Archivo mensual: marzo 2013

A favor de la ‘Slow Tech’

Foto: Gary Taxali en el New York Times

Hoy me ha interesado

… una visión del frenesí tecnológico desde una óptica newyorkina (o quizá, más propiamente del New Yorker).

Transcribo (con negrillas añadidas) el que me parece el párrafo clave, que aparece después de comentar, presentándolos como polos de una realidad contrastada:

“My unprovable hypothesis is that obsessive upgrading and chronic stagnation are intimately related, in the same way that erotic fantasies are related to sexual repression. The fetish that surrounds Google Glass [… grows ever more hysterical as the economic status of the majority of Americans remains flat. When things don’t work in the realm of stuff, people turn to the realm of bits”.

En un artículo en la misma línea en el New York Times, el tecno-realista (algunos dirán que tecno-escéptico) E. Morozov ofrece una interpretación complementaria, parafraseando el conocido refrán “Cuando uno tiene un martillo, todo lo que ve son clavos“:
Given Silicon Valley’s digital hammers, all problems start looking like nails, and all solutions like apps“.

Intuyo que en Silicon Valley no estarán de acuerdo. Pero su fundamentalismo tecnológico empieza a verse cuestionado incluso desde los Estados Unidos. Un articulista de Forbes avisaba hace poco de que “the Silicon Valley hype machine is unbelievable, and you really have to be careful about what you read“. En la misma línea, pero esta vez en clave europea, PressEurope se refería hace poco a la “ideología californiana” que, con argumentos (débiles) como los que esgrime Kevin Kelly, intenta deslumbrarnos con imágenes futuristas para ocultar una ideología neoliberalista subyacente.

Nada nuevo en el fondo; la historia se repite. Porque la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se  han impregnado e impregnan de ideología y política.

Creo que nos convendría prestar menos atención a Silicon Valley (también a los ilustrados-TIC que les hacen de voceros) y más a otras alternativas. Porque su ideología y su política no generan, ni siquiera localmente, las condiciones idóneas para vivir. O prestarle, en todo caso, una atención lenta, como la que propugna Delayed Gratification, la revista de ‘periodismo lento‘ que acabo de recibir (en papel, por supuesto) y que me dispongo a saborear,  durante estos días de asueto.

Que los disfrutéis con salud.

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El Kleenex (TM) de Google (TM)

Google Kleenex

Hoy me ha interesado …

… reflexionar sobre la polémica levantada por el anuncio de Google de que suprimirá Google Reader.

Han habido algunos comentarios sensatos, como el recordatorio de que algunas de las tecnologías que usamos y damos por sentadas, las de Google en particular, no son nuestras. Las usamos gratis, pero no son un regalo. Sólo una cesión, por otra parte nada desinteresada.

En el otro extremo, reacciones escandalizadas. Como las que calificaban el anuncio de Google como un ataque contra los bloggers y el Internet público, una daga en el corazón de los bloggers, un desprecio a sus usuarios. En medio, hipótesis y conjeturas sobre los motivos de Google, como las publicadas en el New York Times, en Techcrunchotros. También artículos y peticiones para que la empresa del buscador diera marcha atrás en su decisión.

Mi interpretación del asunto es muy sencilla. Google aplica una y otra vez una estrategia disruptiva, destruyendo valor en un sector para ampliar su propio negocio de intermediario de publicidad. La prensa tradicional fue un blanco fácil, al financiarse con el dinero de la publicidad y no con las aportaciones de los lectores. Más aún después de cometer el error estratégico de volcar de buen principio sus contenidos a Internet gratis y sin contrapartidas, cuando no tenía ninguna necesidad de hacerlo. Enlazando lectores y contenidos a través de Internet, Google gana publicidad. La prensa la pierde y su modelo de negocio se debilita.

Google Reader, con la complicidad de muchos ilustrados-TIC, ha sido uno de los arietes de este proceso. Una vez Google ha ganado su batalla, los usuarios y difusores de Google Reader ya no son necesarios. Google no pierde nada prescindiendo de ellos. Parafraseando a mi admirado El Roto, su mensaje es: “Lo creíais un derecho, pero era sólo una concesión temporal“.  Usar y tirar, aunque sea a la cubeta de reciclaje. Como a un Kleenex. Apuesto a que no será la última vez.

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Forbes se aventura

Forbes EspañaHoy me ha interesado …

… la carta del director en el primer número de Forbes España.

Últimamente me dedico, llamadme antiguo, a acumular ejemplares de nuevas revistas en papel. Hay muchas interesantes y cuidadas. Más de las que hubiera imaginado. Un ejemplo que me encanta: mi última adquisición.

En este state of mind, me llamó la atención que Forbes, que yo tenía por una revista de negocios para ricos, lanzara una edición en España. ¿Cómo se atreven?, pensé. Con la que está cayendo, y más aún con la imagen que se tiene fuera de la que está cayendo. Quizá son muy aventureros (no lo creo). Quizá su percepción del país es menos negativa que la que transmiten los medios o la que se comenta en tantos círculos en la calle.

Sea como fuere, me interesó lo bastante como para buscar un ejemplar (en el kiosko de al lado de casa se habían agotado!). Al cabo de unos días de que rodara por mi mesa (tengo la costumbre de empezar a leer las revistas por el final) llegué a la carta del director. Que empieza diciendo:

Pensad un instante. Nunca en la historia de España ha habido un momento mejor para editar ‘Forbes’. La economía, sus entresijos y desventuras rodean cada una de nuestras conversaciones cotidianas”.

No estoy seguro de estar de acuerdo con su conclusión de que “esta es una revista para todos”. El editor quiere centrarla en la “aventura de hacer empresa“, pero no todos están por esta aventura. Tampoco estoy muy seguro, ojeando la revista, de que la empresa tipo sobre la que Forbes escribe sea la que cualquier emprendedor ambicione o podría ambicionar.

Así y todo, creo la decisión de lanzarse en España y su argumento de que es este ‘el momento mejor’ merecen un aplauso. Les seguiremos de cerca.

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Individualismo digital

Sin título 3

Source: Washington Post, 14/3/2013

Hoy me ha interesado

… comentar esta foto, tomada durante la primera aparición del Papa Francisco en el balcón del Vaticano.

Se publicó inicialmente en Instagram, como parte de una composición que pretendía ilustrar la proliferación de los móviles, comparándola con una supuestamente tomada cuando el nombramiento de Benedicto XVI. Resulta interesante e ilustrativo que, según el  Washington Post,  se estuvieran comparando dos fotos no equivalentes. Si el periódico está en lo cierto, la moraleja es añadir una dosis de precaución antes de dar por buena una noticia. Nada nuevo.

La anécdota, sin embargo, me ha suscitado una duda. Podría afirmar con casi total seguridad que las fotos que tomaron los cientos o miles de personas que se congregaron esa noche en la plaza del Vaticano serían prácticamente idénticas. Estoy también casi seguro de que todos ellos serían conscientes que la mejor foto del momento sería la que los reporteros gráficos acreditados publicarían al día siguiente en los periódicos y en Internet. Y que muchos de los allí presentes subirían ‘su’ foto a Instagram, Twitter o similares.

En ese caso, ¿qué motivaba a tanta gente a tomar ‘su’ foto, cuando podrían tranquilamente obtener una igual o mejor bajándola de Internet?

Me imagino que eso precisamente, que se trataba de ‘su’ foto. La que pudieron tomar porque estaban allí ese día. Aunque tampoco les costaría mucho obtener una similar aunque no hubieran estado.

¿Mi conclusión? En lo digital, como en la economía, también influyen animal spirits. Hay más en lo digital que lo puramente racional.

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Ideología de la innovación disruptiva

Sin título 2Hoy me ha interesado

… constatar que apunta un debate acerca del alcance y las bondades de la innovación disruptiva. Propongo, como muestra, dos artículos cazados estos últimos días:

  • What “Disrupt” Really Means” (TechCruch), sostiene que a los emprendedores de Silicon Valley (y a los ilustrados-TIC que les hacen de corifeos) les encanta hablar acerca de la innovación disruptiva, pero que pocos de ellos saben lo que de verdad significa.
  • En “Big-Bang Disruption” dos ejecutivos de Accenture proponen el concepto de “disrupción bing-bang”, con el argumento de que, usando las TIC como herramienta para ganar escala rápidamente, el ciclo de la disrupción se ha acortado sensiblemente.

De acuerdo con el primero de estos artículos (y un tercer “Stop Reinventing Disruption“) intuyo que los de Accenture se salen del tiesto. Quizá porque intentan el típico juego de los consultores y los académico-consultores: poner de actualidad conceptos que les pongan a ellos de actualidad. Tienen sin embargo razón en que los ciclos de disrupción parecen tender a contraerse en el tiempo. Pero lo que más me llamó la atención de su propuesta es esta frase:

We’ve found that big-bang disruptions are unplanned and unintentional. They do not follow conventional strategic paths or normal patterns of market adoption“.

En primer lugar, porque apunta a la evolución experimentada por el propio concepto de innovación disruptiva. Que se inventó para conceptualizar cómo empresas que se convertieron en líderes de mercado a base de innovar con éxito pueden acabar siendo desplazadas por innovaciones introducidas por empresas más pequeñas y con menos recursos. Una alterta, pues, para incumbentes más que para atacantes.

Para los inversores de capital riesgo, sin embargo, la posibilidad de innovación disruptiva es una oportunidad para, apoyando a un competidor emergente, capturar el valor que genera con la disrupción. Un valor que va en paralelo con el que se destruye para el incumbente.

Esta dualidad, generar un valor en la medida que se destruye otro, me parece la clave del asunto. Cuando sólo se trata de competencia entre empresas, lo que está en juego es el fenómeno de ‘destrucción creativa‘ tan querido por los economistas. El mercado es el mercado. Allá se las compongan.

La cosa cambia, sin embargo, cuando lo disruptado (?) es un activo social. Como la privacidad, por ejemplo. O cualquier ámbito que esté democráticamente regulado en aras del interés común. Porque entonces la disrupción “unplanned and unintentional”, la ‘destrucción creativa‘ sin ‘creación constructiva’, es socialmente peligrosa.  Porque usa la misma lógica que la empresa que no quiere pagar la contaminación medioambiental que genera. Porque se envuelve en una ideología de progreso que ensalza al arquetipo del ‘winner takes it all‘ sin preocuparse de si hay perdedores y daños colaterales.

¿Hay ejemplos de esta actitud? Desde luego. Encontraréis uno en la famosa (y tramposa) carta del CEO de Facebook a sus futuros accionistas. No es el único.

La propaganda de la innovación disruptiva es ideológica. Recordemos: la clave de la ideología no es su relato, sino lo que su relato oculta.

¿De acuerdo? ¿Deberíamos debatir los límites de la innovación disruptiva?

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Cuando la realidad desborda la ‘wisdom of the crowd’

Hoy me ha interesado

… el video que acompaño. Que confirma mi propuesta de conjurar una innovación social disruptiva que cambie las tendencias en la distribución de la riqueza. Pero que, además, muestra los límites de la ‘wisdom of the crowds‘ y, en consecuencia, del crowdsourcing que tan de moda se ha puesto.

Os sugiero que, para empezar, visionéis el primer minuto y medio del video.
 

Si os ha interesado, no necesito sugerir que continuéis hasta el final; lo haréis igualmente. Pero, si no tenéis ahora mismo los cinco minutos que requiere, podéis saltar directamente al minuto 5, para oir que la tendencia a la desigualdad se ha incrementado durante los últimos treinta años.

Como se trata de una tendencia consolidada, parece sensato pensar que sólo una innovación social disruptiva, como la que intenta el movimiento “Occupy Wall St.” podrá darle la vuelta.

Me interesará ver si los datos equivalentes sobre la distribución de la riqueza en España están disponibles. Si alguien los tiene a mano, analizados o en bruto, le agradeceré que me pase la pista. Porque, aunque me gustaría equivocarme, no creo que el panorama que pinten sea demasiado distinto.

Gracias por leer hasta aquí. Saludos cordiales.

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Aquí hace falta una innovación disruptiva

Hoy me ha interesado

… leer en la HBR un artículo sobre la disrupción de la innovación disruptiva. Merece, creo, una crítica reposada, que prepararé para una próxima entrada.

Antes de ello, la lectura del artículo me ha recordado dos datos que llaman a gritos a una buena innovación disruptiva.

GDP EEUUEl primero, extraído del New York Times muestra el aumento del peso porcentual en el PIB de los beneficios empresariales de los EEUU durante los últimos 30 años, junto con un descenso paralelo de las rentas de las personas.

Se me ocurrió primero que esa tendencia era sólo el resultado del capitalismo puro y duro de los yanquis. Pero no.

PIB Rentas E

Datos INE. Gráfico El País.

Porque en las mismas fechas El País publicaba el gráfico que acompaño. Que, si lo interpreto correctamente, señalaría que el peso porcentual de los salarios en el PIB español es menor que en EEUU. Y también que, con la excepción de la época de la burbuja inmobiliaria, las tendencias de evolución de los salarios y de los beneficios empresariales durante la última década son idénticas en ambos países.

Añadiría, sin especular que haya necesariamente una relación causa efecto, que la tendencia a la pérdida de peso de los salarios coincide (más claramente en el caso de EEUU) con el despegue de las nuevas TIC: el PC en los 80, Internet en los 90. Pero tal vez se trate sólo de una casualidad, no una causalidad.

¿Qué hacer para invertir, o por lo menos equilibrar, estas tendencias?

Una posibilidad sería publicar un manifiesto, quizá con el lema: “Asalariados del mundo, espabilad!!!

Otra, que me parece más atractiva, sería plantear esta cuestión como un reto de innovación disruptiva a los entusiastas de la innovación social. Y, si el reto pareciera poco, añadiría la propuesta de que lo patrocinara alguna de las empresas que lideran las campañas de reputación social corporativa.

¿Sugerencias? ¿Comentarios?

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Estos ‘geeks’ tendrán que mejorar sus argumentos

Estos días ha tenido una cierta repercusión el video que acompaño, en el que diversos personajes, incluyendo Bill Gates, Mark Zurkerberg y Jack Dorsey postulan la conveniencia de enseñar a los peques a programar desde su más tierna edad.

No me convence. Y eso que en tiempos programé mucho, y a gusto. Y que ahora mismo estoy probando algunos de los cursos de CodeAcademy. Por eso, porque creo que es conveniente ayudar a que a la sociedad de hoy y del mañana aproveche de modo óptimo el potencial de las TIC, ese alegato, viniendo de quien viene, incluso me decepciona.

Porque sus argumentos no son lo bastante sólidos:

  1. Porque la propuesta de aumentar el número de horas de informática en las escuelas conlleva la de reducir horas de otras materias. ¿Cuáles? Si la respuesta apuntara a las Humanidades, tendríamos un buen tema para debatir a fondo.
  2. Como no podemos pensar la sociedad de mañana sin dosis ingentes de software, conviene enseñar a todo el mundo a entender el alcance, el potencial y las limitaciones, de los ordenadores. De acuerdo. Pero de eso a enseñar a todo el mundo a programar hay un mundo. Una cosa es enseñar a conducir y a hacer un uso racional del automóvil; otra, muy distinta, enseñar a reparar o a diseñar coches.
  3. Porque es un sofisma sostener que aprender a programar enseña a pensar. Enseña, ciertamente, un tipo de pensamiento. Lineal. Determinista. Justamente el que sirve para programar ordenadores. Justamente el que no sirve para orientarse o abordar cuestiones transcendentes en un entorno en que muchos problemas son sistémicos y muy influenciados por ‘animal spirits‘ que no se ajustan a lo determinista y racional.

Me ha sorprendido además el tono, poco racional, no sé si místico o infantil, de argumentos que aparecen en el video. Por ejemplo (min. 4:50).

  • The programmers of tomorrow are the wizards of the future. You’d look like you have magic powers compared to everybody else“.
  • It’s the closest thing we have to a superpower“.

¿Encontraríamos eso aceptable si se tratara de otra disciplina? No creo.

Aventuro na hipótesis. Si la industria TIC no consigue encontrar programadores preparados, es porque no tiene suficientes argumentos como para interesar a la gente a que aprenda. Tendrá que mejorar su discurso.

Saludos cordiales.

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Esta mezcla inocente puede ser explosiva

Sin títuloHoy me ha interesado
… reflexionar sobre las sutilezas de la mezcla de Tecnología y Sociedad. Un ejemplo curioso:

  • ¿Cómo valoramos el resultado de un proceso de ingeniería avanzada? Más bien favorablemente, supongo.
  • ¿Cómo valoramos algo que tenga orientación social? También favorablemente, en general.

Sin embargo, las connotaciones del concepto de “ingeniería social” (o “social engineeringson, de forma casi unánime, negativas.

Esta situación, con independencia de cómo se haya llegado a ella, no deja de ser curiosa. Es cada vez más evidente que se necesita una reforma a fondo de más de un aspecto de nuestras sociedades más próximas. (De ahí, supongo, el interés creciente por la innovación social). Es también cada vez más evidente que las relaciones sobre las que se construya esta reforma estarán en buena parte mediadas por comunicaciones electrónicas (leer, por ejemplo, las reflexiones de Manuel Castells).

Sin embargo, creo que seríamos unos cuantos los que no consideraríamos sensato confiar para estas reformas en el determinismo tecnológico de algunos tecno-utópicos, ni en los mensajes equívocos de los nuevos ‘robber barons‘. Menos aún, claro está, en los ilustrados-TIC que jalean el (obvio, por otra parte) potencial de las innovaciones disruptivas, pero obvian la reflexión sobre la ideología “the winner takes it all” que subyace a muchas de las propuestas.

Escribo todo ésto mientras batallo en un intento de escribir un ensayo sobre el arquetipo del ‘social hacker‘. Que desarrollaría los rasgos positivos de la ética hacker en un perfil en que las habilidades tecnológicas y las sociales estuvieran equilibradas. Un innovador sensible a la tecnología al que no se aplicara el dicho de Langdon Winner:

“Buscamos en vano entre los promotores y agitadores de Internet las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado”.

Y menos aún, por si acaso, la sentencia de Max Weber sobre algunos adalides de la revolución industrial:

“Especialistas sin espíritu, gozadores sin corazón: estas nulidades se imaginan haber ascendido a una nueva fase de la humanidad jamás alcanzada anteriormente”.

Continuará.

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