Renovar las redes acaba en el salón de casa

Continuación de los dos ‘post’ anteriores sobre la temática del consenso (o no) sobre la necesidad de renovación de las redes de telecomunicaciones.

Supongamos que aceptamos como un punto de partida aceptable la conclusión de la última entrega:

Hay un consenso entre los expertos (de telecomunicaciones) en la necesidad de renovar la(s) red(es) de telecomunicaciones fijas.

Supongamos también que aceptamos que la renovación más drástica habría de tener lugar en los accesos de usuario a la red, los cables que conectan los domicilios de los usuarios con las centrales de los operadores. Esos cables, que en su mayoría son hoy hilos de cobre, se sustituirían por fibras ópticas. El objetivo sería hacer posible la oferta de servicios de un ancho de banda mucho mayor que los que hoy se ofrecen. En vez de los 3 megas o los “hasta 20 megas” se podrían contratar 100 megas reales, o más.

Orillemos por un momento la cuestión de si existe (o no) consenso sobre el precio a que se ofrecerían estas conexiones a 100 megas; una cuestión nada trivial dado que las inversiones para sustituir los hilos de cobre se cifran en miles de millones de euros. Orillemos también de momento la cuestión de si hay (o no) argumentos convincentes sobre cuáles son los servicios que se podrían ofrecer sobre una conexión a 100 megas y sobre el público al que atraerían. Orillemos también la cuestión de ponderar si hay una correspondencia social, política y económicamente aceptable entre las inversiones que se barajan y su rendimiento económico y social.

Porque hay cuestiones mucho más sencillas que están todavía por responder. Como la siguiente.

Si los operadores cambian a fibra óptica las líneas que van desde las centrales a las puertas de los edificios y/o de los domicilios, ¿quién se hará responsable de cambiar también a fibra óptica el cableado interior de éstos?

En buena lógica, tendrían que ser los propietarios o inquilinos de los inmuebles. Porque hemos venido a aceptar durante los últimos años que las redes de los operadores (también las redes eléctricas, las de agua y las de gas) acaban en la entrada de nuestras casas.

Pero,

¿No sería muy aventurado sostener que el consenso que pueda existir entre los ‘telecos’ sobre la necesidad de la renovación de las redes se extiende también a los propietarios de edificios, a los constructores, a los promotores?

Me temo que sí sería aventurado.

Para acabar, y para que no queden dudas. Mi opinión es qué sí es en efecto necesario renovar las redes de telecomunicaciones fijas. Pero también que no hay ni mucho menos, más allá de la comunidad más afín a los ‘telecos’, un consenso suficientemente amplio sobre la prioridad, los plazos, el alcance y la forma de llevar a cabo esa renovación.

Cómo conseguir ese consenso, ésa es otra cuestión.

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Archivado bajo Fractura estratégica, Infraestructuras, Marcos mentales, Sociedad

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