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Dialécticas sobre las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) e Internet.

Haciendo política desde la tecnología

Blog 2013.011Hoy me ha interesado …

… un frase en el blog de Enrique Dans (subrayada en el tablero), en el contexto de una reflexión acerca de la información que empresas como Google, Facebook y similares acumulan sobre sus usuarios.

La preocupación acerca de la propiedad y los usos de esos datos puede o no ser un síntoma de paranoia. Dans piensa que sí y yo que no, pero admito la discrepancia. Pero hacer, como hace Dans, una valoración distinta en función de si es una empresa o un gobierno quien tiene los datos es síntoma de que se aplican a esta cuestión criterios ideológicos. Que afectan en este caso a un asunto de políTIC@ (política relacionadas con las TIC).

Un reflejo de que, como señaló hace tiempo Langdon Winner, hay tecnologías y  artefactos que son inherentemente políticos (.pdf). Sujetos, por tanto, a diferencias políticas. Intentar imponer criterios de pensamiento único a estos asuntos tecnológicos, como hacen tan a menudo los ilustrados-TIC, es tan malsano y peligroso como hacerlo en asuntos políticos. Por contra, discrepar y polemizar limpiamente, tanto en política como en políTIC@, me parece saludable y necesario.

Dicho ésto, no puedo menos que discrepar con Enrique Dans acerca de este asunto. Firmemente, aunque sin acritud. La cuestión de la propiedad y uso de los datos personales, sea por parte de empresas privadas o de organismos públicos, es una cuestión política y debe resolverse democráticamente en los ámbitos donde se han de resolver las cuestiones políticas. Sus implicaciones van mucho más allá de la libertad de ser usuario o no de determinadas empresas (que recogen datos nuestros de todos modos).  Pienso en particular que se debería considerar que  las políticas de Open Data que se promueven (con buen sentido) para las administraciones públicas serían también aplicables a estas empresas privadas. Aún a riesgo de que se les hundiera el modelo de negocio. Porque, como ya sabemos o deberíamos saber, supeditar la política, incluso la políTIC@ a la economía y a los negocios es un mal asunto para el 99% de nosotros.

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Esta innovación abierta no lo es tanto

Chime for ChangeHoy me ha interesado

… mirar en las bambalinas de Chime for Change, una comunidad impulsada por Gucci para promover la Educación, la Salud y la Justicia para chicas y mujeres de todo el mundo.

Se trata de un ejemplo más, entre otros que apuntaba en una entrada anterior, de marcas que se asocian a una buena causa mediante un mecanismo crowd. La gente aporte de una parte ideas y proyectos, que se publican en la web. En paralelo, se piden y canalizan donaciones a estos proyectos mediante el enlace a un crowdfunding especialmente orientado a la ayuda a colectivos de mujeres.

Todo impecable si no fuera por una de las claúsulas de las condiciones de uso que regulan las aportaciones a la web, que transcribo a continuación (negrillas añadidas):

You agree that any and all suggestions, designs, concepts, photographs, testimonials, and other items or materials (except for your personal information) disclosed or submitted to Gucci through this Site or by other means (“Submissions”) [...] become Gucci’s property upon submission to Gucci. By making a Submission to Gucci, you assign to Gucci all rights, title and interests, including copyrights, in the Submission [...] By making a Submission, you agree that Gucci has the right (but not the obligation) to copy, publish, distribute or use such Submission for any purpose, including, but not limited to, advertising, promotional, product development or other commercial purposes, without compensation to you or to any other person“.

Excesivamente unilateral, como mínimo a mi juicio, aunque legalmente inobjetable. Gucci tiene, como es obvio, el derecho a pedir las contraprestaciones que le parezca por promover su causa. Quienes no estén de acuerdo con ellas, pueden buscarse otros mecanismos. Tampoco es que se trate de un caso único. Las condiciones de uso de Open Ideo, por ejemplo, son muy similares.

Así y todo, pienso que este tipo de condiciones desvirtúan en buena medida el espíritu crowd, tal como lo entiende la mayoría. Es difícil evitar que estas iniciativas, y también las empresas que las impulsan, puedan verse como una estrategia para apropiarse en beneficio particular de la buena voluntad de quienes aportan gratuitamente ideas y proyectos, en la mayoría de casos a cambio de poco o nada.

Poco que objetar, sin embargo, aparte de la éTIC@ y la estéTIC@, al tratarse de empresas privadas. Obviamente, el juicio sería muy distinto si el promotor de una iniciativa con condiciones de este tipo fuera una administración pública. Seguiremos investigando.

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Ambición aumentada, realidad disminuida

Blog 2013.010Hoy me ha interesado

… revisar la colección de artículos sobre Google Glass que he ido almacenando durante las últimas semanas. Un producto que constituye un buen ejemplo, creo, de la ideología del solucionismo a la que Morozov dedica su último libro (interesante, aunque le sobran por lo menos 100 páginas).

Me han interesado mucho más las reseñas que reflexionan sobre el qué y el por qué del gadget de Google (la del propio Morozov en el New York Times y ésta del New Yorker) que las (muchas) disquisiciones sobre su futuro éxito o fracaso (adjunto una relación al final).

Mi modesta contribución al asunto consiste en enlazar el anuncio de Google con la afirmación de su ex-CEO, en Barcelona hace 10 años, de que los móviles son convierten en cyborgs del buen género. Me alarmó, porque lo decía satisfecho. Seguro que ésto de las gafas también le encantará.

Ambición aumentada (la de Google) para cyborgs adictos a una realidad disminuida (filtrada por Glass). Personalizada a medida, eso sí, de cada uno. Gafas para manejarse en una realidad líquida que exige soluciones biográficas a las contradicciones del sistema (Bauman). Tal vez para ser mejor manejados por quienes no tienen interés en que fijemos la vista en precisamente esas contradicciones.

Más referencias:

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Ser nativo digital no es una garantía

Hoy me ha interesado

Blog 2013.009… esta comparativa internacional sobre el desempleo juvenil. Mucho más acusado en España que en otros países. Pero también presente allende, y al parecer sin muchas perspectivas de mejora a corto plazo.

La salvación (del desempleo) no está en lo digital. No sólo en lo digital, por lo menos, como la gráfica indica. Será cuestión de ponerse (también) con el resto, incluyendo lo que apuntaba en una entrada anterior.

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Las TIC, entre abejas y langostas

Hoy me ha interesado …Blog 2013.008… la entrevista en La Contra de La Vanguardia con un político belga, directivo de la OCDE, que opina de las tecnologías lo que he recortado en mi tablero.

Predicar a favor de las tecnologías, sí. Pero no con el lirio en la mano. Otra visión de futuro acerca de la apropiación de las TIC es precisa, y seguramente necesaria.

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La (in)soportable levedad de los concursos de ideas

Emprendedores Ideas.029

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Hoy me ha interesado

… comentar la proliferación de ‘concursos de ideas’ (ejemplos al final de esta entrada), incluyendo dos promovidos ahora mismo desde el Ayuntamiento de Barcelona (más enlaces al final de esta entrada):

  • La casa de las ideas“, orientado a imaginar soluciones para el problema de la vivienda en Barcelona.
  • Apps&Cultura“, que tiene como objetivo el desarrollo de apps que mejoren el acceso a la cultura y la promoción de la creación.

Estoy seguro de que esos concursos son bien intencionados, pero menos convencidos de su efectividad práctica. De hecho, creo que, puestos a intentar solucionar algunos de los (nada triviales) problemas de nuestro entorno actual, los concursos de ideas no son la mejor idea. Tampoco lo sería, puestos a ello, hacer un concurso de ideas acerca de alternativas a los concursos de ideas.

¿Por qué?

  • Porque no está claro que suframos sólo una crisis de ideas, sino en gran medida (también) una crisis  de ejecución. Muchas veces sabemos lo que necesitamos o lo que querríamos hacer, pero no cómo conseguirlo. En este sentido me parece muy interesante (y creativa) la convocatoria de este concurso de innovación social para quienes no tienen nuevas ideas.
  • Porque una idea, incluso una buena idea, no vale apenas nada si no se pone en práctica. Algunos inversores utilizan como guía el criterio de la figura para tomar decisiones sobre una propuesta. La idea pesa un 20% de la decisión, el modelo de negocio un 30% adicional y el equipo que la respalda un 50%. Si este criterio fuera acertado,  organizar concursos de equipos sería más interesante que organizar concursos de ideas.
  • Porque hay gente, es mi caso a menudo, que se apuntaría a colaborar a buscar respuestas a un reto, sin tener necesariamente ‘a priori’ una idea brillante que aportar.
  • Porque en demasiadas ocasiones, la promoción de un concurso de ideas parece un intento de quienes lo convocan de enmascarar su falta de compromiso en solucionar los problemas que el concurso plantea. En particular, es habitual que las ideas no premiadas (la mayoría) se pierdan, y que incluso las premiadas tengan un premio simbólico, lejos del acompañamiento necesario para ponerlas en práctica.

Por todo ello, alguien suficientemente malpensado podría concluir que  (algunos) promotores de esos concursos tienen más interés en promover su marca que en comprometerse al buen fin de las ideas presentadas. Que estarían, conscientemente o no, aprovechando el tirón del crowdsourcing para utilizar las ideas y a quienes las proponen como materia prima poco menos que deshechable. Un riesgo para las marcas que adoptan esas prácticas.

Suficiente por hoy. Dejo para una próxima entrada comentar lo que considero fallos importantes de diseño de uno de los dos concursos del Ayuntamiento mencionados al principio. Entretanto,

¿Qué os parece la proliferación de concursos de ideas?

Anexo: Una lista nada exhaustiva de enlaces a concursos (todos ellos orientados a la innovación social, pero muy desiguales en cuanto a planteamiento y alcance):

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Robots invaden los ‘social media’

Para bloguear con los pies small

Hoy me ha interesado

… la intuición de que los ‘social media‘ están en riesgo de pasar a ser pronto un territorio ocupado por robots anónimos.

Un flash suscitado inicialmente por dos lecturas complementarias.

  • Un artículo en The New York Times según el cual se pueden comprar (y vender) usuarios de Twitter a razón de 18 dólares por mil usuarios. Son falsos, naturalmente, pero se les programa para que parezcan humanoides. Al parecer con bastante éxito, porque los fabricantes dicen facturar un millón de dólares por semana.

(INCISO: Según esta valoración, mis 500 seguidores en Twitter valdrían 9 dólares. Quiero dejar constancia, por si acaso, de que los valoro en mucho más. Un ejemplo adicional, por si hacía mfalta, de que la economía de mercado no agota, ni tendría que agotar, la realidad social).

It’s scary to think that one day, you may read an article in a magazine or newspaper or online that had no human intervention. No humanity, no personalized style and more. That future is here. Today. It’s already happening“.

Inquietante, en efecto. Porque se suponía que el gran atractivo de los ‘social media’ era facilitarían una nueva plataforma de comunicación entre humanos, no entre humanoides. Pero aún más porque estoy convencido de que a mucha gente no sólo no le importará la invasión de los robots: ni siquiera se dará cuenta. Una consecuencia de que el modo en que evolucionan muchos medios sociales favorece modos de comportamientos  reflejo, impulsivo, inconsciente, compulsivo, semiautomático de los usuarios. Predeciblemente irracional. Con técnicas que, como bien conocen los expertos, son programables. Y como pueden serlo, lo serán.

Hace no mucho, un conocido bloguero apuntaba en la misma dirección, quizá sin pretenderlo, al sentenciar que “no se bloguea con la cabeza, se bloguea con los pies“. Si tiene razón, los blogs serán pronto territorio robot, porque las máquinas sustituirán antes lo que hacemos con los pies que lo que podemos (o podríamos) hacer usando la cabeza. Espero, cuanto menos, que esto sea cierto en mi caso.

Este asunto me ha llevado a sacar del baúl de los recuerdos unos pies que caminan cuando se les da cuerda. Avanzan sin cabeza, por supuesto, ni falta que les hace. Los he puesto al lado de mi ratón y mi teclado, por si acaso producen algo que me sorprenda.

Saludos cordiales.

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No es verídico, pero podría ser cierto

Source: The New Yorker.

Hoy me ha interesado …

… la ironía con que el New Yorker comenta el reciente anuncio de Facebook Home para móviles. Bajo el titular “Facebook Unveils New Waste of Time“, la crónica del  articulista empieza así:

Before a rapt audience at Facebook headquarters Thursday, Facebook C.E.O. Mark Zuckerberg unveiled new software that he promised “will totally change the way you are wasting your life.”

Por respeto a los productores de contenidos, aún siendo suscriptor de quien produce éste en particular, resisto la tentación de traducir (pero no de recomendar) el resto del artículo.

Que viene al cuento de una cita de Langdon Winner  (anterior a Internet y a los móviles, preo fácilmente traducible al panorama actual) que comentaba en una entrada anterior:

“La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines”.
Según su versión oficial, el objetivo de Facebook es “dar a la gente el poder de compartir y hacer que el mundo sea más abierto y conectado”. Pero, a juzgar por los hechos, parece más plausible que eso no sea el objetivo, sino la estrategia, el instrumento, para el objetivo real de Facebook: que la gente se vuelva adicta a estar siempre conectada para así acumular datos sobre ello y así usarlos como materia prima para su modelo de negocio (publicidad y consumo).
Lo está consiguiendo. Según un informe reciente (.pdf)  el usuario típico (norteamericano) de un ‘smartphone’ consulta Facebook 14 veces al día. Si ese comportamiento es extrapolable, el mundo abierto y conectado que proclama Facebook sería también un mundo distraído y descentrado. ¿A que suena peor?
Visto desde este ángulo, la falsa crónica del New Yorker no es verídica, pero podría ser cierta. La realidad siempre tiene más de una faceta. La que Facebook quiere enseñarnos es parcial, y por tanto engañosa.

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Ideología del Big Data

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Fuente: Gartner (2012)

Hoy me ha interesado

… empezar a explorar la ideología subyacente a la promoción del ‘Big Data, cuya emergencia, según IBM y muchas otras fuentes, “abre un nuevo mundo de posibilidades”.

La figura adjunta, uno de los ‘hype cycles‘ que diagnostica una reconocida consultora tecnológica, sitúa el ‘Big Data’ en un estadio aún embrionario, creciendo en el pico de las ‘expectativas infladas‘. Lo que significa que falta todavía un tiempo, incluyendo el tránsito por el ‘valle de la desilusión‘ antes de que las visiones más optimistas se conviertan en realidad.

Lo que sin duda acabará sucediendo. Aunque es más que probable que la clave para completar con éxito ese tránsito no sea precisamente la tecnología, sino quién la aplique, cómo y en qué contexto. Al principio de “The Signal and the Noise“, Nate Silver, un reconocido especialista en análisis de datos cuyo salto a la fama se produjo tras ‘clavar’ los resultados de las últimas elecciones presidenciales en los EEUU, lo formula así:

Chris Anderson wrote in 2008 that the sheer volume of data would obviate the need for theory, and even the scientific method [...] These views are badly mistaken. The numbers have no way of speaking for themselves. We speak for them. We imbue them with meaning [...] Before we demand more of our data, we need to demand more of ourselves“.

Chris Anderson, hasta hace no mucho el editor de Wired, es un personaje controvertido. Por ser un abanderado de la causa de lo ‘free’ desde la plataforma de una revista de pago. Por recomendar la tendencia de invertir en ofertas ubicadas en la ‘long tail‘ cuando existe una evidencia (versión .pdf) cada vez más consolidada de que el dinero se concentra en los grandes éxitos, de que la ‘long tail’ es muchas veces una ‘low tail’ en la que es difícil generar ingresos para sobrevivir.

Sus recomendaciones, excelentemente diseñadas para crear polémica y apalancar el prestigio de su revista y el suyo personal como autor y gurú, siempre apoyadas por los ilustrados-TIC, destilan un trasfondo ideológico. El del apoyo a los fines de quienes, como comentaba en una entrada anterior, practican una estrategia sistemática de innovación disruptiva que comporta  destrucción creativa a corto plazo, sin más detalles de la reonstrucción creativa posterior. Con la excepción, eso sí, de quién intenta acaparar los beneficios de la misma. Como (no hace falta citar nombres) quien defiende que los contenidos sean ‘free’ para llevarse el negocio de la publicidad ligado a los mismos, por ejemplo.

En el caso del Big Data, la tesis de Chris Anderson, a quien otros mejor que yo podrán discutir su autoridad para reformar el método científico, parece evidente. ¿Cuál sería la consecuencia de que el Big Data hiciera prescindibles las teorías y el método científico, y por ende los propios científicos? Simplemente, que la autoridad moral hoy se concede a ciencia y científicos pasaría a quienes tuvieran la mayor capacidad de acceder a las fuentes de Big Data y explotarlas.

Con las perspectivas fáciles de imaginar. Cuando alguien sugiere que “Data is the new oil” uno no puede evitar, llamadme malpensado, que le venga a la cabeza la historia de los ‘robber barons‘ que a principios del siglo XX construyeron grandes fortunas explotando (quasi)monopolios de acceso al petróleo y otros recursos naturales. Es obligado pensar que hay quien intenta repetir la historia con el recurso ‘data’. Ya hay, de hecho, quienes lo acaparan.

Como (bien) afirma Zygmunt Bauman, “Like most beliefs which appear to be self-evident, they remain obvious only as long as we refrain from examining the assumptions that underpin them“. dana boyd, una investigadora de Microsoft, ha publicado un buen análisis de cuestiones de fondo (provocaciones, las llama ella)  ligadas al emergente protagonismo de los Big Data. De cuestiones como esas, al respecto del Big Data y de otros inventos, nos continuaremos ocupando.

Saludos cordiales.

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Sobre inteligencia y tecnología

marinaHoy me ha interesado

… volver sobre el asunto de la inteligencia y las TIC que abordaba en una entrada reciente.

El asunto de la inteligencia es escurridizo. Los expertos explican que hay varios tipos de inteligencia, más o menos independientes entre sí. También que cada persona es inteligente a su manera. Según cuenta Ken Robinson, la inteligencia de cada uno es tan particular como sus  huellas digitales (las huellas analógicas de sus dedos,  para ser preciso).

La pregunta apropiada no es pues “¿Qué tan inteligente es una persona (o una máquina)?“, sino “¿De qué modo es inteligente esa persona (o quizá esa máquina)?“.

Para mí, lo característico de la inteligencia (humana) es la capacidad de sorprender. De crear. De no repetirse. Al hilo de ello, he recuperado mi vieja copia de la “Teoría de la inteligencia creadora” de José Antonio Marina. De entre lo subrayado hace años entresaco:

La característica esencial de la inteligencia humana es la invención y promulgación de fines.” (pág, 17)
Lo que caracteriza a la mirada inteligente es que dirige su actividad mediante proyectos.” (pág. 34)

No se me ocurre preguntar a mi iPhone (un teléfono supuestamente inteligente) por sus proyectos. No esperaría respuesta. Imagino que tampoco se inventará objetivos.

Con todo, la yuxtaposición de una persona, que en principio podemos suponer inteligente, con un ‘smartphone’ puede producir resultados sorprendentes. Por ejemplo, según un informe reciente (.pdf)  el usuario típico (norteamericano) de un ‘smartphone’ consulta Facebook 14 veces al día. ¿Calificaríamos este comportamiento como inteligente?

Creo que no. Me tienta, sin embargo, especular con que quizá el propiciar ese comportamiento fuera uno de los fines perseguidos por la maquinaria industrial que pone smartphones y Facebook en manos de los usuarios. No sabría cómo verificarlo. Pero, aplicando la cita de Marina y tomando en cuenta la cantidad de gente inteligente que trabaja para Apple, Google, Facebook y similares, tampoco me resulta inverosímil.

Casualmente, o quizá no, ya incluso antes de Internet, Langdon Winner observó que “La revolución de los ordenadores es claramente silenciosa con respecto a sus propios fines.”

Tema este último para una próxima entrada.

Saludos cordiales.

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