Archivo mensual: marzo 2008

Marcos mentales (7): Eticas y políticas del software

La política y las ideologías forman parte, inevitablemente, de la arquitectura social. Como tecnología y sociedad se co-producen, las tecnologías se impregnan de ideologías y de política a medida que evolucionan. Inevitablemente.

Por eso los bits no son sólo bits. Por eso no todos los bits son iguales.

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El mismo tipo de consideraciones son aplicables al software. ¿Tiene sentido hablar de “EL” software como si hubiera sólo un tipo de software? ¿Son los iguales los softwares apuntados en el mapa mental del gráfico?

Dos copias del mismo software, idénticas bit a bit, pero sujetas a distintos tipos de licencia, ¿son idénticas? , desde una óptica técnica; No, desde una perspectiva social.

A partir de estos planteamientos, cuando se afirma que “el software debería ser libre“, ¿de qué tipo de software se está hablando?

Estirar de este hilo daría seguramente para más líneas que las que caben en este ‘post’. La clave, creo yo, es tomar en cuenta el “marco mental” de quien hace la propuesta.

Si yo me dedicara a escribir software (lo hacía, hace tiempo, pero lo dejé radicalmente, como quien deja una droga) también desearía que el software fuera libre y/o abierto. Porque la ética y la estrategia del software abierto aumenta el poder de los que que tienen la capacidad de desarrollar/modificar software y el interés en hacerlo.

Si yo fuera una empresa de servicios cuya oferta de valor se apoyara en las prestaciones del software que utilizara, también me interesaría poder suministrarme dosis de software libre y/o abierto. (Como hace IBM: tema para un próximo ‘post‘).

Si yo fuera una organización que comprara software, mi decisión sobre adquirir software libre y/o abierto estaría ligada a la disponibilidad de modificarlo y mantenerlo por parte de empresas de mi confianza.

Etcétera.

Para que quede más claro. Como intento aprender a tocar el clarinete, me complace especialmente poder tocar las piezas que también me gusta escuchar. Pero la música que compro para escuchar no viene con la partitura. No es “música open-source“. Estaría bien que lo fuera, pero no somos muchos, me temo, los que defenderíamos esa causa. Muchos menos, me temo, que los que defienden que la música sea libre (o sea copiable), pero a los que nunca he escuchado pedir que fuera “open source“.

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P.S. Sobre el “software oculto“, en un próximo ‘post‘.

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Marcos mentales (6): Los bits no son libres

Los juegos de palabras no son gratuitos. Ni, por lo general, inocentes. Las palabras se usan para construir, activar y propagar “marcos mentales”, las estructuras mentales que “permiten a los humanos comprender la realidad – y en ocasiones crear lo que tomamos por realidad” (G. Lakoff).

Tomemos, por ejemplo, una aseveración defendida por algunos “ilustrados-TIC“:

Los bits son entes libres. Fluyen por doquiera, se mueven, se envían, cambian de mano, de formato, de soporte, de identidad. Se comprimen, se descomprimen, se duplican, se copian, se alteran, se mezclan con toda facilidad. Nada ni nadie puede o podrá impedirlo. [...] Son bits, y el moverse libres forma parte de su naturaleza“.

Una expresión de este tipo, ¿define una realidad?

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Me parece evidente que no; que se trata de un abuso de lenguaje para forzar una causa (ver el artículo original). Aunque sea, y eso es lo que me parece peligroso, deformando el concepto de libertad. Torciéndolo, como también denuncia Lakoff en una de sus obras (“Whose freedom?“), al servicio de intereses específicos; quizá defendibles, pero en todo caso parciales.

¿Qué ocurre si partimos de una afirmación similar, que entiendo sería plenamente objetiva?:

Los fluidos como el agua son libres. Fluyen por doquiera, se mueven, se envían, cambian de mano, de forma, de soporte. Se mezclan con facilidad. Son fluidos, y el moverse libres forma parte de su naturaleza“.

Si se acepta, la conclusión emergente sería que

Los bits no son libres, son fluidos.

Mezclemos libertad con agua y tenemos un debate político, una mezcla explosiva. Ciudado, pues con las palabras.

Los bits adquieren la libertad de quien los crea, envía o manipula. (Como los elfos de los cuentos de Harry Potter, no tienen más remedio que obedecer a sus amos).

A la inversa. Se habrán de imponer a los bits los límites que socialmente se convenga en imponer a las libertades. Una cuestión a debatir, demasiado importante para dejarla en manos de los “ilustrados-TIC”, por mucho que sepan de bits en abstracto.

No me resisto, por cierto, a apostillar que la “fluidez de los bits” es un elemento de conexión entre las tecnologías y las redes, de una parte, y la sociedad líquida que describe Zygmunt Bauman. Defender a ultranza la fluidez de los bits y lamentar la liquidez de la sociedad lleva enseguida a contradicciones severas.

Lo cual significa, de pasada, que si nos gustan los bits pero nos incomoda el estado actual de liquidez de la sociedad habremos de ser capaces de construir “marcos mentales” apropiados. Proyectos con un cierto grado de solidez basados en bits y redes.

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Los temas verdaderamente relevantes para nuestro futuro

Una entrega más (ver ‘post’ anteriores) de reflexión sobre la “carta abierta al futuro Presidente” publicada hace pocos días en algunos blogs. Creo que muchos estaríamos de acuerdo con sus autores en que:

… las instituciones públicas y las organizaciones privadas relevantes para la definición del medio y largo plazo de la comunidad están casi completamente al margen de la sociedad red, y no tienen en su agenda los temas verdaderamente relevantes para diseñar nuestro futuro“.

La cuestión es cuáles son esos “temas verdaderamente relevantes“. Porque, por ejemplo,

  • Apenas ningún “asunto digital” ha encabezado los titulares de los diarios de estas dos semanas de campaña.
  • En los pocos actos de campaña a los que he asistido no se ha hablado tampoco de la sociedad red ni de cuestiones digitales.

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Aunque sólo fuera a título de hipótesis, podríamos suponer que ni los políticos ni los medios destacan estos asuntos, ni siquiera en campaña electoral, porque no son los que más interesan a la gente. O, por lo menos, los que más interesan a la mayoría de la gente.

Valdría seguramente la pena investigarlo más, pero en un breve buceo en los barómetros de opinión de CIS no he detectado que hubiera ninguna cuestión digital entre las quince o veinte que más preocupan a la población (o a la muestra de población a la que el CIS encuesta). No aparecen tampoco los temas verdaderamente relevantes que destacan los firmantes de la carta abierta de referencia:

  • La neutralidad de las infraestructuras.
  • El concepto de propiedad intelectual
  • El uso del software libre

¿Qué ocurre? Pienso que no se han consolidado todavía marcos mentales ampliamente compartidos que encajen la agenda digital con la agenda económica y social.

En parte, quizás, porque:

  • Se coincide ampliamente en que el día de los políticos (en general) no está precisamente alineado con los asuntos que son verdaderamente relevantes para la gente.

Pero, del mismo modo, creo que debería admitirse que:

  • Los intereses y el día a día de los “ilustrados-TIC” no están tampoco alineados con los asuntos que amplios segmentos de la ciudadanía consideran como relevantes.

Como en tantas otras cosas, no se trata sólo de tener la razón, sino de conseguir que te la den. Porque lo que no vale, como en el viejo chiste, es concluir que:

He hecho un estudio de mercado, y la conclusión es que el mercado se equivoca.

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P.S. No quisiera pasar por alto que ni siquiera todos los “ilustrados-TIC” coincidirían en el significado de los temas que destacan como  verdaderamente relevantes. Tema para otra entrada.

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¿Es el proyecto el ingrediente más escaso?

Continúo con la reflexión del ‘post anterior‘ y las de los comentarios suscitados (Gracias, Genís y Mercè). Supongamos que tendríamos un acuerdo de mínimos en los siguientes términos:

  • Hoy por hoy, no parece razonable concebir el progreso (económico, social, …) sin aprovechar las posibilidades de las tecnologías de la información y la comunicación (las TIC).
  • Pero las TIC no generan sociedad ni progreso en sí mismas. Son las prácticas de uso de las personas o los grupos sociales que utilizan las TIC las que les dan sentido.

Sabemos, además que utilizan más intensamente Internet quienes tienen mayor interés en hacerlo, por el motivo que sea. Muchas Administraciones públicas españolas, por ejemplo, son ejemplarmente eficientes en el uso de Internet para facilitar la recaudación de impuestos y el pago de multas. Pero ha hecho falta una Ley para que esas mismas administraciones se obliguen a admitir la relación electrónica con los ciudadanos en los trámites que éstos elijan.

Otro ejemplo. Como Internet permite la comunicación anónima, es inevitable que atraiga también a quienes tienen interés en actuar anónimamente. Por ejemplo, a los delincuentes y los terroristas; a los interesados en acceder pornografía o difundirla. También, desde luego, a los cotillas; a los que desean buscar pareja discretamente; a los que quieran consultar información u obtener consejos de naturaleza reservada, quizá sobre un problema de salud o de adicción.

Podría seguir, pero supongo que la idea está ya clara. Las personas y las sociedades utilizan Internet y las nuevas tecnologías, según sus intereses, actitudes, valores y disposiciones. Las tecnologías no tienen valores; los adquieren. No determinan la sociedad en una dirección concreta; se adoptan y adaptan en tantos sentidos como la heterogeneidad de la sociedad admite.

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Con vistas a impulsar “nuestra” sociedad de la información y del conocimiento (por llamarla de algún modo), propongo reflexionar sobre cómo reflejar propuestas estructuradas sobre el esquema del cuadro adjunto (o de cualquier mejora que se quiera proponer). La idea central es que cualquier propuesta sobre un ‘referente tecnológico‘ (la banda ancha, Internet móvil, …) vaya acompañada de una visualización de las ‘prácticas informacionales‘ que se considera proponer. Y que esas prácticas, que suponen gente actuando, invirtiendo tiempo, esfuerzo y/o dinero, tengan un encaje en un proyecto que se pueda explicar y gestionar.

Mi convicción (provisional) es que en el proyecto está la clave, y que de hecho éste es el componente más escaso en nuestro entorno:

  • Porque se da una ‘fractura digital‘ en las estrategias de muchos de los líderes políticos y de los estamentos sociales de mayor influencia. Una fractura que se manifiesta en la dificultad de integrar explícitamente las TIC en los proyectos que lideran o proponen.
  • Pero, al mismo tiempo, creo que hay déficit de proyecto en las propuestas de la mayoría de los “ilustrados-TIC” que reclaman con mayor energía un uso más intenso de las tecnologías.

Volviendo, por ejemplo, a la carta abierta que suscita este serie de ‘posts’, contiene una afirmación que podríamos compartir:

Las decisiones que presidentes y consejeros delegados vais a tomar en el corto plazo nos pueden enviar al furgón de cola de la economía del conocimiento si no toman en consideración la profundidad de la revolución que significa la sociedad en red“.

Pero no me parece de recibo que no vaya acompañada de como mínimo una propuesta concreta de una actuación que pudiera incorporarnos al grupo de cabeza de la economía del conocimiento.

Postulo, por tanto, abierto a debate, sugerencias y comentarios, que hay un déficit de proyecto, materializado en la dificultad de muchos de “rellenar el formulario” de un modo convincente. Algunos tendrían proyecto, pero dificultades para incluir en él las tecnologías y las prácticas informacionales. Otros viven instalados en las tecnologías y algunas prácticas informacionales, pero no parecen en condiciones de articular un proyecto coherente y convincente.

Lo cual, quede claro, no expongo como una crítica, sino como una reflexión que también me afecta. Y que continuará.

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Las tecnologías (por sí solas) no crean sociedad

Primera entrega de una serie catalizada por la necesidad de plantear alternativas a la “carta abierta al futuro Presidente” publicada hace pocos días en algunos blogs. Con el objetivo de presentar reflexiones y propuestas sobre las que eventualmente se pudiera construir un manifiesto que cubriera con propuestas razonables algunos de los (muchos) huecos de esa carta.

Un artículo reciente del Financial Times, escribiendo sobre el impacto social de las nuevas tecnologías de la comunicación, concluye que:

Las herramientas de computación online, usadas temerariamente, pueden verse convertidas en objetivos en sí mismas; o, peor aún, en forums para comportamientos dañinos. Las empresas que las adopten deben ser conscientes de esos riesgos y enfatizar la necesidad de un equilibrio: son medios para conseguir objetivos fijados, y las empresas necesitan tener bien claro cuáles son esos objetivos.

Usadas responsablemente, las redes sociales pueden ser grandes facilitadores. Pero eso conlleva fijar límites e imponer reglas: crear una sociedad aceptable a partir de una masa de conexiones digitales.

Una reflexión que suscribo, con la única observación que no son sólo las empresas, sino las instituciones sociales en un sentido amplio, quienes necesitan tener bien claro los objetivos a conseguir.

Muchas veces no los tienen.

snake-oil.jpegHablemos pues de objetivos, más que de medios. Y de valores y reglas a los que esos objetivos se supeditan. No vale decir, como en la carta de referencia:

Los cambios en los que estamos inmersos son tan acelerados, e impregnan de tal manera nuestra vida, que convierten rápidamente en caducos lo que se pretende que sean planes de futuro. Hace 10 años no existía Google, hace 8 no había blogs, hace 7 no se enviaban sms, hace 4 no existían YouTube ni Facebook, y hace uno no sabíamos lo que era Twitter. ¿Te das cuenta?

Porque hace 10 años el 11-S era solamente la fiesta nacional de Cataluña; y el 11-M sólo el 11 de Marzo. Hace 10 años pocos creían que la burbuja de las punto-com y luego de la fibra óptica fuera realmente una burbuja que dejó escocido a más de un crédulo. Hace 10 años casi nadie creía que el hilo del cobre y el ADSL darían para ver televisión. Hace 4 años nadie predecía que una crisis del inmobiliario en los EEUU, aumentada por una cadena de instrumentos financieros especialmente opacos, acabaría por generar pérdidas billonarias y tensionar los circuitos de crédito en todo el mundo. Hace diez años no se hablaba del mileurismo como un descriptor social. Etcétera.

¿No son esos cambios tan o más relevantes?

Las tecnologías no han provocado ni provocan cambios sociales. Son las teorías, las ideologías, el acierto en la selección de los problemas clave y la organización de las instituciones sociales los elementos que han definido y continuarán definiendo los cambios sociales.

Harán falta líderes que encabecen esos cambios. Líderes que sean capaz de integrar las TIC en sus visiones y sus estrategias de futuro. Líderes que no confundan, como los “ilustrados-TIC”, los objetivos con las herramientas, los medios con los fines. Líderes a los que no se pueda aplicar la sentencia de Langdon Winner, un autor nada sospechoso de inmovilismo ni de tendencias tecnófobas:

Buscamos en vano entre los promotores y agitadores de Internet las cualidades del conocimiento social y político que caracterizaban a los revolucionarios del pasado“. (”La ballena y el reactor”, Gedisa)

Continuaremos buscando. Sin perder la esperanza.

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¿Se acuerdan del conocimiento y la tecnología?

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El suplemento Dinero de La Vanguardia del pasado Domingo, 2 de Marzo, contiene varios apuntes coincidentes sobre lo que podría o debería ser la política económica en España, apuntando todos ellos a un déficit de productividad.

Para empezar, el catedrático de Política Económica Eduard Berenguer apunta que:

La desaceleración prevista para este año no es más que el producto del agotamiento del modelo de crecimiento para la economía española [...] vinculado en exceso al crecimiento del sector inmobiliario y a la utilización intensiva de mano de obra poco cualificada. [...] Bajo la mirada benigna de los bancos centrales ante la evidente inflación de activos [...] el sector privado se ha comportado de la misma manera que antes lo hacía el sector público, incrementando la inversión y el gasto con un recurso permanente al endeudamiento“.

La solución pasaría por:

Sustituir un modelo de inflación de activos y recurso permanente al endeudamiento crecimiento de la demanda agregada sobre la base del crecimiento de los salarios vinculados a mejoras de la productividad [...] Necesitamos ser más competitivos y ser capaces de generar nuevas actividades con un mayor valor añadido”.

No lo cito porque sea novedad, sino por la coincidencia de que, pocas páginas más allá, el también economista Alfredo Pastor diagnostica, en la misma línea, que:
El gran objetivo de la política económica [...] se resume en ayudar a mejorar la productividad de nuestra economía, sobre todo teniendo en cuenta que ésta ha experimentado un crecimiento negativo, en promedio, durante la última década”.
Por si hiciera falta remachar el clavo, en una entrevista con el Premio Nobel de Economía Robert Solow éste nos recuerda a todos que:
Pase lo que pase con la globalización, el nivel de vida de un país jamás caerá por debajo de su productividad. Es sólo una cuestión de qué parte de la economía da mejores resultados.

Cabría añadir, porque pocas veces se recuerda, que el fenómeno se da también en sentido contrario. A medio plazo, el nivel de vida de un país no puede crecer por encima de la productividad. (Y el nuestro lo ha hecho, luego habrá una corrección).

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Marcos mentales (5): El conocimiento en la política

La edición del Viernes 29/2/2008 de El País tiene dos piezas independientes y complementarias.

De una parte, Enrique Vila-Matas desarrolla, debajo del titular “¿Qué hacer?“, un argumento sobre la decreciente o nula influencia de los intelectuales en la política:

Personas de gran exigencia intelectual y potentísima inteligencia son hoy plenamente conscientes de que su destino en la vida -explicar lo que han entendido y que los otros no comprenden o no quieren ver- no sirve para nada porque a los otros ni les incumbe ni lo comprenden ni lo quieren saber“.

En otra sección del mismo diario, el titular “Políticos al borde del suspenso” encabeza un reportaje a dos páginas sobre la (falta de) formación de nuestros políticos. Con cuestiones como:

Una sociedad en continuo movimiento plantea retos cada vez mayores derivados de cuestiones como el vertiginoso avance de las tecnologías, el mundo virtual, los avances científicos o el incremento de las migraciones. Todo ello hace que el ejercicio de la política requiera tener una visión cada vez más global de la sociedad. Con independencia del nivel de preparación inicial que tengan, ¿están los políticos adecuadamente formados para liderar esta sociedad?

plato.jpgSegún la articulista, la respuesta de los expertos es un rotundo NO.

Poniendo juntas las dos piezas, la conclusión de primer nivel sería:

  • El conocimiento sirve poco para influir en política
  • A los políticos parece no importarles mucho el conocimiento, posiblemente porque consideran que les serviría de poco.

Lo cual, en plena transición hacia la sociedad de la información y el conocimiento no deja de ser una flagrante paradoja.

Para acabar con propuestas en positivo.

¿Por qué no pedir que, al igual que se hace en muchas empresas, los políticos con cargo público publiquen en su página web un perfil personal de conocimiento: Formación inicial, Formación continuada, Capacidades para la función que desempeñan, Habilidades, etc.?

En la misma tónica, ¿por qué no someter a unos cuantos líderes políticos a una “evaluación de 360 grados“, darles los resultados, enviarlos a sus jefes (o sea, a nosotros) y enviarles un “coach” para que les asesore sobre un plan de mejora (esa última parte, confidencial y en privado).

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