CríTIC@s escépTIC@s en The New Yorker

New Yorker JobsHoy me ha interesado …

… el distanciamiento crítico con el que “The New Yorker” trata los asuntos relacionados con las TIC.

Un ejemplo. John Cassidy, colaborador habitual de la revista y un relator imprescindible de la crisis financiera, escribe acerca de “What Happened to the Internet Productivity Miracle“. El crecimiento de la productividad en EEUU durante los años 90, dando origen al mantra de “nueva economía” parece haberse estancado:

“Since the start of 2005, productivity growth has fallen all the way back to the levels seen before the Web was commercialized, and before smart phones were invented”.

No parece haber un acuerdo sobre las causas. Una de ellas podría simplemente ser, como argumenta este reputado economista (.pdf) que las últimas maravillas tecnológicas, como los smartphones y las tabletas no son innovaciones tan radicales ni tan orientadas al aumento de productividad como las que hicieron posible la Revolución Industrial o incluso el principio de la sociedad de la información. De otra parte, las aplicaciones emergentes (como Facebook, Twitter y las redes sociales) parecen perseguir menos el crecimiento económico que el aumento de un difuso sentimiento de bienestar (“to feel connected“).

Más en la misma línea. Hace un tiempo, la entrevista de The New Yorker  a Peter Thiel, uno de los fundadores de Paypal, empezaba así:

Peter Thiel pulled an iPhone out of his jeans pocket and held it up. “I don’t consider this to be a technological breakthrough,” he said. “Compare this with the Apollo space program.”

Dando la vuelta a esta reflexión, quizá fuera pertinente pedir a los que impulsan la industria TIC (y a los ilustrados-TIC que hacen de voceros) una lista de objetivos específicos de estos desarrollos. Para comparar. Seguro que ya hay listas de este estilo (agradeceré a quien me dé pistas), pero quizá ninguna de ellas valga como referencia sólida.

Podría seguir, pero será en próximas entradas. Cierro volviendo a mi reflexión inicial. Es evidente que hay mucho talento detrás de The New Yorker. Un talento por demás nada sospechoso de ludismo. Sus críTIC@s al pensamiento único que parece emanar de Silicon Valley me parecen saludables. Sin embargo, falta todavía, más allá de la crítica, armar discursos alternativos lo bastante sólidos y convincentes. Ello es posible y en ello estamos.

Saludos cordiales.

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