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SMART no es lo mismo que inteligente

SMARTHoy me ha interesado

reflexionar acerca de la traducción de ‘smart’ por ‘inteligente‘, habitual en la prensa tecnológica y entre los ilustrados-TIC.

Constato, para empezar, que en las versiones online de los diccionarios de Oxford y Collins (supongo que no sólo en esos dos), ‘smart‘ no es sinónimo de inteligente. Como adjetivo, es equivalente a (Oxford)

(of a person) clean, tidy, and well dressed:you look very smart
(of clothes) attractively neat and stylish:a smart blue skirt
(of an object) bright and fresh in appearance:a smart green van
(of a place) fashionable and upmarket:a smart restaurant

Me encaja. Cuando para una fiesta o una reunión indican que el ‘dress code‘ es ‘smart casual‘ no están pidiendo que lleves ropa informal e inteligente.

En la misma línea, estaría de acuerdo en que un ‘smartphone‘ es un teléfono con todas las cualidades que el Oxford atribuye al calificativo ‘smart‘. Pero que no es inteligente, porque sólo es capaz de hacer aquello para lo que está programado. No tiene la capacidad de sorprender. Es útil, por supuesto, pero aburrido.

Aún más en la misma línea, me atrevería a aventurar que ninguno de los ‘smart watches‘ que según parece preparan (por lo menos) Apple, Google y Samsung será inteligente. De hecho, si los pronósticos sobre su apariencia son acertados, creo que serán incluso menos ‘smart’ (en el sentido Oxford) que los IWC o Longines que atesoro.

En el fondo, lo que me preocupa de este asunto es que a fuerza de atribuir inteligencia a lo que como mucho es sólo ‘smart’ se esté socavando la esencia de la propia inteligencia. Más preocupante aún me resulta la intuición, apuntada por autores como Jaron Lanier o Fred Turner, de que la promoción de este equívoco no sea casual, sino la manifestación de una estrategia (nada casual ni desinteresada) de presentar a las (capacidades de las) personas como obsoletas para que así los ordenadores parezcan más avanzados.

Porque, como comentaba en una entrada anterior,  la historia demuestra que la tecnología y los artefactos tecnológicos se impregnan de ideología. En concreto, resulta cada vez más evidente que los ciberlibertarios que más proclaman las virtudes liberadoras de la tecnología están más próximos a la ideología del neocapitalismo asocial que a lo que en un tiempo fueron posiciones de izquierda.

Cito de una obra reciente:

A pesar de la retórica revolucionaria y transformacional que rodea el desarrollo de las infraestructuras de información en red, en la práctica es tan probable que refuercen como que desestabilicen el orden instituciones existente”.

Será cuestión de andarse con cuidado.

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Caballeros de la armadura oxidada

libro-el-caballero-de-la-armaduraEn La Contra de La Vanguardia, Victor Amela entrevista a un profesor holandés que propone un mundo “con libertad para leer, ver y escuchar todo lo que nos apetezca sin pagar nada en concepto de copyright, de derechos de reproducción“.

Sería demasiado fácil desacreditar al personaje sólo porque haya venido a España para promocionar su libro (sujeto a copyright). Quien esté libre de contradicciones, que tire la primera piedra. Pasemos también por alto que no se trate de una propuesta novedosa, que adelantó hace años en un artículo en el New York Times.

Lo fundamental, en mi opinión, es que no vale expresar como principal motivación que “el copyright no reporta ni un solo céntimo a la gran mayoría de los creadores. Esos derechos devengan beneficios sólo a los grandes grupos de edición y reproducción“.

Es cierto que si el propósito original de la propiedad intelectual (‘copyright‘ y patentes) era proteger los derechos de los autores y los inventores, se ha desvirtuado cuando estos derechos se acumulan en activos de empresas cuyo modelo de negocio consiste en explotar la propiedad intelectual de terceros. Pero el objetivo tendría que ser construir sistemas alternativos, que los autores y creadores acabaran escogiendo como preferibles. De lo contrario se corre el riesgo, como me ha sucedido leyendo la entrevista, de evocar la entrañable imagen del caballero de la armadura oxidada, que salía a salvar de los dragones a doncellas, incluso a las que no querían ser salvadas.

Sucede, me temo, que hacer propuestas en contra de algo existente es mucho más fácil que hacerlas a favor de algo que se ha de construir. Pero que no se sabe cómo. Porque parece cada vez más evidente que las propuestas de los apóstoles del ‘free’ indiscriminado conducen sólo a sustituir monopolios conocidos por otros por conocer.

Continuará, por supuesto.

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Marcos mentales: Se olvidan de las TI

Pocos se atreverían probablemente a contradecir una afirmación del estilo de “las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC) son una herramienta fundamental para el progreso económico y social de las sociedades modernas“. En público, por lo menos.

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Pero, como dicen en los EEUU ante declaraciones de este estilo, la prueba del nueve consiste en “put your money where your mouth is“. Y los datos indican que algo falla.

He recogido en el gráfico las últimas cifras disponibles en Eurostat sobre el gasto en TIC en relación al PIB en una serie de países. Acerca de la situación de España, me parece destacable:

  • Que el total del gasto en TI (Ordenadores, software y servicios) y C (Comunicaciones) esté por debajo de la media europea.
  • Que el gasto en TI sea tan reducido en relación al de Comunicaciones; un patrón más cercano a las economías emergentes que a los países avanzados.

En resumen: En España se invierte en TIC menos que en las economías más desarrolladas y mucho menos que en las emergentes.  Además, el desfase es mucho mayor en la inversión en Informática que en Comunicaciones.

Cuál es la interpretación y cuáles las consecuencias de estas cifras son cuestiones para otro día.

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Para empezar el 2009 (primera parte)

¿Vale la pena todavía formular buenos deseos y hacer buenos propósitos para el 2009?

Pienso que sí. He colgado en mi tablero una pequeña selección de recortes de algunos de los publicados estos días. Hoy, sobre la sociedad en general; mañana, sobre la economía. Está en el trasfondo, en ambas ocasiones, la cuestión del rol de las TIC en la economía, en la sociedad, en nuestra vida personal.

  1. blog_090107Margarita Rivière sugiere en El País: (a) Poner los pies en el suelo; (b) Ralentizar para poner lucidez en la mirada.
  2. También en El País, Almudena Grandes aboga por devolver “cordura y sensibilidad a una sociedad que lo ha sacrificado todo al ídolo del consumo superfluo”.
  3. La recomendación de Manuel Vicent es “vivir a cualquier edad pasiones nuevas, experiencias excitantes, cambios imprevistos en la rutina diaria“.

Personalmente, me tomo mi prejubilación no sólo como un cambio imprevisto en mi rutina diaria, sino como una oportunidad de cambiar algunos comportamientos, de provocar experiencias excitantes, de asumir algunos riesgos que quizá de otra forma no hubiera tomado.

En cuanto a la cuestión de las tecnologías y la sociedad, mantengo la impresión de que las propuestas que algunos ‘ilustrados-TIC‘ proponen como dogmas son exactamente opuestas a las apuntadas más arriba.  Por ejemplo:

  • Estigmatizar como ‘aliens‘ o ‘emigrantes‘ por razón de edad a generaciones enteras, como si fueran incapaces de participar en construir el futuro de nuestra sociedad conectada.
  • Idealizar el consumo de contenidos que se puedan descargar de la Red, en la práctica casi convirtiendo su ‘disponibilidad‘ en el ‘imperativo‘ de consumirlos.
  • Elevando las relaciones a la categoría de objetos de consumo en las redes sociales, llegando a descalificar como ‘parias sociales‘ a los/las jóvenes que no se han adscrito a alguna en concreto.
  • Magnificando el rol de las herramientas de comunicación instantánea, como Twitter y similares, que inevitablemente dan prioridad a lo inmediato o urgente sobre lo importante, a la dispersión sobre la concentración, a lo exterior frente a lo interior.

Queda todavía mucho por hacer, pienso, para conjugar TIC y sentido común.

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Las Telecomunicaciones en el bolsillo

El COETTC (Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación de Cataluña) ha hecho públicos hace pocos días los resultados de un estudio sobre el uso de las telecomunicaciones fijas y móviles por parte de los ciudadanos.

La lectura del resumen publicado y de su repercusión en la prensa ilustra, una vez más, la peculiar forma en que los medios recogen a menudo las noticias sobre las TIC, y especialmente sobre las Telecomunicaciones.

Según el informe,

“Más del 70% de los entrevistados realiza un consumo medio al mes de teléfono móvil de entre 10 y 60 euros. Un 12,50% tiene un gasto de entre 60 y 100 euros en el mes y el porcentaje de aquéllos que gastan más de 100 euros en el mes no llega al 9%”.

Parece razonable. Pero los titulares de La Vanguardia (3/09/2008), que he colgado en la pizarra, parecen querer transmitir otro mensaje: que el gasto en telecomunicaciones pesa demasiado en la economía de los ciudadanos, tanto que algunos (aunque sólo una minoría)  empezarán a restringir su uso debido a la crisis.

Algo de éso habrá. Pero lo cierto es que el cambio en los patrones de gasto de los ciudadanos no es exclusivo de Cataluña y viene ya de lejos (ver el gráfico de la izquierda, extraido de un informe de The Economist de 2003!!!).

Además, las telecomunicaciones no son el concepto de gasto que más ha aumentado en la última década, como muestra en el gráfico adjunto, basado en datos publicados en el Boletín Mensual de “la Caixa”.

Imagino que si los medios titulan así es por que piensan que éso es lo que los ciudadanos quieren leer. Lo que, para mí, apunta a un distanciamiento mayor del deseable entre los ‘marcos mentales‘ de muchos especialistas del sector TIC y los habituales en un ciudadano de a pie. El mismo informe del COETTC incluye más síntomas de ese distanciamiento; volveré sobre ello en una próxima entrada.

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Tecnología y Diseño Social (2): Las TIC en la escuela

El País publicaba recientemente, bajo el titular de la imagen, un artículo sobre Internet y las TIC en la escuela. Con un tratamiento, en mi opinión, superficial y limitado a los tópicos habituales. Lo cual me da pie a engranar con la temática de la tecnología y el diseño social, iniciada en los últimos ‘posts’.

Tópico 1. Poner el énfasis en la formación del profesorado, “la mayoría del cual dispone sólo de una alfabetización digital básica“, como si esta carencia fuera el principal factor limitativo.

  • “La Red sólo contribuye a mejorar el rendimiento académico si los profesores saben cómo aprovecharla”.

Pero los profesores no son los que definen los temarios, ni la distribución de asignaturas y horarios, ni los criterios de evaluación, ni sus propios programas de formación. Si se llegara a la conclusión de que el funcionamiento de una empresa mejoraría si su personal estuviera mejor formado (en las TIC o en cualquier otra materia), ¿a quién se responsabilizaría de esa carencia? ¿a la Dirección o a los trabajadores?

De otra parte, se menciona que “el 90% de los profesores tiene ordenador [e Internet] para prepararse las clases, pero sólo el 20% lo aplica en el aula“, un dato confirmado por otros estudios. No vale afirmar que, en general, los profesores son analfabetos en materia de TIC. Porque son capaces de usarlas fuera de la clase. ¿Cuál es el facto que bloquea utilizarlas también en clase?

Tópico 2. “El problema es que los terminales siguen estando restringidos a las aulas de informática, a las que los docentes sólo acuden ocasionalmente“.

Ciertamente, no se pueden utilizar ordenadores en las aulas que no estén equipadas. Pero entonces, ¿quién y por qué decidió poner los ordenadores sólo en las aulas de informática, muchas veces infrautilizadas? ¿Cuáles eran los ‘marcos mentales‘ en base a los que tomaron estas decisiones de inversión? ¿Han cambiado desde entonces? ¿Cómo?

Tópico 3. “La solución consiste en cambiar el sistema educativo para adecuarlo a las TIC, y no al contrario“.

Más que tópico, una frase vacía de contenido. ¿A qué se supone que sería solución ese cambio? ¿A los objetivos globales del sistema educativo, sean los que sean? ¿O sólo a la introducción de los TIC?

Y además, puestos a pensar los cambios que hagan falta en el sistema educativo, ¿seguro que la disponibilidad de las TIC habría de ser el principal factor de cambio? De cara a construir nuevos ‘marcos mentales’ en los que encajar los cambios necesarios en el sistema educativo, ¿el cambio tecnológico es más relevante que los cambios sociales, incluyendo el tránsito a la sociedad líquida? Sólo los ilustrados-TIC darían una respuesta afirmativa al 100% a este interrogante.

Una observación final, para los curiosos. Busquen las referencias a las TIC en el “Pacto Nacional para la Educación“, que yo suponía que era la hoja de ruta para la evolución del sistema educativo en Cataluña. Me interesarán sus observaciones sobre cuáles eran los “marcos mentales” de los redactores de ese documento.

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Proyectos de futuro y Diseño social (1)

Continuando con el tema del ‘post’ anterior. ¿Qué pasa cuando se produce una ‘fractura social’ como resultado del empuje de nuevas prácticas, de nuevas culturas, del resultado de la acción de innovadores sociales?

Como los humanos y las sociedades tenemos una querencia cierta hacia la estabilidad, lo esperable es que el conjunto evolucione hacia superar las fracturas y, entre otras cosas, recomponen las instituciones y sus vínculos con el entorno.

(Uso aquí el término ‘institución’ con un sentido más sociológico que político. Las instituciones son un sistema de normas, estructuras y reglas culturales que conforman los comportamientos de las personas y las instituciones).

David Noble, por ejemplo, ha descrito en detalle cómo los grandes empresarios y financieros de los EEUU de finales del S. XIX y principios del XX crearon las ‘Escuelas Politécnicas‘ norteamericanas (Carnegie-Mellon, Caltech, M.I.T., Rensselaer, …), con el objetivo de conseguir de disponer de “thinking labourers” en vez de “labourious thinkers“.

Insuflando los objetivos y valores de la organización industrial en el proceso de educación superior consolidaron una nueva profesión, la de ingeniero, y un nuevo cuerpo social de prestigio, el de los ingenieros. Que por una parte eran un elemento clave para el desarrollo de la corporación industrial, al tiempo que ayudaban a extender y consagrar los principios y prácticas de la sociedad industrial en la sociedad en general.

Los ‘rupturistas’ (en este caso los capitalistas e industriales norteamericanos) consiguieron de este modo cerrar la brecha social llevando a su terreno la reforma de una institución clave (la Universidad), y en último término renovando a su modo el imaginario y el ideario de la sociedad norteamericana durante muchas décadas.

Creo que la historia es ilustrativa porque, como ilustra el diagrama, el tránsito hacia la sociedad de la información, o como queramos llamarle, plantea también la cuestión de cómo han de ser los profesionales que, jugando un rol análogo al de los ingenieros en la sociedad industrial, ayuden a definir, construir y gestionar las infraestructuras y organizaciones de la sociedad del futuro.

Y una reflexión adicional. ¿Quiénes son, podrían ser, habrían de ser, en la globalidad de lo global y en la localidad de lo local, los análogos de esos reformadores sociales en los EEUU del pasado siglo? No tengo la respuesta, excepto por la intuición de que no los encontraremos entre la mayoría de los “ilustrados-TIC” de nuestro entorno.

Aún siendo consciente de repetirme, reproduzco la cita de Langdon Winner, un autor nada sospechoso de inmovilismo ni de tendencias tecnófobas:

Buscamos en vano entre los promotores y agitadores de Internet las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado“. (”La ballena y el reactor”, Gedisa)

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Objetos de deseo

Ha sido noticia estos días en algunos foros que Playboy ha inaugurado una versión de su página web especial para los usuarios del iPhone.

Me hago de eco de ella no por la novedad en sí, sino por el comentario de un prominente “ilustrado-TIC“, que la calificaba de curiosa, ya que apuntaba a la redefinición de “la imagen del iPhone como objeto de deseo” .

Me sorprendió más el comentario que la noticia, porque el iPhone ha sido desde el primer momento un “objeto de deseo“.

Más aún. Una característica de la sociedad actual es el aumento, y hasta el fomento, yo diría, de patrones de actuación compulsivos. Manifiestos, aunque no exclusivamente, en el ámbito de consumo en general. Incluyendo el de muchos artefactos tecnológicos (comentado en un ‘post reciente‘).

Hasta donde yo entiendo, el consumo de material erótico y/o pornográfico tiene también un fuerte componente compulsivo. De ahí , me imagino, la iniciativa de Playboy.

Que por otra parte confirma un patrón ya establecido hace décadas. Leí hace mucho, de un articulista de Financial Times del que no he conseguido encontrar la fuente, que una excelente indicación para predecir si una tecnología de consumo tendría éxito era observar la reacción ante la misma de la industria del sexo. Una constante que se observa en la historia de un buen número de artefactos: La imprenta, la máquina fotográfica, el cine, el video, el CD-ROM, el DVD, Internet … y ahora el iPhone. Nada imprevisto, pues.

Ahora bien, si se concede validez a este patrón, las tecnologías de la información aparecen también como ‘tecnologías de la compulsión‘. No sólo éso, pero también. Y la sociedad de la información, también como sociedad de la compulsión, y no sólo del conocimiento. Una terminología que probablemente no haga furor; las palabras importan, y éstas no se consideraran como políticamente correctas.

Me quedaré pues con sólo una conclusión, que se ha ido consolidando mientras escribía estas líneas. Tal vez la característica más distintiva de los ‘ilustrados-TIC‘ es que, envueltos en la bandera de las tecnologías, la modernidad y el progreso, acaban siendo más abanderados de la compulsión que de la reflexión o el conocimiento.

Como muestra ilustrativa, sugiero al lector interesado que lea este ‘post’ y el hilo de comentarios. Y que saque sus propias conclusiones.

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¿Es el proyecto el ingrediente más escaso?

Continúo con la reflexión del ‘post anterior‘ y las de los comentarios suscitados (Gracias, Genís y Mercè). Supongamos que tendríamos un acuerdo de mínimos en los siguientes términos:

  • Hoy por hoy, no parece razonable concebir el progreso (económico, social, …) sin aprovechar las posibilidades de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC).
  • Pero las TIC no generan sociedad ni progreso en sí mismas. Son las prácticas de uso de las personas o los grupos sociales que utilizan las TIC las que les dan sentido.

Sabemos, además que utilizan más intensamente Internet quienes tienen mayor interés en hacerlo, por el motivo que sea. Muchas Administraciones públicas españolas, por ejemplo, son ejemplarmente eficientes en el uso de Internet para facilitar la recaudación de impuestos y el pago de multas. Pero ha hecho falta una Ley para que esas mismas administraciones se obliguen a admitir la relación electrónica con los ciudadanos en los trámites que éstos elijan.

Otro ejemplo. Como Internet permite la comunicación anónima, es inevitable que atraiga también a quienes tienen interés en actuar anónimamente. Por ejemplo, a los delincuentes y los terroristas; a los interesados en acceder pornografía o difundirla. También, desde luego, a los cotillas; a los que desean buscar pareja discretamente; a los que quieran consultar información u obtener consejos de naturaleza reservada, quizá sobre un problema de salud o de adicción.

Podría seguir, pero supongo que la idea está ya clara. Las personas y las sociedades utilizan Internet y las nuevas tecnologías, según sus intereses, actitudes, valores y disposiciones. Las tecnologías no tienen valores; los adquieren. No determinan la sociedad en una dirección concreta; se adoptan y adaptan en tantos sentidos como la heterogeneidad de la sociedad admite.

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Con vistas a impulsar “nuestra” sociedad de la información y del conocimiento (por llamarla de algún modo), propongo reflexionar sobre cómo reflejar propuestas estructuradas sobre el esquema del cuadro adjunto (o de cualquier mejora que se quiera proponer). La idea central es que cualquier propuesta sobre un ‘referente tecnológico‘ (la banda ancha, Internet móvil, …) vaya acompañada de una visualización de las ‘prácticas informacionales‘ que se considera proponer. Y que esas prácticas, que suponen gente actuando, invirtiendo tiempo, esfuerzo y/o dinero, tengan un encaje en un proyecto que se pueda explicar y gestionar.

Mi convicción (provisional) es que en el proyecto está la clave, y que de hecho éste es el componente más escaso en nuestro entorno:

  • Porque se da una ‘fractura digital‘ en las estrategias de muchos de los líderes políticos y de los estamentos sociales de mayor influencia. Una fractura que se manifiesta en la dificultad de integrar explícitamente las TIC en los proyectos que lideran o proponen.
  • Pero, al mismo tiempo, creo que hay déficit de proyecto en las propuestas de la mayoría de los “ilustrados-TIC” que reclaman con mayor energía un uso más intenso de las tecnologías.

Volviendo, por ejemplo, a la carta abierta que suscita este serie de ‘posts’, contiene una afirmación que podríamos compartir:

Las decisiones que presidentes y consejeros delegados vais a tomar en el corto plazo nos pueden enviar al furgón de cola de la economía del conocimiento si no toman en consideración la profundidad de la revolución que significa la sociedad en red“.

Pero no me parece de recibo que no vaya acompañada de como mínimo una propuesta concreta de una actuación que pudiera incorporarnos al grupo de cabeza de la economía del conocimiento.

Postulo, por tanto, abierto a debate, sugerencias y comentarios, que hay un déficit de proyecto, materializado en la dificultad de muchos de “rellenar el formulario” de un modo convincente. Algunos tendrían proyecto, pero dificultades para incluir en él las tecnologías y las prácticas informacionales. Otros viven instalados en las tecnologías y algunas prácticas informacionales, pero no parecen en condiciones de articular un proyecto coherente y convincente.

Lo cual, quede claro, no expongo como una crítica, sino como una reflexión que también me afecta. Y que continuará.

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Las tecnologías (por sí solas) no crean sociedad

Primera entrega de una serie catalizada por la necesidad de plantear alternativas a la “carta abierta al futuro Presidente” publicada hace pocos días en algunos blogs. Con el objetivo de presentar reflexiones y propuestas sobre las que eventualmente se pudiera construir un manifiesto que cubriera con propuestas razonables algunos de los (muchos) huecos de esa carta.

Un artículo reciente del Financial Times, escribiendo sobre el impacto social de las nuevas tecnologías de la comunicación, concluye que:

Las herramientas de computación online, usadas temerariamente, pueden verse convertidas en objetivos en sí mismas; o, peor aún, en forums para comportamientos dañinos. Las empresas que las adopten deben ser conscientes de esos riesgos y enfatizar la necesidad de un equilibrio: son medios para conseguir objetivos fijados, y las empresas necesitan tener bien claro cuáles son esos objetivos.

Usadas responsablemente, las redes sociales pueden ser grandes facilitadores. Pero eso conlleva fijar límites e imponer reglas: crear una sociedad aceptable a partir de una masa de conexiones digitales.

Una reflexión que suscribo, con la única observación que no son sólo las empresas, sino las instituciones sociales en un sentido amplio, quienes necesitan tener bien claro los objetivos a conseguir.

Muchas veces no los tienen.

snake-oil.jpegHablemos pues de objetivos, más que de medios. Y de valores y reglas a los que esos objetivos se supeditan. No vale decir, como en la carta de referencia:

Los cambios en los que estamos inmersos son tan acelerados, e impregnan de tal manera nuestra vida, que convierten rápidamente en caducos lo que se pretende que sean planes de futuro. Hace 10 años no existía Google, hace 8 no había blogs, hace 7 no se enviaban sms, hace 4 no existían YouTube ni Facebook, y hace uno no sabíamos lo que era Twitter. ¿Te das cuenta?

Porque hace 10 años el 11-S era solamente la fiesta nacional de Cataluña; y el 11-M sólo el 11 de Marzo. Hace 10 años pocos creían que la burbuja de las punto-com y luego de la fibra óptica fuera realmente una burbuja que dejó escocido a más de un crédulo. Hace 10 años casi nadie creía que el hilo del cobre y el ADSL darían para ver televisión. Hace 4 años nadie predecía que una crisis del inmobiliario en los EEUU, aumentada por una cadena de instrumentos financieros especialmente opacos, acabaría por generar pérdidas billonarias y tensionar los circuitos de crédito en todo el mundo. Hace diez años no se hablaba del mileurismo como un descriptor social. Etcétera.

¿No son esos cambios tan o más relevantes?

Las tecnologías no han provocado ni provocan cambios sociales. Son las teorías, las ideologías, el acierto en la selección de los problemas clave y la organización de las instituciones sociales los elementos que han definido y continuarán definiendo los cambios sociales.

Harán falta líderes que encabecen esos cambios. Líderes que sean capaz de integrar las TIC en sus visiones y sus estrategias de futuro. Líderes que no confundan, como los “ilustrados-TIC”, los objetivos con las herramientas, los medios con los fines. Líderes a los que no se pueda aplicar la sentencia de Langdon Winner, un autor nada sospechoso de inmovilismo ni de tendencias tecnófobas:

Buscamos en vano entre los promotores y agitadores de Internet las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado“. (”La ballena y el reactor”, Gedisa)

Continuaremos buscando. Sin perder la esperanza.

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