Archivo mensual: julio 2007

Un liderazgo que abrace las TIC

Desde hace meses, ya antes del apagón de esta semana, se detecta en Catalunya un número creciente de voces que reclaman, incluso más allá de los partidismos políticos, la necesidad de renovar el proyecto de país, y también de un liderazgo que encabece esa renovación.

El reciente artículo del profesor Ferrán Requejo en La Vanguardia (ver aquí) me ha parecido una buen elemento de reflexión. De entrada, por el tono del diagnóstico:

«Catalunya está hoy bastante por debajo de sus posibilidades como país. Si desde las instancias públicas se actúa como si se fuera una comunidad autónoma más, ello supondrá un suicidio colectivo. Autogobernarse es poder decidir qué tipo de objetivos, dependencias y relaciones se quiere establecer con otros países y regiones del planeta».

Reclama para ello

«… liderazgos claros, tanto en el ámbito político, como en el económico, el mediático y el cultural. […] Necesitamos líderes políticos y sociales que sepan indicar hacia dónde debe ir el país en los próximos años, […] saber actuar y transmitir a la población cuáles son las prioridades y las estrategias del país en el mundo global. […] El país tiene recursos económicos, tecnológicos y humanos suficientes para ser un actor decisivo en muchos campos. Pero todo ello hay que incentivarlo ofreciendo perspectivas claras. Saber hacia dónde se va y cómo. […] El objetivo es jugar la Champions League de la globalización desde las características propias del país».

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Personalmente, estoy de acuerdo. Como hemos repasado en éste y otros espacios, países como Dinamarca, Finlandia, Suecia, Suiza, Noruega, de la dimensión de Cataluña o menor, lo están consiguiendo: son prósperos hoy, y el hecho de que lideren los rankings de competitividad permite augurar que seguirán siendo en el futuro predecible.

Sólo un apunte final, para enlazar con la temática de este blog. El proyecto colectivo que reclama el profesor Requejo ha de incluir entre sus elementos una imagen sensata, atractiva y alcanzable de cómo integrar las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC) en las prácticas de los agentes económicos, de las administraciones y de la sociedad en general.

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En el contexto global al que se apunta, los modelos que funcionan comportan una «intensidad digital» mucho mayor que la que desplegamos en Catalunya. Parafraseando al profesor Requejo, necesitamos también que nuestros líderes políticos y sociales sepan actuar y transmitir a la población cuáles son las prioridades y las estrategias del país en el mundo global en relación con las nuevas tecnologías.

Amén, aunque por el momento los síntomas concretos en esta dirección sean más bien escasos.

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Apagón: Responsabilidades difusas

La prensa de Barcelona sigue dedicando páginas y páginas al apagón que esta semana ha distorsionado seriamente la vida de una buena parte de la ciudad.

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Por el momento, nadie parece hacerse responsable del incidente. Las autoridades lo consideran «inaceptable» y «pedirán explicaciones» a las compañías eléctricas ante una situación que según parece era «impensable». Pero el titular de «La Vanguardia» hoy Endesa advierte de que «la fragilidad actual de la red es extrema«. Entiendo que eso quiere decir que mientras no nos adviertan de lo contrario la posibilidad de que se repita un apagón de similar magnitud ya es totalmente «pensable». Lo recordaremos.

Entretanto, Red Eléctrica y Fecsa/Endesa siguen pasándose de uno a otro la pelota de la (ir)responsabilidad. No entiendo de redes eléctricas, por lo que evitaré entrar en valoraciones.

Si lo registro aquí este asunto es porque, en el ámbito de las Telecomunicaciones, hay quien defiende como beneficiosa la separación estructural entre las redes de transporte (las que interconectan las centrales) y las redes de acceso (las conexiones desde las centrales hasta los clientes).

Es el último viernes de Julio. Seguramente no el mejor momento para abrir un debate sobre este asunto.

Pero sí para anotar que es precisamente esta separación entre redes (y la subsiguiente dilución de responsabilidades) la que al parecer ha facilitado el apagón. Téngamoslo en cuenta. Porque por ahora, si a un cliente de Telefónica se le corta el teléfono o el ADSL, por lo menos está claro a quién pedir cuentas. Y si se quiere asegurar que alguien se ocupa razonablemente de evitar cuellos de botella y posibles colapsos de la red, también se sabe a quién señalar.

The buck stops here

Hace años, el máximo directivo de una empresa importante me explicaba: «Cuando llegué a esta casa y empecé a pedir informes sobre cosas, la primera línea era invariablemente la misma, fuera cual fuera el asunto. Decía: ‘Yo no he sido'».

Cuando esto pasa, hay que tomar medidas.

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Barcelona, sin energía

El apagón de estos días en Barcelona da mucho que pensar. Incluso en el contexto de un espacio sobre la sociedad de la información.

Primero, porque nos hace más conscientes de que la sociedad de la información se construye «encima de» y no «desplazando a» la sociedad industrial. Se apaga la luz, la tecnología de la era industrial, y nos quedamos mucho más que a oscuras. Tanto, que hasta Hacienda se compadece de los contribuyentes y alarga el plazo para pagar impuestos de fin de mes, previendo que muchos ordenadores de los que habrían de liquidarlos se habrán parado.

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Segundo, porque el triste espectáculo «informativo» de los responsables de las eléctricas. Y también, pienso, de los responsables de las administraciones. En caso de emergencia, lo que yo esperaría de las autoridades es que ejecutaran un plan de emergencia e informaran de cómo lo están ejecutando y de los resultados esperados. La exigencia de responsabilidades, y también las declaraciones de «es intolerable» pueden guardarse para cuando el incidente esté solucionado. Por cierto, ¿tienen las administraciones un Plan de Emergencia en condiciones para este tipo de situaciones?

Tercero, aunque sea una anécdota, el titular de La Vanguardia. Que tiene más de una lectura posible, alguna incluso más allá del apagón.

En fin.

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De marcos y de supuestos imbéciles

José Luis Pardo se despacha en la última edición de Babelia (aquí) con una crítica vitriólica («¡Es el marco, imbécil!«) al libro de George Lakoff que yo comentaba (en otro sentido) en un ‘post’ anterior (aquí).

No creo en el ejercicio de criticar la crítica, por lo que cada cual puede sacar sus propias conclusiones después de leer al demonio.jpgcrítico y al criticado.

Sólo señalaré que mi primera impresión fue que el Sr. Pardo y yo habíamos leído libros distintos, quizá porque yo leí el original el inglés y parece que él la traducción. Pero ni siquiera el peor de los «traduttore traditore» generaría con su trabajo una disparidad de conclusiones tan enorme.

Así que mi conclusión es que el Sr. Pardo ha leído y juzgado el libro aplicándole algún «marco mental» que ya tuviera ‘a priori’. No habiendo tenido ocasión de conocerle, he buscado referencias en mi buscador favorito.

El resultado incluye artículos como éste, sobre la «dudosa modernización de la educación superior», además de una interesante (de verdad) disertación sobre «la hermosura de la basura» (aquí).

De ellos me ha parecido entender que el Sr. Pardo está preocupado porque se opone a los «expertos» que han constatado que:

… mientras en Europa el sistema universitario es contablemente deficitario y supone una enorme carga presupuestaria para el Estado, aquel país americano ha conseguido hacer de la educación superior un negocio rentable y, en muchos casos, prodigiosamente próspero, y ha logrado atraer a sus aulas a la clientela internacional más numerosa y pudiente y a los patrocinadores privados más generosos.

en cuanto entiende que ello conduce a:

«proceso generalizado de sustitución de los intereses públicos por los privados del que forma parte el desmontaje de la universidad heredada de la Ilustración».

Pienso que ahí está el meollo de la cuestión, y posiblemente el núcleo de más de una discrepancia. Recuerdo haber entendido de un libro de David Noble (excelente, en mi modesta opinión) que en un momento de la historia hubo quienes, desde el mundo empresarial de los EEUU se propusieron convertir los «laborious thinkers» de las Universidades tradicionales de la época en «thinking labourers», tras lo que se pusieron a crear las Universidades Politécnicas.

Creo que este tipo de transición es precisamente la que disgusta al Sr. Pardo. Por eso precisamente me parece necesario discutirla y discutirle. Porque creo que lo relevante no es que las Universidades de los EEUU se hayan convertido en un negocio por sí mismas (que también), sino que son parte del engranaje de creación de riqueza en los EEUU. Tendrá su gracia escuchar a quienes eso les parece un objetivo deseable y a quiénes no.

En cualquier caso, pienso que algo tendrá todo eso que ver con el hecho (ver aquí) de que los EEUU tengan más de 50 universidades conceptuadas entre las 200 mejores del mundo mientras que España sólo una (y justamente no aquella a la que está adscrita el Sr. Pardo). Pero a lo mejor hay que discutir también los criterios de esa clasificación.

En fin. Este debate puede o no llegar a producirse. Pero algo habré aprendido en cualquier caso. José Luis Pardo es el autor de «La Regla del Juego», un libro sobre el aprendizaje de la filosofía que ha recibido excelentes críticas. Pasaré por mi librería con la intención de incorporarlo a la lectura del verano. Por si acaso.

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Invertir la carga de la prueba

Se acaba de publicar en la Web de Enter un estudio sobre «Inhibidores del uso de las TIC en la sociedad española» (ver aquí la versión electrónica) que me parece interesante para comentar, y especialmente para debatir.

Aún sin tener tiempo para haberlo estudiado a fondo, me ha llamado la atención la que me ha parecido una de las conclusiones centrales del informe:

«Buena parte de la población española carece por razones de edad, estudios o perfil laboral u ocupacional de la formación y pericias suficientes para manejarse bajo la lógica mínima que demanda el uso del ordenador e Internet. […] Además, este segmento de la población desarrolla una vida cotidiana en la que sus principales actividades educativas, laborales, de ocio o de relación con otros servicios públicos y privados son por completo ajenas a las ventajas prácticas que en estos ámbitos puede reportarles el uso de las TIC»

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La consecuencia hoy por hoy políticamente correcta es que hay que «alfabetizar digitalmente» a esa buena parte de la población y/o convencerle de que cambie el modo en que desarrolla su vida cotidiana de modo que pueda gozar de las «ventajas prácticas» que las TIC pueden reportarles.

Aunque sólo sea con el ánimo de polemizar, señalaría que el mismo texto admite otra conclusión casi igualmente lógica:

Se han desarrollado unas tecnologías (ordenadores e Internet) con una lógica que es ajena a una buena parte de la sociedad española, pero que a pesar de ello se quieren imponer.

Algo que, para alguien no apasionado de las TIC, puede recordar a lo del «todo para el pueblo pero sin el pueblo». O, llevado al extremo, a la actitud de los déspotas ilustrados de la Revolución Francesa, que utilizaban en nombre de la Libertad, Igualdad y Fraternidad instrumentos precisamente nada fraternales.

El núcleo de lo que intento decir es que, ante las barreras sociales que se observan para una adopción más intensa de las TIC es demasiado fácil, incluso autocomplaciente, adoptar una actitud de «tecno-ilustrados» que asume de entrada un reparto de roles entre quienes se supone que tienen razón (aunque no se la dén) y quienes están abocados a cambiar de opinión y de postura, les guste o no, aunque afortunadamente sin guillotina.

Algo de esta actitud «tecno-ilustrada» se refleja incluso en el título del informe de Enter. Se habla de «inhibidores» sociales que hay que superar para conseguir un uso más intenso de las TIC. Pero no de una «falta de adecuación social de las TIC» que aconsejara cambiar los artefactos tecnológicos, o el discurso con el que se presentan, para hacerlos más atractivos socialmente.

Supongo que la estrategia óptima estaría a caballo entre ambos extremos. Pero ello exige que se visualice que hay dos extremos. Eso es lo que me ha llevado a escribir estas líneas.

Abiertas, por supuesto, a comentarios.

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¿Nos hace falta una crisis?

El último número de The Economist (ver aquí) contiene un editorial sobre las perspectivas de solidez de la economía europea.

La conclusión viene a ser que, a pesar de los aparentes buenos tiempos actuales,

«la desagradable verdad es que las economías europeas necesitan reformas adicionales sustanciales si han de prosperar en un entorno globalizado y cada vez más competitivo».

Acaba concluyendo que los países que han introducido reformas radicales lo han hecho habitualmente en tiempos de una fuerte crisis económica: Holanda en 1982, Irlanda en 1987, Dinamarca, Finlandia y Suecia a principios de los 90.

No es coincidencia de que estos países estén hoy en día en cabeza de los rankings de competitividad, y también de intensidad de uso de las TIC, dado que ambas cuestiones están hoy por hoy ligadas (ver un post anterior).

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La cuestión que se plantea, estemos interesados en nuestras perspectivas de crecimiento o en la evolución de nuestra sociedad de la información, es:

¿Nos hace falta una crisis para cambiar de orientación y de ritmo?

Crisis es a oportunidad, dijo uno, como crisálida a mariposa. En fin, …

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Reforma administrativa: ¿A qué ritmo?

El País de hoy hace referencia a un acuerdo del Govern de Catalunya (ver aquí) para facilitar los trámites administrativos a las empresas.

Buena noticia, que recibimos esperanzados y deseando los mejores éxitos a quienes hayan de implantar las medidas que correspondan.

Una reserva, no obstante, sobre la intensidad de las reformas que se planteen.

En una intervención reciente en el Círculo de Economía (ver aquí), el President de la Generalitat anunció que:

«Treballem amb l’objectiu que, al llarg del mandat, podrem reduir un percentatge significatiu (al voltant del 10%) dels existents.»

La cuestión es si este objetivo «moderado» es suficiente.

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En la medida en que la situación que muestra la viñeta de Forges responda a la realidad (cada cual hará su valoración), harán falta algo más que medidas «graduales».

En cualquier caso, con nuestros mejores deseos.
 

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