Archivo mensual: octubre 2013

La Ley de Murphy y la Tecnología

navaja suiza

Hoy me ha interesado

… el artículo “Matones de WhatsApp” (acceso para suscriptores) publicado en La Vanguardia. Porque, en un tono no habitual en el tratamiento de las TIC por la prensa generalista, empieza con una frase plena de sentido:

La tecnología no nos hace mejores ni peores, pero ayuda a que los buenos y los malos instintos se expandan con más eficacia.

Una verdad que va más allá del suceso al que se refiere el artículo. Las tecnologías no son siempre neutras, pero incluso cuando lo son se  contaminan inevitablemente con los valores de quienes las adoptan, más que con los de quienes las inventan. Pienso en particular en hechos como la existencia de la ‘internet oscura‘, la revelación de la vigilancia de gobiernos de uno y otro color sobre la comunicaciones por Internet y el modo en que algún ilustre ilustrado-TIC pone el grito en el cielo al respecto.

Ocurre que no sólo es inevitable que si algo puede ir mal vaya mal algún día. Es peor. El mal existe, y es más que la ausencia de bien. Si hay oportunidad de utilizar algo (un medio, una herramienta, una tecnología) para hacer daño, alguien habrá indefectiblemente que aproveche esa oportunidad.

Mi admirado Langdon Winner, al que traigo repetidamente a este espacio, ya avisó en su momento de que:

“La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Imaginar lo contrario, que las TIC serían la excepción que escapara a la Ley de Murphy, es como mínimo inocente, y probablemente irresponsable, cuando no tendencioso. No debería sorprender a nadie, y menos a un supuesto experto, que esté emergiendo:

Una red demencial para un mundo disfuncional, en el que las herramientas de comunicación que deberían mejorar el mundo y conectarnos a todos se convierten en algo siniestro, que amenaza nuestra privacidad y nuestros derechos más fundamentales.

No sólo vivimos en un mundo disfuncional (el asunto de la privacidad no es ni de lejos el más disfuncional); hay usos de las TIC que contribuyen a ello. Tengamos presente, por ejemplo, la contribución de un uso irresponsable de ordenadores, algoritmos y redes a la virulencia de la crisis financiera actual. Lo que sucede es, citando otra vez a Langdon Winner,

“Se busca en vano entre los promotores y agitadores del campo de los ordenadores las cualidades de conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado.”

Proclamar que “las herramientas de comunicación deberían mejorar el mundo” es conceptualmente erróneo, además de ilusorio. Porque no son las herramientas, sino las personas y los grupos de personas los que cambian el mundo. No todos, sin embargo, dan la talla.

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El mapa del conocimiento y los datos

BD is not_everything_that_mattersHoy me ha interesado:

Que me llegara esta viñeta de Hug McLeod mientras leía “El mapa del conocimiento“, un más que interesante artículo de Jorge Wagensberg en “La Maleta de Portbou“. Su tesis:

Existen tres grandes métodos, a los que corresponden tres grandes formas de conocimiento: lo científico, lo artístico y lo revelado.”

Una afirmación ésta, sobre los límites del conocimiento científico, que me parece significativa viniendo precisamente de un científico. Wagensberg es aún más explícito (las negrillas son mías):

Si la necesidad del arte se puede interpretar como una consecuencia de los límites de la ciencia, la necesidad del conocimiento revelado se puede interpretar como una consecuencia de los límites del arte. Queda aún mucho pensamiento que no puede traducirse, reducirse, compactarse, y transmitirse mediante la ciencia o el arte.”

Un contraste radical con un ejemplo reciente en el que Chris Anderson, uno de los gurús de la ‘ideología Wired’ proclamaba que:

“Out with every theory of human behavior, from linguistics to sociology. Forget taxonomy, ontology, and psychology. Who knows why people do what they do? The point is they do it, and we can track and measure it with unprecedented fidelity. With enough data, the numbers speak for themselves.”

Esta ‘ideología Wired‘, a la que mis queridos ‘ilustrados-TIC‘ se han adherido con tanto fervor, intenta (interesadamente) convencernos de reducir todo el  conocimiento, incluso el conocimiento científico, a bits. Wagensberg, un científico, pero también un humanista, proclama exactamente lo contrario. La distinción tiene consecuencias. La ‘ideología Wired‘ propaga un concepto de progreso orientado a hacer más imprescindibles a sus máquinas que a las personas. Creo que como individuos y como seres sociales hemos de tomar partido. Yo lo hago.

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Hacen falta más maletas como ésta

La Maleta de PortbouMe llega por via de serendipia el primer ejemplar de “La Maleta de Portbou“, que se autocalifica como una “Revista de Humanidades y Economía“.

Sea bienvenida. Deseémosle suerte.

Por plantear con rigor, es una revista para leer despacio, temas que merecen ser pensados, leídos, reflexionados, para poder actuar luego con algo más de conciencia y de sentido.

Por el valor de poner una revista (de papel) en el mercado en momentos de crisis. También en momentos en que ilustrados-TIC y  apologetas de lo digital auguran lo contrario.

Porque hay apostar por las Humanidades en tiempos en que hace cada vez más falta imaginar, pensar, comunicarse, actuar, poniendo en juego todas nuestras capacidades como personas. Capacidades, las más valiosas, que están (y apuesto que estarán) por encima de las máquinas.

Porque hacen falta contrapesos a los sofismas de los fundamentalistas de la tecnología, como los de este artículo de Wired, (reproducido y glosado aquí), cuyo autor aboga a que las escuelas den  prioridad a enseñar programación antes que lenguas o música. Merece una entrada aparte, próximamente en esta misma pantalla.

Porque, como explica Josep Ramoneda en el editorial de ese primer número, importa “contribuir al debate sobre el mundo actual y su sentido a partir de la filosofía – y las humanidades en general – y la economía“. Incluyendo, aunque sólo se mencione de pasada, la filosofía y la economía de las tecnologías. Porque, como recuerda Zigmunt Bauman, “muchas creecinas que parecen evidentes, sólo resultan obvias mientras nos abstenemos de examinar los supuestos que las sustentan”

Suerte, pues, a “La Maleta de Portbou“.

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