Archivo diario: abril 21, 2008

Si no te conocen, ¿no existes?

El País publicaba ayer un artículo sobre las “celebridades” efímeras, como los protagonistas de ‘Gran Hermano’ y otros ‘realities’, bajo el titular de la figura.

Una frase convencional. Que nunca ha dejado de incomodarme. Porque, tomada en sentido estrictamente literal, es también estrictamente falsa.

En 1905, cuando era sólo un (desconocido) funcionario de una oficina suiza de patentes, Albert Einstein publicó tres trabajos (sobre el efecto fotoeléctrico, sobre el movimiento browniano y sobre la teoría de la relatividad restringida) que revolucionaron la física del siglo XX. Obtuvo su primera plaza de catedrático en 1911, y le concedieron el premio Nobel en 1921. Pero aún tardaría unos cuantos años más en hacerse verdaderamente famoso. En cualquier caso, en 1905 Albert Einstein era un perfecto desconocido; y, sin embargo, era mucho. De lo contrario, no hubiera podido producir lo que ese año produjo.

Así pues, escrito con mayor precisión, el titular de El País habría de ser algo como:

Sin fama, no eres nada entre aquellos que sólo valoran a los famosos.

Lo cual sucede, en gran medida, en el mundo de la televisión, que genera imágenes, famosos e imágenes de famosos a la misma velocidad que los devora. Incluyendo, ¿por qué habrían de ser distintos?, a los protagonistas y ex-protagonistas de GH.

Hace ya años que la televisión es una herramienta de “licuefacción” de la sociedad (en el sentido de la “vida líquida” que describe Zygmunt Bauman). Nos hemos acostumbrado, como si fuera inevitable, a que ocupen espacio de pantalla personajes cuyo atributo más destacado es ser famosos; personajes que son famosos sobre todo porque aparecen en televisión. Sobre ellos y sus públicos Bauman escribe que:

“Escasean las celebridades con suficiente capital de autoridad para que merezca la pena escucharles antes de saber lo que van a decir [...] pero ello no impide que los programas tengan una audiencia compulsiva de millones de hombres y mujeres hambrientos de referentes. [...] Las no celebridades, las personas ‘ordinarias’ que aparecen fugazmwnte en la pantalla indefensas o desdichadas como sus espectadores, que reaccionan ante las mismas adversidades y que buscan desesperadamente un salida honorable a sus problemas y una ruta prometedora hacia una vida más feliz”.

Una valoración posiblemente cruel, pero que impulsa a quien se adhiere a ella, yo lo hago, a mantenerse lejos, en cuerpo y espíritu, de esos famosos que sólo son y quieren ser famosos. Y a cambiar de canal si en la pantalla aparece un ‘reality’.

Pero todo apunta a que esa actitud de resistencia pasiva no será suficiente. Porque parece que empieza a ser políticamente correcto asumir que Internet se convierta en una herramienta de “licuefacción” de la misma cualidad que la televisión. Por lo menos, eso parece deducirse de la publicidad de una empresa de colocación por Internet en los autobuses de Barcelona, con el eslógan de la imagen

(No es la imagen real del anuncio. Pero desde que salgo a la calle con la cámara en el bolsillo, no he vuelto a cruzarme con un autobús que proclame el eslógan. Si alguien tiene a bien enviarme una foto, se lo agradeceré públicamente y la insertaré en una nueva versión de este ‘post’).

Bauman acuñó el concepto de ‘vida líquida’ antes de la Web 2.0 y de YouTube. ¿Tendríamos que concluir que se quedó corto? Ante el presagio de la contaminación de Internet por los valores del ‘famoseo’, ¿cómo tendríamos que reaccionar los que nos interesamos en la causa de las TIC y de la sociedad de la información?

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