Archivo mensual: abril 2008

Mapa mental: Las TIC en las escuelas catalanas

Al escribir mi ‘post’ de ayer sobre las TIC en las escuelas no caí en la cuenta de la oportunidad de contrastar si las conclusiones que apuntaba encajaban con los datos del «Projecte Internet Catalunya (PIC)» sobre las escuelas catalanas, que ya está publicado en la web de la UOC.

Imposible digerir en un día sus más de 800 páginas. Así y todo, he tomado notas de una lectura en diagonal, confeccionando con ellas un ‘mapa mental‘ que reproduzco en la pizarra de tiza digital de más arriba.

Me gustaría equivocarme y que alguien me corrigiera con fundamento. Porque mucho me temo que, como en otros ámbitos de la sociedad red, si no se ha avanzado más no es por la escasez de tecnología, sino de espíritu.

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Tecnología y Diseño Social (2): Las TIC en la escuela

El País publicaba recientemente, bajo el titular de la imagen, un artículo sobre Internet y las TIC en la escuela. Con un tratamiento, en mi opinión, superficial y limitado a los tópicos habituales. Lo cual me da pie a engranar con la temática de la tecnología y el diseño social, iniciada en los últimos ‘posts’.

Tópico 1. Poner el énfasis en la formación del profesorado, «la mayoría del cual dispone sólo de una alfabetización digital básica«, como si esta carencia fuera el principal factor limitativo.

  • «La Red sólo contribuye a mejorar el rendimiento académico si los profesores saben cómo aprovecharla».

Pero los profesores no son los que definen los temarios, ni la distribución de asignaturas y horarios, ni los criterios de evaluación, ni sus propios programas de formación. Si se llegara a la conclusión de que el funcionamiento de una empresa mejoraría si su personal estuviera mejor formado (en las TIC o en cualquier otra materia), ¿a quién se responsabilizaría de esa carencia? ¿a la Dirección o a los trabajadores?

De otra parte, se menciona que «el 90% de los profesores tiene ordenador [e Internet] para prepararse las clases, pero sólo el 20% lo aplica en el aula«, un dato confirmado por otros estudios. No vale afirmar que, en general, los profesores son analfabetos en materia de TIC. Porque son capaces de usarlas fuera de la clase. ¿Cuál es el facto que bloquea utilizarlas también en clase?

Tópico 2. «El problema es que los terminales siguen estando restringidos a las aulas de informática, a las que los docentes sólo acuden ocasionalmente«.

Ciertamente, no se pueden utilizar ordenadores en las aulas que no estén equipadas. Pero entonces, ¿quién y por qué decidió poner los ordenadores sólo en las aulas de informática, muchas veces infrautilizadas? ¿Cuáles eran los ‘marcos mentales‘ en base a los que tomaron estas decisiones de inversión? ¿Han cambiado desde entonces? ¿Cómo?

Tópico 3. «La solución consiste en cambiar el sistema educativo para adecuarlo a las TIC, y no al contrario«.

Más que tópico, una frase vacía de contenido. ¿A qué se supone que sería solución ese cambio? ¿A los objetivos globales del sistema educativo, sean los que sean? ¿O sólo a la introducción de los TIC?

Y además, puestos a pensar los cambios que hagan falta en el sistema educativo, ¿seguro que la disponibilidad de las TIC habría de ser el principal factor de cambio? De cara a construir nuevos ‘marcos mentales’ en los que encajar los cambios necesarios en el sistema educativo, ¿el cambio tecnológico es más relevante que los cambios sociales, incluyendo el tránsito a la sociedad líquida? Sólo los ilustrados-TIC darían una respuesta afirmativa al 100% a este interrogante.

Una observación final, para los curiosos. Busquen las referencias a las TIC en el «Pacto Nacional para la Educación«, que yo suponía que era la hoja de ruta para la evolución del sistema educativo en Cataluña. Me interesarán sus observaciones sobre cuáles eran los «marcos mentales» de los redactores de ese documento.

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Proyectos de futuro y Diseño social (1)

Continuando con el tema del ‘post’ anterior. ¿Qué pasa cuando se produce una ‘fractura social’ como resultado del empuje de nuevas prácticas, de nuevas culturas, del resultado de la acción de innovadores sociales?

Como los humanos y las sociedades tenemos una querencia cierta hacia la estabilidad, lo esperable es que el conjunto evolucione hacia superar las fracturas y, entre otras cosas, recomponen las instituciones y sus vínculos con el entorno.

(Uso aquí el término ‘institución’ con un sentido más sociológico que político. Las instituciones son un sistema de normas, estructuras y reglas culturales que conforman los comportamientos de las personas y las instituciones).

David Noble, por ejemplo, ha descrito en detalle cómo los grandes empresarios y financieros de los EEUU de finales del S. XIX y principios del XX crearon las ‘Escuelas Politécnicas‘ norteamericanas (Carnegie-Mellon, Caltech, M.I.T., Rensselaer, …), con el objetivo de conseguir de disponer de «thinking labourers» en vez de «labourious thinkers«.

Insuflando los objetivos y valores de la organización industrial en el proceso de educación superior consolidaron una nueva profesión, la de ingeniero, y un nuevo cuerpo social de prestigio, el de los ingenieros. Que por una parte eran un elemento clave para el desarrollo de la corporación industrial, al tiempo que ayudaban a extender y consagrar los principios y prácticas de la sociedad industrial en la sociedad en general.

Los ‘rupturistas’ (en este caso los capitalistas e industriales norteamericanos) consiguieron de este modo cerrar la brecha social llevando a su terreno la reforma de una institución clave (la Universidad), y en último término renovando a su modo el imaginario y el ideario de la sociedad norteamericana durante muchas décadas.

Creo que la historia es ilustrativa porque, como ilustra el diagrama, el tránsito hacia la sociedad de la información, o como queramos llamarle, plantea también la cuestión de cómo han de ser los profesionales que, jugando un rol análogo al de los ingenieros en la sociedad industrial, ayuden a definir, construir y gestionar las infraestructuras y organizaciones de la sociedad del futuro.

Y una reflexión adicional. ¿Quiénes son, podrían ser, habrían de ser, en la globalidad de lo global y en la localidad de lo local, los análogos de esos reformadores sociales en los EEUU del pasado siglo? No tengo la respuesta, excepto por la intuición de que no los encontraremos entre la mayoría de los «ilustrados-TIC» de nuestro entorno.

Aún siendo consciente de repetirme, reproduzco la cita de Langdon Winner, un autor nada sospechoso de inmovilismo ni de tendencias tecnófobas:

Buscamos en vano entre los promotores y agitadores de Internet las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado“. (”La ballena y el reactor”, Gedisa)

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Progreso y fracturas sociales

Doy vueltas a una reflexión de Richard Sennet en su último libro (comentado en un ‘post reciente’):

Hoy la economía fortalece este tipo de pasión que se autoconsume, tanto en los grandes supermercados como en la política […] Si la economía continúa empujando hacia el modelo de avanzada y los ideales políticos siguen mirando hacia atrás, el ideal termina por no ser otra cosa que un lamento impotente. (118:119).

Mi primera intuición fue asociarla a lo que a veces he denominado como «la fractura digital estratégica«: la dificultad aparente de muchos de nuestros dirigentes, en el sector público y el privado, para concebir y liderar proyectos de país basados en un uso intensivo de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC). Patente de modo más acusado en Cataluña, en donde los proyectos del discurso político de los últimos años, quizá de la última década, me parecen más centrados en cuentas pendientes del pasado que en realidades concretas de un futuro a construir.

Pero la existencia de la brecha entre políticas y tecnologías de la que habla Richard Sennet viene de más atrás. La memoria asociativa me ha llevado a recordar el principio de una publicación poco conocida (pero estupenda, en mi opinión) del historiador David Noble:

‘Science and capitalism press forward by nature’.

Figura 1

Y si otros elementos de la sociedad no «empujan» del mismo modo, se quedan atrás. Con lo que el imaginario de una sociedad cohesionada, o por lo menos equilibrada, como sugiere la Figura, se resquebraja.

Dando paso en su lugar a una «estructura fracturada«, con grupos de personas y prácticas demasiado distantes como para permanecer establemente englobadas en la misma envolvente. Con objetivos demasiado diferentes como para sentirse acogidos por las mismas instituciones.

A resaltar que, si se acepta que la noción de «progreso» depende de los criterios de valoración que pueden ser ideológicos, el juicio de qué lado de la fractura es el «bueno» es subjetivo.

Mi intención es explorar en entregas sucesivas si este tipo de esquemas ayudan a pensar sobre las políticas de sociedad de información, en donde las nuevas prácticas, las nuevas culturas, tienen como base las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC).

Antes de ello, sin embargo, el último número de The Economist, en un editorial sobre las tensiones en los mercados financieros, ejemplariza muy bien un caso concreto de esta «fractura». Empieza concediendo que la importancia de esta crisis, que tiene su origen en los excesos de riesgo de algunos agentes financieros, puede exigir una reforma en profundidad del sistema financiero y su regulación. Pero sostiene al tiempo que:

«At times like this, the temptation is for tighter controls to rein in risk-takers, so that those regular, painful crashes could be avoided. It is an honourable aim, but a mistaken one. […] Regulators cannot know how trust will ebb and flow as new markets develop the experience and practice they need to work better. They therefore cannot predict the peril of new ideas. They have to let new markets develop, or stifle them. […] The notion that the world can just regulate its way out of crises is thus an illusion. Rather, crisis is the price of innovation«.

Para The Economist, pues, la innovación financiera es progreso, y crisis como la actual el precio que de vez en cuando hay que pagar. Los militares usan el eufemismo «daños colaterales» para este tipo de situaciones. «Science and capitalism press forward«. Continuará.

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Objetos de deseo

Ha sido noticia estos días en algunos foros que Playboy ha inaugurado una versión de su página web especial para los usuarios del iPhone.

Me hago de eco de ella no por la novedad en sí, sino por el comentario de un prominente «ilustrado-TIC«, que la calificaba de curiosa, ya que apuntaba a la redefinición de «la imagen del iPhone como objeto de deseo» .

Me sorprendió más el comentario que la noticia, porque el iPhone ha sido desde el primer momento un «objeto de deseo«.

Más aún. Una característica de la sociedad actual es el aumento, y hasta el fomento, yo diría, de patrones de actuación compulsivos. Manifiestos, aunque no exclusivamente, en el ámbito de consumo en general. Incluyendo el de muchos artefactos tecnológicos (comentado en un ‘post reciente‘).

Hasta donde yo entiendo, el consumo de material erótico y/o pornográfico tiene también un fuerte componente compulsivo. De ahí , me imagino, la iniciativa de Playboy.

Que por otra parte confirma un patrón ya establecido hace décadas. Leí hace mucho, de un articulista de Financial Times del que no he conseguido encontrar la fuente, que una excelente indicación para predecir si una tecnología de consumo tendría éxito era observar la reacción ante la misma de la industria del sexo. Una constante que se observa en la historia de un buen número de artefactos: La imprenta, la máquina fotográfica, el cine, el video, el CD-ROM, el DVD, Internet … y ahora el iPhone. Nada imprevisto, pues.

Ahora bien, si se concede validez a este patrón, las tecnologías de la información aparecen también como ‘tecnologías de la compulsión‘. No sólo éso, pero también. Y la sociedad de la información, también como sociedad de la compulsión, y no sólo del conocimiento. Una terminología que probablemente no haga furor; las palabras importan, y éstas no se consideraran como políticamente correctas.

Me quedaré pues con sólo una conclusión, que se ha ido consolidando mientras escribía estas líneas. Tal vez la característica más distintiva de los ‘ilustrados-TIC‘ es que, envueltos en la bandera de las tecnologías, la modernidad y el progreso, acaban siendo más abanderados de la compulsión que de la reflexión o el conocimiento.

Como muestra ilustrativa, sugiero al lector interesado que lea este ‘post’ y el hilo de comentarios. Y que saque sus propias conclusiones.

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Pasión que se autoconsume

Leo en un blog de CNET la reseña de un evento reciente sobre ‘smart phones‘ en Las Vegas.

Un ‘smart phone’ es un gadget con la apariencia de un teléfono pero que en realidad es más bien un ordenador ultraportable. Que sirve para para hacer y almacenar fotos, guardar y reproducir música, conectarse a Internet … y también para hablar por teléfono.

smart-phones-080403.jpg

El artículo contiene dos noticias que me parecen especialmente interesantes.

La primera es que hay la expectativa de vender en todo el mundo alrededor de 115 millones de estos aparatos durante este año. Un número de unidades menor que el de PCs (que puede rondar los 270 millones), pero así todo muy considerable.

Hay quien diría que los ‘smartphones‘ serán pronto competencia de los PCs. Yo me inclino más bien por pensar que, por lo menos en los países ricos, serán un complemento: tendremos ‘smartphonesy PCs y utilizaremos ambos.

La segunda noticia es que los tres motores de demanda de estos nuevos gadgets parecen ser:

  • El tiempo creciente que incluso la gente normal empieza a pasar conectado a sitios como las redes sociales.
  • La impaciencia de no poder esperar a llegar a casa para comprobar el correo o los últimos mensajes, o las últimas noticias de sus contactos.
  • El deseo de aparentar ser modernos y estar a la última mientras hacen esas cosas.

Tres ejemplos, en mi opinión, de la ‘pasión por el consumo que se autoconsume‘ que mencionaba en un ‘post’ anterior. No es una crítica, que conste. Sólo una constatación. A tomar en cuenta cuando pensemos sobre la sociedad de la información.

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Adicciones por defecto

Había empezado a escribir este ‘post’ bajo el titular

¿Qué contar en un blog de sociedad de la información cuando no hay noticias sobre la sociedad de la información?

Un repaso a las noticias sobre España los diarios de hoy, 2 de abril, nos muestra en titulares la elección del Presidente del Congreso y del Senado, el run-run causado por los el nombramiento del nuevo equipo de Rajoy, el estado de la Justicia, la desaceleración económica y la recesión inmobiliaria. En la sección sobre Cataluña, la cuestión del abastecimiento de agua a Barcelona, el soterramiento parcial de la línea de alta tensión hacia Francia y … la victoria del Barça.

Pero ni una noticia sobre tecnologías de la información y/o sociedad de la información. Mejor dicho: sólo una, a doble página, con el titular que reproduzco:

el-pais_080402.jpg
¿Tendría eso que ser más noticia que muchas otras compulsiones socialmente extendidas, aparte del alcoholismo y la drogodependencia? Por ejemplo:

  • Ver la tele horas al día
  • Usar el vehículo privado para ir de compras al centro de la ciudad
  • Escuchar las tertulias de la radio, y especialmente la COPE
  • Criticar al prójimo
  • Fumar incluso en presencia de no fumadores
  • Ponerse de mal humor cuando tu equipo no gana

Por si alguien quiere hacer de ello noticia, yo puedo también confesar alguna compulsión; cosas que me alteran el humor si no puedo hacer:

  • Necesito dar como mínimo un beso y un abrazo a mi esposa antes de ir a dormir
  • Necesito leer un ratito cada noche, aunque sea muy tarde
  • Necesito comer como mínimo un pedazo de chocolate al día, o me entra el mono
  • Me empeño en aprender a tocar el clarinete, y me pone de bastante malhumor no encontrar suficiente tiempo para practicar durante la semana.

blog_080402.jpg

Pero, incluso centrándonos en la cuestión de Internet y las tecnologías de la información y la comunicación, creo que la compulsión a no tomar las TIC suficientemente en cuenta debería ser una noticia por lo menos igualmente destacable. Un motivo, uno más, para revisar nuestros «marcos mentales«.

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