Curiosa la forma en que empieza un reciente artículo del International Herald Tribune sobre el iPhone:
“Si tienes un iPhone, podrías hasta olvidarte de que el artefacto es capaz de hacer llamadas, porque estarás la mar de ocupado actualizando páginas de Facebook y acelerando por pistas de carreras virtuales”.
Me ha recordado un dato que Nicholas Carr recoge en su último libro, “The Big Switch“:
“Según investigaciones llevadas a cabo entre 1912 y 1914, antes de la adopción generalizada de los electrodomésticos, las amas de casa empleaban un promedio de 56 horas a la semana en las tareas domésticas. Estudios similares realizados en 1925 y 1931, cuando el uso de electrodomésticos ya era habitual, mostraron que todavía empleaban entre 50 y 60 horas semanales en trabajos para la casa. En 1965, un nuevo estudio demostró que no se había producido apenas cambios – 54.5 horas semanales. Finalmente, un estudio de 2006 del National Bureau of Economic Research mostró que en cada década desde 1910 hasta los años sesenta, el número de horas dedicado a los trabajos domésticos permaneció invariable, entre 51 y 56 horas semanales”.
Da que pensar. Por lo menos a mí.
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