humanidad“. O sea, el proyecto al que colectivamente se estén dedicando más recursos de todo tipo. Posiblemente cierto.
  • El progreso científico y tecnológico debería ser el mayor proyecto colectivo de la humanidad“. Ahí es donde discrepo.

Discrepo porque creo que la gente de la Singularity U. (un ejemplo de la mentalidad soberbia y arrogante de Silicon Valley) promueve un proyecto de tecnología sin valores. Porque creo que el mayor reto colectivo no es ya el progreso tecnológico y científico, sino un acuerdo sobre el propósito y los principios que orienten ese progreso en el futuro. O incluso el desarrollo de una conciencia colectiva que haga factible ese acuerdo.

Un acuerdo que hoy por hoy no existe. Un hilo del que estirar en próximas entradas.

P.S. La Singularity University organiza pronto un evento en Sevilla. A partir de 1.700 € la matrícula. Por si a alguien le interesa.

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Por si Podemos no puede, o para cuando no pueda.

En el Ara del domingo, traducen “No está claro que Podemos“, un artículo de José Luis Pardo  que se publica (en castellano) en el último número de “La Maleta de Portbou“.

Vale la pena leer el artículo entero. Cito sólo un fragmento del párrafo inicial:

Hacer especulaciones en este momento sobre su futuro [el de Podemos] viene a ser como apostar por aquellos productos financieros de contenido infinitamente complejo (o fundamentalmente vacío) que originaron la crisis inmobiliaria de las hipotecas subprime y de sus mercados de futuros.

Una comparación creo que brillante. O por lo menos sugestiva. El análisis de José Luis Pardo, que no repetiré, me ha sugerido reabrir mi ejemplar de “Algo va mal“, del malogrado Tony Judt. Que, hasta donde entendí, versaba tanto sobre los males de la época como de la incapacidad de la socialdemocracia para atajarlos. Algo que tiene que ver, creo, tanto con el auge de Podemos como con la confusa y desesperanzadora fragmentación de la izquierda.

Hace unas semanas, Antoni Puigverd escribía en La Vanguardia:

Estoy rodeado de gente moderada […]  que desearían hablar, ceder, escuchar, dialogar, incorporar, explicarse, abrirse, discutir. […] Me permito pedirles que se rebelen contra este clima fatalista y frentista. Ya que las estructuras no permiten la reforma, ha llegado la hora de que los moderados hablemos sin timidez, con claridad.

No sé exactamente por qué escribo sobre estas cosas, de noche y con insomnio. Quizá porque muchos de los moderados que conozco me parecen más bien gente de ‘seny‘, para nada exaltados. Pero en lo que se refiera a sus principios son, como debe ser, radicales. Los principios, si se tienen, no se negocian.  Quiero pensar que acabaremos por aclarar qué deberíamos estar haciendo para contribuir a una gobernanza que merezca este nombre. Y hacerlo.

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