Archivo mensual: febrero 2008

Contrapunto (2): ¿Dónde están los paranoicos?

Una de las noticias de la semana en el sector de las Tecnologías de la Información es la sanción de la Comisión Europea a Microsoft por abuso de posición dominante, por un total de 899 millones de euros,

No es una decisión fácil de valorar, ya que el equilibrio entre favorecer la competencia y estimular la innovación es delicado. Porque, entre otras cosas:

  • Lo normal es que un buen empresario aspire a conseguir una posición de monopolio, si puede. O de oligopolio, si puede menos. De hecho, los gurús de la economía del conocimiento considerar deseable el estado de competencia monopolística.
  • En una situación de competencia perfecta, sin barreras de entrada y con información universalmente disponible, nadie gana dinero.

Debe ser inevitable que los juicios sobre estos asuntos, especialmente los de que gustan de posicionarse en los extremos, parezcan más el resultado de ideologías a priori y de descargas emocionales que de un discurso racional y/o estratégico.

En todo caso, lo cierto es que, incluso en foros liderados por confesos anti-Microsoft (por ejemplo) aparecen valoraciones contrapuestas:

  • Los que aplauden la decisión contra Microsoft, como seguramente la aplaudirían contra cualquier poderoso.
  • Los que la critican opinando que «Terminarán cargandose Microsoft como sea. […] Lo que realmente debería estar prohibido es el código libre, que atenta directamente contra el mercado al tratarse claramente de una medida de venta por debajo del coste«.
  • Los que, aparentemente en nombre de defender las reglas de competencia, proponen sesgarla: «¿Alguien sabe qué se hace con el dinero de estas multas? Porque estaría muy bien que se reinvirtiese en el desarrollo de proyectos en software libre, por ejemplo«.

Habría base para un estudio sociológico, supongo.

Sobre estos asuntos, Andrew Grove, que llevó a Intel a uno de estos estadios de competencia monopolística, sostenía que «sólo los paranoicos sobreviven«, porque:

«Cuanto más éxito tienes, más gente hay que quiere arrebatarte un pedazo de tu negocio, y luego otro, hasta que no queda nada«.

Yo imaginaba que la actuación de la Comisión sobre Microsoft tendría como objetivo proteger a la industria europea de software. O, como mínimo, a algún agente de la industria europea de software que aspirara a compartir con Microsoft un sustancioso oligopolio.

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Pero ya no estoy tan seguro. Según la documentación de la propia Comisión, la investigación sobre Microsoft tuvo su origen en una denuncia de … Sun Microsystems (una empresa americana) en 1998. Francamente, me cuesta de entender. A menos que la decisión de la Comisión incluya también una cierta dosis de autoestima regulatoria, de reafirmar el poder del regulador:

Penalty payments are intended to induce a speedy end to non-compliance with a previous Commission decision.

Con todo, para equilibrar el juicio, propongo que se tome también en cuenta que, si no ando muy equivocado, dos décadas de política industrial de la Comisión en el sector de las TIC no han conseguido crear una industria de software de solidez comparable a la de los EEUU (pensemos en Microsoft y Oracle, por ejemplo). ¿Hay alguien que asuma esa responsabilidad? (Aunque sea sin llegar al extremo de multar a la Comisión Europea).

Bien pudiera ser que lo ocurre fuera en parte achacable a dosis insuficientes de paranoia creativa entre quienes hacen las políticas públicas sobre tecnología y empresas. Quizá también entre el colectivo de empresarios y/o innovadores. De lo que estoy casi seguro es de que ese defecto no se compensa incrementando la paranoia de los reguladores.

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P.S. Dicen los antiguos que la virtud nace de la tensión entre opuestos, como la música de una cuerda en tensión. En este caso, témome mucho, de la tensión entre Microsoft y la Comisión lo que más se genera, de momento, es ruido. Habrá que ampliar el marco mental en alguna dimensión.

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Contrapunto: Zen vs. Twitter

Hace unos días El País publicaba una entrevista con Gao Xingjian, Premio Nobel de Literatura en el año 2000. En una época en que se ensalza la hiperconectividad, me llamó la atención que el titular de la entrevista fuera:

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Me interesó lo suficiente como para extractar algunos detalles más de sus reflexiones:

Zen es una forma de vida, una mentalidad, pero se puede llegar a convertir en un método […] Cuando el ego se convierte en obsesión, uno se convierte en un enfermo […] El espíritu zen ayuda a tomar distancia de ese egocentrismo ciego, a alejarse de sí mismo en cierto modo. Y cuando uno se aleja de sí mismo puede observarse. Y si puede observarse, está tranquilo. Y está lúcido. […]

La soledad no es mala, al contrario. Si se pretende pensar y actuar con total independencia, la soledad es necesaria. Frente a la locura del mundo, la soledad nos salva.

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Por la lógica de los contrastes, estos pensamientos me trajeron a la mente el fenómeno de Twitter. Que, quizá sean cosas de la edad, me parece que podría calificarse como una exaltación inmoderada de la trivialidad.

Casualmente, al administrarme mi dosis de lectura atrasada durante el fin de semana tropecé con un reportaje de Technology Review sobre el fundador de Twitter. Es una entrevista larga, que no intentaré resumir. Me contentaré con destacar tres comentarios con visiones distintas sobre el asunto de la trivialidad. El primero es del propio fundador de Twitter (mi énfasis):

Twitter is catching on for a simple reason: «It’s social, and people are social animals. People like other people. So hearing from them, and being able to express yourself to people you care about in a really simple way, is fun, and it can be addictive.«

Por su parte, la directora de un laboratorio sobre computación social opina que:

Because it focuses on the minutiae […], it gives a much richer portrait. With other forms of communication, we don’t tend to share those everyday things, but the question ‘What are you doing?‘ is exactly the thing that we ask people we care about. Otherwise we only get the big events, the things that are worth sending an e-mail about.

Algunos, por otra parte, opinaríamos que «comunicar» y «cotorrear» no son exactamente equivalentes. Una cuestión de marcos mentales, en la que coincide un tercer entrevistado en el reportaje en cuestión.

To others, of course, twitters seem banal, narcissistic, and excruciatingly dull: «Twitter is a worthless app for the most self-absorbed among us. […] Furthermore, most blogs are really boring (perhaps even my own). Twits are even worse.

El concepto redes sociales admite más de un marco mental, del mismo modo que lo admite el concepto sociedad. Volveré sobre ello. Sobre todo, porque pienso que aseveraciones como «las redes sociales son el futuro de las telecomunicaciones» merecen analizarse con algún cuidado. Lo mismo que las apologías de Twitter y similares por parte de algunos «ilustrados-TIC«.

Zen y Twitter. Dos extremos entre los que posicionarnos. Alguien dijo que la tensión entre extremos, como la de una cuerda de guitarra, es una oportunidad para la música. Si hay músicos, claro está.

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Marcos Mentales (4): ¿En qué se parecen Gamesa y Microsoft?

En una enrevista reciente en El País, el máximo responsable de Gamesa, un ‘holding’ industrial del sector de la energía en el País Vasco, se expresaba así al respecto de la estrategia de su empresa:

«Tenemos que ser conscientes de que tenemos compañeros en Asia y Norteamérica. Las empresas que se cierren sobre sí mismas tienen poco futuro; aquellas con capacidad para aprender e ir más rápido que las demás perdurarán.

[…] Las alianzas estratégicas te permiten crecer más con menos nivel de deuda. Se podría decir que a cambio de perder Ebitda, pero ése es el desafío. Queremos crecer más rápido que los demás. Cuando nos asociamos la clave es traer conocimientos y visión conjunta del negocio«.

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Eso es lo que está haciendo una empresa moderna, metida de lleno en la renovación de un sector maduro, como es el de la energía.

Leyéndolo, me vino a la mente que bien podría haber una analogía con el anuncio reciente de Microsoft de evolucionar su política de inter-operabilidad y abrirse (ya se verá en qué medida) a los planteamientos del ‘software abierto’. El del software es también un sector relativamente maduro (si se mira con perspectiva de 30 años) y en pleno proceso de renovación. Está cambiando la manera en que se produce, en que se distribuye y en que se utiliza. Y al hilo de todo ello, los modelos de negocio.

Para algunos, la cuestión del ‘software abierto‘ es una especie de religión. Pero yo no interpretaría la decisión de Microsoft en clave religiosa, sino en la de un estricto pragmatismo. El de la conciencia de la necesidad de renovar y abrir su empresa a prácticas otras que la distribución de software bajo licencia. Si no fuera así, hubieran podido optar por comprar otra empresa de software, como SAP, por ejemplo.

Parece que, en lo que hace referencia a los planteamientos de empresa, a la dicotomía clásica (vender más, gastar menos) se añade una dimensión paralela: la de hacer «algo distinto«, o de forma distinta. Con modelos de empresa mucho más abiertos. «To think out of the box«.
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El infierno se congela, Microsoft se expande

hell-freezes-over.jpgAl hilo del anuncio de la nueva política de Microsoft sobre la interoperabilidad de sus productos, un reputado blogger escribía que:

«Sólo en contadas ocasiones podemos decirlo: el infierno se ha congelado. Microsoft, la empresa líder del sector de la tecnología, ha anunciado que cambia completamente su actitud con respecto a los estándares«.

Dos afirmaciones en una sola. A comentar en dos entregas. Sobre la primera, corre por la red una historia apócrifa, que algunos sitúan en una Universidad americana, y otros en Valladolid. En cualquier caso, para los que no la conozcan, la reproduzco traducida y levemente adaptada:

¿Es el Infierno exotérmico (desprende calor) o endotérmico (absorbe calor)?

La mayoría de los estudiantes usaron en sus argumentos la Ley de Boyle (un gas se enfría cuando se expande y se calienta cuando se contrae).

Pero un estudiante escribió lo siguiente:

«Necesitamos primero saber si la masa del Infierno cambia con el tiempo. Para ello nos face falta conocer el fujo de almas que entran al infierno y el de las que salen. Parece razonable suponer que una vez que un alma entra en el Infierno, allí se queda. El flujo de salida es pues igual a cero.

En cuanto al flujo de entrada, la mayoría de las religiones que hay en el mundo sostienen que si no eres miembro de su religión vas al Infierno. Como hay muchas religiones y nadie pertenece a más de una, hemos de suponer que todas las almas van al Infierno. Tal como están las tasas de natalidad y de defunciones, el número de almas en el Infierno debe llevar muchos años creciendo exponencialmente.

La Ley de Boyle nos dice que para que la temperatura y la presión del Infierno permanezcan constantes, su volumen tendría que aumentar proporcionalmente al número de almas que van entrando. Necesitamos pues saber cómo se modifica el volumen del Infierno. Hay dos hipótesis posibles.

a). Si el Infierno se expande más lentamente que el flujo de almas entrantes, su presión y temperatura aumentarán hasta que el Infierno explote.

b). Si el infierno se expande más rápidamente que el flujo de almas entrantes, su presión y temperatura descenderán hasta que el infierno se hiele.

¿Cuál de las dos es la correcta? Bien. Si tomamos en cuenta que en el primer año de carrera Teresa me dijo que «Se helará el infierno antes de que te acuestes conmigo» y también que anoche nos acostamos, la hipótesis correcta debe ser la segunda. Así pues, el Infierno debe ser exotérmico y por tanto se ha helado.

El corolario es que, si el Infierno se ha helado, no acepta ya más almas, por lo que todas van directas al Cielo. Lo cual prueba la existencia de Dios. Pero no voy a explicárselo a Teresa, porque a ella no le hace falta esa prueba. Anoche, cuando estábamos juntos, no paraba de exclamar: «Dios Santo, Dios Santo!!!«.

Solventada pues, para mí de forma definitiva, esta cuestión sobre el Infierno, podemos cambiar de tema y hablar sobre Microsoft. En una próxima entrega.

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La CMT podría explicarse mejor

En el suplemento «Negocios» de El País de hoy, el presidente de la CMT escribe sobre el reto de la fibra hasta el hogar.

Lo he leído intentando ponerme en la situación de un no especialista en telecomunicaciones ni en regulación. Y la impresión que he sacado, la que quería comentar y compartir, es que de no haber sabido de entrada de qué iba la cosa, no hubiera entendido absolutamente nada. (Eso suponiendo que hubiera conseguido llegar hasta el final del artículo).

¿Es éso inevitable?

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El contexto del artículo es la expectativa de la industria de telecomunicaciones, de algunos políticos (aunque no muchos) y de algunos usuarios avanzados (tampoco demasiados), de conectar a los hogares a la red a través de una fibra óptica, que sustituiría al hilo telefónico convencional.

La consulta que la CMT hizo pública hace unos meses sobre la regulación a aplicar a estas nuevas redes no generó más allá de una treintena de respuestas, entre las que no se incluía la de ninguno de los partidos políticos mayoritarios, ni la de ninguna de las organizaciones empresariales que habitualmente intervienen activamente en el debate sobre asuntos económicos, incluyendo los de las infraestructuras convencionales.

Es de aplaudir, por tanto, que la CMT se esfuerze, a través de los medios de comunicación, en difundir la relevancia de estas cuestiones. Pero me temo que, si lo que se pretende es interesar a una audiencia más amplia, no ha acertado con el tono.

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Marcos mentales (3): Presbicia tecnológica

Las reacciones al reciente anuncio de que Sony ha ganado a Toshiba la batalla por la nueva generación de DVDs me motivan a intentar un apunte sociológico sobre los diversidad de «marcos mentales» que se aplican a las cuestiones relacionadas con las tecnologías de la información.

La valoración del Financial Times es que:

La existencia de un único formato debería acelerar la transición hacia la nueva tecnología [de alta definición] en el mercado de los DVD domésticos, que mueve 24.000 millones de dólares.

Presentan un «marco» para la noticia (la batalla por la renovación de los reproductores). Y un dato relevante (el nada despreciable tamaño de un mercado).

Por su parte, el tratamiento del NewYork Times introduce un matiz interesante sobre la victoria temporal de Sony:

Los reproductores Blue-Ray cuestan ahora mismo entre 350 y 400 dólares. La mayoría de la gente se contenta con comprar un reproductor DVD más moderno, pagando sólo 79 dólares, antes que pagar entre 350 y 400 dólares por un Blue Ray. […] Las ventas de Blue ray representarán menos del 25% de los reproductores a menos que el precio baje hasta entre 150 y 200 dólares.

La cuestión, pues, sería si Sony es capaz de bajar los precios hasta estos niveles, y a qué velocidad. Una cuestión de marketing y estrategia comercial.

Pero hay más. Otro artículo del Financial Times destaca un matiz adicional:

El beneficio real podría no provenir tanto de los reproductores, que tendrán inevitablemente una erosión de precios y márgenes con el tiempo, como por la titularidad de los derechos de propiedad intelectual del estándar ganador. Sony y Panasonic podrían obtener beneficios similares a los que Philips cosechó con el estándar CD.

no-ven-de-cerca.jpgPero aún hay más. Otra vez según el NewYork Times:

Corre por la blogosfera la idea de que la victoria de Sony […] es intranscendente porque la gente pronto estará descargando videos de alta definición de la red antes que comprarlos en disco. [Pero] las descargas son demasiado difíciles para el mercado de masas. Comprar discos es fácil de hacer y de entender.

Sobre esta cuestión, la opinión del Presidente de Sony es que «Faltan cinco años para las descargas. El mundo estará en bienes empaquetados por lo menos durante cinco a siete años».

Supongo que es inevitable que haya algún «ilustrado-TIC» que disiente:

Esta victoria de Sony puede ser completamente pírrica: a nadie se le escapa que el formato de plástico para almacenamiento de materiales audiovisuales resulta cada vez más obsoleto, que se trata fundamentalmente de una maniobra de huida hacia delante de la industria ante la copia de sus contenidos y para restringir el derecho de copia privada, y que el formato en el que manejaremos nuestros datos en el futuro no es otro que las descargas.

No queda claro a quién se refiere cuando es escribe en primera del plural, ni el horizonte de ese futuro. Para algunos es más fácil ver de lejos que de cerca.

Otra cuestión, finalmente, es por qué nos ha de interesar esta cuestión en estos lares, cuando no producimos aparatos y apenas contenidos. Pero ésta equivale a preguntarme sobre la razón por haber escrito estas líneas, justo cuando he acabado de hacerlo. En fin.

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Marcos mentales (2): De la neutralidad y la red

Un intento (útil para mí y espero que también para algún lector) de objetivar la cuestión de la «neutralidad de la red». Y de poner un contrapeso a las opiniones de algunos «ilustrados-TIC» que dicen escribir sobre «la lógica» cuando lo hacen desde «su lógica» (o, tal vez, sus intereses).

SOBRE LOS MARCOS MENTALES (à la George Lakoff)

Los marcos son las estructuras mentales permiten a los humanos comprender la realidad – y en ocasiones crear lo que tomamos por realidad.

Los marcos están en nuestro cerebro y definen nuestro sentido común. Es imposible pensar o comunicarse sin activarlos, por lo que la cuestión de qué marco se activa es de crucial importancia.

Los marcos no sólo definen las cuestiones, los problemas, las causas y las soluciones; también esconden cuestiones y causas relevantes. Las verdades necesitan «enmarcarse» apropiadamente para que se les vea como verdades.

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«Ilustrados-TIC» y la cultura del nuevo capitalismo

sennet_1.jpgEl título refleja la influencia de «La cultura del nuevo capitalismo«, un más que recomendable libro del sociólogo Richard Sennet, que ya alcanzó una cierta notoriedad hace unos años por su también recomendable «La corrosión del carácter«.

Durante los últimos años, este autor se ha dedicado a estudiar, desde la perspectiva etnográfica y sociológica, las características de la nueva cultura empresarial y su impacto en los profesionales.

En mis últimos ‘posts’ (por ejemplo, aquí) he escrito sobre el modo en que desde algunos círculos «ilustrados» se sentencia sobre cuestiones relacionadas con las Tecnologías de la Información (las TIC) y la sociedad. Sobre todo cuando, adoptando sin adaptar los argumentos de otros, se proclama la supremacía de la tecnología y de los bits por encima de todo. («Bits are bits»).

Una reflexión que me ha llevado directamente hasta una cita de Sennet, que por su interés reproduzco (el énfasis es mío):

«La nueva economía no es todavía más que una parte de la economía total. Pero es cierto que ejerce una profunda influencia moral y normativa como modelo de avanzada para la evolución del conjunto de la economía. Tengo la esperanza de que se trate esta economía […] como una propuesta de cambio que, lo mismo que cualquier propuesta, debe someterse a una crítica rigurosa«.

Una crítica que, desde la perspectiva de los EEUU, se aborda en obras como «Supercapitalismo», que comentaba en una entrada de hace algunas semanas.

Pero también una crítica que en nuestro entorno es todavía más necesaria. Porque si es cierto que la economía informacional desplaza a la industrial porque es más eficiente en la acumulación de dinero y de poder, adoptar y propagar sin más los argumentos de los líderes en la economía informacional equivalen, en un mundo en competencia, a hacerles el juego, a aceptar sin más competir en su terreno.

Espero estarme explicando. No se trata de adoptar la táctica del avestruz. Es importante ayudar a superar la «fractura digital estratégica» de muchos dirigentes públicos y privados, que parecen tener dificultades integrando de un modo sensato las TIC en sus proyectos y estrategias de futuro. Pero no se trata tampoco de promover las TIC por las TIC, sin proyecto aparente más que una querencia al parecer irresistible por la modernidad mal entendida. Que podría estar haciendo más favor al capital riesgo de Silicon Valley que a nuestros capitales.

NOTA FINAL

Uso aquí el término «ilustrados» por referencia a la época histórica de la «Ilustración«, pero también al «despotismo ilustrado «, del «todo por el pueblo, pero sin el pueblo«.

Algunos de los «evangelistas» de Internet, siendo un colectivo minoritario, se expresan con argumentos y formas que recuerdan a las de déspotas ilustrados. Convendría, creo, ponerles un contrapeso.

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Marcos mentales (1): «Bits are bits»?

«Los locos y los sabios son igualmente inofensivos. Sólo los semilocos y los semisabios son peligrosos».

Goethe. «Las afinidades electivas»

Repasando mis últimas entradas en este espacio me he dado cuenta de que las recientes tienden a concentrarse, más que en comentar cuestiones de actualidad, en proponer puntos de vista alternativos al modo en que esas cuestiones se abordan en los medios de comunicación, en otros blogs, en alguno de los círculos profesionales en que me muevo.

Me parece intuir que me preocupa más recientemente es el modo en que determinados colectivos abordan la cuestión de cómo integrar más intensamente las Tecnologías de la Información (las TIC) en «nuestra» sociedad y en las estrategias de futuro de nuestra sociedad.

preacher.jpgPero también me incomoda crecientemente la práctica de algunos apóstoles de las tecnologías, que en aras de una modernidad sin cualificar, sentencian sobre la cuestión de cómo integrar TIC y sociedad. Porque me temo que, desde posiciones extremas y creo que muy minoritarias, repelen más que atraen a muchos que estarían interesados en contribuir a aumentar nuestra «intensidad digital«.

Pondré un ejemplo concreto, sobre la (espinosa) cuestión de si se deberían o no controlar (y cómo) las descargas masivas por Internet de materiales (música, videos, etc.) teóricamente protegidos por derechos de autor.

En un comentario reciente sobre esta cuestión, su autor sostenía que:

Tener un proveedor de acceso a Internet que no monitorice tu tráfico, respete el secreto de las comunicaciones y trate los bits de manera completamente indiscriminada, “bits are bits”, sin más criterio que el ancho de banda que tengas contratado, es una demanda puramente de mínimos.

Una aseveración que daría para un ejercicio, más político que académico, de un «comentario de texto» que desvelara su carga ideológica.

INCISO: «Llamo ‘ideología’ a un conjunto de ideas y valores comunes a un colectivo social. […] Los elementos de base de una ideología permanecen casi siempre implícitos». (Louis Dumont, «Homo aequalis», Taurus).

Me limitaré a sólo un fragmento que me parece central: «Bits are bits«.

Un mínimo ejercicio de Google conduce enseguida a la fuente de ese eslógan, un texto de 1995 de Nicholas Negroponte. Que creo que vale la pena reproducir en su contexto (el énfasis es mío):

«Bits are bits, but all bits are not created equal. […] Furthermore, we are clueless about the ownership of bits. […] Bits are bits indeed. But what they cost, who owns them, and how we interact with them are all up for grabs«.

La cuestión de base está aquí más clara: qué cuestan los bits, quién es su propietario y cómo interaccionamos con ellos está por decidir. Lo central no son pues los bits, sino los intereses alrededor de los bits.

Una cuestión alrededor de la cual, como es lógico, habrá todo tipo de ideologías y posturas. Incluyendo las extremas: la dictadura de los derechos de autor a ultranza, en un extremo, y la de los dictadores de los bits en el otro. Ninguna de las cuales es necesariamente la más sensata.

Como muchas otras, es una cuestión seria y se necesitará gente seria para abordarla.

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Tenemos problemas serios, y necesitamos gente seria

necesitamos-gente-seria.jpgEn una de las escenas finales de «El Presidente y Miss Wade«, Michael Douglas, en su papel de Presidente de los EEUU, comparece inesperadamente ante la Prensa para defenderse abiertamente, por primera vez, contra la demagogia del candidato republicano.

Su parlamento incluye el siguiente párrafo:

«We have serious problems to solve, and we need serious men to solve them. And whatever your particular problem is, friend, I promise you, Bob Rumson is not the least bit interested in solving it. He is interested in two things and two things only: Making you afraid of it and telling you who’s to blame for it. That, ladies and gentlemen, is how you win elections«.

Con las paráfrasis adecuadas, seguro que hay quien sabría aplicar la cita a la precampaña electoral; posiblemente a más de uno de los partidos en liza.

Pero no iba por ahí, sino sobre el modo en que se opina en algunos espacios en la red sobre cuestiones relacionadas con cómo enfocar el futuro de Internet. Un ejemplo reciente sería el comentario de un profesor-blogger sobre el rechazo de proveedores de Internet británicos a actuar como «vigilantes de la red«. En unas pocas líneas se mezclan, como si fueran un mismo asunto:

  • La cuestión de la legalidad o no (real o deseable) de las descargas en la red de materiales con derechos de autor.
  • La cuestión de cómo vigilar y/o controlar (si es que se puede) las prácticas ilegales que se pudieran estar produciendo en la Red en relación a esos materiales.
  • La cuestión de la privacidad en la Red.
  • El derecho o no de los proveedores de acceso a Internet a la gestión del tráfico en «su» red (dado que ninguno de ellos controla «la Red«.
  • La cuestión de la (pienso que mal) llamada «net neutrality«.

(Aderezadas además con juicios de valor y calificativos sobre el Secretario de Estado de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información y sobre el Presidente francés recién electo).

Demasiadas cosas para abordarlas de golpe; a abordarlas seriamente, por lo menos. Me limitaré hoy a tirar sólo de un hilo. Según un informe sobre la «net neutrality» de ENTER, lo que se dirime no es en el fondo un debate sobre libertades, sino que:

«En última instancia se trata de un conflicto entre partes, operadores de telecomunicaciones y creadores de contenidos de la red, sobre quién debe pagar la ampliación de capacidad de la red«.

Veámoslo también desde este prisma. Google, una empresa que vale en Bolsa más que cualquiera de los grandes operadores de telecomunicaciones, se manifiesta a favor de la ‘net neutrality‘ , sería razonable pensar que lo hace en el interés de sus accionistas. Con tanto derecho, ni más ni menos, que los operadores. Cada cual puede tomar partido, faltaría más, por los intereses o los capitales que prefiera. Lo que no me parece serio es enmascarar la cuestión con un discurso ideológico, aprovechándose de la fluidificación de los valores en la sociedad líquida.

Podría seguir. Pero habrá de ser en otra ocasión.

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