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Que Bauman y The Economist coincidan no es coincidencia

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From: The Economist, 18/01/2014

Dos recientes artículos de The Economist (1 y 2) sobre el impacto futuro de las Tecnologías de la Información (las TIC) en el empleo y lo salarios merecen ser leídos y debatidos, como mínimo por los que nos interesamos por las interacciones entre tecnología y sociedad.

Porque el panorama que pinta The Economist, cuyas posiciones son habitualmente comedidas, es para preocuparse. Sus conclusiones incluyen algunas como las siguientes.

La primera, ya conocida, es la perspectiva de la desaparición de muchos de los trabajos actuales:

Technical change is increasingly taking the form of capital that effectively substitutes for labour [...] One recent study by academics at Oxford University suggests that 47% of today’s jobs could be automated in the next two decades.

Esta ola de innovación disruptiva genera a corto plazo desigualdades también disruptivas:

America may be pioneering a hyper-unequal economic model in which a top 1% of capital-owners and “supermanagers” grab a growing share of national income and accumulate an increasing concentration of national wealth [...] For workers the dislocating effects of technology may make themselves evident faster than its benefits. Even if new jobs and wonderful products emerge, in the short term income gaps will widen, causing huge social dislocation and perhaps even changing politics.

Tomando como referencia el precedente de la Revolución Industrial (el único que tenemos acerca del impacto social de un cambio drástico de la base tecnológica), y apoyándose también en las opiniones de varios académicos poco sospechosos de alarmismo, los efectos de esta disrupción, de hecho iniciada ya en los 80, podrían plausiblemente prolongarse una o dos décadas más.

La conclusión final es que:

Society may find itself sorely tested if, as seems possible, growth and innovation deliver handsome gains to the skilled, while the rest cling to dwindling employment opportunities at stagnant wages.

The Economist acaba recordando que, como explicaba muy bien en la misma revista Peter Drucker hace más de 10 años, la época de las revoluciones industriales fue un época de innovación tecnológica, pero todavía mucho más de innovación social e institucional. Sería pues el momento de la innovación en políticas que vayan más allá de facilitar (a ciegas, diría yo) el discurso hiper-tecnológico.

Adaptation to past waves of progress rested on political and policy responses [...] Today’s governments would do well to start making the changes needed before their people get angry.”

Ahí es donde Bauman, cuya ideología no es precisamente afín a la de The Economist, coincide al concluir su último libro que:

Parece que necesitamos que se produzcan catástrofes para reconocer y admitir que podían producirse. Es un pensamiento escalofriante, quizá el que más. ¿Podemos refutarlo? Nunca lo sabremos si no lo intentamos: una y otra vez, y cada vez con más fuerza“.

El problema, en absoluto menor, es que no esté nada claro dónde vale la pena apuntarse para empezar. Para generar ideas, discursos y planes alternativos a los de gente como la Singularity University o mis muy apreciados ilustrados-TIC.

¿Sugerencias?

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Ser nativo digital no es una garantía

Hoy me ha interesado

Blog 2013.009… esta comparativa internacional sobre el desempleo juvenil. Mucho más acusado en España que en otros países. Pero también presente allende, y al parecer sin muchas perspectivas de mejora a corto plazo.

La salvación (del desempleo) no está en lo digital. No sólo en lo digital, por lo menos, como la gráfica indica. Será cuestión de ponerse (también) con el resto, incluyendo lo que apuntaba en una entrada anterior.

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En algo tendríamos que poder confiar

Without trust, nothing works“.
Manuel Castells, “Networks of Outrage and Hope“.

Hoy me ha interesado … leer con calma el suplemento especial que The Economist dedica a los países nórdicos. En el que propone que “Politicians from both right and left could learn from the Nordic countries“. Me parece una buena recomendación en general, porque estos países figuran en los primeros lugares de los rankings mundiales de muchas buenas cualidades: competitividad, cohesión social, transparencia. Y también en el desarrollo de la sociedad de la información, por más que para algunos de ellos (como Dinamarca) no sepamos apenas nombrar ninguna empresa TIC puntera. Un tema, este último, que reservo para otra entrada.

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Datos: Eurobarometer 2010. Elaboración propia.

Una de las conclusiones de The Economist es que los países nórdicos funcionan bien gracias la calidad de sus instituciones, que merecen un alto grado de confianza por parte de sus ciudadanos. Lo cual me ha motivado a desempolvar los datos de una encuesta del Eurobarometer acerca de este punto. Los resultados recogidos en la gráfica, que compara los datos de España con los de Dinamarca, Suecia y Finlandia, hablan por sí solos.

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Datos: Eurobarometer. Elaboración propia.

Preocupante, sin duda, aunque conocido. Pero más todavía cuando se considera conjuntamente con los resultados de otro Eurobarómetro, según el cual muy pocos españoles, muchos menos que los nórdicos, confiamos en nosotros mismos como rectores de nuestras vidas. Como resulta que, siempre según el Eurobarómetro, los españoles seríamos también menos creyentes que los nórdicos, nos quedan pocas agarraderas de esperanza: Ni la Divinidad, ni las instituciones políticas, ni nosotros mismos. Algo habría que cambiar. ¿Por dónde empezamos?

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Cambio: ¿Progreso o decadencia?

Hans Baldung. Las tres edades y la muerte.

Tres mensajes sobre la muerte de la sociedad industrial, recogidos en estos días de vacaciones:

Seth Godin, cuyo tono habitual es optimista:

We’re realizing that the industrial revolution is fading. The 80 year long run that brought ever-increasing productivity (and along with it, well-paying jobs for an ever-expanding middle class) is ending [...]
For a while, politicians and organizations promised that things would get back to normal. Those promises aren’t enough, though, and it’s clear to many that this might be the new normal. In fact, it is the new normal [...] The promise that you can get paid really well to do precisely what your boss instructs you to do is now a dream, no longer a reality [...]
It’s unpleasant, it’s not fair, but it’s all we’ve got“.

La admonición de Michael Lewitt en la sección de economía de El Mundo (24/4/2011), con un tono más apocalíptico:

La crisis financiera de 2008 representó la muerte del modelo occidental de democracia económica liberal que había dominado a nivel mundial durante los últimos 30 años. Este modelo dependía de una política de laxitud monetaria y fiscal y de montañas de deuda para crear una ilusión de prosperidad.

Mientras las democracias occidentales siguen haciendo como si este régimen pudiera continuar como antes de la crisis, la realidad es que tendrán que producirse cambios radicales para evitar el hundimiento del régimen. Además, esos cambios van a ser extremadamente perjudiciales para aquellos que han dependido de la generosidad del Estado para mantener sus niveles de vida a lo largo de las últimas décadas“.

Umair Haque, en los blogs de harvard Business Review adopta un tono más moralista en la forma, pero igualmente radical en el fondo:

It’s our way of life — still mired in a set of industrial-age assumptions about where wealth comes from, and how it should be best seeded, nurtured, harvested, and enjoyed — that’s mightily, colossally unsustainable, not just in the environmental sense, but, more deeply, and perhaps more fatally, in the sense of ‘we’re living beyond our means’, because we’ve forgot what meaning means“.

Algunas reflexiones a retener para próximas entradas:

  • La sociedad industrial incluyó un cambio tecnológico, pero también un contrato social. Intuimos el alcance de la renovación tecnológica. Pero no las condiciones del nuevo contrato social.
  • ¿Son adecuados los intentos actuales de los gobiernos para sacarnos de la crisis? ¿O tal vez son sólo tratamientos sintomáticos que no atacan el fondo de una enfermedad más grave?
  • Las TIC no sólo no han evitado la situación actual, sino que pueden incluso haber contribuido a la misma. ¿Qué rol jugarán, podrían jugar, habrían de jugar, para sacarnos de ella?

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¿Nos falta en España un “Sputnik moment”?

En su discurso sobre el Estado de la Unión, el Presidente Obama rememoró el acicate que supuso para los EEUU el que los rusos fueran los primeros en poner un satélite en órbita:

Half a century ago, when the Soviets beat us into space with the launch of a satellite called Sputnik, we had no idea how we would beat them to the moon.  The science wasn’t even there yet.  NASA didn’t exist.  But after investing in better research and education, we didn’t just surpass the Soviets; we unleashed a wave of innovation that created new industries and millions of new jobs“.

Como reacción a ese lanzamiento, el entonces Presidente Eisenhower creó la DARPA que, entre otras cosas, sería el origen de Internet. Intentando quizá emular ese impulso, Obama apostilló que

This is our generation’s Sputnik moment“.

Un bonito eslógan, que me deja pensando:

“¿Cuál ha sido el momento Sputnik de nuestra historia reciente (si es que lo ha habido?”

“¿Cuál podría ser el que nos ayudara al superar el momento y nos estirara hacia un mejor futuro?”

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DialécTIC@s políTIC@s

Tengo desde hace unos días en mi lista de To-Do’s comentar el artículo “A favor de Internet” publicado en El País por el filósofo Jesús Mosterín. Porque, aunque es sin duda bien intencionado, contiene algunas afirmaciones (no todas) que creo merecen discutirse. Empezando por la que encabeza el artículo:

Lo más revolucionario que le ha pasado a la cultura humana en los últimos tiempos ha sido el desarrollo de Internet“.

¿Estaríais de acuerdo? Sigue leyendo

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Una omisión manifiestamente insostenible

Sigo buscando las vueltas al  Anteproyecto de Ley de Economía Sostenible (.pdf),  cada vez más insostenible en lo que se refiere a la incorporación de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (las TIC).

En una entrada anterior me refería al poco peso de las TIC en el conjunto del anteproyecto. Comento hoy una omisión flagrante entre las medidas explícitamente relacionadas con la Sociedad de la Información (Artículos 56 a 61, Capítulo 5, página 38 del texto), que se refieren sólo al espectro radioeléctrico, a infraestructuras de fibra óptica, a los impuestos a las operadoras y la amplicación del servicio universal.

Datos: INE(2009)

¿Qué se omite? Por ejemplo, tomar en cuenta los datos sobre la conexión de los ciudadanos a Internet. Según el INE hay todavía más de 16 millones de españoles que no se conectan a Internet ni siquiera una vez por semana. ¿Es ésa una buena base para una economía española sostenible? ¿No merecería siquiera una mención en el anteproyecto?

Resulta además que, como se muestra en el segundo gráfico, el grueso de los desconectados está en el personal de más de 35 años. El mantenimiento de esta divisoria de edad es manifiestamente insostenible por varios motivos.

La mayoría de los dirigentes políticos, empresariales, sociales, están precisamente en esta franja de edad. Malamente podrán dirigir lo que sea que dirijan hacia un uso intensivo de Internet si no son capaces de predicar con el ejemplo. De hecho, podría sospecharse que pocos usuarios intensivos de Internet hay entre los que han redactado y aprobado ese anteproyecto.

De otra parte, si no se consigue atraer hacia las prácticas de la economía y de la vida cotidiana del futuro a quienes se jubilarán en los próximos 10 años, el problema de sostenibilidad de las pensiones será todavía mayor del que ya se vislumbra.

Pero no son sólo las Administraciones y sus responsables de Sociedad de la Información los que soslayan esta cuestión. Tampoco parece preocuparles a los ciberlibertarios del famoso Manifiesto. Que parecen encontrar más gratificante despachar la cuestión dando por imposibles a los aliens digitales y entretenerse arremetiendo contra la torpeza de una Ministra. Por torpe que sea.

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