Archivo diario: enero 8, 2008

Buscando el espíritu de la Web 2.0

pensador.jpgEl título, como muchas veces los titulares, no sirve de resumen, sino de anzuelo para atraer al lector. Pero no quisiera crear falsas expectativas al que haya llegado hasta aquí.

Mi intención hoy es estirar un poco el hilo de los comentarios en un ‘post anterior‘ sobre la Web 2.0, el supercapitalismo y la sociedad líquida.

La Web y la sociedad líquida comparten algunos atributos. El más evidente quizá sea la ausencia de una ‘agency’, un regulador u ordenador visible.

Muchos de nosotros, yo incluído, seríamos incapaces de explicar de forma coherente e inteliglible qué organismos, instituciones o arquitecturas sociales son responsables de que la Web funcione. Ni qué tipo de acuerdos y reglas les unen o coordinan.

(La liquidez es mayor en la Web 2.0, porque se traduce no sólo en la operación de la red, sino en los orígenes y la estructura de los contenidos. Si una información publicada en un diario nos provoca alguna reacción, siempre podemos dirigirnos al Director. Pero si eso pasa en la Web 2.0, ¿a qué cielo clamamos?)

bauman.jpgAlgo parecido sucede en la sociedad (global) líquida. Nos dicen que un constipado en el mercado inmobiliario de los EEUU está causando una pulmonía global en los mercados de crédito de todo el mundo. Y de pasada una mayor dificultad para que una familia de Hospitalet, por decir algo, obtenga una hipoteca. A muchos nos costaría explicar (explicar-nos) la cadena causal de esta serie de eventos, y mucho más poner el dedo en la llaga de las responsabilidades de quienes los hayan causado con sus prácticas y de los que podrían quizá haberlos evitado con una mayor supervisión o regulación o información.

Internet líquido. Sociedad líquida. ¿Cuál es la relación causa-efecto, si la hay?

karl_marx.jpgPropongo repasar un poco la historia, por si las analogías con la sociedad industrial nos sirvieran de algo. En 1848, con la segunda revolución industrial ya en curso, Karl Marx escribía:

Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su séquito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar raíces. Todo lo que se creía permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreñido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fría su vida y sus relaciones con los demás.

Bauman escribe algo similar sobre la sociedad líquida:

Las formas sociales ya no pueden (ni se espera que puedan) mantener su forma por más tiempo, porque se descomponen y se derriten antes de que se cuente con el tiempo necesario para asumirlas y, una vez asumidas ocupar el lugar que se les ha asignado.

Obligándonos así a los individuos a «buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema.
Argumentaré (en un próximo ‘post‘) que la tecnología fue el sustrato de la revolución industrial, pero no el motor ni la gasolina. Porque el espíritu del capitalismo precedió a la Revolución Industrial; no fue una consecuencia de la revolución tecnología.

Luego, claro está, se tratará de hacer un paralelo con la Revolución de la Red. Donde aparecerán, a su tiempo, el supercapitalismo y la globalización.

¿Comentarios, antes de la siguiente entrega?

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