Archivo mensual: septiembre 2008

Quizá convenga desacelerar

Pocos días después de escribir aquí sobre la ‘falsa urgencia‘, el filósofo Daniel Inerarity publica en El País un artículo abogando por una ‘desaceleración‘ de la vida diaria. Por:

reintroducir el espesor del tiempo de la maduración, de la reflexión y de la mediación allí donde el choque de lo inmediato y de la urgencia obliga a reaccionar demasiadas veces sobre el modo del impulso“.

Considera que:

La utopía del progreso se ha transformado en movimiento desordenado, “neofilia” frenética, agitación anómica y disipación de la energía. Sólo queda una aceleración vacía, un ciego “cada vez más” de tecnología o globalización económico-financiera, un espacio social inestable y un campo psicológico neurótico“.

Supongo que era inevitable que incluyera una referencia a las ‘nuevas tecnologías de la instantaneidad’ al considerar que propician ‘una cultura del presente absoluto’ en un contexto de ‘falsa movilidad‘.

Resulta curioso, si no significativo, que el mismo día El País publique un artículo a doble página sobre los ‘efectos colaterales‘ del correo electrónico. Incluyendo los resultados de una encuesta según la cual el 64% de los consultados comprueban el correo electrónico más de una vez cada hora, y un tercio lo hace como mínimo cada quince minutos.

¿Relevante? Pienso que sí, porque según un estudio reciente,  comprobar el email no es ya para algunos un acto consciente y deliberado, sino una compulsión de la que son apenas conscientes. Se sugiere incluso que el email pudiera generar un síndrome similar al de los adictos a las máquinas tagaperras: Se consulta por si acaso, porque aunque por lo general no hay nada interesante, de vez en cuando sí, y éso se recibe casi como un premio.

Concluyo que quizá valga la pena ponerse a trabajar en un e-Humanismo y una e-Sociología. Y también en la definición de e-habilidades, que incluirían la de gestionar productivamente el correo y otros artefactos. Un trabajo, por cierto, que no creo que hagan por nosotros ni los tecnólogos ni los ilustrados-TIC.

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Internet desde el otro lado

La prensa se ha hecho eco estos días del reciente suicidio de David Foster Wallace, un escritor de culto de la nueva literatura norteamericana.

Me ha chocado especialmente que uno de los obituarios, aparte de glosar su vida y su obra, recogiera la opinión del difunto escritor acerca de Internet:

“No nos engañemos: la Red no es más que una avalancha de información, un laissez faire salvaje, sin estándares éticos. Se acosa al consumidor con un aluvión de ofertas seductoras, sin ayudarle a discernir a la hora de elegir. La explosión punto.com es la destilación de la ética capitalista en estado químicamente puro”.

No estando seguro de lo que el autor entendía por ‘ética capitalista’ (¿existe?), me interesó buscar en Internet esa cita y su contexto. Sin éxito. Pero sí encontré un discurso del novelista en una ceremonia de graduación universitaria, de la que extraigo (traducido a la ligera) un párrafo que me parece remarcable:

“Veinte años después de mi graduación, he llegado gradualmente a entender que el cliché de que la educación en letras tiene como objetivo enseñarte a pensar es una abreviatura de una idea mucho más profunda y más seria: aprender a pensar significa de hecho aprender a ejercer algún control sobre cómo y qué piensas. Significa ser lo suficientemente consciente para escoger a qué prestas atención y a escoger cómo construir el sentido a partir de la experiencia. Porque si no puedes ejercer este tipo de control en la vida adulta, estarás totalmente perdido”.

No mencionó Internet en ese discurso. De todos modos, me quedo con la duda:

La existencia de Internet, con el alud de información que pone a nuestro alcance, ¿nos ayuda a pensar?

Para quien se sienta inclinado a contestar ‘Depende‘, una segunda pregunta:

Depende, ¿de qué depende?

David Foster Wallace, descanse en paz.

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¿Qué opinará el Papa sobre las tecnologías?

He colgado en mi pizarra un par de recortes del artículo de La Vanguardia del 14/09/2008 sobre la visita del Papa a Francia.

Una asociación refleja de ideas me trajo a la cabeza primero la observación de Manuel Castells sobre el paradigma informacional: que sustituye al industrial porque es más eficiente justo en la acumulación de dinero y poder. Dos de los elementos que según el Pontífice nos desviarían del verdadero camino.

En segunda lectura, la referencia a los peligros del ‘querer saber’ me intrigó todavía más. ¿Puede ser, por ejemplo, que el Pontífice considere que Google, que nos ayuda a buscar y encontrar información, pone en peligro nuestra alma? Al fin y al cabo, Nicholas Carr se preguntaba hace poco si el recurrir constantemente a Google no corre el riesgo de volvernos idiotas.

Valorando la posibilidad de que La Vanguardia estuviera sacando la información fuera de contexto, decidí tomar al demonio por los cuernos, y teclear “Vaticano” en Google. Resulta (oh!, sí) que el Vaticano tiene una página Web, y en ella está el texto concreto de la homilia en cuestión, incluyendo el fragmento que sigue:

“¿Acaso nuestro mundo contemporáneo no crea sus propios ídolos? [...] El ídolo es un señuelo, pues desvía a quien le sirve de la realidad para encadenarlo al reino de la apariencia. Ahora bien, ¿no es ésta una tentación propia de nuestra época, la única sobre la que podemos actuar de forma eficaz? [...] El dinero, el afán de tener, de poder e incluso de saber, ¿acaso no desvían al hombre de su verdadero fin, de su auténtica verdad?”

Me quedo más confuso que al principio. ¿Qué será lo que de verdad piensa el Papa de las tecnologías?

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Falsa urgencia

El artículo de Rodríguez Ibarra en El País, que comentaba en un ‘post’ anterior, contenía una afirmación intrigante, viniendo de quien sin duda es un animal político en toda regla:

“Cabe recordar que de las cotas de independencia que aún no ha alcanzado Europa, junto a la energética, la tecnológica es una cuestión pendiente. No debemos permitir que, ante una evolución de Internet no acorde con los valores tradicionalmente defendidos por los estados europeos, nos encontremos sin capacidad de reaccionar. No debemos caer por la aplicación del difuso concepto de neutralidad tecnológica en una falta de respuesta en favor de la independencia tecnológica, como ya nos sucedió con el software libre“.

¿Qué entiendo y me parece sensato?:

  • Que los artefactos tienen política: El diseño y despliegue de los artefactos tecnológicos (también de Internet) está influido por los objetivos, prioridades y valores de quienes llevan a cabo esas actividades.
  • Así pues, resultaría plausible concluir que Internet se impulsó inicialmente desde los EEUU asociándolo a valores arraigados en ese país (Ver Cyberspace and the American Dream). Algo parecido podría estar sucediendo ahora en la Web 2.0.
  • Si, como argumenta Manuel Castells, la sociedad informacional reemplaza a la sociedad industrial porque es más eficiente en la acumulación de dinero y de poder, copiar sin más las estrategias de los más fuertes equivale a darles ventaja de entrada.

Aun así, ¿qué es lo que se supone que tendríamos que hacer? De entrada, citando a John Kotter, considerado como uno de los gurús mundiales en el ámbito del liderazgo para la transformación. evitar la tendencia, habitual en los ilustrados-TIC, de caer en la falsa urgencia :

“La otra cara de la moneda de la complacencia es la ‘falsa urgencia’, que es igualmente contraproducente [...] Como la gente está indignada o muerta de miedo hacen todo tipo de actividades inútiles. Todo es actividad, pero no productividad [...] En muchos sentidos la falsa urgencia puede ser más insidiosa y peligrosa que la complacencia”.

El (incompleto) mapa de la pizarra podría quizás servir de ayuda a la orientación. Sobre cómo se trató en nuestros entorno inmediato la causa (valiosa) del software libre. Sobre cómo abordar otras aún pendientes.

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The acquisitive society

11 de septiembre. Es el Día Nacional de Cataluña, que cada cual celebra a su manera. Muchos han escapado de Barcelona para un ‘puente’ de cuatro días. De entre los que nos hemos quedado, algunos habrán asistido a los actos institucionales oficiales.

La mayoría de los restantes debían estar esta tarde en el centro comercial del Maremagnum, abierto incluso en día festivo. A tope, dentro y fuera del cine (mi objetivo) y de las tiendas.

La imagen de la multitud apretujada (no exagero) me ha recordado que, leyendo hace poco a Peter Watson, aprendí que ya en 1920 R. H. Tawney acuñó el término “The Acquisitive Society” en el contexto de una crítica moral del capitalismo de su época. No quiero ni imaginar cómo se hubiera puesto Mr. Tawney de vivir en la nuestra.

Y es que ni siquiera los más ilustres de los ilustrados-TIC, los más apasionados apóstoles de la virtualidad, están exentos de este síndrome de la adquisición. Defendiendo a ultranza de que su derecho a usar el P2P debería prevalecer sobre cualquier derecho de autor, Enrique Dans escribía que:

“La descarga de redes P2P [...] es un hábito completamente instaurado en la personalidad del usuario de Internet. [...] Entronca con un fenómeno interesante entre los fans de las series: el coleccionismo. Muchos aficionados conservan durante bastante tiempo los episodios de sus series favoritas, y aunque el indice de visionados repetitivos sea bajo, la sensación de “posesión” juega igualmente a favor de las redes P2P frente al efímero streaming“.

Deliciosamente antiguo, pienso que apostillaría Mr. Tawney, que se lamentaba ya en su época de que:

The enjoyment of property and the direction of in­dustry are considered, in short, to require no social justification, because they are regarded as rights which stand by their own virtue, not functions to be judged by the success with which they contribute to a social purpose“.

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La tecnología no tiene ningún impacto

Me sorprendió, lo confieso, ver la firma de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el ex-Presidente de Extremadura, bajo el titular “El ordenador está en la Red” en un artículo publicado en El País del pasado 1/9/2008. Lo leí con curiosidad por averiguar qué conseguiría el Sr. Rodríguez Ibarra añadir a un lema que, popularizado por Sun, tiene 25 años de antigüedad.

No encontré más sorpresas: se trata, como corresponde al personaje, de un artículo del todo políticamente correcto, que reproduce un buen número de los tópicos habituales sobre Internet y las TIC. Incluyendo algunos que, por mucho que se utilicen, no dejan de ser probadamente falsos. Por ejemplo:

ya nadie pone en duda el inmenso poder de transformación que las TIC tienen en nuestra sociedad

Malo. Las tecnologías, tampoco las TIC, no transforman nada. Los transformadores son los que desarrollan, adoptan y adaptan las tecnologías para cambiar su forma de vivir, de organizarse o de trabajar.

Ejemplo. Otro artículo en El País se hacía hace poco eco de una investigación de la Comisión Europea según la cual el 80% de las webs que ofrecen servicios para móviles infringe las normas de protección al consumidor. Claramente, no son ni Internet ni los móviles quienes desafinan o generan problemas; son las empresas que adoptan prácticas dudosas las que lo hacen.

¿Evidente? Si estamos de acuerdo, dejemos de hablar de una vez por todas del impacto de la tecnología y exijamos a quien la tenga la responsabilidad de los impactos, positivos o negativos. De los que se producen y de los que se esperaría que se produjeran.

Acabaré con una pregunta, quizá no del todo politicamente correcta: ¿Por qué es precisamente Extremadura la Comunidad Autónoma española con una menor penetración de la banda ancha? (Fuente: CMT)

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La comunicación de las Telecomunicaciones

El informe del COETTC sobre el uso del teléfono que comentaba en mi ‘post’ anterior tiene un par de informaciones que en mi opinión apuntan a la existencia de una brecha relevante entre los ‘marcos mentales‘ del sector TIC y de los usuarios.

En concreto, el informe del COETTC destaca que:

  • Entre los propietarios de móviles, el 91,5% no ha utilizado en los últimos meses aplicaciones como juegos, música o tonos de llamada. La funcionalidad extra más utilizada es la cámara de fotos, seguida por el bluetooth o infrarrojos; es decir, aquellos servicios que no suponen un coste extra.

Lo cual sería consistente con la impresión sugerencia de que la evolución de las TIC está dejando atrás a los usuarios. Que abundan los productos re-cargados de funciones que la mayoría no usamos ni tenemos conciencia de necesitar.

El informe constata también que:

  • El 85% de los consumidores catalanes desconocen la diferencia que existe entre operadores tradicionales (Movistar, Vodafone, Orange y Yoigo) y los nuevos operadores móviles virtuales.

Esa diferencia es muy relevante como mínimo para el regulador y para los operadores, y en general para el sector. ¿Debería serlo para los usuarios? Seguramente habrá opiniones divididas. Lo que parece es que aquellos que darían una respuesta afirmativa no han conseguido de momento comunicar sus posiciones.

Pienso que no se trata de un hecho aislado. Creo que podría fácilmente hacer una lista de una decena de asuntos de alta relevancia para el sector TIC, asuntos que el sector argumentaría que son relevantes para los usuarios, sobre los que éstos carecen por completo de criterio. Pero habrá de ser en otra ocasión.

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