A menos de un año del inicio de la crisis de crédito en los mercados financieros, ya hay libros que reseñar sobre la materia. Del recorte que he clavado en mi tablero, me ha intrigado la referencia a esos acuerdos de Basilea, que según el articulista empujaron a los bancos a “securizar” sus carteras de hipotecas.
He acabado yendo a parar a un artículo de Jaime Caruana en la Web del IMF, que explica que:
- Los acuerdos de Basilea exigieron a las entidades financieras determinados ratios de capital para cubrir potenciales riesgos.
- Para evadir el espíritu de esa regulación, se inventaron instrumentos financieros innovadores que permitieron a las entidades aumentar sus riesgos sin captar capital.
- En un entorno de bajos tipos de interés e impulsados por el imperativo de crecimiento a toda costa, los financieros empezaron a comercializar activos de mayor rendimiento, pero también de mayor riesgo, que no tenían capital suficiente para respaldarlos.
Hace ya unos años, cuando me esforzaba por entender las entretelas de la burbuja de Internet, me quedó en memoria una frase de Michael Mandell, un cronista económico de Business Week:
“If technology is the engine for the New Economy, then finance is the fuel“.
En este caso, la gasolina ha resultado incendiaria.
Moraleja: Antes de creer en los discursos, incluidos los de los ‘ilustrados-TIC’, sobre la sociedad de la información, la economía del conocimiento y materias afines, mejor no perder de vista a los financieros. Porque, con la que han montado, ¿quién está hoy dispuesto a pensar en serio sobre las TIC?
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