Marcos mentales: El impulso a la banda ancha

El último número de ‘The Economist‘, una de mis publicaciones favoritas desde hace décadas, contiene dos artículos sobre las políticas de banda ancha en los EEUU que merecen comentarse y debatirse.

El primero, bajo el título “Broadband stimulus: Not so fast viene a sostener que, aunque todo el mundo coincide valorar como deseable el objetivo de disponer de redes de banda ancha más rápida, los Gobiernos no deberían invertir en ellas ni dar subsidios a los que lo hagan.  Sus argumentos:

  • Aunque Japón y Corea tienen una alta penetración de redes fibra, no parece que ello haya resultado en mayores tasas de crecimiento económico.
  • La inversión en reformar los edificios para que tengan mayor eficiencia energética crearía más trabajos que el despliegue de nuevas redes de fibra.
  • Hay riesgo de que las inversiones públicas en redes de fibra distorsionasen la competencia en el mercado o desincentiven la inversión por parte de algunos operadores.

La conclusión de The Economist es que, puestos a invertir recursos públicos, el beneficio global de conseguir que más gente se conecte a Internet parece mayor que el que se derivaría de desplegar redes más rápidas.

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Un segundo artículo (‘Is “broadband for all” a recipe for recovery?‘) se mueve en la misma tónica. Iba a resumirlo, pero la frase de Joaquín Estefanía en El País (“La tecnología no responde al para qué ni para quién, sino sólo al cómo’) me permite economizar palabras.

Apoyar las TIC y la banda ancha? Desde luego. Pero sabiendo para qué y para quién. Continuará: De ahí la figura que dejo en la pizarra.

6 comentarios

Archivado bajo Economía, Marcos mentales, Políticas públicas, Sociedad

6 Respuestas a “Marcos mentales: El impulso a la banda ancha

  1. En LIRNEAsia también se hacen de esta cuestión.

    Creo que habría que distinguir entre subsidios, en el sentido clásico de la palabra, e instalación de infraestructuras básicas, también en un sentido estricto.

    Estoy totalmente de acuerdo que los subsidios suelen generar distorsiones de mercado y no pocos problemas regulatorios.

    Pero también es cierto que la instalación y gestión de infraestructuras (NO la provisión de servicios SOBRE esas infraestructuras) también es un problema complejo que a menudo requiere la intervención pública, dado que el mercado se muestra ineficiente.

    Valgan como ejemplos los cables y cables redundantes en Barcelona, o bien el cuasi-monopolio que todavía ostenta Telefónica por haberse gestionado (en mi opinión) pésimamente su paso de entidad pública a privada, regalando a unos accionistas lo que era propiedad de todos… y con ello generando ingentes problemas a la creación de un mercado competitivo y de competencia perfecta.

    • ruizdequerol

      Ismael,
      Gracias por tu comentario, que aporta cuestiones que valdría la pena debatir más a fondo, aunque no estoy seguro de en qué foro y en qué modo.

      a) Sobre el ‘quasi-monopolio‘ de Telefónica. Los datos de la CMT muestran que la cuota de mercado de Telefónica en banda ancha (57%) no es demasiado distinta de su cuota en telefonía móvil (57%), pese a que las infraestructuras en uno y otro caso tienen historias muy distintas, gestionándose también de modo diferente. ¿Sirven de algo esos datos? ¿Qué conclusiones sacar de ellos?

      b) Sobre tu afirmación de que la privatización de Telefónica supuso ‘el regalo a unos accionistas lo que era propiedad de todos‘. Telefónica ha sido siempre una entidad de derecho privado (una S.A.), si bien durante mucho tiempo con mayoría de capital público. La infraestructura fue siempre propiedad de la empresa, nunca directamente del Estado. La privatización consistió en este caso en vender las acciones del Estado (en un proceso abierto al público, como yo mismo). La infraestructura no cambió de titularidad, ni por tanto se ‘regaló’, ni siquiera se vendió, a nadie. Este es, obviamente, el argumento legal, cuyo trasfondo político puede discutirse. Pero creo que la puntualización es necesaria.

      c) La cuestión de los fallos del mercado en lo relativo a las infraestructuras de telecomunicaciones admite también una amplia diversidad de opiniones: en cuanto a su magnitud y en cuanto a la naturaleza de las medidas paliativas o correctoras. Este es precisamente el tema de los artículos de The Economist.

      Manejemos el debate, abierto o en privado, en función de lo que convenga y el interés que despierte. Gracias por intervenir.

  2. Interesting. In 1999 I was involved in Yline, a portal provider for the city of Vienna, Austria. There I learnt that Vienna was the largest and most connected broadband city in Europe. Every household was cabled and consequently had high speed internet access. At the time the only other place with similar broadband pentration was a small Nordic town by the name of Kemi (?) I believe.

    If we were to look and study what impact over the last 10 years this may have had on these places, what would we conclude?

  3. Totalmente de acuerdo con el matiz – o la explicación – en (b), aunque, como tu también apuntas, no era mi reflexión de cariz legal, sino político: creo que hay buenos (en realidad, “malos”) ejemplos en los ferrocarriles del Reino Unido o en las eléctricas de Estados Unido que indican que las infraestructuras probablemente deban permanecer (en propiedad y en gestión) en manos de la Administración, y los servicios que las utilicen hacerlo en un modelo de mercado competitivo. Hay que fijar un pago, claro está, por el uso de dichas infraestructuras y que esos ingresos se destinen especialmente a su mantenimiento.

    La cuestión – y perdón por si he expresado el concepto demasiado simplemente – es que las infraestructuras ahora no pertenecen (ni directa ni indirectamente) al Estado.

    La cuestión (a) no sucede únicamente en España y es un problema de los proveedores incumbentes con origen en monopolios naturales del Estado que han pasado a manos privadas. Por supuesto, el tiempo – y las multas de la Unión Europea – corrigen las trabas a la competencia, pero el tránsito siempre es… complicado.

    Sobre la coincidencia entre las dos cuotas de telefonía (móvil y fija), encuentro, al menos, dos explicaciones: la primera, como apuntaba antes, que las trabas a la competencia van diluyéndose por diferentes motivos. La segunda, que no solamente de infraestructuras viven las telcos, sino también de canales de distribución, con lo que, en mi opinión, Movistar se ha beneficiado y mucho de la red de distribución de Telefónica, de ahí su elevada cuota de mercado en móvil.

    Interesante tema🙂

  4. Pingback: Marcos mentales: Impulsar la banda ancha (2) « ruizdequerol

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