Archivo mensual: junio 2008

TIC y emociones

He pasado una buena parte de la mañana en la III jornada anual del Sector TIC que organiza la Cambra de Comercio de Barcelona. Para tomar de cerca el pulso del sector.

Ha sido interesante, pero no entusiasmante. Parafraseando la conocida historia de los picapedreros, el ambiente no era el de constructores de catedrales.

Hace unos días, en la crónica de «Funky Business Forever», el crítico de La Vanguardia concluía, supongo que parafraseando el libro que:

«Hoy el poder consiste en proporcionar sueños a la gente. En la economía del exceso, la competitividad la dan cosas que nos emocionan. En un mundo en que el ganador se lo lleva todo, se trata de las economías del alma, de construir la empresa emocional«.

Quizá lo que intento decir es que no he visto hoy un sector TIC en trance de generar cosas que nos emocionen. Quizá sólo sea el caso de la representación que he encontrado en la Cámara, pero no lo creo. Quizá sólo sea el caso del sector TIC en Cataluña.

Preocupante. Porque necesitaríamos de nuestro sector TIC un discurso que pudiera emocionar a nuestros dirigentes instalados en la fractura digital mental. Y no lo tenemos.

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De las dos culturas, sólo una se defiende

El escritor y periodista Rafael Vallbona publicó en El Mundo del pasado domingo una especie de carta abierta (reproducida en su blog) a Mónica Terribas, en la que insta a la nueva directora de TV3 a que incorpore a la programación de la cadena pública un buen programa de difusión cultural, que describe como:

«Un programa de difusió cultural amè, modern i que inciti a la cultura, no al succedani consumista que practica molta gent ‘sense cap inquietud més enllà de la immediatesa amb què satisfan el seu desig’».

«Un programa de difusión cultural ameno, moderno y que incite a la cultura, no al sucedáneo consumista que practica mucha gente ‘sin ninguna inquietud cultural más allá de la inmediatez con la que satisfacen sus deseos».

Una petición que no sólo suscribo, sino que reproduzco porque me sería difícil escribirla mejor.

Pero lo hago con una cierta tristeza. Porque me recuerda que no hemos todavía superado la fractura de «las dos culturas» sobre la que C.P. Snow escribió hace ya décadas. Porque, o mucho me equivoco, nadie escribirá a Mónica Terribas pidiéndole:

  • Un programa de difusión científica ameno, moderno y que incite a la cultura científica.
  • Un programa de difusión de las tecnologías de la información y de la sociedad en red, ameno, moderno y que incite a un mayor uso de las TIC más allá de la inmediatez de muchos deseos.

Y lo peor de ello es que no podemos echar a nadie la culpa de este desequilibrio, porque somos nosotros mismos los responsables. De conseguir promover marcos mentales en que la cultura tecnológica y científica sea, también, cultura.

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La mayor fractura digital es la mental

Circula estos días un documento de la Generalitat de Cataluña con las «Bases del pacto nacional para las infraestructuras«. Que incluye referencias a las telecomunicaciones, pero como una «arrière pensée«, como si se hubieran incluido a toda prisa para corregir un olvido.

El epígrafe «Fundamentos del Pacto …» se inicia señalando que las infraestructuras son importantes para cuatro objetivos fundamentales:

  1. Creación de riqueza
  2. Desarrollo sostenible
  3. Cohesión social y territorial
  4. Calidad de vida y bienestar de la ciudadanía.

Pero las telecomunicaciones apenas si aparecen en el desarrollo de esos puntos. Se menciona, por ejemplo, que:

«Para hacer posible la mejora de la competitividad, es imprescindible que las nuevas infraestructuras ayuden a reducir la intensidad energética del PIB y las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas reducciones se conseguirán, entre otros criterios, con el cambio del modelo de movilidad fomentando al máximo el transporte colectivo de las personas y el transporte ferroviario de las mercancías».

Pero no hay referencias al potencial del uso de las telecomunicaciones como sustitutivo del transporte. No es un lapsus puntual. Al final de la misma sección se establece que:

«El crecimiento económico, la cohesión territorial y social, la igualdad de oportunidades, la conservación del territorio y el paisaje, adquieren toda su dimensión cuando se orientan a la mejora de la calidad de vida y el bienestar de la ciudadanía. Asegurar los suministros energéticos y de agua, garantizar la movilidad de las personas, dotarlas de transporte público, son imprescindibles para la calidad de vida».

Sin más. Omisión total de las telecomunicaciones, punto final.

Algo habría que hacer, algo drástico, para incorporar las TIC a los ‘marcos mentales‘ de nuestros dirigentes.

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Tecnología, ética, legalidad

La prensa se hace hoy eco de la demanda de cuatro compañías discográficas contra el creador de un sitio web que distribuye software para el intercambio P2P de archivos de música y video a través de Internet.

Ya he escrito en otras ocasiones sobre esta cuestión. Por analogía con las fases de evolución mental de una persona que se enfrenta a un problema grave de salud, las compañías parecen no haber superado todavía la fase de negación y rabia, y se atascan ahí en vez de afrontar una terapia de sanación integral, que en su caso llevaría a revisar a fondo sus modelos de negocio. Además, si es cierto que la tienda iTunes de Apple es, por su volumen de ventas. la primera distribuidora mundial de música, parecería más lógico que fuera Apple, y no las discográficas, quien se dedicara a perseguir legalmente a los promotores del P2P gratuito. Lo cual no está sucediendo, por lo menos que yo sepa.

Si retomo el asunto, es para destacar una declaración del denunciado, que pienso merece una cierta reflexión y debate:

«Hacemos I+D y hemos distribuido ya nuestro producto a 20 millones de usuarios. No creo que ningún juez vaya a tachar de ilegal el desarrollo de un código, de una tecnología».

Haciendo abstracción del contexto concreto:

  • La I+D, el desarrollo de un software, un código, una tecnología que facilite el desarrollo de una actividad manifiestamente ilegal, ¿sería legalmente perseguible? ¿habría de serlo?
  • En la misma línea, la I+D, el desarrollo de un software, un código, una tecnología que facilite el desarrollo de una actividad manifiestamente no ética, ¿habría de considerarse como no ético?

He aquí un ejemplo de la dificultad de armonizar tecnología, ética y derecho. Con una reflexión final:

  • Muchos de los «ilustrados-TIC» y afines a las tecnologías vienen a dar por implícitamente aceptado, como imperativo categórico, que cualquier desarrollo tecnológico posible ha de llevarse a cabo y utilizarse.
  • Lo cual no es cierto en otros ámbitos. No todo comportamiento posible se considera aceptable.

Hay pues un conflicto potencial profundo entre ética y tecnología.

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¿A qué retos apuntamos?

En un artículo en El País de el pasado domingo, Timothy Garton Ash comentaba que la Universidad de Oxford ha puesto en marcha la mayor iniciativa para recabar fondos (privados) que ha llevado a cabo nunca una Universidad europea. Que queda así y todo por debajo de los recursos captados por las Universidades norteamericanas de primera línea. Para el articulista:

«Detrás del intento de Oxford de jugar en la superliga de la financiación de las universidades al estilo norteamericano se encuentra una cuestión más amplia: ¿tendrá Europa, la cuna de la universidad moderna, unas universidades de investigación de categoría mundial de aquí a 10 años? Y esa pregunta forma parte de un enigma mayor: ¿cómo puede resistir Europa en un mundo cada vez menos europeo?«

Sólo hay entre dos y cuatro universidades europeas, todas ellas británicas, entre las 10 mejores del mundo. La motivación de Oxford, por tanto, es contar con los recursos para competir en condiciones con las mejores universidades norteamericanas.

El mismo día, en un periódico de ámbito estatal, el Alcalde de Barcelona, haciendo balance de su primer año de mandato, escribe que:

«Hemos situado la cohesión social en el frontispicio de nuestra acción de gobierno».

«Barcelona […] ejerce con orgullo su condición de capital de Cataluña. Una ciudad modelo de cohesión social».

Una ambición de liderazgo (Oxford); una declaración de prioridad por la cohesión social (Barcelona). ¿Son incompatibles, contradictorias? ¿Cómo se hacen compatibles? ¿Cómo desplegar una y otra en cada uno de los ámbitos concretos de impacto estratégico (innovación, empresa, universidad, economía del conocimiento, tecnología, cultura, …)?

En el mismo artículo, el alcalde reconoce que no percibe en los barceloneses la ‘emoción’ deseada el proyecto de ciudad que su equipo de gobierno tiene entre manos. ¿No tendrá ello algo que ver con las cuestiones planteadas en el diagrama?

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Identidad 2.0 = Identidad líquida

Parto de la una cita de Vinton Cerf, recogida en una entrada reciente en este espacio, referida a:

«un desafío muy interesante, […] coordinar la tecnología, el Derecho y la ética»

Un desafío del que podemos encontrar instancias concretas en el ámbito del impacto de las tecnologías de la información. (Aunque no más ni más relevantes que en otros ámbitos).

Un ejemplo al respecto es la cuestión del control de nuestra ‘huella digital’, del rastro que dejamos en nuestra interacción con la Red- Y también del control de nuestra ‘identidad digital’, de las informaciones que confiamos a las redes sociales y las Webs a las que nos afiliamos.

Una problemática no resuelta, no exenta de connotaciones ideológicas. Para algunos, por ejemplo,

«El problema creado por la dispersión actual de las distintas partes que forman la identidad digital de un usuario está en que actualmente es el usuario el responsable de mantener toda esa información de forma coherente y consistente. […] La federación de identidades digitales intentará mitigar gran parte de estos problemas, evitando a los usuarios gran parte de la complejidad de mantener los distintos sistemas que forman su identidad digital».

Subyace la incomodidad de formar parte de una «sociedad líquida» en que nos vemos obligados muchas veces a buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema. Ciertamente, un gestor integrado de identidades digitales sería cómodo. Pero, ¿a quién confiaríamos esa función?

Algunos «ilustrados-TIC» parecen confiar que la cuestión se resuelva a base de regulación:

«Necesitamos imperiosamente leyes que protejan de manera amplia la privacidad de los datos. Que protejan toda nuestra información».

Curiosamente, o quizá no tanto, son las mismas voces que proclaman las bondades de las redes sociales, por más que aún no estén reguladas de ningún modo. Las mismas voces que, cuando hablan de ‘código abierto’ o de intercambio digital de contenidos, tienden a desconfiar del regulador y a  poner la lógica de la red por encima de cualquier regulación externa.

Coordinar sí, como pide Vinton Cerf. Pero, ¿quién pone el cascabel al gato?

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La Barcelona que viene: Puntos de vista

La Vanguardia publicaba ayer un especial de más de 140 páginas sobre «La Barcelona que Viene» (Aquí el enlace, accesible sólo para suscriptores). Mi primera reacción al hojearlo, es que presenta una visión de Barcelona centrada casi al 100% en infraestructuras, en edificios, en espacios.

Incluso en su última sección, titulada como «Proyectos de Futuro». Que al describir el nuevo campus universitario «de investigación» en la zona de Fórum dedica casi todo el espacio al continente y no al contenido.

Un documento impecable en la forma. Pero preocupante, creo, en el contenido. No por lo que se describe, impecablemente por cierto, sino por lo que ni se incluye ni se menciona: la gente, las empresas, los proyectos, las ideas. La Barcelona que vive o se espera que viva y prospere por encima de las infraestructuras. La Barcelona de la sociedad de la información y el conocimiento.

Los textos de presentación tampoco ayudan a levantar los ánimos. El Director de La Vanguardia escribe que este número especial es el resultado del «ejercicio apasionante» de, por invitación del Ayuntamiento, «tomar el pulso a ciudad«, «indagar sobre el estado de los proyectos en marcha«, para repasar:

«cada uno de los temas que afectan a la calidad de vida de los barceloneses y a los grandes retos que tiene planteada la ciudad«.

El Alcalde de Barcelona, por su parte, empieza su presentación escribiendo que:

«Entre las muchas y sanas aficiones de los barceloneses y las barcelonesas, una muy característica es ir a mirar obras».

En un momento en que se están viendo las consecuencias de la «crisis del ladrillo«, que es también el resultado de dejar que los proyectos de «ladrillo» tuvieran predominio sobre, por ejemplo, proyectos de conocimiento y valor añadido, la imagen que se proyecta es precisamente la de una ciudad centrada en los  ‘marcos mentales‘  del «ladrillo».

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