Archivo mensual: enero 2008

Vivificar (y revalorizar) el trabajo

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Otro ‘post’, como el anterior, con comentarios sobre el trabajo. En un artículo en El País del pasado día 12 de Enero, Vicente Verdú escribía:

Un inmenso porcentaje de la población suma al esfuerzo de su obligación laboral la tarea de soportar un grave malestar crónico que les acompaña día tras día. ¿Puede esperarse que la producción, la productividad, la creatividad, la ética, la civilización, la satisfacción se logre a partir de esta inicua plataforma? […]

Dentro de este cuadro no hay en puridad buenos y malos, sólo directivos y subordinados, empresarios, asalariados, autónomos, funcionarios y funcionarias.

No me imagino a Vicente Verdú, al que no tengo el gusto de conocer, aunque sí de leer, con este perfil. Pero debe saber, como yo, como seguramente muchos de nosotros, sobre más de uno que lo sufre.

El aforismo de que el trabajo dignifica no se respeta en la sociedad líquida, en la que el trabajo se considera una mercancía (el «mercado de trabajo«), cuando no como una ‘commodity‘. Una ley de bronce de lo que no se escapan ni siquiera muchos de los que nominalmente serían trabajadores del conocimiento, porque en el «mercado» de trabajo no necesariamente se «valoriza» el conocimento ni el talento.

La cuestión no es nueva. En la sociedad líquida, los individuos, también en su faceta de profesionales, se ven forzados a buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema. Una de las cuales es que apenas se encuentre tiempo, entre el que deja precisamente el trabajo que no vivifica, para cultivar esas soluciones biográficas.

Muchos y buenos autores, mejores que yo, han escrito sobre ello. Recomiendo a Gorz, recientemente fallecido, y a un estupendo ensayo de Richard Sennett, una reflexión sobre las facetas de la «flexibilidad«.

La cuestión viene a cuento en sí misma, pero también para tirar del hilo del espíritu de la Web 2.0 al que hacía referencia en un ‘post anterior‘. Vicente Verdú concluye que:

¿Cómo admitir que la infeliz ordenación de la existencia laboral deba asumirse sin protesta? […] El fracaso de las utopías sociales arruinó las ideologías políticas del siglo XX, fomentó el escepticismo sobre los programas y desacreditó a los líderes políticos. Hace ya tiempo que la esperanza en la transformación del sistema parece enterrada […] y nadie, prácticamente, se asocia para cambiar los fundamentos del sistema. En cuanto a los gobiernos y sus líderes, se hallan tan absorbidos en el arduo empeño de mantener el poder o conquistarlo que la población constituye un borroso paisaje de electores, vagas aglomeraciones humanas que votan o se encrespan tan sólo por un rato.

En un entorno afín a Internet y las tecnologías, esta declaración tiene todos los atributos de una causa que se apoyara en la Web 2.0. Pero, por el momento, el espíritu dominante en la Web 2.0 parece otro. Más cercano al de las tantas relaciones superficiales y banalidades microblogeadas que enamoran a unos cuantos TIC-ilustrados y valorizan a los accionistas de Facebook y MySpace, por ejemplo.

Pero hay alternativas. Por lo menos, pueden pensarse, que siempre es el primer paso.

Cualquier comentario, de adhesión o crítica, será bienvenido, como siempre.

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No nombrarás el conocimiento en vano

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En un artículo con tan provocativo título publicado en La Vanguardia del pasado domingo, el Profesor de IESE José Luis Nueno propone una reflexión sobre las (no demasiado atractivas) condiciones laborales de dos tipos de profesionales del conocimiento:

Médicos

  • «Dado que tanto mossos como médicos (y otro personal sanitario) dependen del mismo empleador, ¿qué hay que pensar de una Administración que cree que los que nos ponen multas por ir a velocidades que sólo se castigan aquí tienen que cobrar más que los que nos sacan adelante tras el infarto que nos da cuando nos las ponen?

y Maestros

  • «¿Cómo damos la vuelta al sector de la educación para hacer que aquellos que forman el carácter y también transmiten conocimientos sean la norma y no la excepción, para recuperar a los mejores a servir las tareas más importantes?»

Para, al final del artículo, preguntarse

  • «Cuando el político o el alto funcionario reciclado aluden al conocimiento como la panacea que nos inmunizará frente a los males de la globalización, no se refieren ni al que salva vidas ni al que bruñe caracteres y transmite saber. Si no lo reconocen donde existe, ¿a qué conocimiento se referirán?»

Creo que el profesor Nueno merece una respuesta. Por varios motivos.

El primero, por nombrar el conocimiento en vano. Porque, en términos generales, el espíritu de los sistemas sanitario y educativo no es un espíritu centrado en el conocimiento.

Hago hincapié en poner énfasis en los sistemas. Es innegable, por ejemplo, que hay muchos educadores inspirados por el conocimiento. Pero también hay más de dos con espíritu de funcionarios, en el peor sentido de la palabra. Los profesionales del conocimiento, en cualquier sector, no «lucen» en una organización de espíritu burocrático

¿Educación lo es?

Una cuestión abierta a comentarios. Pero, si se me permite proponer un primer criterio de valoración, animo a quien esté interesado a consultar las Memorias del Departament d’Educació, o incluso el Pla de Govern (pág. 33) y constatar cómo se explica el sistema y sus objetivos.

Creo, pues, que tendríamos un primer elemento para responder al profesor Nueno. El conocimiento no es una panacea. Aprovecharlo sí puede serlo. Y eso exige entornos que fomenten valorizar (económicamente, socialmente) el conocimiento. Apuntemos pues a los responsables de crear y gestionar ese entorno; antes de titular, tomando el nombre en vano, que el conocimiento no sirve para nada.

De todos modos, creo que hay que dar un punto de razón al Profesor Nueno en su referencia, en la que creo ver un punto de sarcasmo, a los «políticos o altos funcionarios reciclados» que enarbolan el conocimiento como panacea. Porque encontraríamos sin demasiada dificultad ejemplos en que nombran el conocimiento en vano. Sin conocimiento del conocimiento.

Esos también merecen una respuesta. Los que pensamos que el conocimiento sirve (y podría servir más) tendríamos que dársela: alto y claro.

¿Quién se apunta? ¿Cómo nos ponemos de acuerdo?

P.S. 1. Otra cuestión que merecería comentario es la explicación de por qué, si las condiciones laborales en sanidad y educación son las que son, las carreras de Medicina y Educación sean las más solicitadas por los jóvenes catalanes (Ver datos).

P.S 2. Aviso al lector atento. Este post es el primero de un grupo de tres, que siguen hilos de una misma trama. Gracias por leer.

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Tecnología y cambio social: El huevo y la gallina

Escribiendo un ‘post’ reciente me asaltó la cuestión:

¿Es la Web 2.0 es una consecuencia de la sociedad líquida, y por tanto una plataforma que refuerza esa sociedad? ¿O es a la inversa? (¿O quizá un poco de cada?)

Como consecuencia de una tendencia a la abstracción que no consigo controlar, esta cuestión me ha llevado a otra:

¿Es el cambio científico o tecnológico el que provoca el cambio social? ¿O es a la inversa? ¿O quizá un poco de cada?

escher-hands.jpgCon la firme intención de volver a la cuestión de las TIC y la sociedad de la información y el conocimiento, me ha parecido que aprendería algo repasando algunos datos y fechas de la Revolución Industrial.

De entrada, esta revolución tuvo un origen localizado en el tiempo y en el espacio:

A finales de los 1700s la economía basada en el trabajo manual en el Reino Unido empezó a ser reemplazada por una economía dominada por la industria y la maquinaria. Empezó con la mecanización de las industrias textiles, el desarrollo de las técnicas de producción de acero y el uso creciente de carbón refinado. Una vez iniciada, se extendió.

Fuente: Wikipedia (las cursivas son mías)

Este «desarrollo de las técnicas» fue anterior a los avances de la Termodinámica y el Electromagnetismo, las disciplinas que hoy diríamos que son las subyacentes a la revolución industrial.

  • El término Termodinámica no se acuño hasta 1858. El ciclo de Carnot, que creo que fue el primero en explicar las bases del funcionamiento de un motor, se descubrió no mucho antes, en 1824.
  • Las ecuaciones de Maxwell, que son el fundamento del electromagnetismo, el fenómeno físico de los motores eléctricos, se descubrieron en 1861.

La conclusión, por tanto, es que en la Revolución Industrial

La técnica se avanzó a la ciencia.

La técnica se desarrolló en un contexto de sociedad (la economía del trabajo manual) propicia a aplicarla. En este sentido, la sociedad se anticipó a la técnica.

david-warsh.jpg

Pero hay más. La definición de Wikipedia tiene un problema. Se coincide en que la publicación de La Riqueza de las Naciones, de Adam Smith, supuso el principio de la economía. Pero ‘La Riqueza de las Naciones’ apareció en 1776, antes de la Revolución Industrial. Según explica David Warsh,

Muchos historiadores económicos han concluido que […] Adam Smith era ciego a las causas y consecuencias de la industrialización.

En suma, Adam Smith teorizó sobre el mercado como un mecanismo de mano invisible en virtud del cual el resultado de un conjunto de personas persiguiendo su propio interés acaba resultando en un óptimo global. Por tanto:

Los gérmentes conceptuales de la economía de mercado y de la ética del individualismo como fuente de progreso económico (y más adelante, de progreso a secas) fueron anteriores a la Revolución Industrial.

Conclusión (sobre la que tendré que volver):

El gérmen de la Revolución industrial está en ideas y principios éticos anteriores a las tecnologías que hicieron posible la economía industrial.

Dando un triple salto mortal hacia adelante (que repensaré en próximos días con la moviola),

¿Podríamos concluir que la para progresar en la economía del conocimiento hace falta algo más que conocimiento y tecnologías del conocimiento?

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Sarkozy contra la sociedad líquida

santjordi.jpgCon independencia de que nos caiga mejor o peor, de que estemos o no de acuerdo con sus propuestas, sus políticas y sus formas de actuar, de que el modo en que conduce y hace visible su vida privada nos produzca indiferencia, admiración o envidia (que de todo habrá), muchos estaríamos de acuerdo en que Nicholas Sarkozy es todo un personaje.

Podemos o no seguirle, pero creo que, desde una perspectiva sociológica, conviene no ignorarle. Recordando la prescripción de Zygmunt Bauman de que:

«La sociología se distingue en mirar las acciones humanas como elementos de un escenario más amplio: eso es, de una congregación no aleatoria de actores ligados en una red de dependencias mutuas«.

A la luz de esta recomendación, el discurso de ayer de Sarkozy en rueda de prensa me parece de un gran interés. Porque su propuesta de «política de civilización» podría haberse titulado «Sarkozy contra el espectro de la modernidad líquida«. Júzguese, si no, a partir de una selección de extractos:

Fui elegido prometiendo un cambio en profundidad, […] una verdadera ruptura con los hábitos de pensamiento, los comportamientos, las ideas del pasado que han conducido a nuestro país a la situación en la que se encuentra. […]

La falta de confianza de los franceses hacia la política […] no se debe en el fondo a otra cosa que al sentimiento de que la política es impotente a fuerza de no remontarse nunca a las causas reales de los problemas, de atrincherarse en la gestión, en la técnica. […]

La política de civilización es la política necesaria cuando se hace necesario reconstruir los sistemas de referencia, las normas, las reglas, los criterios. […] Se ha impuesto cada vez que un gran choque político, económico, tecnológico, científico ha socavado las certezas intelectuales, la moral, las instituciones, los modos de vida. […]

Necesitamos hoy reconstruir nuestra relación con el tiempo y el espacio, y nuestra relación con nosotros mismos, alterada por la técnica, la ciencia y la globalización. […]

Es con la misma voluntad de construir una política de civilización que deseo incitar una reflexión sobre las maneras de escapar de una aproximación demasiado cuantitativa, demasiado contable de la medida de nuestro rendimiento colectivo. Porque si restamos prisioneros de la visión restrictiva del PIB no podemos esperar cambiar nuestros comportamientos y formas de pensar. […]

Frases que resuenan, a mí por lo menos, en la línea de las citas de Marx o Bauman que incluía en mi último ‘post’. Frases que se me antojan el reflejo de la necesidad de un cambio de fondo, con la que seguramente podemos sintonizar, aunque no hubiéramos forzosamente de compartir las soluciones del político francés. Quiero decir, para que quede claro, que no le propongo necesariamente como referencia, pero sí como síntoma.

Para acabar, dos anotaciones sobre las referencias a la tecnología en ese discurso. La primera, de la que se han hecho eco los medios, es la propuesta de renovación del audiovisual público francés:

Propongo también que consigamos una verdadera revolución cultural del servicio público de televisión. […] Si las cadenas públicas funcionan según los mismos criterios, según las mismas exigencias, según la misma lógica que las cadenas privadas, entonces no se acaba de ver el por qué de un servicio público. […]

Su propuesta es entonces reflexionar sobre la supresión total de la publicidad en las cadenas públicas, que se financiarían con un impuesto sobre los ingresos publicitarios de las cadenas privadas y un impuesto «infinitesimal» sobre los ingresos de los nuevos medios de comunicación como la telefonía móvil y el acceso a Internet.

El segundo comentario es precisamente que esa mención a Internet es la única que aparece en todo el discurso de Sarkozy. Y, sin embargo, no me creo que el Presidente francés no tenga una idea clara de las posibilidades de Internet y de cómo utilizarlo en su política de civilización.

La cuestión, que dejo para comentarios (y eventualmente para otro ‘post’) es la siguiente:

¿Por qué no aparece Internet, el uso de Internet, en el discurso en que Sarkozy expone su visión de la transformación de Francia?

¿Se trata de un caso de fractura digital estratégica, o tiene otra explicación?

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Buscando el espíritu de la Web 2.0

pensador.jpgEl título, como muchas veces los titulares, no sirve de resumen, sino de anzuelo para atraer al lector. Pero no quisiera crear falsas expectativas al que haya llegado hasta aquí.

Mi intención hoy es estirar un poco el hilo de los comentarios en un ‘post anterior‘ sobre la Web 2.0, el supercapitalismo y la sociedad líquida.

La Web y la sociedad líquida comparten algunos atributos. El más evidente quizá sea la ausencia de una ‘agency’, un regulador u ordenador visible.

Muchos de nosotros, yo incluído, seríamos incapaces de explicar de forma coherente e inteliglible qué organismos, instituciones o arquitecturas sociales son responsables de que la Web funcione. Ni qué tipo de acuerdos y reglas les unen o coordinan.

(La liquidez es mayor en la Web 2.0, porque se traduce no sólo en la operación de la red, sino en los orígenes y la estructura de los contenidos. Si una información publicada en un diario nos provoca alguna reacción, siempre podemos dirigirnos al Director. Pero si eso pasa en la Web 2.0, ¿a qué cielo clamamos?)

bauman.jpgAlgo parecido sucede en la sociedad (global) líquida. Nos dicen que un constipado en el mercado inmobiliario de los EEUU está causando una pulmonía global en los mercados de crédito de todo el mundo. Y de pasada una mayor dificultad para que una familia de Hospitalet, por decir algo, obtenga una hipoteca. A muchos nos costaría explicar (explicar-nos) la cadena causal de esta serie de eventos, y mucho más poner el dedo en la llaga de las responsabilidades de quienes los hayan causado con sus prácticas y de los que podrían quizá haberlos evitado con una mayor supervisión o regulación o información.

Internet líquido. Sociedad líquida. ¿Cuál es la relación causa-efecto, si la hay?

karl_marx.jpgPropongo repasar un poco la historia, por si las analogías con la sociedad industrial nos sirvieran de algo. En 1848, con la segunda revolución industrial ya en curso, Karl Marx escribía:

Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

Bauman escribe algo similar sobre la sociedad líquida:

Las formas sociales ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas ocupar el lugar que se les ha asignado.

Obligándonos así a los individuos a «buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema.
Argumentaré (en un próximo ‘post‘) que la tecnología fue el sustrato de la revolución industrial, pero no el motor ni la gasolina. Porque el espíritu del capitalismo precedió a la Revolución Industrial; no fue una consecuencia de la revolución tecnología.

Luego, claro está, se tratará de hacer un paralelo con la Revolución de la Red. Donde aparecerán, a su tiempo, el supercapitalismo y la globalización.

¿Comentarios, antes de la siguiente entrega?

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Supercapitalismo

reich-080105.jpgMe atrevo a recomendar un libro que todavía tengo a medias: «Supercapitalism: The Transformation of Business, Democracy and Everyday Life«, de Robert B. Reich, un académico de las ciencias políticas que fue Secretario de Trabajo en la administración Clinton.

Un par de citas del capítulo inicial dan una idea cabal de las intenciones del autor:

  • «Las últimas décadas han supuesto para nosotros un alejamiento del poder en nuestras capacidades como ciudadanos y un acercamiento en cuanto a consumidores e inversores».
  • «El mercado es apto a tomarnos en cuenta como consumidores e inversores, pero la democracia se ha vuelto menos sensible a nosotros en nuestro papel como ciudadanos que persiguen que las reglas del juego sean más justas».
  • «Las empresas no son ciudadanos. Son paquetes de contratos. El propósito de las empresas es jugar de modo tan agresivo como sea posible el juego de la economía. Nuestro reto como ciudadanos es impedir que fijen la reglas. Conseguir que el supercapitalismo no contamine la democracia es la única agenda de cambio constructiva».

Un mensaje, aunque en otras palabras, muy similar al que emplea Zigmunt Bauman al escribir sobre la liquidez de la vida, de la sociedad y de la modernidad.

La tecnología es, por supuesto, un elemento de fondo de estos cambios. Pero no necesariamente el motor, sino posiblemente el instrumento. Creo que podría hacerse (lo intentaré) un paralelo entre muchos de los atributos de la Web 2.0 y los de la sociedad líquida. Que son, pienso, paralelos también a los del «supercapitalismo».

(No es coherente, por ejemplo, no pensar en Google, una empresa que vende publicidad de consumo, aunque publicite otra imagen, como integrada también a fondo en el supercapitalismo).

Una reflexión que, si se acepta como razonable, plantea un dilema a quienes estamos a la vez por la tecnología y por una «reconstrucción posible» de la sociedad alternativa al supercapitalismo. Llevando la reflexión al extremo:

  • ¿Es moral difundir y promocionar el mensaje de la Web 2.0 y a la vez declararse contrario a «esta» globalización, a «este» supercapitalismo?

P.S. Al final de su «Modernidad Líquida», Bauman escribe:

No hay elección entre formas ‘comprometidas’ y ‘neutrales’ de hacer sociología. Una sociología sin compromiso es una imposibilidad […] El trabajo de la sociología es desvelar que las elecciones son libres …

(Dedicado a Genís Roca, con todo mi respeto y aprecio).

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El horizonte de «nuestra» Sociedad de la Información

horizonte_1-mod2.jpgDe verdad que lamento constatarlo una vez más. Pero la cuestión de la sociedad de la información, del buen uso y el mejor aprovechamiento de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC) como una de las herramientas para construir el futuro de nuestra sociedad, no aparece apenas en los mensajes de fin de año de nuestros dirigentes políticos.

No aparece en absoluto en las (breves) palabras del Presidente de la Generalitat. Ni una sola mención de la tecnología en general, ni de las TIC en concreto. Ni tampoco de la innovación, ni para la I+D.

Algo hay, aunque poco, en el mensaje del Presidente del Gobierno de España. Menciona, por ejemplo, la Ley de Impulso a la Sociedad de la Información y la Ley de la Administración Electrónica. Ambas se dirigen, más que a construir un proyecto de sociedad de la información, a eliminar obstáculos para que la sociedad de la información avance. Obstáculos, muchos de ellos, derivados de los funcionamientos «tradicionales» de las administraciones.

También se refiere el Presidente a la I+D+i, aunque no al papel de la innovación basada en las TIC. Y, si bien resalta la importancia de las infraestructuras de transporte físico al destacar la magnitud de las inversiones que a ellas se destinan, no llega a dar el paso a las telecomunicaciones y su relevancia.

Puestos a especular sobre el por qué de las escasas referencias de nuestros políticos a las tecnologías y la sociedad de la información, se me ocurre que:

  • Quizá no consideran importantes estas cuestiones.
  • Quizá sí, las consideran importantes, pero no urgentes. O menos urgentes que las que sí mencionan.
  • Quizá las consideran importantes y urgentes, pero no tienen claro lo que deberían decir o hacer. Y no les convence lo que les cuentan al respecto sus asesores. O quizá éstos no les cuentan nada.

horizonte_3.jpgEn un tono algo más genérico, he escrito en Estrategias 2.0 sobre posibles respuestas a estas cuestiones. Por si interesa.

En el caso concreto del President de la Generalitat, mi afición al análisis de textos me ha llevado a reparar en lo que para mí es quizá lo más significativo de su mensaje. Dice el President:

«Cal que tots treballem amb el convenciment que hi ha un horitzó, ambiciós i possible, cap al qual ens dirigim. […] Govern i president treballem amb una idea clara de quina és la realitat present de la nostra nació i de quin és aquest horitzó«.

Respetuosamente. Quizá haya más de un horizonte. Quizá no todos los horizontes sean igualmente atractivos; quizá haya que escoger. Además, el horizonte en sí no puede ser el objetivo, porque uno no alcanza el horizonte por más que lo persiga. Personalmente, si yo puedo pillar algo que me interesa y que está más cerca del horizonte, para allá que voy.

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