La insoportable levedad de la queja indignada

Blog 140217.001

Mi hábito de lectura aleatoria del fin de semana me ha llevado a encontrar dos artículos de negativismo indignado:

  • Uno de Enrique Dans sobre el “mito de los nativos digitales“, en que machaca a los jóvenes que califica como “auténticos iletrados digitales” y (menos explícitamente) a quienes les han educado así.
  • Otro de un autor al que no conozco, que sostiene que la generación T, la de los nacidos entre 1945 y 1965. “lleva treinta años controlando la política, la economía y el discurso intelectual y mediático del país, y ha mantenido unos privilegios a costa de arruinar a los más jóvenes”.

Coinciden en llevar ambos una parte de razón y en tomar el todo por las partes (no todos los de la generación T somos iguales, no todos los jóvenes usan las tecnologías sólo para banalidades). Pero coinciden sobre todo en concentrarse en lo negativo y en no hacer ninguna propuesta en positivo. Esa actitud puede servir como desahogo, o incluso para vender libros. Pero no para construir alternativas.

Leo estos días sobre las virtudes de la indagación apreciativa. Una metodología para afrontar cambios sistémicos, organizativos o sociales que, en lugar de centrar la atención en lo que no funciona, como en los casos que nos ocupan, propone una estrategia en cuatro pasos:

  1. IDENTIFICAR lo que sí funciona.
  2. IMAGINAR un futuro en que las cosas funcionan.
  3. DISEÑAR cómo crear ese futuro a partir de lo que tengamos a mano o de lo que podamos echar mano.
  4. TRABAJAR para poner ese diseño en práctica.

Me parece una buena manera de conseguir lo que Peter Drucker propugnaba como tarea de un buen líder: “Conseguir alinear las fuerzas de que se dispone de modo que las debilidades se conviertan en irrelevantes“. Parece algo más difícil, pero también más prometedor y responsable, que escribir una diatriba contra el mundo.

Si alguien se apunta, sabrá dónde encontrarme. Lo mismo si alguien me quiere en su equipo.

P.S. La imagen es una composición de viñetas de Hug McLeod, que colecciono desde hace años.

1 comentario

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Una respuesta a “La insoportable levedad de la queja indignada

  1. Soy el autor del artículo de la Generación T. También trabajo de maestro, y por tanto mi obligación es tener soluciones para que mis alumnos aprendan y estén motivados, y contruibuir a su desarrollo.

    ¿Soluciones para la situación de España? Eso es cosa de los políticos, que para ello les pagamos. Los ciudadanos insatisfechos tenemos todo el derecho de quejarnos.

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