El filósofo Daniel Innerarity, que no es la primera vez que aparece en este espacio, escribía hace unos días en El País sobre la certidumbre del final de la certidumbre (“muy pocos advierten que lo que se ha acabado es precisamente eso: el arte de tener siempre razón“). Lo hace con palabras de prudencia:
“La vieja alianza del saber y el poder debe replantearse de nuevo en la era de la incertidumbre reconocida y gestionada”.
“La sociedad del conocimiento ha efectuado una radical transformación de la idea de saber, hasta el punto de que cabría denominarla con propiedad la sociedad del desconocimiento, es decir, una sociedad que es cada vez más consciente de su no-saber y que progresa, más que aumentando sus conocimientos, aprendiendo a gestionar el desconocimiento en sus diversas manifestaciones: inseguridad, verosimilitud, riesgo e incertidumbre”.
Se me ha ocurrido que, por no saber, empezamos ya a no saber cómo llamar a nuestra sociedad. Y que quizá se obró algo a la ligera al acuñar términos como ‘sociedad de la información’ (porque también lo es de la des-información y del ruido) o ‘sociedad del conocimiento’. Por optimismo, o tal vez incluso por arrogancia.
“Take care of the sense, and the sounds will take care of themselves”, escribió Lewis Carrol en “Alicia en el País de las Maravillas”. Pues eso.
¿Comentarios?


La sociedad es la misma de siempre, con su lucha entre pobres y ricos o la de los que triunfan enriqueciéndose a costa de los demás.
En todo caso ha vuelto a ser la sociedad del engaño y la manipulación de los poderosos para explotar al resto de seres humanos, auxiliada por los métodos que tocan ahora que son más desarrollados o sofisticados, como los tecnológicos y también los legales y económicos. Saludos de José de Medina Ruiz