Archivo mensual: septiembre 2008

Falsa urgencia

El artículo de Rodríguez Ibarra en El País, que comentaba en un ‘post’ anterior, contenía una afirmación intrigante, viniendo de quien sin duda es un animal político en toda regla:

“Cabe recordar que de las cotas de independencia que aún no ha alcanzado Europa, junto a la energética, la tecnológica es una cuestión pendiente. No debemos permitir que, ante una evolución de Internet no acorde con los valores tradicionalmente defendidos por los estados europeos, nos encontremos sin capacidad de reaccionar. No debemos caer por la aplicación del difuso concepto de neutralidad tecnológica en una falta de respuesta en favor de la independencia tecnológica, como ya nos sucedió con el software libre“.

¿Qué entiendo y me parece sensato?:

  • Que los artefactos tienen política: El diseño y despliegue de los artefactos tecnológicos (también de Internet) está influido por los objetivos, prioridades y valores de quienes llevan a cabo esas actividades.
  • Así pues, resultaría plausible concluir que Internet se impulsó inicialmente desde los EEUU asociándolo a valores arraigados en ese país (Ver Cyberspace and the American Dream). Algo parecido podría estar sucediendo ahora en la Web 2.0.
  • Si, como argumenta Manuel Castells, la sociedad informacional reemplaza a la sociedad industrial porque es más eficiente en la acumulación de dinero y de poder, copiar sin más las estrategias de los más fuertes equivale a darles ventaja de entrada.

Aun así, ¿qué es lo que se supone que tendríamos que hacer? De entrada, citando a John Kotter, considerado como uno de los gurús mundiales en el ámbito del liderazgo para la transformación. evitar la tendencia, habitual en los ilustrados-TIC, de caer en la falsa urgencia :

“La otra cara de la moneda de la complacencia es la ‘falsa urgencia’, que es igualmente contraproducente [...] Como la gente está indignada o muerta de miedo hacen todo tipo de actividades inútiles. Todo es actividad, pero no productividad [...] En muchos sentidos la falsa urgencia puede ser más insidiosa y peligrosa que la complacencia”.

El (incompleto) mapa de la pizarra podría quizás servir de ayuda a la orientación. Sobre cómo se trató en nuestros entorno inmediato la causa (valiosa) del software libre. Sobre cómo abordar otras aún pendientes.

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The acquisitive society

11 de septiembre. Es el Día Nacional de Cataluña, que cada cual celebra a su manera. Muchos han escapado de Barcelona para un ‘puente’ de cuatro días. De entre los que nos hemos quedado, algunos habrán asistido a los actos institucionales oficiales.

La mayoría de los restantes debían estar esta tarde en el centro comercial del Maremagnum, abierto incluso en día festivo. A tope, dentro y fuera del cine (mi objetivo) y de las tiendas.

La imagen de la multitud apretujada (no exagero) me ha recordado que, leyendo hace poco a Peter Watson, aprendí que ya en 1920 R. H. Tawney acuñó el término “The Acquisitive Society” en el contexto de una crítica moral del capitalismo de su época. No quiero ni imaginar cómo se hubiera puesto Mr. Tawney de vivir en la nuestra.

Y es que ni siquiera los más ilustres de los ilustrados-TIC, los más apasionados apóstoles de la virtualidad, están exentos de este síndrome de la adquisición. Defendiendo a ultranza de que su derecho a usar el P2P debería prevalecer sobre cualquier derecho de autor, Enrique Dans escribía que:

“La descarga de redes P2P [...] es un hábito completamente instaurado en la personalidad del usuario de Internet. [...] Entronca con un fenómeno interesante entre los fans de las series: el coleccionismo. Muchos aficionados conservan durante bastante tiempo los episodios de sus series favoritas, y aunque el indice de visionados repetitivos sea bajo, la sensación de “posesión” juega igualmente a favor de las redes P2P frente al efímero streaming“.

Deliciosamente antiguo, pienso que apostillaría Mr. Tawney, que se lamentaba ya en su época de que:

The enjoyment of property and the direction of in­dustry are considered, in short, to require no social justification, because they are regarded as rights which stand by their own virtue, not functions to be judged by the success with which they contribute to a social purpose“.

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La tecnología no tiene ningún impacto

Me sorprendió, lo confieso, ver la firma de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, el ex-Presidente de Extremadura, bajo el titular “El ordenador está en la Red” en un artículo publicado en El País del pasado 1/9/2008. Lo leí con curiosidad por averiguar qué conseguiría el Sr. Rodríguez Ibarra añadir a un lema que, popularizado por Sun, tiene 25 años de antigüedad.

No encontré más sorpresas: se trata, como corresponde al personaje, de un artículo del todo políticamente correcto, que reproduce un buen número de los tópicos habituales sobre Internet y las TIC. Incluyendo algunos que, por mucho que se utilicen, no dejan de ser probadamente falsos. Por ejemplo:

ya nadie pone en duda el inmenso poder de transformación que las TIC tienen en nuestra sociedad

Malo. Las tecnologías, tampoco las TIC, no transforman nada. Los transformadores son los que desarrollan, adoptan y adaptan las tecnologías para cambiar su forma de vivir, de organizarse o de trabajar.

Ejemplo. Otro artículo en El País se hacía hace poco eco de una investigación de la Comisión Europea según la cual el 80% de las webs que ofrecen servicios para móviles infringe las normas de protección al consumidor. Claramente, no son ni Internet ni los móviles quienes desafinan o generan problemas; son las empresas que adoptan prácticas dudosas las que lo hacen.

¿Evidente? Si estamos de acuerdo, dejemos de hablar de una vez por todas del impacto de la tecnología y exijamos a quien la tenga la responsabilidad de los impactos, positivos o negativos. De los que se producen y de los que se esperaría que se produjeran.

Acabaré con una pregunta, quizá no del todo politicamente correcta: ¿Por qué es precisamente Extremadura la Comunidad Autónoma española con una menor penetración de la banda ancha? (Fuente: CMT)

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La comunicación de las Telecomunicaciones

El informe del COETTC sobre el uso del teléfono que comentaba en mi ‘post’ anterior tiene un par de informaciones que en mi opinión apuntan a la existencia de una brecha relevante entre los ‘marcos mentales‘ del sector TIC y de los usuarios.

En concreto, el informe del COETTC destaca que:

  • Entre los propietarios de móviles, el 91,5% no ha utilizado en los últimos meses aplicaciones como juegos, música o tonos de llamada. La funcionalidad extra más utilizada es la cámara de fotos, seguida por el bluetooth o infrarrojos; es decir, aquellos servicios que no suponen un coste extra.

Lo cual sería consistente con la impresión sugerencia de que la evolución de las TIC está dejando atrás a los usuarios. Que abundan los productos re-cargados de funciones que la mayoría no usamos ni tenemos conciencia de necesitar.

El informe constata también que:

  • El 85% de los consumidores catalanes desconocen la diferencia que existe entre operadores tradicionales (Movistar, Vodafone, Orange y Yoigo) y los nuevos operadores móviles virtuales.

Esa diferencia es muy relevante como mínimo para el regulador y para los operadores, y en general para el sector. ¿Debería serlo para los usuarios? Seguramente habrá opiniones divididas. Lo que parece es que aquellos que darían una respuesta afirmativa no han conseguido de momento comunicar sus posiciones.

Pienso que no se trata de un hecho aislado. Creo que podría fácilmente hacer una lista de una decena de asuntos de alta relevancia para el sector TIC, asuntos que el sector argumentaría que son relevantes para los usuarios, sobre los que éstos carecen por completo de criterio. Pero habrá de ser en otra ocasión.

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Las Telecomunicaciones en el bolsillo

El COETTC (Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos de Telecomunicación de Cataluña) ha hecho públicos hace pocos días los resultados de un estudio sobre el uso de las telecomunicaciones fijas y móviles por parte de los ciudadanos.

La lectura del resumen publicado y de su repercusión en la prensa ilustra, una vez más, la peculiar forma en que los medios recogen a menudo las noticias sobre las TIC, y especialmente sobre las Telecomunicaciones.

Según el informe,

“Más del 70% de los entrevistados realiza un consumo medio al mes de teléfono móvil de entre 10 y 60 euros. Un 12,50% tiene un gasto de entre 60 y 100 euros en el mes y el porcentaje de aquéllos que gastan más de 100 euros en el mes no llega al 9%”.

Parece razonable. Pero los titulares de La Vanguardia (3/09/2008), que he colgado en la pizarra, parecen querer transmitir otro mensaje: que el gasto en telecomunicaciones pesa demasiado en la economía de los ciudadanos, tanto que algunos (aunque sólo una minoría)  empezarán a restringir su uso debido a la crisis.

Algo de éso habrá. Pero lo cierto es que el cambio en los patrones de gasto de los ciudadanos no es exclusivo de Cataluña y viene ya de lejos (ver el gráfico de la izquierda, extraido de un informe de The Economist de 2003!!!).

Además, las telecomunicaciones no son el concepto de gasto que más ha aumentado en la última década, como muestra en el gráfico adjunto, basado en datos publicados en el Boletín Mensual de “la Caixa”.

Imagino que si los medios titulan así es por que piensan que éso es lo que los ciudadanos quieren leer. Lo que, para mí, apunta a un distanciamiento mayor del deseable entre los ‘marcos mentales‘ de muchos especialistas del sector TIC y los habituales en un ciudadano de a pie. El mismo informe del COETTC incluye más síntomas de ese distanciamiento; volveré sobre ello en una próxima entrada.

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¿Se puede ‘democratizar’ la innovación?

Emilio Ontiveros reflexionaba sobre la actual crisis financiera en un artículo en la sección Negocios de El País del pasado 31/08/08. Está claro que el detonante de la crisis ha sido, por lo menos en parte, la ‘innovación financiera‘ de quienes crearon, comercializaron, compraron y vendieron productos financieros basados en las famosas hipotecas subprime.

Los organismos reguladores del sistema financiero se han puesto ahora (algo tarde, diría yo) a revisar sus sistemas de supervisión, contemplando la posibilidad de imponer mayores restricciones a prácticas que puedan ocasionar tantos ‘daños colaterales’. Una posibilidad que, si he entendido bien, motivaría el artículo del profesor Ontiveros, que aboga por no ‘penalizar‘ la innovación financiera, sino ‘democratizarla‘, haciéndola accesible a un mayor número de agentes.

Desde mi cautela de no experto se me ocurren dos comentarios:

  • Intuyo que aplicar el término INNOVACIÓN a todo este asunto de las subprime oculta una trampa dialéctica de primer orden. Parecería que lo que se pretende es disfrazar el verdadero carácter de prácticas que son como mínimo de dudosa moralidad asociándolas a un concepto considerado generalmente como deseable. No cuela, ni debería colar.
  • La propuesta de ‘democratizar’ la innovación en el ámbito financiero me suscita una reacción similar. En el ámbito de las tecnologías se ha escrito sobre la ‘democratización de la innovación‘, entendida como la capacidad de un mayor número de usuarios para generar innovaciones. ¿Puede trasladarse esa propuesta al ámbito financiero? ¿O lo que se intenta otra vez es un abuso consciente de lenguaje para ayudar a salvar los muebles de unos cuantos?

En cualquier caso, el uso en este contexto de términos como ‘innovación‘, ‘democratizar‘, ‘penalizar‘ me parece un ejemplo excelente de la importancia de los ‘marcos mentales‘ de los que ya he escrito alguna vez, que no será la última.

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De vuelta a casa

Durante unos días de completa desconexión (en todos los sentidos, incluyendo el no acceso a Internet), he disfrutado empezando a leer un estupendo libro de Peter Watson: “The Modern Mind: An Intellectual History of the 20th Century“. Que tiene la nada común característica de considerar los avances científicos, y no sólo la literatura, la filosofía y las artes, como parte de esta ‘historia intelectual‘.

No he tenido, ni mucho menos, tiempo de acabarlo. Así y todo, a medida que avanzaba en la lectura (he llegado más o menos hasta 1930), se me ha venido antojando la idea de que muchas de las cuestiones que preocuparon a las gentes del principio de siglo siguen siendo actuales: polémicas sobre el darwinismo y la evolución, preocupación por si el avance paralelo de la  industrialización y del capitalismo era realmente un progreso, por la reconciliación de las concepciones del mundo según la filosofía y la ciencia, y otras cuestiones de este calibre.

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Ha coincidido que La Vanguardia ha publicado estos días en “La Contrauna entrevista con Peter Watson, que expresa opiniones bastante contundentes sobre la sociedad de hoy (he copiado alguna en mi tablero). Me parece un autor muy recomendable para quien esté interesado en reflexionar con una perspectiva amplia, más amplia que la de los “ilustrados-TIC“, acerca de las relaciones entre tecnología y sociedad. No descarto comentarlo de nuevo en alguna entrada posterior.

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