Archivo mensual: febrero 2008

La telefonía móvil busca un alma

De visita en la reciente feria de telefonía móvil «Mobile World Congress» que ha tenido lugar esta semana en Barcelona, me entretuve en fotografiar algunos de los «lemas» de las compañías expositoras.

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Algunos de los cuales, como se puede apreciar en el «collage» de la figura, coinciden en adoptar un cierto tono espiritual. Según esos carteles, la telefonía móvil:

  • Tiene un alma inteligente, y con estilo.
  • Provee de ideas para la vida, o incluso inspira una nueva vida (ésta última, marca registrada)
  • Nos impulsa hacia adelante
  • Nos ayuda a realizar nuestro potencial.

Todos ellos atributos inmateriales, que tradicionalmente asociaríamos más al alma humana que a una tecnología material.

Concluyo pues que la telefonía móvil anda buscando dotarse de un alma. Aunque no falte quien piense que lo de verdad persigue es vampirizar la nuestra.

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De ‘rebeldes con poca causa’ a ‘poco rebeldes con mucho interés’

Cuando Internet emergió en público hace poco más de 10 años, el universo Internet se nos presentaba como un territorio para pioneros, para visionarios, poco menos que para héroes. Y también para libertarios de varios tipos, que pensaron que Internet sería un nuevo territorio de libertad. Todavía muy al principio, Esther Dyson, junto con otros de los primeros tic-ilustrados de la era Internet, escribieron un manifiesto grandilocuentemente titulado:

Cyberspace and the American Dream: A Magna Carta for the Knowledge Age

Algunos de los acontecimientos de estos días me están sugiriendo que esta asociación gloriosa entre Internet y la «era del conocimiento» tiene mucho de verdad, pero también mucho de biombo chino.

Me explicaré. Todo el mundo parece coincidir que la oferta de Microsoft para comprar Yahoo! tiene como objetivo competir con Google por el dominio de Internet. Pero Google no es propiamente una empresa «de» Internet, sino una empresa de publicidad. Que gana dinero a expensas de la publicidad. Que facilita el que los anunciantes se pongan en contacto con nosotros. O sea, que facilita que nos invada la publicidad. Como hacen los canales de televisión, pero con otros medios.

Cierto. Google hace más cosas, nos ofrece usar gratis el buscador, los mapas y una serie de herramientas fantásticas. Por eso no la odiamos. Del mismo modo que toleramos las cadenas de televisión que emiten programas que nos gustan, a pesar de la publicidad. E ignoramos, o menospreciamos, o incluso odiamos cordialmente a los programas que, además de publicidad, emiten telebasura.

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Ahora bien, ¿a que identificar Internet con el paraíso de los publicitarios suena poco glorioso?

El Ciberespacio y el sueño de los publicitarios: El mapa del hiperconsumo

Una última alerta de por dónde van las cosas, me temo, es la noticia de que Rupert Murdoch, un magnate de muchos medios y muchas prensas, alguna de ellas muy amarilla, estaría considerando terciar en el asunto y tomar una participación en Yahoo!. Poniendo a la vez en juego su propiedad de MySpace, que adquirió por sorpresa en 2005. Lo cual significa que MySpace ya no es un espacio altruistamente abierto a que quien quiera ponga su perfil, sus preferencias, sus constantes vitales y su música, sino un instrumento de negocio del Sr. Murdoch, al que una buena parte de la humanidad menosprecia (y otra envidia).

Lo cual, añadido a declaraciones de intenciones como la del Presidente del BBVA, que comentaba hace poco y sobre la que volveré, que Internet, está pasando de ser:

Un territorio de rebeldes con poca causa

a

Un territorio de poco rebeldes con mucho interés

Hace ya bastante tiempo que Manuel Castells escribió algo así como que «la economía informacional desplaza a la economía industrial porque es más eficiente en la acumulación de dinero y de poder«.

Si tiene razón, quizá deberíamos dejar de apoyar la causa de Internet sólo con un lirio en la mano.

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Las TIC nos acercan a Harry Potter

En un artículo publicado en el Financial Times el pasado Lunes, el presidente de una consultoría tecnológica se preguntaba «¿Hasta dónde pueden llegar los servicios basados en el teléfono (móvil)?»

Si recomiendo su lectura no es porque su razonamiento me parezca especialmente acertado. Sino justamente porque considero que es una muestra excelente de un vicio demasiado habital entre muchos devotos de la tecnología:

Presentar la tecnología como una solución en busca de problemas.

Dar por sentado que «la tecnología está disponible» equivale a «hay que utilizarla«.

Adoptando la perspectiva opuesta, mirando desde la sociedad hacia la tecnología, creo la pregunta relevante sería más bien:

¿Hasta donde queremos que lleguen (o conviene que lleguen) los servicios basados en el teléfono móvil?

Es cierto que una buena parte, quizá la mayoría de los colectivos «socialmente determinantes» tienen dificultades en integrar las tecnologías en sus proyectos de futuro (en otras ocasiones he denominado a este fenómeno como una fractura digital estratégica).

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Pero me parece igualmente cierto que sería irresponsable dejar las imágenes y planes sobre el futuro de la sociedad en manos de una buena parte de los apasionados (cuando no fanáticos) de la tecnología.

Langdon Winner, una de las autoridades en el campo de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad, escribió sobre este asunto (ya antes de Internet y los móviles) que:

Se busca en vano en los promotores y agitadores del campo de los ordenadores las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado […] En todo aspecto, la evolución de los ordenadores es claramente silenciosa respecto de sus propios fines».

Algo que puede seguramente aplicarse a muchos de los que, como el articulista del Financial Times y más de un experto en las TIC, proclaman las virtudes de la revolución de las tecnologías.

Porque (tomándome la libertad de parafrasear a otro blogger)

Todavía hay muchos problemas que los ordenadores no pueden solucionar, pero casi ninguno que no puedan crear.

Como anécdota final, me pareció interesante que el articulista del Financial Times resaltara las ventajas de poner un GPS en el móvil (útil para los desorientados) a la vez que apuntaba que sería aún más interesante poder ver en un mapa las posiciones de aquellos a quien nos interese tener controlados.

Como el «mapa del merodeador« que aparece en los libros de Harry Potter, pensé yo. La tecnología ya permite, como en el cuento, tener marcos de fotos animados, posiblemente con video y sonido a no mucho tardar. Ahora parece que pronto tendremos el mapa del merodeador. Quizá lo que ocurre es que, para algunos, la misión de la industria TIC sería acercar nuestra vida a la de Harry Potter.

Por si así fuera, yo me pido prime para la «Room of Requirements» que aparece en el capítulo 18 del tomo quinto de las aventuras del joven mago. Por razones que podría explicar, pero que prefiero que cada cual imagine a su gusto.

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TIC para lo urgente … ¿y lo importante?

Mis recientes reflexiones sobre la bondad o no del multitasking, y sobre las oportunidades de ser improductivo a base de dispersarse usando las TIC más avanzadas, me han llevado a recordar la lectura de «Los siete hábitos de la gente altamente efectiva«. Un éxito de ventas de Stephen R. Covey, que su autor ha convertido en un negocio de consultoría y formación.

(Aún confesando un cierto recelo visceral a los libros que pueden leerse como manuales de autoayuda, creo que leer éste no es una mala inversión. De hecho, conocí la semana pasada a un consultor al que la lectura del libro impulsó a un cambio drástico en su carrera profesional. Un cambio con éxito, supongo, porque me pareció a la vez una persona competente y feliz).

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A lo que iba. La reflexión sobre el multitasking y la efectividad me llevó a recuperar la obra en mi biblioteca, incluyendo su consejo sobre cómo organizar el tiempo de cada cual en relación a las tareas Urgentes y a las Importantes, que puestas en un mapa podrían representarse como en la Figura.

Supongo que no soy el único que se encuentra luchando a menudo con la atracción de lo menos importante, sea urgente o no, especialmente en los momentos en que tendría que concentrarme en los más importante y menos urgente, que a la larga es lo más productivo.

Pero,

¿Compartiríais conmigo la impresión de que muchas de las herramientas TIC parecen orientadas a ayudar más en el sector de lo menos importante?

¿De que a menudo las TIC ayudan a convertir en urgente lo que quizá no lo fuera?

¿De que la publicidad más mediática de las TIC más mediáticas (sobre FaceBook, por ejemplo) favorece desproporcionadamente cultivar lo inmediato, lo efímero, lo que es urgente sólo un momento para convertirse enseguida en irrelevante y gastado?

Y, finalmente, ¿compartiríais conmigo la impresión de que un buen número de los comentaristas más populares del sector (éste, por ejemplo) tienen querencia a alinearse con esta exaltación del ‘buzz factor‘, de la novedad por la novedad, de la forma sobre la sustancia?

Comentarios y sugerencias serán bienvenidos.

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Multitasking y Concentración en la sociedad líquida

Parece ser que no soy el único que anda preocupado, como he expresado en ‘post anteriores‘, por la exaltación del «multitasking» como virtud. Quizá porque, cada cual tiene sus manías, la virtud de la ‘concentración’ me parece de una cualidad superior a la habilidad de hacer varias cosas al mismo tiempo.

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Por eso menciono (aunque sea de hace ya una semana) un artículo publicado en La Vanguardia, curiosamente en la sección de Economía, en el que, citando un estudio de Piers Steel, de la Universidad de Calgary) se concluye que:

«Los individuos, las empresas, la sociedad en general, pagan diariamente una elevada y costosa factura por la falta de concentración.»

Una de las consecuencias que se destacan de esa falta de concentración es lo que los sajones denominan como ‘procrastination’ (una palabra que me encanta), cuya traducción oficial es «dilación«, aunque me gusta más la de «arrastrar los pies«; lo contrario de «no dejar para mañana lo que puedas hacer hoy«.

Según el profesor Steel,

«En el trabajo, los problemas debidos a la dilación y a la falta de autocontrol parecen estar creciendo a medida que los trabajos son cada vez más desestructurados, o como mínimo auto-estructurados. La ausencia de una dirección impuesta significa que el trabajador competente debe crear orden a partir del caos inminente – debe autogestionarse o auto-regularse. A medida que la estructura continúa decreciendo, la oportunidad de la dilación aumenta en paralelo».

(Una frase con resonancias a la obligación de ‘buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema‘ que nos impone la sociedad líquida).

Una situación que el autor asocia, en parte, a los efectos de los ‘gadgets’ tecnológicos que nos rodean:

«La virulencia de las tentaciones de distracción, un habilitador de la dilación, parecen también estar aumentando […] Los avances tecnológicos aceleran los mecanismos de de satistacción de muchas de nuestras necesidades. Desafortunadamente, estos mecanismos tienden a favorecer experiencias ‘substandard’ que satisfacen sólo débilmente esas necesidades. Debido a la presión temporal, las acciones más satisfactorias se posponen en favor de otras menos profundas pero más inmediatas».

Una conclusión que me hace pensar en la que el Presidente del BBVA apuntaba como su definición favorita de Internet:

«Un espacio en el que están contenidas todas las posibilidades».

Incluyendo, nos guste o no, la de dispersarnos. En fin; el profesor de Calgary concluye que:

«La concentración es un valor en alza».

Intentaré, por tanto, mantener la mía. Por lo que éste no será, espero, la última entrega sobre el ‘multitasking’ y las TIC.

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La red es un espacio para …

En la edición de El País del pasado domingo (voy retrasado procesando la lectura) había un más que notable artículo sobre Internet, firmado nada menos que por el Presidente del BBVA.

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Creo que vale la pena prestarle atención, aunque sólo fuera porque no es frecuente que los altos directivos de las empresas «tradicionales» del país hablen de Internet y de las tecnologías de la información.

Más frecuente es, me parece a mí, la situación de «fractura digital estratégica«, en dirigentes del sector público y privado muestran una dificultad cierta en concebir, presentar y promover planes de futuro que incorporen las tecnologías de la información como un pilar relevante. Una de las mayores dificultades, en mi opinión, para que nuestra sociedad avance más rápidamente hacia la sociedad de la información, la economía del conocimiento, o como queramos llamarle.

Otra cuestión es valorar si el modo en que el Presidente del BBVA concibe Internet como un «espacio para …» coincide o no con nuestras valoraciones, opiniones y/o deseos.

Pospongo para otro día mi comentario sobre esa valoración. Lo que no quiere decir que no me interese conocer la vuestra. Todo lo contrario.

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Ideologías adheridas a tecnologías

La variedad de opiniones y consideraciones acerca de la oferta de compra de Yahoo por parte de Microsoft ilustra, a mi modo de ver de modo ejemplar, que las tecnologías y los juicios sobre tecnologías no son inmunes a la contaminación por ideologías a priori.

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«La Vanguardia«, por ejemplo, al apuntar que la operación tiene como objetivo competir con Google, añade la valoración de que Microsoft vive “anclada en una cultura de productos, sin ver venir los servicios on line“, y que necesita “otro modelo de negocio“. El articulista concluye que a Microsoft “no le vendría mal una inyección del mucho talento“ que tiene Yahoo. Lo que no deja de ser un juicio de valor algo drástico sobre los muchos buenos profesionales que Microsoft ha atraído en tantos años como una referencia mundial de las TIC.

Más ilustrativo, incluso como ejercicio de observación sociológica, es leer y analizar la opinión sobre el asunto de un reconocido profesor-blogger, así como los comentarios de sus seguidores:

«Microsoft no ha sabido adaptarse a un mundo en el que el mejor software ya no se desarrolla dentro de los muros de una empresa, sino en comunidades desperdigadas por todo el mundo. […]

Para que Microsoft pueda de verdad materializar su potencial en Internet y pasar de ser una empresa del siglo pasado, basada en la venta de licencias, a ser una de este siglo, basada en servicios y publicidad, debe desprenderse de un lastre enormemente pesado: debe asesinar virtualmente a toda una generación de directivos, los que llevaron a Microsoft a ser lo que es, y los que le impiden avanzar en el sentido en que lo necesita».

Y más que cada lector puede investigar por sí mismo. Lo que me parece remarcable de este tipo de manifestaciones (viscerales, diría yo) es que:

  • Dejan traslucir un más que cierto rechazo a Microsoft, al considerar que tiene una posición excesiva de monopolio en su mercado (las licencias), pero a la vez denotan admiración por Google, que se está haciendo con un monopolio de similar entidad en el suyo.
  • Muchas veces dejan traslucir un más que cierto rechazo a Microsoft por producir «código cerrado», lo que les impide declararse ‘fans’ de Apple, que también utiliza código cerrado.
  • Valoran en muchas ocasiones «el mejor software» como «el de mejor calidad o mérito técnico», pero no necesariamente como el más usable por un público amplio, no ‘techie’.
  • Tienden a maximizar la relevancia de los negocios de lo virtual, pero soslayando la cuestión de que algunos de los que lideran estos negocios (como Apple con iTunes) es realmente en la venta de ‘gadgets’ (ie iPOD, iPhone, etc.) en donde ganan su dinero.
  • Tienden a maximizar la relevancia de los negocios de lo virtual, como el de Google, pero soslayando la cuestión de que Google es ya hoy una máquina de colocar publicidad, y no sólo de productos y servicios virtuales. La economía tradicional se sirve de Google, como lo hace de la publicidad en la tele.
  • Tienden a minusvalorar (como propio del siglo pasado) cualquier negocio en el que»la red» no esté en primer plano.

Podría poner más ejemplos (en relación al Wifi, al Wimax, a la cuestión de la ‘neutralidad’ de la red, etc.). Ya habrá ocasión. La cuestión que me preocupa es si esos «ilustrados-TIC», tan unidireccionales, igual hacen más daño que favor al intento de extender la causa de las TIC y la sociedad de la información a públicos más amplios. Que bien podrían considerarlos como más fanáticos que equilibrados, y por tanto poco dignos de crédito y atención.

Volveré sobre este asunto en próximas entregas, con el ánimo de provocar debate y aflorar posturas, aunque sean contrarias.

Entre tanto, cualquier comentario será bienvenido.

P.S. Acabaré dando mi opinión, que desarrollo en Estrategias 2.0, sobre la oferta de Microsoft a Yahoo!. Un asunto para mí central es que mientras Microsoft es una empresa del sector TIC, Google es una empresa del sector de publicidad. Y que es dudoso que la adquisición de Yahoo provoque en Microsoft el equivalente de un cambio genético para cambiar de negocio y de sector. Suponiendo, para empezar, que ese cambio genético y de sector sea lo que Microsoft necesita.

En esa misma línea, un reportaje de Financial Times apuntaba que, según según ejecutivos de Microsoft, las empresas de ‘medios’ les habrían llamado felicitándoles por su iniciativa. ¿Por qué será?

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Multitasking for almost nothing (Tech version)

multitasking_2.jpgTendría que sentarme a escribir; quizá un ‘post’ con algún sentido acerca de la oferta de Microsoft para adquirir Yahoo!. No parece demasiado difícil.

Pero me da pereza; en parte porque no quisiera perderme el telefilm de la noche. Así que me llevo el ‘laptop’ hasta el sofá.

Decido, para inspirarme, empezar echando un vistazo via mi pestaña de RSS, a los periódicos del día en castellano. Nada de lo que dicen me parece especialmente inspirado, ni siquiera para fusilarlo.

Así que, dejando un montón de ventanas abiertas, me conecto a la cuenta de correo en la que recibo diariamente varios mails con resúmenes sobre tecnología. Como tenía el correo por abrir desde hacía varios días, los buzones tienen decenas de mensajes sin leer, además de otras docenas apartados en las carpetas de spam.

Entre todos ellos, uno de mi amigo Clement, que por fin responde a una cuestión que me urgía hace días y que está aún sin resolver. Lo abro; separo su anexo; busco el documento para el me hacía falta; me pongo a editarlo. «Total, me digo – tendría que ser cuestión de un minuto«.

Pero al cabo de veinte me doy cuenta de que la cosa tiene más intríngulis del que pensaba, así que decido aplazarla para mañana y volver al material para mi blog.

Veamos. La oferta de Microsoft se anunció el Viernes, 1 de Febrero. Pero tengo correos con noticias sin revisar desde muchos días antes. «¿No me habré perdido alguna interesante? – me digo – Quizá alguna que me saque del apuro de escribir un ‘post’ rápido».

Pero no. Quince mensajes y veinte minutos más tarde todavía voy buscando. O no ha pasado nada interesante o con las prisas no lo estoy sabiendo ver. Mientras intento a toda prisa decidir un plan de acción – se está haciendo tarde – veo que mi hija, que vive en los Estados Unidos, está también conectada. Ella también se ha dado cuenta de que estoy ‘online‘, poque la pantalla del Messenger parpadea.

«¿Qué tal un Skype? Tengo ganas de verte»

Bueno. Un pequeño descanso quizá no me irá mal. No puedo hablar con la tele puesta (tal como van las cosas, quizá tampoco puedo trabajar); así que agarro el ‘laptop’ y enfilo hacia el dormitorio.

«¿No te quedas a ver cómo acaba la película?«

Pregunta mi esposa. «Sí, vendré antes de que acabe el bloque de anuncios«. Pero no, cuando, después de la video-charla con mi hija vuelvo al sofá, la película está acabándose.

«Lástima que te hayas perdido el final. Pero, ahora que estás conectado y haciendo un ‘break’ podríamos aprovechar para reservar entradas para el teatro el próximo fin de semana».

Como he ignorado a mi esposa durante toda la película, me parece oportuno, además de políticamente correcto, aceptar su sugerencia. «Total, por Internet es sólo un minuto». No exactamente. Pero hubieran sido sólo diez minutos si no fuera porque, justo cuando ya he dado el número de mi VISA, una pantalla de mi Banco me informa de que, «por motivos de seguridad adicional«, para completar la transacción debo registrar mi tarjeta en un sistema de Banca Electrónica que apenas uso, porque exige utilizar las claves de una tarjeta (física) que no consigo acordar dónde guardé.

Finalmente la encuentro y registro la tarjeta, pero mi reserva de asientos ha caducado. Así que tenemos que volver a empezar. Cuando por fin tenemos la reserva, ya es hora de irse a dormir y mi esposa enfila pasillo abajo.

He hecho servir mi Mac, el navegador, el blogeador, el buscador, el editor de documentos, la web-cam y el Skype, la banca electrónica y el comercio electrónico. Pero no he visto la película. No he acabado el informe. Y no tengo más que dos o tres frases para el ‘blog’. Me siento algo frustado, la verdad.

Pienso que por lo menos podría buscar una ilustración para el ‘post’, si es que llego a escribirlo. O quizá dibujarla yo mismo. «Total, esto me llevaría sólo unos minutos«.

Emerge entonces del dormitorio la voz de mi esposa, que reclama mi presencia en un tono sugerente que asocio a eventos y recuerdos especialmente placenteros.

No sé que habrían hecho ustedes en circunstancias similares. Lo siento si echan en falta mi ‘post’ de casi todos los días. Pero yo cierro el ‘laptop’ , apago la luz del salón y enfilo pasillo abajo hacia el dormitorio.

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Multitasking for nothing

Transcribo un mensaje recibido por correo electrónico. Un ejemplo de multitasking fútil.

Decido lavar el coche. Al ir hacia el garaje, veo que hay correo en la mesita de la entrada. Decido echar un vistazo a las cartas antes de lavar el coche. Dejo las llaves del coche en la mesita,voy a tirar los sobres vacíos y los anuncios en el cubo de la basura y me doy cuenta de que está lleno.

Decido dejar las cartas, entre las que hay una factura, en la mesita,y llevar el cubo a vaciar en el contenedor. Entonces pienso que, ya que voy al contenedor, puedo pagar la factura con un cheque y echarlo en el buzón que está al lado del contenedor.

Saco del bolsillo el talonario de cheques y veo que sólo queda uno. Voy al despacho a buscar otro talonario y encuentro sobre la mesa la Coca Cola que me estaba bebiendo y se me había quedado olvidada. Retiro la lata para que no se vierta sobre los papeles y noto que se está calentando, por lo que decido llevarla a la nevera.

Al ir hacia la cocina me fijo en que el jarrón de flores de la cómoda de la entrada está sin agua. Dejo la Coca Cola sobre la cómoda y descubro las gafas de cerca que he estado buscando toda la mañana. Decido llevarlas a mi escritorio en el despacho y después, poner agua a las flores.

Llevo las gafas al despacho, lleno una jarra de agua en la cocina y de repente, veo el mando del televisor. Alguien se lo ha dejado en la mesa de la cocina. Me acuerdo que anoche lo estuvimos buscando como locos. Decido llevarlo al salón, donde debe estar, en cuanto ponga el agua a las flores. Echo un poquito de agua a las flores y la mayor parte se derrama por el suelo.

Por lo tanto vuelvo a la cocina, dejo el mando sobre la mesa y cojo unos trapos para secar el agua. Voy hacia el hall tratando de recordar qué es lo que quería hacer con estos trapos.

Al final de la tarde el coche sigue sin lavar, no he pagado la factura, el cubo de la basura está lleno, hay una lata de Coca Cola caliente en la cómoda, las flores siguen sin agua, sigue habiendo un solo cheque en mi talonario, no consigo encontrar el mando de la tele ni mis gafas de cerca, hay una fea mancha en el parquet de la entrada y no tengo ni idea de dónde están las llaves del coche.

Me quedo pensando cómo puede ser que sin haber hecho nada en toda la tarde haya estado todo el rato danzando y me encuentre tan cansad@.


Envía este mensaje a todos los que conozcas, porque no me acuerdo bien de a quién se lo he enviado. Y no te rías, porque si aún no te ha llegado, ya caerás.

P.D: Perdón por la letra tan grande, pero aún no he encontrado las gafas.

REFLEXION FINAL

¿A que podríamos escribir una historia similar en la que todas las «actividades» se llevan a cabo estando estupendamente conectad@? ‘Stay tuned!!!’

¿CONCLUSIONES? ¿SUGERENCIAS?

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El multitasking de los gamers: ¿Una cualidad?

multitasking_3.jpgMe resisto, por motivos que eventualmente confesaré, a abandonar la reflexión sobre los ‘gamers‘ y la empresa que inicié en un ‘post anterior a raíz de una de las propuestas del Update’08 y de una publicación reciente de la Harvard Business School.

Para algunos, una de las cualidades destacables de los ‘gamers’ es

Una habilidad asombrosa para la multitarea.

Confieso ser ambivalente sobre la capacidad de actuar en multitarea como una cualidad. Quizá porque valoro más la capacidad de concentración. Uno no puede concentrarse en modo multitarea. Ni puede multitarear estando concentrado. Yo no, por lo menos.

Eso no quiere decir que sean cualidades incompatibles. Es concebible que alguien sea capaz de demostrar una gran capacidad de concentración cuando toca concentrarse y también una gran capacidad para hacer de malabarista de tareas cuando las circunstancias lo exigen. Pero ahora mismo, repasando mentalmente una relación de conocidos y colegas, los que son excelentes en una de estas cualidades tienden a ser mediocres en la otra. Pero quizá sólo suceda eso con mis amigos.

En cualquier caso, el azar o la necesidad han traído hasta mi disco duro un artículo publicado en una revista literaria en la que el Walter Kirn, un escritor profesional, cuestiona también el ‘multitasking’ como cualidad deseable. Vale la pena leerlo, porque está bien escrito; y también por las ilustraciones, (de Istvan Banjay) de las que he me he tomado la libertad de reproducir alguna.

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Puesto a escoger un párrafo del artículo para citarlo aquí, me ha parecido interesante el resultado de este experimento:

Consider a recent experiment at UCLA, where researchers asked a group of 20-somethings to sort index cards in two trials, once in silence and once while simultaneously listening for specific tones in a series of randomly presented sounds. The subjects’ brains coped with the additional task by shifting responsibility from the hippocampus—which stores and recalls information—to the striatum, which takes care of rote, repetitive activities. Thanks to this switch, the subjects managed to sort the cards just as well with the musical distraction—but they had a much harder time remembering what, exactly, they’d been sorting once the experiment was over.

Leed el resto. De verdad.

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