Archivo mensual: octubre 2008

Por hacer el idiota

Mr. Watermelon, Party Fruit (YouTube.com)Apenas había escrito mi entrada sobre las tres i’s (innovadores, imitadores, idiotas), cuando una columna del New York Times nos proporciona un ejemplo de esta tercera categoría. Según este diario, Joel Moss Levinson ha ganado más de 200.000 dólares en premios participando en concursos de propuestas de anuncios para la televisión como el que aquí se reproduce.

Para el individuo en cuestión, al que el periódico atribuye ‘un metabolismo como el de un ruiseñor y una intensidad de atención que parece hecha para la era del YouTube’,

«Es fantástico que te den permiso para ser un idiota».

Especialmente – apostilla el New York Times – cuando se trata de una idiotez patrocinada por empresas. La explicación del diario sobre este fenómeno no tiene desperdicio:

Las empresas empezaron a pedir este tipo de anuncios hace unos años después de darse cuenta de la popularidad de YouTube […] Con una necesidad frenética de conectar con los clientes más jóvenes, las compañías patrocinan estos concursos buscando nuevas formas de publicitar sus productos, consiguiendo a menudo atraer cientos de participantes y buenas dosis de atención.

Sin comentarios, aunque me quedo con una duda: Si ese individuo gana los concursos comportándose como un idiota, y es por éso que atrae a los clientes, ¿qué nos está diciendo sobre esos clientes? ¿y sobre lo que las empresas en cuestión piensan de ellos?

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Las tres i’s de las finanzas, ¿son cuatro en las TIC?

En la web de la Harvard Business Publishing comentaban hace poco una entrevista con  Warren Buffet acerca del origen de la actual crisis financiera. La respuesta del legendario inversor es digna de difundir. Para Buffet, hay una progresión natural, que bautiza como «las tres i’s«, hacia conseguir estropear las cosas. Según transcribe el articulista:

Primero vienen los innovadores, que ven oportunidades ocultas para otros. Luego vienen los imitadores, que copian lo que han hecho los innovadores. Luego vienen los idiotas, cuya avaricia deshace las mismas imitaciones que intentan usar para hacerse ricos.

El problema, en otras palabras, no es la innovación, sino la idiotez que viene luego. Como individuos (y también como empresas y como sociedades) ¿cómo continuar fomentando la creatividad a la vez que protegiéndonos de la destrucción de valor de los imitadores? La respuesta tiene que ver con los valores – con tener la capacidad de distinguir entre lo que es inteligente y lo que es utilitario. Eso exige disciplina. ¿Puede distinguir entre una innovación genuina y una innovación descerebrada? ¿Está preparado para abandonar ideas que prometen beneficios, incluso si no tienen sentido?

Polémico, si duda, pero también sugerente. Se me ha ocurrido el ejercicio de pensar ejemplos concretos de cómo trasladar esta reflexión al ámbito de las TIC y la sociedad de la información, y lo he dejado apuntado en mi pizarra. Con una duda: ¿dónde poner a los ilustrados-TIC? No son innovadores, y generalmente hablan (y se escuchan) más que imitan.

¿Se merecen una categoría para ellos solos, o bien correspondería ubicarles en la tercera división del Sr. Buffet?

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De tan virtuales, vacías

He tenido la fortuna de asistir hace poco a un programa de la Oxford Leadership Academy impartido por Brian Bacon, uno de los mejores instructores que he tenido en años, y he tenido unos cuantos.

Los mensajes del curso incluían dos muy fundamentales: (1) No liderará a los demás quien no sea capaz de liderarse a sí mismo; (2) Al nivel más profundo, la capacidad de liderazgo reposa sobre la solidez de los valores del líder o candidato a líder.

Brian volvió una y otra vez sobre las etapas de desarrollo esquematizadas en la figura anexa, dando por sentado que se han de recorrer en el sentido de la flecha ascendente. Un ‘marco mental’ opuesto al que tan a menudo despliegan tanto los ilustrados-TIC como los evangelistas que bautizan como ‘aliens’ o ‘inmigrantes’ a quienes no comparten su querencia por lo digital. Porque ponen todo el énfasis en Internet  (la herramienta) para crear algo a lo que llaman engañosamente ‘comunidades‘, aunque de hecho estén vacías de base, hueras de cualidades sustantivas.

Proliferan ejemplos de lo que quiero decir: Lo cuenta en El País la española con más amigos en Facebook («Mi yo virtual tiene 129.000 amigos. El de verdad, ni diez») de modo parecido a como lo hace Martin Varsavsky. Hay muchos más ejemplos, pero quizá el más ilustrativo sea la experiencia que un inocente nativo digital relata en el New York Times: invitó a una fiesta a sus 700 amigos de Facebook, y sólo se presentó una chica, que además ya tenía novio.

Más sobre este asunto en próximas entradas.

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Innovar para los ‘aliens’

Como muestran los últimos datos del INE, la mitad de la población española utiliza Internet menos de una vez por semana. El motivo principal sigue siendo, igual que desde hace años, la falta de Interés.

Si tantos con-ciudadanos no se interesan por es porque no hemos conseguido interesarles. Hacerlo, conseguir cambiar su comportamiento, exige innovar en el modo de promocionar Internet. ¿Se está intentando lo suficiente?

Sospecho que no del todo. Me he entretenido en calcular, a partir de los datos del INE, el incremento anual de internautas por franjas de edades. Se observa que se está produciendo últimamente la incorporación a Internet de los grupos entre 25 a 35 años, y en menor escala de los de 35 a 45, en tanto que el de los mayores está comparativamente estancado.

En su muy interesante ponencia en las jornadas de Sociedad Red, Ethan Zuckerman sostenía que la verdadera innovación parte de asumir las restricciones del entorno existente, no ignorándolas. En el caso que nos ocupa, la restricción está en la distancia entre el modo en que se presenta la tecnología (que cambia a toda velocidad) y los ‘marcos mentales‘  de los no-conectados, que lo hacen forzosamente de modo más lento. Se trata de acercar la tecnología a los clientes; no de obligar a los clientes a adaptarse a la tecnología.

Que, o mucho me equivoco, no es lo que más interesa a los avatares y nativos. ¿Quién asume entonces liderar el reto?

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Por una axiología de lo digital

En mi entrada anterior sobre la clasificación de personas en ‘aliens’, ‘nativos digitales’, ‘inmigrantes digitales’ y demás, cuestionaba que se utilice, conscientemente o no, de forma valorativa. Como si ser ‘alien’ fuera peor que ser ‘nativo’ o ‘avatar’.  Como si lo único que se pudiera hacer con los ‘aliens’ fuera  compadecerlos de palabra y dejarlos por imposibles, pobrecillos, a su suerte.

En sus comentarios, Genís Roca y Pau Jané apuntan, creo que correctamente, a que la habilidad en el uso de las TIC no debiera ser el único criterio de clasificación; y mucho menos de valoración.

Un blog no es probablemente el medio más adecuado para desbrozar y esbozar una radiografía de las características relevantes de cada los grupos que nos ocupan. Algo que exigiría en cualquier caso un trabajo serio de sociología (como en el informe PIC de la UOC/IN3 o en «La guerra de las pantallas» de Imma Tubella).

He intentado así y todo esbozar en mi pizarra, a modo de sugerencia, un apunte de lo que se podría hacer: cruzar la habilidad digital con otras habilidades humanas y/o sociales relevantes. De acuerdo con Pau, por ejemplo, sospecho que uno de los rasgos de los ‘nativos digitales’ es que son objetivos de marketing; incluso cuando crean tendencias que luego otros producen y ellos consumen. Otro ejemplo: los nativos y avatares  que se agrupan en una telaraña de redes sociales, ¿son líderes o gregarios? ¿Dónde encontramos más líderes? ¿Entre los avatares, entre los nativos, entre los aliens, …?

Hay, obviamente, muchos más criterios a considerar para confeccionar el cuadro, pero se salen de la pizarra. Y después hay que rellenarla. Habrá de ser en otra ocasión.

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Esos no lo pillan

En su ponencia en las recientes jornadas de Sociedad Red en Barcelona, Carlos Domingo mencionó una especie de taxonomía (propuesta inicialmente por Marc Prenski) para caracterizar personas según su grupo de edad y su intensidad en el uso de la Red. La reproduzco en inglés, porque los matices del lenguaje son significativos:

  • Digital avatars, born in the 21st century, live mostly in the online world and have lots of virtual relationships and communications.
  • Digital natives, from the 80’s, have lived with technology all their lives;they live in hybrid worlds partly online party offline.
  • Digital adaptives, born in the 70’s, entered the technology world at an early stage.
  • Baby boomers are digital immigrants, foreign to the technology world but adapting to it as they enter adulthood.
  • Older people are digital aliens, complete foreigners to technology.

Esta clasificación me incomoda. En primer lugar, porque es incompleta; por edad soy un ‘alien’, pero llevo utilizando ordenadores hace 30 años. ¿Dónde me sitúan?

Es una clasificación discutible también en la forma y en la intención. En la forma, porque el lenguaje que se utiliza tiene resonancias peyorativas; el calificativo ‘alien‘ no es precisamente cariñoso. Es además displicente: ‘aliens’ son los ‘extraños‘ que vienen de fuera, recién llegados. En el mundo real, en el que la mitad de la población española no se conecta a Internet ni siquiera una vez al mes,  los genuinos aliens son los ‘avatares’.

Hay más. Por ejemplo: si los ‘emigrantes‘ se han de adaptar a la tecnología, será porque la tecnología no está adaptada a ellos, que en teoría son los clientes. ¿Cuál es o tendría que ser el orden de precedencia?

Podríamos además profundizar en la axiología de esta clasificación: Pero será en una próxima ocasión.

P.S. La imagen de la figura es un antiguo mapa de Cataluña, en el que para facilitar la interpretación he señalado Barcelona y Tarragona. ¿A que nos parece hecho al revés? Lo que ocurre es que para el francés que lo dibujó, París era el centro del mundo.

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También las élites están conectadas, a su modo

Juan Freire iniciaba su parlamento de apertura de las recientes jornadas sobre la Sociedad Red en Barcelona  enmarcando así la situación (según se recoge en el blog de Ismael Peña, de momento el relator oficial de las jornadas):

«Las élites están desconectadas, y también la ciudadanía en general. Es preciso un debate, porque el futuro está en juego».

Creo que estan conclusiones merecen una reflexión crítica. Como se comentó durante las jornadas, e intenté apuntar en una entrada anterior, estar conectado y utilizar intensamente Internet no son necesariamente equivalentes. Hay gente muy bien conectada que no utiliza Internet y gente muy aislada que tiene el ADSL sacando humo todo el día.

Me interesa hoy el ejemplo de las élites. Hace pocos días un reportaje de El País informaba sobre gente ‘normal’ que han perdido probablemente sus ahorros como consecuencia de la quiebra de Lehman Brothers. Lo que, en el contexto que nos ocupa, puede leerse del siguiente modo (Ver el número especial de The Economist sobre este asunto):

Grupos de la élite financiera empaquetan hipotecas norteamericanas y otros activos en instrumentos difíciles de entender para ellos mismos, utilizando después sus conexiones y las conexiones de sus conexiones para distribuirlos por todo el mundo, incluyendo ahorradores desprevenidos en Santander. Ellos se quedan con el beneficio y otros con el riesgo y las pérdidas.

Yo diría que ésto es un ejemplo de lo puede el estar bien conectado. Como avisó desde un principio Manuel Castells, y dejo clavado en mi tablero, la conexión es sólo un instrumento.

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Marcos mentales: Innovación

La inmersión de estos tres últimos días en las jornadas de Sociedad Red me han llenado la cabeza de ideas e inquietudes, que intentaré poner en order y compartir los próximos días.

Esta mañana, Ethan Zuckerman ha dado la que para mí ha sido una de las tres mejores charlas de las jornadas al compartir con nosotros experiencias de innovación tecnológica y social en países de Africa. Algunas de ellas se recogen en AfriGadget, un blog que merece una visita detenida por parte de todo aquel interesado en ampliar sus ‘marcos mentales’ sobre la innovación.

Ismael Peña, que ha hecho un excelente trabajo ‘blogueando’ las charlas casi en directo, ha recogido en su resumen una buena parte de lo que ha expuesto Ethan. Ha omitido, sin embargo, el eslógan que dejo apuntado en mi pizarra. Que pienso que vale la pena recordar. De entrada, porque apunta, como evidencian los ejemplos que Ethan ha contado, que no sólo encontraremos a los innovadores entre las élites.

De otra parte, si se retuerce el eslógan como en la segunda mitad de la pizarra, queda también instructivo, creo.

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Geek is better than greed, but is it good enough?

Para añadir a la de mi ‘post’ de ayer sobre la conveniencia de combinar habilidades sociales y habilidades tecnológicas para avanzar en la sociedad-red.

(Los paréntesis son añadidos a la cita original)

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No hay redes sin Internet, pero sí Internet sin redes

Escribo desde el curso SociedadRed de la UIMP en Barcelona. Varios de los ponentes, algunos extranjeros, algunos españoles, han hecho hincapié en cómo iniciativas que son referentes en otros países y podrían serlo aquí, simplemente no ocurren en nuestro entorno (Ejemplos de entre los presentados: el Personal Democracy Forum de Andrew Rasiej o la muy estupenda actividad de MySociety.org).

Creo que Josu Jon Imag, en su diálogo con Miguel Iceta, ha dado en el clavo al argumentar que la capacidad de organización en red ha precedido y precede al uso de Internet. Tal y como yo lo he entendido, gentes a las que unen proyectos, objetivos o valores comunes, que en este sentido ya forman una red, utilizan Internet para organizarse, para ampliar su red y ser más efectivos.

Sospecho, y así lo postulo en la pizarra, que no funciona al revés. La alfabetización digital, por decirlo así, no necesariamente genera redes. O, por lo menos, redes que generen valor social, aunque algunos puedan contentarse con que sirvan de blanco a los publicitarios.

En una intervención anterior, Irene Mia, del World Economic Forum, apuntaba en la misma dirección:  «hay evidencia de que cuando hay una estrategia y una filosofía explícitas para favorecer la Sociedad de la Información, los resultados son mucho mejores«.

¿Cuál es el WHY FACTOR de nuestra sociedad red? ¿Cuál el de los internetéfilos más activos? Quizá profundizando ahí encontraríamos modos de avanzar más rápido y mejor. Quizá sea éste otro de los ingredientes escasos del ecosistema.

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