Archivo mensual: junio 2007

Universidad, conocimiento, sociedad

Sólo una línea para hacer notar una coincidencia, creo que remarcable, en la prensa de ayer.

En un artículo en La Vanguardia, dos rectores de Universidades catalanas, en representación de la Asociación Catalana de Universidades Públicas, exponían las bases de un planteamiento de futuro de las universidad, ante la necesidad de responder al hecho de que ninguna universidad catalana ni española esté entre las cien consideradas mejores en los rankings internacionales.

Birrete

Entre sus conclusiones, la de que «para convertir Cataluña en una sociedad basada en el conocimiento y la innovación tenemos que apostar por un modelo competitivo e innovador de universidades» para lo que hará falta «liderazgo político y consenso sobre el modelo».

En paralelo, Antón Costas, en un artículo en El País, comenta un informe de la Agencia para la Calidad de Sistema Universitario (accesible aquí), según el cual menos del 10% de los estudiantes de licenciaturas e ingenierías que empezaron sus estudios en 2000-2001 los finalizaron en el tiempo teóricamente previsto. Las tasas de abandono, en el caso de los estudios técnicos, oscilan entre el 35% y el 39%. La conclusión del articulista es que «cualquier actividad empresarial que tuviese esos resultados quebraría de inmediato». Centrándose en particular en los estudios de ingeniera, considera que desde la sociedad y desde el mundo empresarial y sus asociaciones se debe presionar al Gobiero, a la universidad y a la propia Universidad «para que cambien su criterio elitista por otro más profesional».

Algo que no parece probable que suceda, aunque sólo sea porque, como comentaba en un post anterior (aquí), España es uno de los países en que el mercado de trabajo valora menos los títulos universitarios a la hora de fijar retribuciones. Quizá porque los universitarios no salgan bien preparados. Pero quizá también porque el empresariado, y si me apuran la sociedad en general, no tiene a la Universidad ni a los universitarios en lo que sería la más alta consideración social.

Otro elemento que seguramente complicará la solución es que el artículo de los rectores no contiene, creo yo, un componente suficiente de autocrítica. Ante los datos, por ejemplo, que destaca el profesor Costas. Las universidades públicas se declaran dispuestan a asumir con responsabilidad y entusiasmo los retos que nos plantea el futuro en la sociedad del conocimiento. Pero quizá la sociedad no esté dispuesta a confiarles este futuro sin exigir cambios, algunos de los cuales podrían ser traumáticos.

He puesto a este ‘post0 la etiqueta de «mapas mentales» porque intuyo que hará falta un reenfoque drástico para desencallar el asunto. Los rectores reclaman un «liderazgo político» que los recientes incidentes entre el Cosneller de turno y los rectores auguran como difícil a corto; el profesor Costas pide «presión social». A la que juntemos dos opiniones más podríamos encontrarnos muy fácilmente en el típico juego de «pasar la pelota».

Con un añadido. Se supone que todo lo anterior es importante para construir una Cataluña bien instalada en la «sociedad del conocimiento». Pero me temo que tenemos un fuerte déficit de imágenes, historias, modelos, concretos y sugerentes, sobre cómo se supone que ha de ser o podría ser esa Cataluña. Para conseguir, parafraseando a los rectores, que escribir sobre el futuro de nuestro país en la sociedad del conocimiento sea cómo escribir en el agua; para conseguir grabar algo con sentido en el «disco duro» colectivo.

Como dirían los americanos, «back to square one», me temo.

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Hacia una información sin sociedad?

Esta semana la UOC ha investido como Doctor Honoris Causa a Alan Touraine, uno de los grandes de la sociología actual.

Tuve la fortuna de poder asistir al acto. Una experiencia en toda regla. Touraine, con más de 80 años es alto, delgado y adusto, con un aire inconfundible de intelectual. Sus textos no son necesariamente de lectura fácil, pero hablando en directo resultó tener un magnetismo irresistible. No comentaré su discurso, porque se puede consultar el video en la Web de la UOC (pulsar). Pero no puedo ocultar que me motivó lo suficiente para entrar en su último libro.

Touraine

Me gustaría compartir sólo algunos apuntes, creo que directamente relacionados con este espacio de reflexión sobre la sociedad de la información.

«Vivimos el final de un tipo de sociedad y, en primer lugar, de una imagen de sociedad en la que el mundo occidental ha vivido durante varios siglos»

O sea, que la parte «sociedad» de la sociedad de la información hacia la que vamos (¿nos llevan?) puede ser muy distinta de la parte «sociedad» de la sociedad industrial o postindustrial de la que salimos. Definir el concepto «sociedad» no ha sido hasta ahora precisamente trivial. (Pruébelo). Pero parece que lo que (nos) toca de ahora en adelante es inventarlo.

Así pues, de ahora en adelante, una práctica saludable, o por lo menos divertida, puede consistir en preguntar a los apóstoles incondicionales de la sociedad de la información que por ahí nos encontramos cuál es su concepto de sociedad. Algo aprenderemos.

Sigamos con Touraine:

«Las tecnologías de la comunicación facilitan las relaciones entre empresas, ciudades o individuos más de lo que favorecen la construcción de un nuevo tipo de sociedad».

En la misma línea:

«Hemos salido ya de la época en que la naturaleza de la máquina y las técnicas utilizadas definían una sociedad».

Cuestiones: a) ¿De acuerdo?; b) En caso de respuesta afirmativa, ¿qué es lo que definiría o podría definir a una nueva sociedad de la información, si es que ese concepto (inespecífico y engañoso, escribió Manuel Castells) se sostiene?

Para Touraine, el camino de respuesta está en la revindicación del «sujeto», entendido como una persona que «no es únicamente aquel que dice yo, sino aquel que tiene condicencia de su derecho a decir yo».

Tema para pensar con calma. Porque mi experiencia personal, con los juegos de ordenador, con contestar el correo y limpiar el spam, con la tentación de perderme navegando, de gestionar montones de archivos, fotos y músicas digitales, es que no siempre las tecnologías potencian mi conciencia de Yo; a veces, más bien la adormecen. Pero quizá sea sólo mi caso particular. En fin. Hasta la próxima.

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Navegar es caro

El último número de la revista de una  organización de consumidores  titula algo así como «Navegar es caro en España».

Justamente lo comentaba con mi esposa. El barco, el amarre, los cursos de navegación, el mantenimiento; todo muy caro. No creo que nos lo podamos permitir. Y eso que vivimos en Barcelona. Imagínate si estuviéramos en  Huesca, o en Valladolid.

Otro punto de vista. Navegar es caro. Porque asociamos «navegar» a andar despistados, desorientados, incluso a perder el tiempo. Decir de un profesional que «navega mucho» no es precisamente un cumplido. Tampoco decirlo de un político, por ejemplo. De hecho, con la vivencia de la última campaña electoral aún reciente, bien podría ponerse una vela a quien corresponda pidiendo que una buena parte de nuestros políticos no naveguen tanto. Sus navegadas nos salen caras.

Pero el titular de la revista iba de otra cosa. Se refiere a que «navegar por Internet» sale caro. Estamos de acuerdo. Porque tener al país navegando nos sale caro.
Ah! ¿No era eso, tampoco? ¿Se refiere a que las tarifas que se pagan para navegar por Intenet son altas en España? Bueno, ¿y qué? Si navegar no es aconsejable, si es mejor incentivar a la gente a que se concentre en algo más sensato que navegar, cuanto más altas sean las tarifas para navegar, mejor. ¿O no?

Ya! Parece que de lo que se trata es de señalar que las tarifas de conexión a Internet en España son caras. Acabáramos. Sobre éso no tengo criterio; no estoy tampoco seguro de que la metodología de comparación que se usa en la revista sea correcta. Así que suspendo el juicio. De momento.

Pero insistiré en mi punto final. Lo que nos sale caro, carísimo, es «navegar». Aunque sea por Internet. Lo que nos sale caro, carísimo, es que no se sepa aprovechar a fondo Internet para crear capital, económico, social, o del tipo que sea. Lo que nos sale caro, carísimo, es que se promueva el uso de Internet para «navegar».

Necesitamos, urgentemente, asociar Internet a otras metáforas más socialmente valiosas. A otros verbos. A otras acciones. Por eso este ‘post’ está etiquetado como «marcos mentales».

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