No es la tecnología lo que nos reta

La semana que viene, entre los actos que se organizan en ocasión del Día de las Telecomunicaciones se ha convocado una mesa redonda bajo el lema: “¿Están preparadas las infraestructuras para asumir los nuevos retos tecnológicos?

Puede ser que yo padezca de una obsesión excesiva por el lenguaje, pero no me parece una forma demasiado afortunada de enfocar la cuestión que se pretende: el proceso de despliegue de las nuevas infraestructuras de banda ancha.

En primer lugar, ¿son las tecnologías las que nos retan? Sé que es un modo de hablar, pero cuando se personifica de este modo algo inerte (en este caso las tecnologías) el efecto (involuntario o no) es ocultar las personas y los intereses que están detrás del escenario.

En este caso, centrándonos en las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC), la referencia a los “retos tecnológicos” podría significar cualquiera de las cosas siguientes y todas ellas a la vez:

  • El reto que se plantea un investigador en TIC para desarrollar una tecnología o mejorar una ya existente.
  • El reto que se plantea un empresario del sector TIC para vender productos o servicios basados en las tecnologías que controla.
  • El reto que se plantea un directivo de empresa para encontrar formas de utilizar las TIC para mejorar la competitividad y/o los beneficios de su organización.
  • El reto que se plantea un gobernante para conseguir emular a los países que crecen en competitividad y generación de riqueza a base de aumentar su “intensidad digital”

Retos todos ellos lícitos y comprensibles, pero a los que cada cual se apuntaría con desigual intensidad, según sus intereses y querencias.

Queda ahí la pregunta, ¿a qué tipo de reto se refieren los organizadores de la mesa redonda?

Una segunda cuestión es si las infraestructuras, o los que planifican infraestructuras, o los que invierten en infraestructuras (en este caso de telecomunicaciones) han de responder precisamente a los retos de las tecnologías.

En el caso de las infraestructuras de transporte, todos entendemos que no sea así. Que las calles y las autopistas no tienen por qué pensarse para los coches de F1, por mucho que éstos representen los últimos avances de las tecnologías del automóvil.

La traducción de esta analogía a la cuestión de las infraestructuras de telecomunicaciones debería ser evidente. Tanto, que doy por acabado este ‘post’ sin desarrollarla. Quizá en otra ocasión.

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Archivado bajo Fractura estratégica, Infraestructuras, Marcos mentales

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