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Pensando en volver

De entre todos los ToDo’s de este año, uno es:

Pensando en volver.

Pero, ¿cuál es mi tribu, la gente para la que escribo?

Entretanto sigo dándole vueltas y me aclaro,

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Disociación transitoria de personalidad

Muchas gracias por los mensajes de afecto que he recibido. De verdad que los tomo en cuenta, los agradezco y los recuerdo.

Durante este trimestre soy profesor de “Información y Sociedad” en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. La asignatura tiene un blog (abierto); como trataremos algunos temas afines a los comentados aquí en alguna ocasión, he pensado que quizá os interese daros una vuelta por ahí de vez en cuando.

He consultado a los alumnos y les ha parecido bien. Ellos son autores de ese blog, pero vuestros comentarios serán bienvenidos.

Os dejo como cebo la imagen del primer ejercicio que he puesto a mis alumnos.

Saludos cordiales

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Hasta la próxima … tal vez.

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Tipología de los twitteristas

¿Están todos los twitteristas cortados por el mismo patrón?

Ni mucho menos.

Los estudiosos de la interacción entre Tecnología y Sociedad han comprobado que las personas no adoptan los artefactos tecnológicos, tampoco el Twitter, de un modo determinado a priori, sino que amoldan los usos según su percepción, sus objetivos y sus intereses.

Una frase académica como la anterior, aplicada al caso concreto de Twitter podría parafrasearse al estilo de “Aunque el (…) se vista de twittero, (…) se queda“.

Guy Kawasaky ha identificado seis variedades de (…), incluyendo el novato, la marca, el Mensch y tres más de nombres difícilmente traducibles, por lo que recomiendo leer la descripción completa en su versión original.

Mi descripción favorita es la del tipo que Mr. Kawasaki bautiza como “la perra” (Bitch), que yo traduciría aquí como el bulldog:

El bulldog. “¿De qué me puedo quejar?” [...] Su ladrido es más fuerte que su mordisco, y su mordisco más que su visión. Su motivación: generar reacciones airadas. Acción recomendada: Bloquearlo”.

Esta recomendación va en la línea de una entrada reciente sobre la infoxicación: el remedio contra el exceso de información irrelevante es poner un buen filtro; en el caso de los twitteros bulldog, dejar de seguirles. Sin embargo, a veces la curiosidad morbosa hace que bloquear a los bulldogs cueste tanto como a las marujas dejar de escuchar la última diatriba de Belén Esteban en los programas rosa de la tele. ¿Será que en el fondo somos unos criticones?

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Una omisión manifiestamente insostenible

Sigo buscando las vueltas al  Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf),  cada vez más insostenible en lo que se refiere a la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (las TIC).

En una entrada anterior me refería al poco peso de las TIC en el conjunto del anteproyecto. Comento hoy una omisión flagrante entre las medidas explícitamente relacionadas con la Sociedad de la Información (Artículos 56 a 61, Capítulo 5, página 38 del texto), que se refieren sólo al espectro radioeléctrico, a infraestructuras de fibra óptica, a los impuestos a las operadoras y la amplicación del servicio universal.

Datos: INE(2009)

¿Qué se omite? Por ejemplo, tomar en cuenta los datos sobre la conexión de los ciudadanos a Internet. Según el INE hay todavía más de 16 millones de españoles que no se conectan a Internet ni siquiera una vez por semana. ¿Es ésa una buena base para una economía española sostenible? ¿No merecería siquiera una mención en el anteproyecto?

Resulta además que, como se muestra en el segundo gráfico, el grueso de los desconectados está en el personal de más de 35 años. El mantenimiento de esta divisoria de edad es manifiestamente insostenible por varios motivos.

La mayoría de los dirigentes políticos, empresariales, sociales, están precisamente en esta franja de edad. Malamente podrán dirigir lo que sea que dirijan hacia un uso intensivo de Internet si no son capaces de predicar con el ejemplo. De hecho, podría sospecharse que pocos usuarios intensivos de Internet hay entre los que han redactado y aprobado ese anteproyecto.

De otra parte, si no se consigue atraer hacia las prácticas de la economía y de la vida cotidiana del futuro a quienes se jubilarán en los próximos 10 años, el problema de sostenibilidad de las pensiones será todavía mayor del que ya se vislumbra.

Pero no son sólo las Administraciones y sus responsables de Sociedad de la Información los que soslayan esta cuestión. Tampoco parece preocuparles a los ciberlibertarios del famoso Manifiesto. Que parecen encontrar más gratificante despachar la cuestión dando por imposibles a los aliens digitales y entretenerse arremetiendo contra la torpeza de una Ministra. Por torpe que sea.

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Sociedad de la infoxicación

Según un informe reciente de la Universidad de California, San Diego, durante el año 2008 el norteamericano medio estuvo directamente expuesto cada día al equivalente a 34 gigabytes de contenidos y de 100.000 palabras de información. (Cifras resultantes de sumar todos sus canales habituales de información, incluyendo la televisión, la radio, la Web, los SMS y los videojuegos).

Una cantidad de información desorbitada. Tan desorbitada que incluso desvirtúa el concepto intuitivo de información. Porque ese americano medio es incapaz, lo seríamos todos, de absorber toda esa información, de darle significado. Y, ¿para qué queremos una información a la que no podamos adscribir ningún significado?

El informe proporciona también datos sobre cómo los norteamericanos distribuyen el tiempo que dedican a recibir información (11,8 horas diarias) y sobre el consumo de bytes, del que los juegos de ordenador representan (sorpresa!!!) el mayor componente. Incluyo los gráficos porque creo que presentan una imagen interesante de eso que se ha dado en denominar la Sociedad de la Información.

Un nombre que persiste aunque se trate de más información de la que podemos digerir. Supongo que no se la denominará como sociedad de la infoxicación por los mismos motivos que seguimos hablando de la sociedad industrial y no de la sociedad de la polución, por ejemplo.

Creo que valdría la pena reflexionar sobre los motivos de este sobreexceso de información, pero imagino que se trata de una tendencia imparable, por lo que es más práctico considerarlo como un dato que como un problema. En esta línea, recomiendo escuchar con atención el video en que Clay Shirky apunta a que el verdadero problema no es el exceso de información, sino el déficit de elementos tecnológicos, psicológicos, sociales e institucionales para filtrarla. Un ejemplo interesante del poder de los ‘marcos mentales‘.

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Anteproyecto insostenible incomprensible

Internet y las Tecnologías de la Información, ¿forman parte de la imagen de futuro del país que tienen la Administración  el Gobierno?

NO, a tenor del Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf) recientemente enviado a las Cortes.

Su objetivo, según el propio texto, es propiciar:

“un patrón de crecimiento que concilie el desarrollo económico, social y ambiental en una economía productiva y competitiva, que favorezca el empleo de calidad, la igualdad de oportunidades y la cohesión social, y que garantice el respeto ambiental y el uso racional de los recursos naturales”.

El mapa (Wordle) de frecuencia de las palabras que aparecen en las 198 páginas del texto sugiere en cambio que se trata fundamentalmente de una Ley sobre Leyes, de palabras sobre palabras. A lo mejor éso es inevitable en un texto legal; pero la presentación (.pdf) que acompaña al Anteproyecto no es tampoco precisamente una demostración de claridad ni en las ideas ni en la estrategia.

Uno hubiera imaginado que el Anteproyecto se centraría en cuestiones como el aumento de la productividad, sin el que la economía no es sostenible, y en el rol fundamental de aprovechar Internet y las nuevas tecnologías como herramienta para cualquier tipo de sostenibilidad.

Pero no: como he apuntado en mi pizarra, estos términos apenas aparecen en el texto, menos aún de forma adecuada, menos aún de forma ilusionante. Este Gobierno no tiene Internet en la cabeza, ni siquiera para prever que le pueden montar una algarada. Sin comentarios.

Aunque uno hubiera esperado también que los ciberlibertarios alarmados por las disposiciones sobre Internet y la Ley de Propiedad intelectual se hubieran también hecho eco de esta omisión. Pero no. A saber si no han querido, no han sabido, no les ha interesado. Será cuestión de preguntarles.

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No hay que perderse este debate

Asistimos una vez más, al respecto de la evolución de Internet y la Sociedad de la Información, a una confrontación enconada entre un Gobierno torpe y un grupo de agitadores ciberlibertarios, dispuestos a armar ruido en general, y más si se trata de hacerlo contra los poderes establecidos.

El campo de juego está delimitado por:

  • La (burda) maniobra de incluir de tapadillo en el Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf) una modificación de las Leyes de Sociedad de la Información y de la Propiedad Intelectual (pág. 95 del documento).
  • La esperable reacción airada (y también oportunista) de un Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales en Internet, redactado por una cuarentena de personas que se arrogan el derecho de hablar nada menos que en nombre de los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet (énfasis añadido).

Empezaré, por si acaso, declarándome explícitamente biconceptual con todas las consecuencias, que quizá tendré tiempo de comentar en próximas entradas.

Danton, Robespierre, la Revolución Francesa y la guillotina

Pero estaría bien que esta escaramuza marcara el principio de un debate que valdrá la pena no perderse. No sólo por la trascendencia del asunto en sí, sino por lo que los términos del debate indiquen sobre el entorno. Citaré una vez más a Manuel Castells:

“Si la batalla fundamental acerca de la definicíón de las normas en la sociedad y la aplicación de esas normas en la vida diaria gira alrededor de conformar la mente humana, la comunicación es clave en esta batalla [...] El proceso de comunicación opera de acuerdo con la estructura, la cultura, la organización y la tecnología de comunicación en una sociedad dada”. (Communication Power, pág. 4).

¿Qué nos dirá este debate sobre nuestras estructuras, organizaciones y culturas?

Lo iremos viendo.

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Ilustre ‘ilustrado-TIC’ en piloto automático

Sensacional (en el sentido de despertar(me) fuertes sensaciones) artículo del Sr. Rodríguez Ibarra en El País. En un primer párrafo se refiere a

“… los denominados progresistas que [...] reclaman valores para el uso de las nuevas tecnologías. Nunca he entendido muy bien las razones por las que se reclaman valores a un ordenador y no a una máquina de vapor. Ni el ordenador ni la máquina devapor son generadores de valores, sino el uso que las personas estemos dispuestos a dar a los mismos y la forma de organizar la sociedad que las tecnologías, viejas y nuevas, conllevan”.

Mal está que un socialista no lo haya entendido. Al no reclamarse en su momento que la introducción de la máquina de valor y de las tecnologías que hicieron posible la revolución industrial fuera acompañada de la exigencia de unos mínimos valores, se generaron grandes desequilibrios y considerables  dosis de sufrimiento colectivo. Según Karl Polanyi, un historiador marxista autor de “La Gran Transformación“, un estudio clave para entender el trasfondo ideológico de la Revolución Industrial:

“Escritores de todas las opiniones y partidos, conservadores y liberales, capitalistas y socialistas, han descrito las condiciones sociales bajo la Revolución Industrial como un verdadero abismo de degradación humana“.

Me sorprendía que el Sr. Rodríguez Ibarra escogiera ignorar esos datos históricos. Pero me dejó boquiabierto su párrafo final:

“Hablar de socialismo sigue siendo hablar de colectivismo, de compartir, cooperar y colaborar; de internacionalismo y de cooperación; y eso hoy es hablar de Myspace, Facebook, Twitter, Tuenti, Creative Commons, Wikipedia o software libre. Nadie duda ya del éxito arrollador de estos proyectos basados en valores y principios socialistas”.

MySpace es propiedad de Rupert Murdoch, cuya ideología es cualquier cosa menos socialista. Tampoco creo que el multimillonario creador de Facebook, una empresa que se valora en 10.000 millones de dólares, se sintiera cómodo siendo calificado de socialista. Porque, entre otras cosas, estoy convencido de que no tiene ninguna intención de socializar sus beneficios.

No discutiré la autoridad moral del Sr. Rodríguez Ibarra en materia de socialismo. Pero conclusiones como ésa obligan a retirarle toda la que hubiera podido tener en asuntos tecnológicos.

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Por qué escribo poco en Twitter

Soy un admirador de Dilbert desde hace años (envidio, entre otras cosas, su lucidez para diseccionar a los jefes).

No puedo pues resistir la tentación de reproducir aquí una tira reciente sobre Twitter (captada en Mashable):

Dilbert.com

Tengo una cuenta en Twitter, y encuentro allí a menudo cosas que me interesan. Mantengo así y todo  la impresión de que hay allí más ruido que nueces. Quizá sea el motivo de que, según informan, el tráfico en Twitter lleve varios meses a la baja.

Sea como fuere, raramente encuentro la motivación para escribir en Twitter (La publicación allí del titular de cada entrada del blog, ésta incluida, es automática). Parafraseando a Dilbert, diría que escribo poco en Twitter porque:

  • Creo que, por regla general, la mayoría de las cosas que se me ocurren no son fascinantes. Si no lo son para mí, ¿por qué habrían de serlo para los demás?
  • Tengo poco tiempo para escribir y menos talento todavía para encontrar titulares que enganchen. De hecho, lo que suele tomarme más tiempo cuando escribo es reducir el texto a menos de 300 palabras.

En fin. He dudado si publicar o no esta entrada. ¿A quién le interesará leer en Twitter por qué escribo poco en Twitter? Pero, qué demonios!, ya está escrita y pulsar el botón Publish sale gratis. Espero que me perdonen si, al leer hasta aquí, consideran que han perdido el tiempo.

Saludos cordiales.

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