Archivo diario: abril 27, 2008

Ciudadanos vs. consumidores

Entrevista en La Vanguardia al novelista Richard Ford (“Acción de Gracias“). Una de sus conclusiones:

“Los norteamericanos no están ya interesados en la política, sino deseosos de abdicar de sus deberes como ciudadanos y entregárselos a los expertos, que supuestamente actúan en nuestro nombre pero en
realidad lo hacen, en primer lugar, para conservar su puesto, y después para servir los intereses
de las grandes fortunas. Los norteamericanos ya no son ciudadanos. Como entidades políticas, son seres durmientes, desde un punto de vista moral, y no quieren ser despertados, quieren solamente
que se les permita seguir llevando la vida que llevan –trabajando, comprando, …”.

La leo con la sensación de que podríamos sustituir ‘norteamericanos‘ por … ¿catalanes? ¿españoles?¿europeos? sin que la cita perdiera casi validez. Creo que también Zigmunt Bauman coincidiría: (“Vida líquida“, pág. 167):

“El consumidor es el enemigo del ciudadano …En toda la zona desarrollada y opulenta del planeta abundan las señales de que la gente le está dando la espalda a la política”.

Nos es la única opinión de Ford que parece extensible, ya mismo o muy pronto, más allá de las fronteras de los EEUU:

“a medida que los estadounidenses ven subir y bajar el valor de su propiedad inmobiliaria (sus casas), se sienten mejor o peor sobre una variedad de cosas importantes: su valor como seres humanos, su futuro, su sensación de bienestar, la idea de lo que dejarán a los que vienen detrás”.

Una reacción comprensible, aunque quizá fútil, a las incertidumbres de una sociedad líquida. Ahora, paradójicamente, con problemas de liquidez financiera. Derivados en parte de la falta de referencias solidas sobre cuáles deberían ser los límites de las finanzas y sobre cómo imponerlos. También Bauman escribe indirectamente sobre ello (pág. 196):

“Para las víctimas, esta globalización unilateralmente empresarial supone una pérdida de control sobre el presente y de su capacidad para prever lo que les depara el futuro y, por lo tanto, para diseñar los medios necesarios para controlar su porvenir”.

La casa, entonces, como refugio. Más cerca nuestro, Bru de Sala escribe, también en la Vanguardia, sobre este recurso a mecanismos de autodefensa ante problemas de solución difícil, o como mínimo trabajosa:

“Tenemos problemas, los catalanes, claro, un montón de problemas. Por eso estamos desarrollando, colectivamente, un mecanismo de defensa que consiste, no en alejarnos o pasar de ellos, sino en difuminarlos. Algo así como concentrarlos en un punto del panorama para, a continuación, mirar hacia él sólo de vez en cuando, casi de reojo. Así se puede vivir con un estado de ánimo positivo, incluso optimista, simulando que las contrariedades resbalan o desfilan por un lugar determinado y aislado”.

En la misma tónica, creo, de Antoni Puigverd (mismo diario, mismo día):

“Mientras el PSOE (y no digamos ya este catalanismo doliente, soñoliento y lunático) flota como un corcho sobre la liquidez de la sociedad posmoderna, el combate entre los diversos actores políticos y periodísticos de la derecha tiene un regusto a siglo XIX, a duelo romántico, a choque animal”.

Demasiados síntomas coincidentes, pienso yo. En el fondo, la cuestión que se plantea es:

¿Qué hace en estas circunstancias un (aspirante a) ciudadano del conocimiento“?

No parece que haya una solución trivial. De vuelta a Bauman (pág. 200):

“Puede convertirse el espacio público es un lugar de participación duradera mas que de encuentros casuales y breves? ¿En un lugar de diálogo, debate, confrontación y acuerdo Sí y no. Si [...] lo que se entiende por espacio público es la esfera pública que rodea a las instituciones representativas del Estado-nación y a la que ésta presta servicio, habrá que responder que probablemente no”.

Leer, pensar, incluso escribir un blog, no hará daño, pero de ahí a crear una nueva esfera pública hay más que un gran paso.

En todo caso, por volver al tema de entradas pasadas, me parece difícilmente concebible que “herramientas sociales” como Twitter o similares contribuyan de modo sustancial a este diálogo, debate, confrontación o acuerdo. El nuevo espacio público, si somos capaces de contruirlo, tendrá probablemente un componente virtual. Pero con otros cimientos.

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