¿Se siente Google amenazado por el anuncio de Rupert Murdoch de impedir al buscador indexar los contenidos de News Corporation?
Tal vez no. Tav vez sea sólo una casualidad que Google anunciara hace pocos días un nuevo servicio (First Click Free) orientado, según me ha parecido entender, a apaciguar a los editores de diarios que, como ha hecho Rupert Murdoch, consideran la posibilidad de impedir que Google indexe los contenidos por los editores cobran o pretenden cobrar.
La propuesta de Google consiste en indexar los contenidos de pago, pero mostrando sólo la primera página al usuario que llegue a uno de esos contenidos a través de Google. Si el usuario quiere acceder al resto, o utiliza más de cinco veces al día ese mecanismo, se le mostrará entonces el formulario de suscripción o de pago del contenido.
Imagino que se trata sólo de un movimiento de entre los muchos que veremos en la partida de ajedrez que parece configurarse entre Google y algunos medios de comunicación. Unos dirán que lo que cuenta es el resultado final. Otros, entre los que me incluyo, que podría ser una partida fascinante. De momento, si yo hiciera de juez, el resultado provisional sería el de la pizarra. El juego continúa.
Asistimos una vez más, al respecto de la evolución de Internet y la Sociedad de la Información, a una confrontación enconada entre un Gobierno torpe y un grupo de agitadores ciberlibertarios, dispuestos a armar ruido en general, y más si se trata de hacerlo contra los poderes establecidos.
El campo de juego está delimitado por:
La (burda) maniobra de incluir de tapadillo en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf) una modificación de las Leyes de Sociedad de la Información y de la Propiedad Intelectual (pág. 95 del documento).
La esperable reacción airada (y también oportunista) de un Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, redactado por una cuarentena de personas que se arrogan el derecho de hablar nada menos que en nombre de los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet (énfasis añadido).
Empezaré, por si acaso, declarándome explícitamente biconceptual con todas las consecuencias, que quizá tendré tiempo de comentar en próximas entradas.
Danton, Robespierre, la Revolución Francesa y la guillotina
Pero estaría bien que esta escaramuza marcara el principio de un debate que valdrá la pena no perderse. No sólo por la trascendencia del asunto en sí, sino por lo que los términos del debate indiquen sobre el entorno. Citaré una vez más a Manuel Castells:
“Si la batalla fundamental acerca de la definicíón de las normas en la sociedad y la aplicación de esas normas en la vida diaria gira alrededor de conformar la mente humana, la comunicación es clave en esta batalla [...] El proceso de comunicación opera de acuerdo con la estructura, la cultura, la organización y la tecnología de comunicación en una sociedad dada”. (Communication Power, pág. 4).
¿Qué nos dirá este debate sobre nuestras estructuras, organizaciones y culturas?
“… el móvil, icono del progreso tecnológico concebido para hacer más cómoda – y controlada- la vida del ciudadano, cuyo uso masivo ha modificado para bien y para mal los hábitos sociales sin haber conseguido – como cabía confiar que ocurriera – aumentar sus expectativas de ser más felices”.
Me queda claro que el crítico considera que el móvil ha contribuido a transformar la sociedad, pero que no necesariamente nos hace más felices.
No me queda tan claro, del modo en que está redactada la frase, si éso era precisamente lo que cabía esperar de la introducción de este artefacto.
O si se trata de justamente lo contrario: que nunca ha sido sensato esperar que un artefacto nos haga más felices.
En fin … Este un precisamente uno de los atractivos de la literatura: el lector es un partícipe activo de la obra, que puede recrearse en cada lectura.
A raíz de que alguien leyera en su momento “The One Minute Manager Meets the Monkey“, en mi entorno inmediato, cuando alguien se queja de estar sobrepasado de trabajo, le sugerimos que quizá tiene demasiados ‘monkeys‘ en su despacho.
(En esta jerga, un ‘monkey‘ es algo de lo que uno se está ocupando cuando no le tocaría, cuando debería haberlo delegado, o rechazado, o traspasado a alguien).
Viene ésto a cuenta recordando que en tiempos reproduje aquí esta foto oficial del President de la Generalitat en su despacho:
Mi comentario en ese momento se centraba en cómo la imagen demostraba que el President no debe ser precisamente un usuario intensivo de los ordenadores ni de Internet.
El modo en que Barak Obama condujo su campaña presidencial y su confesada querencia por determinados artilugios tecnológicos (cuya marca no citaré) podría llevar a la presunción de que la mesa del Presidente de los EEUU tendría un aspecto muy distinto de la del President de la Generalitat.
Lo tiene, en efecto. En dos aspectos especialmente destacables:
Obama no tiene un PC en su mesa de trabajo.
La cantidad de papeles que le rodean es mucho menor.
Deduciríamos que el Presidente de los EEUU cobija en su despacho menos ‘monkeys‘ que el President de la Generalitat. Aunque no creo que el primero tenga menos problemas que atender.
¿Conclusión? Ninguna en concreto. Quizá sólo que no debe ser correcto identificar biunívocamente eficiencia con intensidad de uso del ordenador. Por lo menos en ejecutivos de un cierto nivel.
Sensacional (en el sentido de despertar(me) fuertes sensaciones) artículo del Sr. Rodríguez Ibarra en El País. En un primer párrafo se refiere a
“… los denominados progresistas que [...] reclaman valores para el uso de las nuevas tecnologías. Nunca he entendido muy bien las razones por las que se reclaman valores a un ordenador y no a una máquina de vapor. Ni el ordenador ni la máquina devapor son generadores de valores, sino el uso que las personas estemos dispuestos a dar a los mismos y la forma de organizar la sociedad que las tecnologías, viejas y nuevas, conllevan”.
Mal está que un socialista no lo haya entendido. Al no reclamarse en su momento que la introducción de la máquina de valor y de las tecnologías que hicieron posible la revolución industrial fuera acompañada de la exigencia de unos mínimos valores, se generaron grandes desequilibrios y considerables dosis de sufrimiento colectivo. Según Karl Polanyi, un historiador marxista autor de “La Gran Transformación“, un estudio clave para entender el trasfondo ideológico de la Revolución Industrial:
“Escritores de todas las opiniones y partidos, conservadores y liberales, capitalistas y socialistas, han descrito las condiciones sociales bajo la Revolución Industrial como un verdadero abismo de degradación humana“.
Me sorprendía que el Sr. Rodríguez Ibarra escogiera ignorar esos datos históricos. Pero me dejó boquiabierto su párrafo final:
“Hablar de socialismo sigue siendo hablar de colectivismo, de compartir, cooperar y colaborar; de internacionalismo y de cooperación; y eso hoy es hablar de Myspace, Facebook, Twitter, Tuenti, Creative Commons, Wikipedia o software libre. Nadie duda ya del éxito arrollador de estos proyectos basados en valores y principios socialistas”.
MySpace es propiedad de Rupert Murdoch, cuya ideología es cualquier cosa menos socialista. Tampoco creo que el multimillonario creador de Facebook, una empresa que se valora en 10.000 millones de dólares, se sintiera cómodo siendo calificado de socialista. Porque, entre otras cosas, estoy convencido de que no tiene ninguna intención de socializar sus beneficios.
No discutiré la autoridad moral del Sr. Rodríguez Ibarra en materia de socialismo. Pero conclusiones como ésa obligan a retirarle toda la que hubiera podido tener en asuntos tecnológicos.
La polémica sobre el anuncio de que Rupert Murdoch planea impedir que Google indexe sus contenidos me viene al pelo para intentar el ejercicio anunciado en una entrada reciente: Aplicar la propuesta de Jonathan Aronson de pensar el conjunto del sector y su regulación de modo que “se faciliten transacciones rentables entre bloques modulares” en cada una de las etapas de la cadena de suministro y de distribución.
He empezado por esbozar en mi pizarra el flujo de relación entre Google y los creadores/propietarios de contenidos. Google capta contenidos, los indexa, los ordena y los presenta a los usuarios a través de sus consultas al buscador. En función de lo que Google escoja enseñarles y de sus propios intereses, los usuarios pueden (o no) decidir acceder a un contenido en particular de los indexados por Google.
En la segunda pizarra intento de-construir este proceso en transacciones elementales, no formalizadas explícitamente en las prácticas actuales.
Google obtiene una materia prima para su negocio sin ofrecer ninguna compensación explícita al propietario/productor del contenido.
Ofrece luego gratuitamente información sobre este contenido a internautas indefinidos a través de su buscador.
Algunos internautas pueden (o no) visitar la web del productor del contenido, sin que éste tenga la obligación de compensar a Google, con independencia de que el perfil de las visitas que recibe sea o no el que le interesa.
En la lógica Lego, formalizando explícitamente cada transacción, Google ofrecería una compensación al propietario del contenido que indexa, pudiendo a cambio exigirle un pago en función de las visitas que reciba.
En el contexto de ese hipotético escenario:
La posición de Mr. Murdoch es clara: valora en mucho sus contenidos y en mucho menos las visitas que recibe a través de Google.
Otros productores de contenido pueden, por supuesto, hacer una valoración diferente y aceptar de buen grado el trato de intercambio sin cargos que Google les ofrece.
En un esquema de libertad de mercado esta diferencia de posiciones es saludable. Sospecho que si algunos ‘ilustrados-TIC‘, aferrados a su postura de discurso único, critican la iniciativa de Mr. Murdoch, es porque les da pavor que tuviera éxito. Porque, como concluye The Economist sobre este asunto,
“Unas pocas plataformas robustas y bien financiadas, enfrentadas en dura competencia podría ser mejor para los consumidores y generar más innovación que la visión de un Internet compuesto de muchas piezas pequeñas y vagamente acopladas“.
Mi colega Xavier Cubeles, del Laboratorio de Cultura de Barcelona Media, me ha puesto sobre la pista del video adjunto, que quizá algunos de los lectores hayan visto en otro contexto.
Conseguir que la gente escoja libremente subir a pie las escaleras, en lugar de utilizar la escalera mecánica, me parece un estupendo ejemplo de la práctica del ‘design choice´, el arte de diseñar con inteligencia las opciones que se proponen a las personas (Ese diseño es el objetivo de ‘Nudge‘, un libro de behavioral economy que debería haber comentado hace mucho).
En España, la mitad de la población no se conecta habitualmente a Internet, fundamentalmente porque no le encuentra interés. O sea, porque no hemos conseguido interesarles.
¿Podría aplicarse la filosofía Nudge para dar la vuelta a esta situación? ¿Se os ocurren actuaciones, en la línea de la escalera del video, que pudieran atraer a más gente a conectarse habitualmente?
Estaría bien que emergieran propuestas mejores que las de los ilustrados-TIC (que en esencia proponen que la gente se acerque a la tecnología, en lugar de que la tecnología se acerque a la gente). Y también mejores que las de las Administraciones Públicas, cuyos resultados a la vista están en el gráfico: No parece que se recupere el retraso respecto de la media europea ni respecto de países como Dinamarca.
Estoy intentando empezar a digerir el contenido del reciente seminario de Jonathan Aronson en el IN3/UOC sobre las transformaciones en los mercados globales de información y comunicación, tratadas en su reciente libro (.pdf).
Una de sus propuestas centrales es que la evolución del sector debería dirigirse de modo que “se faciliten transacciones con beneficio entre bloques modulares” en cada una de las etapas de la cadena de suministro y de distribución.
Lo que equivaldría a considerar el conjunto de las TIC y aledaños como una gigantesca construcción de LEGO. Algo no necesariamente trivial, si consideramos la construcción de la figura como posible referente.
Un planteamiento de este tipo tiene de entrada varios requisitos no triviales:
Requiere una visión global, para no olvidarse bloques relevantes.
Exige una capacidad analítica importante, para ser capaz de conceptualizar la construcción compleja a base de bloques simples.
Tomado al pie de la letra, con el objetivo de conseguir la máxima flexibilidad, exige también diseñar todos los bloques a un tamaño reducido; de hecho, al mínimo razonablemente posible.
Aún siendo consciente de mis limitaciones a ese respecto, me propongo en próximas entradas explorar algunas consecuencias de aplicar este principio a tres cuestiones abordadas recurrentemente en este blog:
El futuro de la prensa en Internet
La cuestión de la Internet Abierta y la neutralidad de la red
Cómo pensar acerca de nuestra relación con Google y sus estrategias
Como llevo varios días más ocupado de lo habitual, me cuesta encontrar tiempo para escribir en este blog. Lo cual me ha llevado a cuestionarme si tiene o no sentido continuar escribiendo. Sobre qué. Para quién. Cómo. Para qué.
Manuel Castells habla en su último libro de que hemos pasado de la comunicación de masas (“mass communication“) a la auto-comunicación en masa (“mass self-communication).
“El 52% de los bloggers dice que bloguea principalmente para ellos mismos, no para una audiencia. Aproximadamente un tercio de los bloggers (32%) dicen que escribe sobre todo para su audiencia”.
Me temo que yo me ubicaría más bien junto al 16% que no está ni en una ni en otra categoría. Escribo porque pienso, tal vez me equivoco, que tengo algo que decir. Sobre las cuestiones de tecnología y sociedad, en concreto.
Por tanto no escribiría sólo para mí mismo ni sobre mí mismo. Pero tampoco sólo para ganar audiencia a toda costa.
Más que continuar reflexionando en público, me tomaré la libertad de plantear alguna duda, por si alguien tiene a bien aportar su punto de vista. Empezaré por una sencilla:
¿Es preciso escribir sólo sobre noticias de rigurosa actualidad?
Ejemplo. Se publicó hace ya varios días una entrevista, a mi parecer muy interesante, con Rupert Murdoch, editor de periódicos (The Wall Street Journal, entre otros), propietario de cadenas de TV (Fox), y también de MySpace. Sólo el anuncio (en una entrevista de una hora) de que tiene previsto evitar que Google indexe los contenidos de sus diarios ha suscitado comentarios que van desde lo aséptico (BBC) a lo razonadamente escéptico (Mashable) a lo demagógico (teclear “El hombre que quiere romper Internet” en el buscador preferido).
¿Interesaría que intentara aportar puntos de vista sobre este asunto?
Las aportaciones, respuestas y sugerencias serán debidamente agradecidas.
Hay una cierta tendencia, especialmente entre los ‘ilustrados-TIC‘, a identificar automáticamente el uso de las tecnologías con el progreso. Es además frecuente, aunque con excepciones notables, que el uso intensivo de las TIC se apoye más desde posiciones políticas afines a la izquierda que a la derecha (si es que esos términos tienen todavía sentido hoy día).
Un ejemplo típico de ese tipo de asociaciones se produjo en ocasión de la campaña electoral de Obama, por ejemplo. Creo que nadie hubiera esperado que Bush o afines se hubieran apoyado en Facebook o similares para promover su causa.
He colgado en mi tablero dos muestras de que esa asociación refleja (tecnología –> progreso –> partidos progresistas) está dejando de ser válida.
Una es la captura de pantalla de healthcaretruth.amplify.com, un web republicano que invita a desmontar la propuesta de reforma sanitaria de la Administración Obama. Con un curioso eslógan: “No te limites a compartir la verdad: AMPLIFICALA“.
El otro recorte es de una noticia de ABC News que explica cómo un régimen no democrático o incluso represivo puede apoyarse en herramientas como Twitter.
Conclusión: Las TIC están también en el lado oscuro. No las utilizarán sólo los partidos o grupos que nos caen bien, ni sólo para causas que nos gusten. Cuando escuchemos a alguien defender apasionadamente un uso más intenso de las TIC tenemos motivo para preguntar con qué objetivos, con qué principios, con qué valores.
No sea que acabe resultando ser un enviado del lado oscuro.