Archivo mensual: enero 2008

La ‘gamer generation’ en la empresa: Uff!

He tenido una pesadilla durante la siesta. Me había dormido pensando en la propuesta de Infonomía sobre la relevancia de la Gamer Generation. Una idea desarrollada en un libro reciente de la Harvard Business School Press. Como es de los que Amazon deja explorar online le he podido echar una ojeada. En la contraportada habla de una ‘gamer generation‘ dotada de atributos como:

  • Una habilidad asombrosa para la multitarea.
  • Solucionar problemas de forma creativa
  • Gente comprometida, orientada al equipo
  • Juegan para ganar, pero están acostumbrados también a perder.

Me ha venido a la cabeza la imagen de una sala repleta de cubículos ocupados por gamers. Como los asistentes al Campus Party, pero con algunos años más y ropa formal. Pero igualmente absortos en sus multi-pantallas, intentando solucionar de creativamente la forma de conseguir un bonus espectacular. Tan espectacular como los premios de los videojuegos, pero en euros, o miles de euros. Empeñados en ganar y hacer ganar al equipo, porque el premio aumenta si el equipo gana.

De pronto, un aparatoso

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aparece, primero en una pantalla, poco a poco contagiándose a las contiguas y luego al panel gigante que preside la sala. Suena una sirena estruendosa y me despierto.

Gracias a Dios, sólo era un sueño. De vuelta a la realidad, tomo el diario por la sección de Economía y, hélas, aparecen las declaraciones del ‘broker’ de Société Générale, que llegó a tener en danza apuestas (o inversiones) por 50.000 millones de Euros.

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De golpe, me lo imagino como uno de los ‘gamers‘ del sueño, y no sé si preocuparme o sentirme aliviado.

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La sociedad desinformada de la información

Estimulado por un comentario a un ‘post’ anterior sobre la ‘sociedad líquida’ y el espíritu de la Web 2.0, he buceado en la obra de Scott Lash, un autor que reflexiona sobre las bases de una aproximación crítica a la sociedad de la información.

venetian-mask.jpgLo que más me ha atraído en esta mi primera lectura ha sido lo que Georges Lakoff, el gurú de los marcos mentales (frames) califica como biconceptualismo. La situación que se produce cuando, dados dos «marcos mentales» que se presentan como opuestos, nos sentimos en parte identificados con ambos, pero del todo con ninguno.

En su «Crítica de la información», Scott Lash aborda el análisis de una «sociedad desinformada de la información«:

¿Qué hay en juego en la sociedad de la información Los tipos de información son dos. El primero está inscrito en una problemática de racionalidad e inteligencia. En una problemática de conocimiento: de producción con uso intensivo del conocimiento, máquinas cada vez más inteligentes y bienes y servicios ricos en información. Este primer tipo tiene que ver con la vigencia de una sociedad de uso intensivo del conocimiento y no del trabajo.

[…] El fundamento del segundo tipo de información no es tanto científico-material como literario. […] Si el primero tiene que ver con la sociedad global de la información, el segundo está relacionado con la cultura (global) de la información.

Una cultura en la que

El valor de la información es efímero. es inmediato. No tiene ni pasado ni futuro: ningún lugar para la reflexión y el argumento razonado.

Dos caras inseparables de la misma realidad. Un poco como en la Mecánica Cuántica, en donde un electrón es a la vez, inseparablemente, una partícula y una onda.

wave521.jpgEsa dualidad se manifiesta en el Internet de hoy. Quienes más ganaron con la revolución informacional de Internet de la década de los 90 fueron muy posiblemente las grandes organizaciones de la globalización, actuando  en la economía de los productos físicos (electrónica y ordenadores, por ejemplo, pero también Zara) o en los productos inmateriales (como los servicios financieros). Pero los iconos que entretanto ocupan el primer plano son los de la cultura de la información: los MySpace, Facebook, Flickr, YouTube, Twitter y otros. Rupert Murdoch comprando MySpace y el Wall St. Journal. Las dos culturas de las que habla Lash mezcladas y revueltas sobre un mismo soporte tecnológico.

Según como se mire, Google encarna ambos conceptos en una única empresa. De una parte, el buscador vive, por su propio concepto, en la cultura de la información desordenada. De otra parte, Google explota un conocimiento obtenido con altas doses de racionalidad para vender publicidad a las empresas, muchas de ellas de consumo efímero. Una estrategia bifurcada. Una dualidad sin la que no puede entenderse a Google.

Supongo que hay pocas recetas para vivir en medio de esa dualidad. Como escoger a qué partido votar. Como apostar por la sociedad de la información, a pesar de que se explote el efecto de la desinformación y el exceso de información basura. Como estar en contra de la sociedad de consumo y utilizar un Google que ayuda a quienes empujan la sociedad de consumo. Aunque no sólo a ellos.

Como la contradicción de escribir reflexiones, que se pretenden racionales, en un blog, un instrumento que tanto se presta a la visceralidad y a la falta de reflexión.

Una vez más, no tenemos más remedio que andar buscando soluciones biográficas a las contradicciones del sistema.

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Estado de liquidez global

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Un artículo en El País de hoy, del que reproduzco el titular, comenta ‘un mundo «no polar»‘, sin ‘director, ni partitura’, en el que

los supuestos polos no pueden ejercer como tales (EE UU tiene la fuerza, no la credibilidad; Europa carece de voluntad política; China o India aún no llegan; etcétera).

Si es así, a menos que los que nos conduzcan sean maestros de la improvisación creativa, , como los grandes del jazz, la característica de ‘liquidez’ que Zygmunt Bauman atribuye a las sociedades modernas se aplicaría, con una perspectiva más amplia, al mundo globalizado, a la sociedad global.

fractal2.jpgNo sólo los individuos se verían obligados a buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema, sino que los propios Estados o naciones tendrían también que buscar sus trayectorias biográficas en un contexto difuso. Una sociedad fractalmente líquida, sin referentes a ninguna escala, global, continental, estatal, nacional, local.

En el pasado, una de las funciones de las instituciones era generar pautas de referencia sólidas. Pero hay demasiadas que parecen atrapadas en esta búsqueda de una autobiografía satisfactoria. El articulista menciona que

Las instituciones internacionales […] , desde el G-8 […], el Consejo de Seguridad de la ONU, al Fondo Monetario […] o el Banco Mundial, requieren una adaptación a estos nuevos actores y nuevas funciones.

Y, a la vista de los debates e incertidumbres sobre Constituciones y Estatutos, podríamos añadir a la lista a la Unión Europea y a más de una nación o región. En la nota de prensa con las conclusiones del Forum de Davos, el World Economic Forum aboga por

a call by business, government and civil society leaders for a new brand of collaborative and innovative leadership to address the challenges of globalization.

Ahora bien, sin partitura ni director, ¿sabrán adaptarse? ¿son justamente los retos de la globalización los que deberían servir de referentes?

Cuidado aquí. El articulista de El País hace referencia a una entrevista en Davos, en la que Henry Kissinger destaca que, aún con las convulsiones de los últimos días, «la economía está más organizada que la política global». Y que la local, añadiría más de un especulador inmobiliario.

En cualquier caso, recordemos que una de las características de la ideología economicista que emergió con la revolución industrial es que la economía adquirió primacía sobre la política , e incluso sobre la moral. Quizá lo que suceda es que estamos viviendo las consecuencias de esta ideología llevada al extremo.

Una reflexión que se emarca en una que considero de mayor alcance.

¿Nos parece que las afirmaciones habituales del estilo de «estamos entrando en LA sociedad de la información» recogen lo esencial de las sociedades actuales?

Y además,

¿Quién es el director, si lo hay? ¿Quién pone o ha puesto la partitura, si la hay? ¿Y si no los hubiera?

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Consumidores e infonomistas en la sociedad líquida

Llevo unos días reflexionando sobre el motivo por el que la presentación de Update’08 organizada hace unos días por Infonomía en Barcelona me ha dejado una cierta sensación de incomodidad. Declararé de entrada que tengo un enorme respeto por el trabajo de Alfons Cornella y su equipo. Por su constancia. Por lo cuidado de sus publicaciones y de las puestas en escena de sus actos. Por la capacidad de fidelizar su audiencia de autonomistas. Y, muy especialmente, por ser capaz de vivir de ello. Me pregunto, sin embargo,
Si tenemos a Alfons Cornella, a Infonomía y a la tropa de infonomistas, ¿por qué no nos va mejor en todo lo relativo a la innovación? ¿Qué nos falta, además?
Quisiera compartir algunas de «mis» respuestas. Para saber si resuenan en más gente. Para aprender de las críticas y comentarios, si los hay. Para intentar provocar otras mejores.

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Mi primer apunte sería que la innovación no se promueve en abstracto. Una innovación no es innovación, no tiene «sentido» si no promueve «cambios de comportamiento», y éstos dependen del contexto. En el último número de Technology Review, el editor escribe que (la negrilla es mía):

Una innovación debe ser valiosa, lo que significa que debe existir en un mercado o en un contexto social más general de oferta y demanda.

¿Pudiera ser que fuera conveniente una mayor sintonía entre los mensajes infonomistas y el contexto?

Reflexionando sobre las propuestas del «Update’08», las que me resuenan como más fuera de contexto serían las que destacan las formas de consumo más estrafalarias, más elitistas. Las que ponen más énfasis en valorar «lo último» sobre todo porque es «lo último»; en cómo se consumen que en cómo se producen.

En su «Vida Líquida«, Zygmunt Bauman, un autor que ronda por este espacio últimamente, escribe que:

El ‘síndrome consumista’ ha degradado a la duración y ha ascendido a la fugacidad. Ha situado el valor de la novedad por encima de lo perdurable. Ha acortado considerablemente no sólo el lapso temporal que separa el querer del obtener […] sino también el que media entre el nacimiento de la necesidad y su desaparición. Del mismo modo, ha estrechado el intervalo transcurrido entre el momento en que una posesión o pertenencia resulta útil y deseable y aquel otro en el que se vuelve inútil y es motivo de rechazo. […] El ‘síndrome consumista’ exalta la rapidez, el exceso y el desperdicio. (pág. 113)

Otra reflexión, la última por hoy, tiene que ver con la «receta» de éxito emprendedor que apunta Xavier Marcet en su blog:

20% ideas; 30% plan; 50% equipo. Agítese vigorosamente.

Quizá lo que pasa es que tenemos más capacidad de generar ideas que planes. Y también más que capacidad de formar equipos. Que compartan objetivos comunes. Que sepan hacer planes y llevarlos a cabo. Quizá lo que me produce una cierta desazón es la insistencia en las ideas, peor si fugaces, si ésas no son el recurso más escaso.

Una de las características de la «sociedad líquida» es que fuerza a los individuos a «buscar soluciones biográficas a las contradicciones del sistema«. No hace falta insistir en el «síndrome consumista» como una pseudo-solución biográfica. La «Infonomía-Consumo», o incluso la «Infonomía-Espectáculo» son estimulantes y entretenidas. Bravo por Alfons y su equipo!!! Pero si encontráramos formas de ayudar a los «infonomistas» a encontrar sus soluciones biográficas, a superar las contradicciones del sistema, a generar equipos que generen y ejecuten planes, tanto mejor.

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Cultura y costura

La edición de La Vanguardia del pasado Lunes 21 de Enero contenía un interesante reportaje sobre «los nuevos hábitos del consumo fílmico» bajo el titular:

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Los tres creadores entrevistados (Ventura Pons, Bigas Luna y J.A. Salgot) vienen a coincidir en que:

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  • «La crisis no es del producto, sino de su distribución tradicional»
  • «La distribución está atrasada»
  • «El mundo de la distribución y la exhibición debe adaptarse a los nuevos hábitos de consumo».

Opiniones que me han suscitado la analogía, más que con la galería de arte, con el mundo de la moda. Los vestidos de la alta costura, los que producen aquellos a los que se considera como los máximos creadores, se exhiben en las pasarelas, pero no para venderlos; o sólo a unos pocos super-elitistas. Pero sirven para alimentar los negocios de las grandes marcas, que a su vez marcan tendencias que siguen muchas otras marcas menos selectas que a su vez … Una pirámide que explica muy bien la (insoportable) protagonista de «El diablo viste de Prada«:

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¿Tendría sentido trasladar la misma pirámide de negocio al cine? (¿O a la música?). Los verdaderos creadores en las pasarelas. Los industrializadores en la distribución. Y un mundo entre medias.

No lo sé. Pero si así fuera, tendríamos un «marco mental» para enfocar de un modo sensato la cuestión del canon digital.

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The «Why» factor

Tengo mi teoría sobre la (sobre) abundancia de los libros y escritos sobre liderazgo. Tienen que responder a la percepción de que hay notables vacíos y ausencias de liderazgo. Demasiada gente obligada a buscar por sí misma «soluciones biográficas a las contradicciones del sistema«.

Con todo, recomiendo la lectura de «A Blueprint for Strategic Leadership» un informe corto y legible (12 páginas) de Booz, Allen y Hamilton sobre este asunto. Apuntaré sólo algunas de los puntos que más me han interesado de este documento.

El primero, el objetivo: el liderazgo estratégico entendido como (mi cursiva)

Un grupo integrado de prácticas que construyen la capacidad de una compañía para cambiar.

Cambios que son necesarios para construir la sociedad de la información y el conocimiento. Porque la esencia de esa construcción es la transformación de formas de actuar, a múltiples niveles. Y, si resalto lo de ‘grupo integrado‘ de prácticas es para marcar distancias con el concepto de liderazgo personal, carismático.

Un ingrediente de este concepto de liderazgo que me ha atraido especialmente es el «why factor«, entendido como

Una explicación clara y enfocada del propósito de una compañía [u organización].

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Pienso que podríamos señalar organizaciones a nuestro alrededor, y también unidades dentro de muchas organizaciones, que no pasarían un test del «why factor«. En parte, porque

Los líderes estratégicos no inventan el propósito de una organización en el vacío. Impulsan un propósito que resuena con los valores y las capacidades de su gente.

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Sería coherente que nos aplicáramos el cuento, los que nos interesamos en empujar hacia la sociedad de la información y el conocimiento.

  • Cuestionándonos nuestro «why factor».
  • Consiguiendo que «resuene» con los valores y las capacidades de la gente con la que trabajamos o queremos trabajar.

Y que consigamos que se lo apliquen también los demás.

¿Proponéis ejemplos?

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La liquidez del riesgo (y el no-conocimiento)

La ya famosa crisis de las hipotecas ‘subprime’ da motivos de reflexión sobre elementos importantes a tomar en cuenta en el tránsito hacia la economía de la información y el conocimiento. Para no pecar de inocentes.

La sociedad de la información es (o será) en primer lugar una sociedad, en la que la información juega o jugará un papel tan importante como se quiera. Pero dentro de algún modelo de sociedad. Para orientarse en ella, por tanto, conviene entender a los agentes relevantes. En este caso, a los generadores de esta crisis financiera, que por lo que parece ya está afectando a la economía en general.

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Los Informes Mensuales del Servicio de Estudios de «la Caixa» tienen, creo, muchas de las informaciones básicas sobre la cuestión, explicadas de modo accesible.

Una de las claves, el origen de la cuestión, estaría en lo siguiente:

El modelo de negocio seguido por muchas entidades de crédito hipotecario estadounidenses, conocido como origin and distribute, consistía en empaquetar, con la ayuda de los bancos de inversión, distintos tipos de crédito en un complejo activo financiero conocido como ABS (asset-backed security).

[Luego] se vendían a otras entidades que los integraban en sus carteras de activos financieros y el pecado inicial quedaba sin culpa ya que los peligros quedaban lejos de quien los creó y minimizados en un entorno de bajos tipos de interés y de bajas primas de riesgo.

En el lenguaje convencional, lo equivalente a «meterse en un jardín» y enseguida, antes de que se note, «sacarse el muerto de encima«. Por mucho que se acostumbre a considerar que el sector financiero es intensivo en información y conocimiento, parece que esos ingredientes no abundaron en el mercado de las ‘suprimes’ y sus derivados:

Por lo que sabemos ahora, en muchos casos las agencias de rating infravaloraron el riesgo de impago, con lo que los compradores no eran conscientes del riesgo que estaban tomando. Ahora, los intermediarios financieros ya conocen el verdadero riesgo de esos activos financieros pero, dado que aún desconocen con exactitud quién los posee y en qué cuantía, prefieren invertir en activos más seguros.

Lo grave es que parece que no se trata de una crisis accidental, sino del resultado directo de malas prácticas, difícilmente inconscientes:

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Según un informe de Octubre del Fondo Monetario Internacional
(la cursiva es mía)

Markets are [now] recognizing the extent to which credit discipline has deteriorated in recent years—most notably in the U.S. nonprime mortgage and leveraged loan markets, but also in other related credit markets. […] The absence of prices and secondary markets for some structured credit products, and concerns about the location and size of potential losses, has led to disruptions in some money markets and funding difficulties for a number of financial institutions.

A resaltar además que las prácticas de referencia estaban apoyadas en la innovación financiera, que es en buena medida de base tecnológica:

La explicación de la actual crisis de los mercados incluye pecados elementales en la gestión del riesgo y excesos de sofisticación técnica.

Animo a quien le interese a leer a fondo las referencias apuntadas. Entretanto, mis conclusiones incluirían, de entrada, las siguientes:

  1. En la sociedad líquida, el riesgo es también líquido. Y, en este caso, bombeado desde los que han originado la crisis hacia los que la van (o vamos) a sufrir.
  2. ¿Quién asumirá ahora la responsabilidad de esta «sofisticación técnica«?
  3. Cuando hablemos de «economía intensiva en conocimiento«, «innovación«, «empresas de base tecnológica» y otros lugares comunes, tengamos en cuenta que son palabras de doble uso, como mínimo.

Porque siempre hay y habrá quien use la innovación de forma perversa. Según los redactores del informe de «la Caixa»

Los derivados de crédito son como los teléfonos móviles o tantos otros inventos modernos: útiles y casi indispensables cuando descubrimos sus virtudes, pero molestos e incluso peligrosos si se hace un mal uso de los mismos.

Lo que a mí, francamente, no me parece una comparación apropiada.

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¿Y si llegara a ser verdad?

Cuando el lector llegó al final de la primera línea, el ‘post’ ya se había acabado.

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Cuidado al jugar con las palabras!

Un ‘post’ que iba a llamarse, por razones que espero que irán quedando claras a quien siga leyendo:

LA ECONOMIA no es aún LA «economía del conocimiento»

un-no-dialogo.jpgYa se sabe que hacer predicciones es peligroso, sobre todo si tratan sobre el futuro. Uno de los profesores que tuve en el programa de doctorado de la UOC predecía, por ejemplo, lo siguiente:

Espero que dentro de diez años nadie lleve reloj y sepa qué hora es. […] Ahora, si queremos saber la hora, la única solución consiste en llevar encima una máquina de medir el tiempo. Eso es muy típico de una sociedad industrial que fabrica máquinas, porque además tenemos diecisiete relojes más por los cajones en casa. Pero si la hora se sabe, ¿para qué necesitas la máquina?

La realidad, sin embargo, es que se fabrican y venden más relojes que nunca, de todos los precios y colores. Que no se compran, por supuesto, para saber la hora. Pero se compran.

O sea que, mal que le pese a mi ex-profesor, la economía sigue apoyándose en gran medida en la producción de bienes físicos. De artículos de primera necesidad y también de artículos, como muchos de los relojes que se venden y anuncian, que pudieran racionalmente calificarse como de «ninguna necesidad».

Y, aunque se fabrican porque alguien «conoce» cómo venderlos, no creo que sea ésa la que llamamos «economía del conocimiento».

De otra parte, un artículo reciente de The NewYork Times daba cuenta de la considerable subida de precios de muchas materias primas, fundamentalmente como resultado de aumentos de la demanda en los países en desarrollo. Un síntoma adicional de la fortaleza, aún, de la economía de lo material.

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Estirando un poco el hilo, incluso la famosa crisis de las ‘subprime’ tiene un origen en el tirón de la oferta y demanda por adquirir bienes inmuebles, que no dejan de ser propiedades materiales.

Aunque se añadiera un trasfondo considerable de ingeniería financiera. Creada y gestionada por profesionales a los que habría que calificar, supongo, como profesionales del conocimiento. Pero que quizá no sean precisamente el modelo de referencia de los profesionales y de la economía del conocimiento que persigamos como objetivo.

Porque, aunque contribuyen ciertamente a crear una economía, se trata de una economía virtual que no me atrevería a considerar como razonable, ni siquiera como deseable. Según un Informe Mensual de «la Caixa»

En junio de 2007, el volumen de derivados de crédito emitidos, medidos por los activos subyacentes, ascendía a 45 billones de dólares. Como referencia comparativa, el producto interior bruto de los EEUU es de 13,8 billones de dólares.

En mi opinión, un disparate. Tema, quizá, para otra entrega.

Volviendo a los equívocos que pueden generarse jugando con las palabras, y más aún haciendo predicciones basadas en esos juegos verbales, acabaré comentando un artículo de El País de hoy, con el titular de la figura

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Me ha recordado que, hace no tantos años, el admirado Alfons Cornella escribía sobre «la realidad, un caso particular de la virtualidad«. Bueno. Parece ser que no; o que todavía no, por lo menos.

Acabo. Concluyendo que la economía del conocimiento, al igual que la economía, es una hidra de muchas cabezas. También lo son la sociedad y la sociedad del conocimiento. Para entenderlas, para orientarnos en ellas, para orientarlas, habrá que preocuparse más del sentido que del nombre. Como escribió Lewis Carroll en «Alicia en el País de las Maravillas»,

Take care of the sense, and the sounds will take care of themselves.

Pues eso.

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Un poco de autobombo

libro_sinf.gifPara todo hay una primera vez. Y algunas de las primeras veces causan una impresión especial.

Mi «última primera vez» ha sido vagabundear por una de mis librerías favoritas y ver en los anaqueles un libro … co-escrito por mí!!! (junto con Jordi Buira).

Un primer vaciado de ideas sobre lo que es (y no es) la sociedad de la información.

Dirigido a no especialistas. Porque si muchos se quejan de que lo de la sociedad de la información no se entiende, como mínimo una parte de la responsabilidad será de los que no lo hemos sabido explicar bien. Este es un intento de mejora. El primero, esperamos, de una serie.

Confío en que os interese y en que lo disfrutéis. Me interesará conocer reacciones y comentarios, en mi email o en cualquier espacio de este blog.

Gracias. (Y perdón por el autobombo)

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